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María Chivite, la mujer que resucitó a los socialistas navarros

María Chivite, el día que fue investida por el Parlamento como presidenta de Navarra

Eduardo Azumendi

¿María Chivite presidenta de Navarra con un cuatripartito sin EH Bildu, que rebaje las políticas identitarias, sería su opción preferida?

Sería muy buena opción de Gobierno. Es la que nosotras queremos. En la parte de lo social estamos muy de acuerdo, no en la parte educativa. Tenemos más coincidencia con Izquierda-Ezkerra y Podemos en materia educativa, con Geroa Bai no tanto. Reducir las horas de Religión, centros concertados, aplicar Skolae en todos los centros… tenemos algunas discrepancias. Pero suponemos que podremos entendernos. Nosotros defendemos que el sistema educativo es único, porque todo se sostiene con fondos públicos, ya sea de titularidad pública o concertada. Y todos tenemos que tener las mismas obligaciones y los mismos derechos. Las líneas generales de Educación son bastante similares entre el PSN, Podemos e Izquierda-Ezkerra.

Esta pregunta forma parte de la entrevista que eldiario.es le hizo a la entonces candidata del PSN, María Chivite, a presidir el Gobierno de Navarra justo antes de las elecciones del 26M. Y la respuesta que dio se ajusta como un guante a lo que ha ocurrido después y podría ser un avance de por dónde va a transcurrir la legislatura. Para ser presidenta, María Chivite (Cintruénigo, Navarra, 1978), licenciada en Sociología por la Universidad Pública de Navarra y Técnica Superior en Prevención de Riesgos Laborales, ha demostrado, por encima de todo, carácter, firmeza y resiliencia. Así, ha logrado vencer las reticencias dentro del propio PSOE, que no veía nada claro de qué manera iba a afectar al partido a nivel nacional que lograse la investidura gracias a la abstención de EH Bildu. Después, Chivite ha demostrado que no teme a la pinza que le puedan hacer Navarra Suma (20 parlamentarios) y Bildu (Siete) en el Parlamento foral. De momento, la presidenta les ha dejado claro a ambos que cada uno “tiene que asumir su responsabilidad”. No se prevé que les de caricias, pero tampoco puñetazos.

Hasta aquí el presente, pero ¿cómo ha llegado Chivite a ser presidenta cuando hace apenas cinco años el Partido Socialista en Navarra llevaba camino de la ruina y hasta los especialistas en mercadotecnia casi le sugerían que lo mejor que podía hacer era cambiarse la marca? La historia se remonta a diciembre de 2015, cuando toma las las riendas del partido en Navarra y se convierte en secretaria general después de que su antecesor en el cargo, Roberto Jiménez, salga de una manera agitada y tumultuosa. Jiménez planteó una moción de censura contra la presidenta Yolanda Barcina (UPN), pero el partido que entonces encabezaba Alfredo Pérez Rubalcaba lo vetó. “Eso supuso otra desesperanza más para el PSN, que aún tenía en la retina el 'agostazo' de 2007, los fiascos de Otano, Urralburu....”, recuerdan en el entorno de Chivite. En definitiva, el PSN entró en pronóstico reservado.

Purgar los pecados

Roberto Jiménez dimite y hay tres alternativas para sucederle: Chivite, quien de primeras no quería; Elena Torres, consejera en su día en el Gobierno de coalición entre UPN y PSN; y el actual consejero de Presidencia, Igualdad, Función Pública e Interior, Javier Remírez. El partido apuesta por Chivite. Aunque ésta sigue mostrándose esquiva, al final acepta.

Y de esta forma se enfrenta a las elecciones autonómicas de 2015, ya como secretaria general del Partido Socialista en Navarra. El resultado fue muy malo, se vaticinaba catastrófico (en torno a cuatro o cinco parlamentarios), pero logró siete. Le quedan por delante cuatro largos años de travesía del desierto al frente de una marca reputacional bajo mínimos.

Ese tiempo le ha permitido aposentar la marca con la mirada puesta en que el PSN pudiera ser una alternativa de Gobierno, algo en lo que nadie creía. Salvo ella misma y sus más cercanos colaboradores. Y así peleó por buscar la credibilidad confrontando con UPN y con el Gobierno cuatripartito de Uxue Barkos, que no ha sabido aprovechar los tiempos de bonanza económica.

Cuatro años de legislatura creciendo la economía un 2,5 y un 3 % no le han servido al cuatripartito para revalidar su mayoría en las urnas. Ha pasado de 26 escaños a 19. “Han forzado demasiado la identidad vasca y navarra y ha habido un sector que ha reaccionado”, comenta un analista.

Agenda social versus agenda identitaria

Nada más instalarse en su despacho de trabajo, María Chivite ha colocado la bandera de España junto a la navarra y la de la Unión Europea. Toda una declaración de intenciones teniendo en cuenta que durante la presidencia de Uxue Barkos solo estaba la bandera de la Comunidad Foral.

La presidenta, quien tiene dos hijos (de 4 y 6 años de edad) y a la que le encanta pasear por el monte, aspira a una Navarra foral, igualitaria, e innovadora, con cohesión territorial, buena educación pública, moderna e innovadora. Ese ha sido su mantra de campaña, donde lo primero es la agenda social en contraposición al Gobierno anterior, donde la agenda identitaria también estuvo muy presente. Para ella, el euskera forma parte del patrimonio cultural de Navarra y como tal hay que defenderlo.

Ha sido concejala en Cintruénigo (2003-2007) y Valle de Egüés (2011-2013). Entre 2001 y 2005 perteneció a la Ejecutiva de Juventudes Socialistas. Fue parlamentaria foral en la legislatura de 2007 a 2011, como portavoz de Salud, y en la de 2011 a 2012, también como portavoz de Salud y portavoz adjunta del grupo parlamentario socialista. Ha sido senadora de 2011 a 2015 y portavoz del PSOE en el Senado.

María Chivite es la tercera presidenta del Gobierno de Navarra, tras la expresidenta de UPN Yolanda Barcina (2011-2015) y la líder de Geroa Bai, Uxue Barkos (2015-2019).

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