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ENTREVISTA | Pedro Arrojo, doctor en Ciencias Físicas

“Yesa parece algo intocable por orgullo y por no querer echarse atrás”

Pedro Arrojo, referente de la Nueva Cultura del Agua, participa este viernes en la presentación en Pamplona del informe de alternativas al recrecimiento de Yesa, un proyecto que, según lamenta, se ha convertido en un elefante blanco que se mira pero no se toca.

“Construir balsas en tránsito es una opción más flexible, razonable, barata y útil, especialmente para los regantes”, defiende.

También admite que, en el calado de la Nueva Cultura del Agua, “hemos ido más lentos de lo que pensaba”, pero confía en el cambio que supondrá el avance de la Directiva Marco.

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El profesor emérito en la Universidad de Zaragoza, Pedro Arrojo, especialista en agua.

El profesor emérito en la Universidad de Zaragoza, Pedro Arrojo, especialista en agua.

Por los problemas geotécnicos, por la inseguridad de la presa y por su coste, Pedro Arrojo (Madrid, 1951) insiste en oponerse al recrecimiento del embalse de Yesa. Pero, es más, este doctor en Ciencias Físicas por la Universidad de Zaragoza y profesor emérito del Departamento de Análisis Económico, conocido por haber recibido el Premio Goldman de medio ambiente en la categoría de Europa y por ser uno de los referentes de la fundación Nueva Cultura del Agua, cree que también hay alternativas mejores. La librería Katakrak de Pamplona acogerá este viernes (a partir de las 19:00 horas) la presentación, organizada por colectivos contrarios al recrecimiento del pantano y en la que él participa, del informe elaborado con esas alternativas. ¿En qué consiste? Arrojo lo explica a continuación, además de responder a las críticas de quienes les acusan de alarmistas y de avanzar qué espera en el futuro en la gestión del agua.

¿Cuáles son las alternativas al proyecto de recrecimiento del embalse de Yesa?

Lo importante no solo es que haya alternativas, sino que en estos momentos, y desde hace un tiempo, el propio sistema de riego de Bardenas tiene un futuro oscuro si la opción que se plantea es simplemente el recrecimiento. Porque si se empeñan en hacerlo, se puede multiplicar su coste y, además, como las razones de inseguridad son profundas y estructurales no estamos fuera de que, en cualquier momento, puedan producirse nuevos deslizamientos. Sin que llegue a darse un desastre, como mínimo, se va a obligar a hacer un uso limitado de la capacidad de llenado de la presa. Con la opción del recrecimiento, los regantes deberían estar alarmados; es un gasto de dinero desmedido, y hay alternativas más útiles para ellos, que quedan en sus manos, que consisten en un proceso modular, creciente, acoplado a las necesidades reales, mediante la regulación en tránsito a través de embalses o presas, que pueden ser pequeños o de una gran envergadura. Esa es nuestra nueva estrategia.

¿Cómo serían exactamente esos embalses en tránsito?

Es una opción mucho más flexible, razonable, barata y útil, especialmente para los regantes. Y la Confederación [se refiere a la Confederación Hidrográfica del Ebro] conoce esta opción, así que nosotros simplemente hemos vuelto a la carga. Consiste en lo siguiente: habitualmente estamos acostumbrados a que, para hacer realidad una gran sistema de riego, hace falta una regulación en cabecera. En este caso, Yesa está en la cabecera del río Aragón. Pero ahora, para recrecer o garantizar el sistema, el sentido no está en recrecer la cabecera, sino en dar regulación en tránsito; es decir, hacer balsas y embalses [en concreto, el informe propone ocho, aparte de los cuatro que ya están previstos en la planificación, y que no se harían “de golpe” sino a lo largo del tiempo] en el propio sistema, en las cercanías de los canales, para que se pueda almacenar el líquido en tiempos de invierno, cuando los canales están baldíos. Sin embargo, un recrecimiento en ese sentido no sirve, y no porque no tengamos agua en cabecera, sino porque no cabe más en el canal. Además, rehacer un canal paralelo sería todavía más caro que un recrecimiento, en una presa que es sumamente vulnerable.

Habla de que, con esta regulación en tránsito, el coste sería igual o menor.

El valor estimado es que sería inferior al recrecimiento de Yesa, y hay que recordar que el presupuesto de ese recrecimiento en los últimos años se ha triplicado ante los problemas geotécnicos, y ningún ingeniero se atreve a pronosticar si no acabará triplicándose sobre el triplicado. Es un camino hacia la locura, por cabezonería. Ese futuro es absolutamente incierto, incluso desde el punto de vista financiero.

Sin embargo, a menudo se han cuestionado este tipo de obras vinculándolas a  intereses de constructoras. ¿El ahorro, entonces, es un buen argumento?

Desde mi punto de vista, en este caso hay más orgullo y soberbia que intereses económicos comprometidos, aunque probablemente de las dos cosas haya. Pero hay que dejar claro que nuestra propuesta también incluye bastante obra pública, así que las constructoras no quedarían mano sobre mano, pero sería una obra pública más moderna, inteligente y flexible. Creo, insisto, que esta cabezonería es más política que económica, aunque pueda haber presiones de constructoras en concreto vinculadas a este proyecto. Yesa es un elefante blanco en la política en Aragón y en la Cuenca del Ebro: parece algo intocable por orgullo y por no querer echarse atrás.

Los riesgos aquí se evalúan en cientos de años y eso no es hacer de agorero, sino hacer los cálculos y ver lo que te sale. Y ahí ya juega la credibilidad que tenga cada uno

Este viernes presenta el informe de alternativas en Pamplona, en una charla junto al geólogo de la Universidad de Zaragoza Antonio Casas, una voz clave en la oposición a Yesa y a otras obras. A Casas se le ha acusado de ser un agorero porque llegó a afirmar que debería evacuarse Sangüesa.

Creo que el temor que se siente en Sangüesa es absolutamente comprensible; aunque igual en el conjunto de la población, cuando los grandes medios dicen que esas advertencias son de agoreros, puede llegar a creérselo. Pero hay que recordar que Antonio Casas ha hecho informes previos que han llevado no solo a parar proyectos sino a llevar por la vía penal a miembros del Gobierno [Arrojo menciona, por ejemplo, al exsecretario de Estado de Aguas, Benigno Blanco, a quien se llegó a acusar por la construcción de la presa de Santaliestra, en Huesca]. En cualquier caso, los riesgos aquí se evalúan en cientos de años y eso no es hacer de agorero, sino hacer los cálculos y ver lo que te sale. Y ahí ya juega la credibilidad que tenga cada uno, una persona, un medio de comunicación o un gobierno, y ahora no pasamos por un momento en que los gobiernos y la administración gocen de excesiva confianza.

Cuando se empezó a hablar, a comienzos de la década de los 90, de la Nueva Cultura del Agua, se insistía en la necesidad de pensar en la gestión del agua de otra forma, no únicamente en la construcción y el hormigón. Más de veinte años después, ¿cree que ese mensaje ha calado?

Quizá hemos sido más lentos de lo que yo pensaba. Y es cierto que hay cierta frustración, que me recuerda a la película del día de la marmota [que se tradujo como Atrapado en el tiempo al castellano]: te levantas y vuelves a vivir lo mismo. Y te preguntas por qué vuelves a pasar una asignatura que ya sacaste con sobresaliente. Por ejemplo, cuando se habla de trasvases. Pero, al mismo tiempo, la Directiva Marco [del Agua] sigue avanzando y lo que antes podían hacer ingenieros y confederaciones, hoy tienen que solucionar con piruetas para justificar las cosas. Y cada vez van rebajando sus planteamientos, renunciando a proyectos… Quiero decir: no hemos conseguido todo lo que queríamos, pero sí que se ha avanzado bastante, aunque todavía haya todo un camino por recorrer.

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