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“La valoración de la humanidad es la reivindicación del buen periodismo”

La periodista mexicana Lydia Cacho habla en Bilbao sobre la trata de mujeres y la pederastia a nivel internacional como una industria que mueve más de treinta mil millones de dólares anuales. 

“La venta de los periodistas al poder es lo que hace que el periodismo se encuentre en una profunda crisis de pérdida de su capacidad sociocrítica”, asegura Cacho.

Lydia Cacho en conversación con Lucía Martínez Odriozola en el festival internacional de las letras Gutun Zuria en Bilbao. / Por Ecuador Etxea

Lydia Cacho en conversación con Lucía Martínez Odriozola en el festival internacional de las letras Gutun Zuria en Bilbao. / Por Ecuador Etxea

“La violencia contra las mujeres todavía sigue siendo un tema baladí en muchos medios de comunicación”, denunciaba este viernes la periodista y escritora mexicana Lydia Cacho en conversación con su colega Lucía Martínez Odriozola, dentro del marco de la séptima edición de Gutun Zuria, el festival internacional de las letras celebrado en la Alhóndiga de Bilbao. En una charla repaso a su carrera, la reconocida activista por los derechos humanos, ha hablado de sus investigaciones sobre la pederastia y la trata de mujeres a nivel internacional, “unas temáticas importantes que aun son tomadas como tangenciales frente a la economía del poder”, argumentaba Cacho.

“Todavía hoy se entrevista más a los que están arriba, en las cúpulas, quienes dan una visión de los que están abajo negativa, como que son unos flojos que no quieren trabajar y por eso su economía está mal”, declaraba la periodista, mientras afirmaba que a ella siempre le ha interesado hacer periodismo “a pie de tierra, de la vida real y la gente cotidiana”. Por ello Cacho, “activista nata” desde los dieciséis años gracias al empeño de su madre, encaminó su carrera hacia el periodismo de investigación y “de riesgo”. Según relata, conversaba con las mujeres y “todas acababan hablando de la violencia doméstica, del abuso de niños y niñas, del machismo, de cómo la pobreza les afectaba más a ellas” y así se decantó por este espacio, un nicho totalmente descuidado y vacío en los medios durante su juventud.

Lydia Cacho reconoce que en sus comienzos los editores se burlaban de ella. “Yo les decía: si quieren saber cómo está la economía, pregúntenle a una mujer. Ella te va a decir cómo están los limones, las naranjas, el pan o el jamón. Entonces me miraban y comentaban: pobrecita se le va a gastar el tema de las féminas en un rato”. Pero no fue así. Tras 26 años hurgando en las crudas vivencias de muchas mujeres víctimas de la delincuencia organizada en México y numerosos países, con unos cuantos premios pero también amenazas a sus espaldas, Cacho sigue escribiendo de la trata de personas que se encuentra detrás de las estructuras políticas y que mueve más de treinta mil millones de dólares anuales, situándose prácticamente a la par que el tráfico de drogas a nivel mundial. “La venta de mujeres, niñas y el sexo comercial suponen una verdadera industria creciente en el mundo entero, incluido España”, afirmaba.

La pujante industria sexual en el mundo

En su opinión, el crimen organizado de la trata de mujeres se entrecruza con la pederastia. La periodista asegura que un problema "monumental" en el mundo es la pederastia clerical con países como México o Irlanda, donde se han evidenciado una gran cantidad de casos de famosos sacerdotes que han abusado de niños y niñas. “En mi país tuvimos el ejemplo de Marcial Maciel, quien se enriqueció tras la fundación de los Legionarios de Cristo, gracias a la creación de escuelas donde se abusaba de menores”, cuenta. En este sentido, Cacho asegura que probablemente esos niños en la edad adulta se convirtieron también en abusadores y abusadoras. “Así podemos apreciar las cadenas de producción y reproducción de la violencia, cómo estos se van conectando con quienes están en la economía de la criminalidad organizada de las mafias internacionales, de los cárteles de las drogas mexicanos, que se han enriquecido de una manera muy importante vendiendo y comprando mujeres para todo el mundo”, detalla mientras cita, a su vez, una larga lista como la mafia japonesa “yakuza”, vinculada con la compra de mujeres latinoamericanas y de niñas para llevarlas a Japón a ser explotadas, o la industria del sexo comercial en Turquía, conectada al turismo y controlada por el propio Gobierno.

“En la medida que la trata de mujeres y la explotación del sexo comercial se entretejen con la industria del turismo, esto explota y genera grandes cantidades de dinero que colman los intereses de gobernadores y alcaldes. Precisamente ahí vemos el mapa completo de la industria de la esclavitud humana a partir de las economías locales y las economías compartidas transnacionales”, asegura.

El buen periodista no tiene precio

Cacho, que ha perdido a varios colegas de profesión por el camino, asesinados como consecuencia de su periodismo de investigación, se ha infiltrado camuflada en varios prostíbulos para conocer las historias de las protagonistas de su libro ‘Esclavas del poder’. De primera mano, ha charlado con clientes europeos, entre ellos también españoles, que requerían los servicios de las mujeres y niñas captadas y coaccionadas para ejercer la prostitución. “Disfrazada de ‘madame’ de una prostituta decana que ya no ejercía, he hablado con empresarios y políticos de Europa que viajaban hasta Latinoamérica porque, según ellos, las mujeres europeas se han vuelto mandonas y se creen dueñas de su cuerpo, mientras las latinas siguen siendo sumisas y obedientes”, cuenta. “Incluso he visto a políticos que se reúnen en estos clubs a decidir cómo repartir el dinero de ayuntamientos, para dejar después hincada la dignidad de muchas mujeres”, señala.

Así, Lydia Cacho ha tenido que aprender a convivir con el miedo para practicar “el buen periodismo”. La joven que empezó escribiendo poesía acabó persiguiendo delincuencia organizada a la que llegó a través de la política. Ahora con cincuenta años y unos cuantos galardones como el premio de Periodismo Manu Leguineche otorgado por la FAPE en 2010, continúa defendiendo que “la valoración de la humanidad es la reivindicación del buen periodismo”. “Un periodista nunca debe traspasar la frontera del poder corrupto, ni tan siquiera debe acceder a sentarse a la mesa con ellos, porque hay un límite que tiene que ver con saber que uno no tiene precio”, sostiene.  “La venta de los periodistas al poder es lo que hace que el periodismo se encuentre en una profunda crisis de pérdida de su capacidad sociocrítica”, mantiene Cacho, quien afirma que “en México actualmente el mejor periodismo lo hacen las mujeres”. 

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