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Quien no vota no sale en la foto

Imagen de la concentración en la Plaza de Colón de Madrid.

Santiago (y cierra España) Abascal lo tiene claro. Y empieza la carrera electoral proclamando, con plena autoridad: "España ha sido más fuerte que sus enemigos". Porque España no es una España auténtica, si no tiene un enemigo contra quien luchar y a quien escarmentar. Que es Cataluña, como sabe todo “español de bien”. Y como lo sabe Pablo Casado, que, en perfecta sintonía con el jefe de la ultraderecha, ha puesto de relieve cuál es la alternativa que se le ofrece al país: o diálogo con Torra (con Sánchez) o aplicación, (con el PP en el Gobierno) del artículo 155 a Cataluña; que es lo que, por otra parte, quiere el delegado en Cataluña del señor de Waterloo.

Y ya luego viene Albert Rivera, que “no descarta” un pacto futuro con Vox, como si el pacto andaluz no existiera, ni el líder de Ciudadanos (ante la mirada inquieta de Manuel Valls) no se hubiera sacado la foto en Colón con el jefe del nuevo Movimiento Nacional. Un Movimiento Nacional que ya no es lo que fue en sus días de gloria. El anterior tenía al menos el gancho de la “revolución pendiente”, mientras que el actual no pasa de ser un falangismo vergonzante y neoliberal, sin concesión retórica alguna a las reivindicaciones sociales.

A lo mejor todos ellos tienen razón y es necesario que “España gane” a quienes, según dicen, quieren romperla. Lo que no entiendo bien es por qué para que gane España tiene que perder una mayoría de españoles, que se quedan sin los Presupuestos más sociales que ha tenido este país desde el comienzo de la crisis económica; por qué, para que España siga unida, tienen que mantenerse las políticas de austeridad que la han empobrecido alarmantemente; por qué, en definitiva, España, ¿o la grandeza de España?, le tiene que sentar tan mal a una gran parte de sus habitantes.

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¿Quién protege a Jon Darpón?

Marta Macho y Roberto Sánchez, con la parlamentaria de Elkarrekin Podemos Cristina Macazaga

La participación ciudadana es vital para destapar el clientelismo y la corrupción tan arraigada como lo está en las OPE de médicos especialistas de Osakidetza. Y así lo constata la denuncia que hace casi un año hicieron tres médicos anestesistas de Osakidetza. Tres profesionales que ahora se enfrentan al ostracismo profesional como castigo que le impone el sistema al que pertenecen por haber sido “chicos malos”.

A mí, como parlamentaria de Elkarrekin POdemos, me ha tocado escuchar a tres ciudadanos que querían poner fin a unas dinámicas corruptas como lo son la filtración de exámenes en las OPE de especialistas hospitalarios para favorecer a unas personas frente a otras.

Estas personas no sólo han demostrado ser grandes profesionales de un sistema público al que defienden y protegen sino ser también grandes ciudadanos a los que ahora toca proteger. Y digo esto porque no parece que el Gobierno Vasco esté por la labor de hacerlo, ni con estos ni con nadie que tenga el estómago en este país de querer denunciar el clientelismo que impera en las filas del PNV.

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Políticas de igualdad en donde quepamos todas

Imagen de la concentración de las trabajadoras de las residencias

A finales de la semana pasada, las cuidadoras de residencias, en su inmensa mayoría mujeres, denunciaban que el gobierno del PNV y del PSE en la Diputación de Gipuzkoa bloqueaba el preacuerdo alcanzado con las patronales para mejorar sus condiciones salariales y laborales. Como conclusión comunicaban que mantenían la convocatoria de huelga para el 20 de febrero. Paradójicamente, en esos mismos días, la misma Diputación celebraba en Tolosa el Congreso 'Feminismo 4.0: Lecturas sociales y políticas de la nueva ola del feminismo'. En esas jornadas participaban con una presencia mayoritaria voces feministas críticas que señalan al capitalismo como parte sustancial del problema. Allí dejaron sus ideas inconformistas Rosa Cobo, Amaia Pérez Orozco, Carmen Castro o Justa Montero, entre otras.

Dirigentes forales han dicho del Congreso que se trata de “un nuevo hito en las políticas de igualdad progresistas” de la Diputación de Gipuzkoa. Si atendemos a las políticas desarrolladas durante esta legislatura podríamos concluir que este gobierno considera que la igualdad de género es un derecho que se conquista endureciendo el acceso a la protección social, retrocediendo en la redistribución de la riqueza, debilitando los servicios públicos de cuidado y apostando por su mercantilización. La eliminación de la Ayuda de Garantía de Ingresos, del Impuesto a la Riqueza y Grandes Fortunas, la bajada de tipos en el Impuesto de Sociedades de Gipuzkoa, el aumento del copago en las residencias, la congelación de la mejora salarial y laboral de sus profesionales, la reducción de la financiación del Servicio de Ayuda a Domicilio y el impulso de la compra individual de empleo de hogar vía cheque-servicio, son algunas de las medidas ilustrativas de esa gestión. La mayoría de estas medidas, además, han salido adelante pese a contar con informes elaborados por el propio Órgano de Igualdad de la Diputación que alertaban sobre su impacto negativo para las mujeres.

Parece cierto que lo que entiendo como una contradicción política insalvable no hace sino demostrar que el concepto de igualdad de género está en disputa. Es igualmente evidente que hay visiones políticas en conflicto sobre qué es la igualdad de género y cómo alcanzarla. Eso explica las enormes diferencias en el enfoque de las políticas de igualdad que aterrizan los diversos partidos en posiciones de gobierno. No es la misma política pública la que desarrolla Ada Colau desde Barcelona En Comú en Barcelona, que la del Partido Popular de Alberto Núñez Feijó en Galicia, o la de Markel Olano del PNV en Euskadi.

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¿Y ahora qué?

Ahora que el Presidente Sánchez ha anunciado la fecha de las Elecciones Generales para el 28 de Abril, ¿qué?...

Sus meses de Gobierno han demostrado que “otro modo de obrar… -frente a las legislaturas del PP-, … es posible”. Que la izquierda y la derecha no son lo mismo, se distinguen claramente, incluso les es de aplicación las palabras bíblicas: “por sus obras les conoceréis”. Frente a los derrotistas que niegan las diferencias y quieren enterrar las ideologías, hechos como los ocurridos en los últimos ocho meses en España terminan por descubrir la fatuidad y el atrevimiento de los líderes de las derechas, empeñados en ejercer de papagayos, pregonando falsedades y negando las evidencias.

Lo evidente ha sido que, mediante Decretos de Ley, en solo unos meses, el “provisional” Gobierno socialista ha mejorado las condiciones de vida de los españoles, eso sí, haciendo hincapié en las de quienes viven con mayores dificultades. A saber, subida de las pensiones acorde al IPC y complementación de las más bajas por encima del IPC, ayudas a la vivienda (+41%), Infraestructuras (+40%), Becas para Estudios (1.720 millones), Empleo juvenil (670 millones), Pobreza Infantil (+25 %), Lucha contra la Dependencia (+59%)… Del mismo modo, se ha dotado la partida para la Memoria Histórica, para combatir la violencia machista (+220 millones)… Y en otro orden, más cualitativo, rebaja del IVA en productos destinados a la higiene femenina, eliminación de las posibles amnistías a delitos fiscales, incremento en tiempo de permisos de paternidad, etc… ¿Cabían más medidas? Difícilmente, cuando el margen de la mayoría del Gobierno, -que algunos querían hacer coincidir con la mayoría que propició la Moción de Censura que desbancó al gobierno del PP-, era tan exigua como poco fiable era el apoyo en la acción de Gobierno de los censores de la oportuna moción.

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Far West

Los dirigentes de la derecha nacional católica me recuerdan bastante a esos predicadores que en las viejas películas del lejano oeste – o far west que decían los pedantes en los cine clubs de mi primera adolescencia -, recorrían los polvorientos pueblos de Texas, Nuevo México o Missouri con una biblia en una mano y una pistola en la otra.

Fanfarrones, arrogantes, grandes bebedores y tan siniestros como siniestras eran las cicatrices que les marcaban el rostro, todos estos predicadores tenían por costumbre escudarse tras la palabra de dios para cometer una larga serie de atropellos. Tras cada robo, asalto, tiroteo, ahorcamiento o descarrilamiento de tren leían unos cuántos versículos bíblicos, se santiguaban, entonaban unos salmos de alabanza a dios, nuestro señor, rezaban un par de padrenuestros como si estuvieran masticando tabaco y tras tragarse todo el whisky que había en la comarca, montaban, de nuevo, en el caballo para continuar cabalgando hacia un horizonte lejano, vacío, púrpura y crepuscular.

Todos estos predicadores, representados por actores tan legendarios como Robert Mitchum, Kirk Douglas, Henry Fonda o Jack Palance, inquietaron muchas noches de mi primera adolescencia. Sin embargo en esta segunda adolescencia, que da en no creer en nada salvo en el fútbol como las mujeres acaban de descubrir, los rostros de nuestros predicadores, o sea, de los dirigentes de la derecha nacional católica, no me resultan tan fascinantes pero, eso sí, bastante más inquietantes. Me rindo.

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Adoctrinar sin saberlo

“Una vez cierres la puerta del aula, éstos serán tus dominios; aquí, tú eres el rey, marcas las normas e impones tu autoridad. Nadie controlará tus decisiones”. Nunca olvidaré estas palabras del jefe de estudios que me enseñaba el colegio concertado en el que iba a debutar como docente. Supongo que su intención era insuflarme ánimos, pero convirtió la víspera de mi estreno profesional en un ahogo de responsabilidad.

Además –tal y como pude comprobar años después, cuando comencé mi experiencia en la enseñanza pública-, el fraile no había sido totalmente sincero. La aparente independencia y control absoluto que dejaba a mis decisiones, chocaba con la propia estructura arquitectónica del centro escolar: todas las aulas estaban diseñadas iguales, incluyendo dos cristales; uno, comunicaba visualmente todas las aulas (en las de ambos extremos, siempre enseñaban frailes de la orden religiosa) y otro en cada puerta, a la altura media de los ojos de quien apareciera por el pasillo. De este modo, tanto desde las aulas extremas, como desde el propio corredor, “cualquiera de la Casa” podía observar estratégicamente el menor incidente que alterara la normalidad escolar, además de controlar la pertinencia de las enseñanzas impartidas.

El largo tiempo transcurrido desde aquellas palabras señaladas ha ayudado a moderar su impacto. Lo que ha quedado es el recuerdo –quiero pensar que acertado- de lo que aquel buen hombre quiso transmitirme: “Enseña tu verdad”. El bueno de Michel –así se llamaba aquel singular fraile- estaría convencido de que sólo de una manera se podía enseñar; únicamente del mismo modo el profesorado nos haríamos respetar; sólo desde una identificación plena con la doctrina del colegio se podía ser un/a buen/a docente.

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Libertad, igualdad, fraternidad y... ¿sororidad?

Comparto al cien por lo que asegura Bernard Crick en su libro, 'Socialismo': "La fraternidad sin libertad es una pesadilla, la libertad sin fraternidad es la crueldad competitiva, pero la fraternidad con libertad es el sueño más grande de la humanidad". Si a los dos términos ya citados le añadimos la “igualdad”, completaremos la utopía necesaria que puso en marcha la Revolución Francesa, y condensada en el ya conocido lema: “Libertad, igualdad, fraternidad”; tres palabras esenciales que van cogidas de la mano, se resisten a marcharse de la Historia e insisten en permanecer unidas, tal como nacieron, y no enemistadas, como pretenden la derecha y los poderes económicos que la secundan.

Y de la mano irán, por las calles de todo el país, el próximo 8 de marzo, para dar continuidad a la justa reivindicación de libertad e igualdad que las mujeres de toda España siguen reclamando. Y contarán con el apoyo fraterno de muchos hombres, el mío incluido. Aunque me asalta una duda: y es la de saber si lo que las mujeres necesitan es “fraternidad” o “sororidad”, de acuerdo con la feminización acelerada del lenguaje que se trata de imponer, no sé si por todo o por sólo una parte del movimiento feminista. Ocurrió ya con la palabra “portavoz”, a la que Irene Montero contrapuso la correspondiente “portavoza”. Ahora parece que la fraternidad tampoco es lo suficientemente femenina y necesita el correctivo de la “sororidad”, que es algo así como una fraternidad para chicas.

Cuando la vi escrita por primera vez, hace no demasiado tiempo, me pareció una broma con muy pocas posibilidades de prosperar. Y ahí la tenemos, ya oficializada, con el sorprendente aval de la Real Academia de la Lengua, partidaria hasta la fecha de no incluir en su Diccionario vocablos que no hayan conseguido un asentamiento razonable a lo largo del tiempo. Y no parece, por su muy escaso uso, que éste sea el caso de la “sororidad”.

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La Educación medioambiental necesaria

Limpieza de espacios costeros

Leído la semana pasada: “La revuelta escolar calienta el debate ambiental en el corazón de Europa”. Al parecer, una parte importante del movimiento estudiantil empieza a estar francamente preocupado por las medidas –más correctamente, la falta de medidas- tomadas por distintos gobiernos europeos en este tema. Bélgica, Alemania, Suiza o Australia están conociendo en los últimos días huelgas estudiantiles en las que se reclama a sus políticos una posición claramente definida en defensa del medio ambiente.

“Sólo pedimos que no sigan robándonos nuestro futuro y el de las generaciones venideras” –se oía en los corrillos de las múltiples movilizaciones que se vienen produciendo, especialmente en Bruselas y Lieja, puntos neurálgicos de esta movilización estudiantil, que ha llegado a congregar a más de 70.000 jóvenes, a través de las redes sociales.

El malestar adolescente no parece la enésima reivindicación que a esta generación, por edad, está obligada a plantear, pero que tiene los días contados. Cada vez más sociólogos europeos advierten que es consecuencia  directa de las políticas restrictivas llevadas a cabo durante la crisis económica –“Son hijos e hijas directas de ella”-  y que la lucha por el medioambiente ha llegado para quedarse. En Bélgica, por ejemplo, este problema está por delante de preocupaciones como el desempleo o la reforma educativa.

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Crisis en la política (o Crisis en las Izquierdas)

Asistimos, y no es una exageración, a una profunda crisis de la Política en España. Los actores no ejecutan bien su papel por varias razones: por sus escasas dotaciones ideológicas e intelectuales, por la excesiva prisa que demuestran constantemente para conquistar el Poder (el Gobierno) que les incita a defender el “pan para hoy” con urgencia aunque lleve a sufrir el “hambre para mañana”, y por la caída en picado de la credibilidad de las tradicionales formaciones de las izquierdas (anarquismo, comunismo, socialismo, e incluso liberalismo). Y es esta última razón la que más amenaza en España, mientras las derechas pactan, cambalachean y se transigen entre sí para repartirse el poder y los órganos de Gobierno. Cuenta la Biblia que quienes mataron a Cristo, después de culminar su fechoría, se repartieron las vestimentas. Como buenas gentes asimilables actualmente a las derechas, primero mataron al Redentor y después se repartieron lo superfluo. Así lo han hecho las derechas en Andalucía, sin importarles las ignominiosas y bárbaras pretensiones de Vox. Y así lo volverán a hacer en toda España si la aritmética se lo permite.

Las izquierdas discuten entre sí sobre “galgos o podencos”, como si ese debate les revistiera de dignidad. Unas izquierdas son capaces de exigir a las otras esfuerzos importantísimos (que muchas veces dificultan luego los acuerdos definitivos), dando a entender que están compitiendo por la autenticidad ideológica, aunque esa lucha les dificulte a unos y a los otros ser útiles para las vidas de los ciudadanos. Este modo de obrar termina aposentando a las diferentes izquierdas en la oposición, donde se las ven y se las desean para mostrarle los dientes a las derechas que gobiernan sin escrúpulos. Es cierto que las izquierdas deben ser rigurosas a la hora de ejercer el Gobierno para que no se convierta en un arbitrario modo de imponer el poder, pero parar los pies a las derechas debe constituir para las izquierdas una urgencia, toda vez que atenuar los riesgos derivados de una legislatura (una o más) de gobierno de las derechas supondrá siempre un tiempo y unas energías perdidas en las izquierdas.

No caben los remilgos: la dimensión ética de las izquierdas está bastante por encima de la de las derechas

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Prolongar la vida útil de los productos

Residuos

Actualmente el 80 % de los impactos ambientales de cualquier producto se pueden evitar en la fase de diseño. El problema es que se diseñan productos con fallos o con muy poca durabilidad para que el consumidor vuelva a cambiar de artículo y pagar por otro. Es la obsolescencia programada.  

Es muy fácil ver en cantidad de productos o artículos que compramos lo difícil o incluso diría más, lo imposible que resulta desarmarlos para que se puedan aprovechar sus recursos naturales, ya que una mezcla de algunos componentes también puede dañar los procesos productivos.  

Pero también sucede que no se pueden reparar, porque fueron concebidos y fabricados para funcionar de tal manera que se cumpla lo que es la sociedad de consumo actual, es decir, comprar, usar, tirar y volver a comprar. Claramente estos productos no fueron diseñados con la intención de repararse.

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