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Contaminación atmosférica y salud

Una vía de Bilbao

Hace más de cuatro décadas la zona metropolitana de Bilbao, así como otras de Euskadi, eran lugares que presentaban un aire bastante contaminado, sin embargo, con el paso de los años la situación ha ido cambiando. Han quedado atrás los importantes problemas de contaminación que presentaban sus cielos allá por los años setenta y ochenta. Recordando esos tiempos, convendría decir que Bilbao perdió en el año 2000 el título de `zona de atmósfera contaminada, una declaración que arrastraba desde 1977 por la “degradación del aire”. Todavía recuerdo esos años 70 en que vine a estudiar a la entonces Universidad de Bilbao (hoy Universidad del País Vasco) en que el cielo lo veíamos casi siempre de color gris debido a la contaminación existente, fundamentalmente de origen industrial.

Sin embargo, en los últimos diez años los niveles de contaminación en Bilbao y en el resto de la geografía vasca ha mejorado, y entre las causas que han contribuido a esa reducción de la contaminación atmosférica se encuentra el cierre de empresas, pero también la mejora de los combustibles, el empleo de tecnologías más limpias, una legislación más exigente, etcétera. Así, cabe citar las Autorizaciones Ambientales Integradas, que se trata de un trámite previo a cualquier actividad, la regularización de focos para actividades potencialmente contaminadoras de la atmósfera, licencias de actividad u otras cuestiones.

No obstante, y cada vez más preocupante, es la contaminación atmosférica generada por el tráfico de vehículos. Concretamente, el tráfico urbano es el responsable de la emisión de gases contaminantes a la atmósfera, como el dióxido de nitrógeno (NO2). En una ciudad tipo, el 60 % del dióxido de nitrógeno procede del tráfico, y la diferencia con las emisiones de una central térmica o una industria es que los vehículos conviven con las personas.

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Otegi, como el nuncio

Respecto al pasado terrorista en Euskadi, Arnaldo Otegi parece manejar criterios bastante similares a los que ha manejado el nuncio Renzo Fratini, al hablar, en su despedida, del pasado franquista de España. “No ayuda a vivir mejor recordar algo que ha provocado una guerra civil”, declaró el nuncio a Europa Press, criticando el intento del Gobierno de España de exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos. Arnaldo Otegi, por su parte, se conformó con “haber contribuido” a que ETA desapareciese, para no condenarla explícitamente, a lo largo de la polémica entrevista que concedió a Televisión Española.

En ambos casos, se hace bastante evidente la apuesta por la desmemoria. Supongo que para la Iglesia Católica no resulta agradable recordar su complicidad con la sublevación militar de Franco, bendecida como “cruzada” por los obispos españoles; y saludada entusiásticamente por el Papa de entonces, Pío XII, tras la victoria de los golpistas, en su mensaje dirigido a “todos los fieles cristianos de España”. Tampoco es plato de gusto para EH Bildu, y, más en concreto, para su coordinador general, asumir responsabilidades por haber apoyado una larguísima escalada terrorista, que ha dejado 850 muertos por el camino (la mayoría de ellos en plena democracia), como expresión del proyecto político totalitario que aspiraba a implantar.

Por eso, a estas alturas, Arnaldo Otegi sigue sin reconocer algo tan simple y tan de sentido común como que “matar estuvo mal”. ¿Dónde está el problema para asumirlo? En el relato. Sí, porque no hay un solo relato para explicar el terrorismo liberticida de ETA, según afirma el dirigente de EH Bildu barriendo para su casa. Y lo mismo afirma el nuncio Fratini barriendo para la suya, cuando manifiesta: “A Franco algunos le llaman dictador, algunos dicen que ha liberado a España de una guerra civil, que ha solucionado un problema. No continuemos peleándonos sobre si tenía razón o culpa”. Algo parecido podría decir Otegi: “Para algunos, ETA ha sido un movimiento totalitario. Para otros, un movimiento de liberación nacional, como llegó a reconocer el propio Aznar. Dejemos, pues, de hablar del pasado y centrémonos en el futuro”.

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Sin plantilla, llega el caos a la seguridad pública en Euskadi

Roberto Seijo, en la sede de Erne en Bilbao

El próximo martes 16 de julio se incorporarán a las comisarías de la Ertzaintza 325 nuevos agentes pertenecientes a la 27 promoción. Desde el sindicato Er.N.E. no es que les demos la bienvenida, es que directamente les agradecemos que hayan querido venir a trabajar 

La Ertzaintza vive un mal momento. Lo hace por no tener la plantilla acordada, 8.000 efectivos. Y no son 8.000 por gusto. Somos un servicio publico y, como tal, nuestra dimensión corresponde a una necesidad de asegurar el servicio que damos. No estamos sobredimensionados en previsión de cualquier suceso puntual.

Debemos ser 8.000 porque cuando hay un accidente en nuestras carreteras todos queremos que se auxilie a las víctimas y se resuelva con rapidez para que las retenciones no nos hagan llegar dos horas tarde al trabajo.

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Estimado Doctor Nadie

Comunicado en el hospital de Mondragón

Estimado Dr. Nadie:

Tenemos que hablar. No se preocupe, no es de su poco estilo y sus errores gramaticales. Para eso ya ha tenido usted suficiente tiempo de aprender. Sólo le vengo a hablar de dignidad, de legalidad y de justicia.

Hoy no tengo ningún interés oculto. Realmente nunca lo he tenido. Mi única intención es ponerle a usted y a todos sus secuaces en evidencia. Aunque, si lo piensa, ya lo ha hecho usted solito. Nunca he tenido un interés oculto. Soy un auténtico bocazas de hecho y tanto es así que, aun estando de vacaciones, me ha salido del alma contestar a sus mezquindades en cuanto me he enterado de ellas. Eso sí, yo firmo lo que escribo.

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Disensos en la izquierda y en la derecha

No es de recibo. El modo de comportarse de los políticos españoles resulta abominable. A pesar de mi militancia socialista bien creo que nadie (ni siquiera los “míos”) está cumpliendo con su obligación, hasta tal punto de que si nos viéramos abocados a unas nuevas Elecciones, los líderes que lo han sido hasta ahora deberán hacerse a un lado para que los nuevos negociadores alcancen los debidos acuerdos.

Imaginen, queridos lectores, que los votantes se muestren tan inexpugnables como se mostraron en las últimas elecciones generales, de modo que los resultados fueran idénticos, o similares al menos. ¿Qué pasaría si tal situación se produce? Pues que todo sería como ahora es: una derecha dividida en tres pedazos cuyos líderes se avergüenzan, unos de otros, y muestran con mucha mayor nitidez sus desavenencias que sus cercanías, y una izquierda dividida en dos o tres fracciones cuyos líderes no coinciden ni en el relato posterior a sus reuniones previas para acordar el futuro. Todo volverá a ser igual, salvo por el hecho de que las negligencias de los líderes y el hartazgo de los votantes conviertan la posible abstención en determinante de los resultados. Y si la abstención es demasiado importante, la Democracia se resiente, pone en entredicho a las ideologías y a los partidos, e invalida a los líderes.

La repetición de las elecciones no solo es un mal síntoma para la salud de nuestra Democracia, sino que es la constatación de que la Política actual no obra como la disposición para gobernar a los pueblos y a las sociedades, sino como la disculpa que usan los líderes y dirigentes políticos para subrayar sus “egos” inquebrantables y nefastos, al menos en Política. Ese tipo de “egos” parecen mucho más propios de otros tiempos y situaciones: de cuando los líderes ejercían sus tiranías pero, eso sí, arriesgándose a que otras tiranías más despiadadas desbancasen a las suyas.

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Proyectos Magnet: Blame the victim

Acabamos de terminar el curso y nos vienen a la mente tres momentos de este año intenso. El primero, cuando un alumno nacido en Euskadi y de familia migrante, vino de la Azoka de Durango diciendo: “Ellos, los vascos, no son como nosotros. Nos tienen miedo”; o cuando otro alumno, al ver entrar en la sala del cine a alumnado de otro centro comentó: “Todos son iguales” (en referencia a su color de piel). Cruel constatación de la brecha social creada, entre otras causas, por la segregación escolar. El segundo momento, cuando alumnado de nuestro centro escolar logró una mención en la Zientzia Azoka de Elhuyar por un trabajo de investigación. Fiel reflejo del buen trabajo docente de nuestras compañeras. El tercero, y último, cuando el Departamento de Educación ofreció a nuestro centro, clasificado como altamente segregado, el proyecto Magnet. Claro ejemplo de evasión de responsabilidades por parte del Departamento de Educación. Vamos a explicarnos. 

El proyecto Magnet, nos contaron desde educación, pretende revertir la segregación en nuestro centro atrayendo alumnado de clase media mediante la formación del profesorado en nuevas metodologías por la fundación privada Jaume Bofill y mediante la alianza con una institución o una empresa privada referente de Gasteiz. 

Como todo nuevo proyecto lo tomamos con ilusión y empezamos a recabar información proveniente de Catalunya, donde ya ha sido puesto en marcha, para que nos ayudase a decidir y dar forma al proyecto. En el documento “Les aliances Magnet: innovació per combatre la segregació escolar” (AAVV) y firmado por la Fundación Jaume Bofill, se indica que en los centros segregados del proyecto Magnet se necesitan acciones complementarias por parte de Educación y citamos algunas: oficinas municipales de matriculación, garantía de la estabilidad de la plantilla, renovación de infraestructuras, reducción de ratios de alumnado, control y bloqueo de matrícula viva, corresponsabilidad de centros concertados con este tipo de alumnado, financiamiento no lineal de los centros según necesidades del alumnado, asesoramiento adecuado durante todo el proceso o mejora de las condiciones de las direcciones y docentes. 

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LGTBI, otra vergüenza más de la derecha española

Inés Arrimadas en la cabecera del grupo de manifestantes de Ciudadanos que asistió al Orgullo el 6 de julio.

Asombra la ligereza con que los partidos políticos -o mejor, sus líderes- afrontan sus obligaciones para con la ciudadanía, a la que le piden sus votos en las campañas electorales. Y asombra el descaro con que los líderes de las formaciones políticas acuden a cualquier llamada o reclamo, aun mostrando claramente que acuden en grupo a donde no son llamados como tal. Así ha ocurrido con Ciudadanos (C´s), que ha acudido a las manifestaciones del Orgullo Gay a pesar de que tales celebraciones deberían ser respetadas por las formaciones políticas desde el convencimiento de que lo celebrado no ha de tener que ver con los programas de los partidos, exclusivamente, sino con la vida de cada cual.

Pero en los partidos, a falta de ideología y rigor, están triunfando las estrategias, y esos detalles (¿golfos?) que les incitan a acudir a todas las llamadas aunque los llamadores no hayan pronunciado concretamente sus nombres. La “lideresa” Inés Arrimadas (C´s) acudió a las llamadas del LGTBI del pasado domingo en Madrid pero, a pesar de que C´s no haya apoyado con la suficiente resolución al colectivo que celebraba la manifestación, ella acudió al frente de una importante muestra de militantes de C´s que mostraban con un descaro excesivo que estaban allí. En realidad iban a la manifestación a mostrar en bloque lo que habían negado en los debates referentes a las políticas que afectan al colectivo. Y fueron recriminados por quienes estaban allí presentes. Les reclamaron congruencia, que no es otra cosa que la coherencia y la decencia que deben mostrar quienes se dedican a la “cosa pública”. 

No es decente ocupar un lugar en la reivindicación de aquello que previamente  se ha negado o rechazado, y C´s ha hecho precisamente eso. Es posible que obedeciera al hecho de que sus compañeros de viaje no sean los debidos: PP y VOX pueden llevarte al borde de un barranco, pero despeñarte es obra de tu propia voluntad, de modo que C´s debería haber eludido la llamada del colectivo, porque acudir a ella  sólo podía responder a su descaro y a la impostura atrevida de quienes están al plato y a las tajadas, de los aprovechados.

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El activismo político del movimiento de pensionistas

Pensionistas vascos y navarros multiplicarán protestas en otoño y darán "un salto cualitativo", junto a otros colectivos

Cualquier conflicto social tiene carácter político. Sin embargo, cuando se mira la política de forma despectiva, la reacción es negarlo. Visto desde la política profesional pasa lo contrario, se tiende a descalificar los conflictos sociales catalogándolos de políticos. En ambos casos, negando o rechazando la realidad, que siempre es política, se cuestiona su validez como cauce reivindicativo. Para zanjar el dilema basta separar, diferenciar, la política social de la política partidista. Analicemos ambos aspectos desde la perspectiva del movimiento de pensionistas.

El conflicto surge en Barakaldo y Bilbao el 15 de enero de 2018, de forma espontánea y simultánea, mediante convocatoria anónima. Desde la primera concentración ante los respectivos ayuntamientos, el término política se convirtió en una expresión proscrita, junto a sindicatos y partidos. Hacer una referencia en ese sentido, salvo que fuese para descalificar o desautorizar, acarreaba un sonoro abucheo. Entretanto, desde la dirección de algunos partidos, se intentó desautorizar a quienes coordinan las movilizaciones, recordando su trayectoria política. Como si fuese normal llegar al activismo social sin pasado militante.

Se trata de un conflicto social permanente, año y medio de duración, sin fecha de caducidad. Con el paso del tiempo, unas y otras posiciones se han moderado. Ya se puede informar en las concentraciones de las gestiones de los partidos, incluso en positivo, aunque nadie se atreva a declarar que las iniciativas del movimiento de pensionistas son políticas. De la misma forma, los partidos que recelaban de ese fenómeno inusual e incontrolado, reconocen su capacidad de movilización, alaban la moderación, e incluso asumen parte de las reivindicaciones. A todo ello contribuye el arraigo popular logrado, e incluso cierta simpatía institucional, expresada con la concesión de galardones o dando protagonismo en actos festivos.

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Un salto al vacío para las que peor están

Este pasado jueves se aprobaba en el Parlamento Vasco la toma en consideración de la ley que quiere reformar la actual Renta de Garantía de Ingresos. Una propuesta hecha por el PNV y el PSE, que avanza con la colaboración del PP.

Una alianza muy fea cuando hablamos de derechos sociales. Una pinza que, de verdad, me hace entristecer por lo que puede salir de este proceso que se inicia. Y me acongoja porque soy trabajadora social y porque llevo años viendo los rostros y las historias de quienes sufren las consecuencias de la nefasta gestión de la RGI que hace Lanbide a día de hoy.

Y quiero tomarme un minuto para compartir las razones que nos han llevado a votar que no, porque en este país se tergiversa mucho y  se profundiza poco cuando toca hablar de un derecho que es fundamental para el conjunto de la sociedad en Euskadi pero que, lamentablemente, está muy desprestigiado. Las razones del voto contrario de Elkarrekin Podemos a esta ley son muchas. Trataré de resumirlas en 5 puntos generales:

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Crisis de valores. Crisis de las ideologías políticas

La política española se debate entre la incomprensión y la estridencia. Lo tradicional, de repente, empezó a parecer viejo, pero quienes acudieron con “otro modo de hacer la política”, acorde con los nuevos tiempos nos han traído más banalidad que seriedad y más superficialidad que profundidad. Los nuevos partidos han nacido tan faltos de solvencia, tan alejados de las viejas ideologías y tan atiborrados de oportunismo, que se han convertido en aposento de osados y falsos líderes cuyas estrategias sólo están basadas en el apoderamiento del poder, para lo que se convierte cuando alcanza el "gobierno" en un mero instrumento de dominio.

Las nuevas formaciones políticas españolas -Podemos, C´s y VOX- no han dado la talla suficiente a pesar de que surgieran tras una improvisada estrategia de descrédito del bipartidismo en España. Las fuerzas políticas han continuado fieles a ese bipartidismo ya viejo, aunque en cada uno de los bloques se hayan producido divisiones y subdivisiones: la derecha (que sólo acogía al PP) es ahora un ramillete de tres formaciones (PP, C´s y VOX), mientras la izquierda (que solo acogió al PSOE) se ve ahora integrada por dos formaciones (PSOE y Unidas Podemos), a las que suelen adherirse formaciones de ámbito regional que se sienten mejor entendidas y acogidas en la izquierda que en la derecha. De modo que el bipartidismo aún permanece, pero se ha ido desintegrando en grupos y grupúsculos conforme las ideologías tradicionales y poderosas (socialismo, comunismo, liberalismo, etc…) han perdido su fortaleza o su vigencia.

Lo que ahora mismo llena el debate político son las crisis que están afectando a fuerzas políticas tan nuevas y poco trajinadas como son Podemos o C´s. En ambas se han producido auténticos cataclismos porque sus dos líderes, que parecían innovadores y emblemáticos, han resultado ser dos “blufs” de tan escasa y débil base como efímera altura. Si en Podemos fue Pablo Iglesias (Turrión, que no Posse) quien impulsó la limpieza que alejó a Bescansa, o Errejón, o incluso Monedero, en C´s  ha sido el propio Rivera el que ha ido provocándo la desbandada que, actualmente, ha convertido a la formación en un lugar inhóspito.

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