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Fractura social a la vista

En Euskadi ha costado mucho generar un contexto marcado por la estabilidad, por el respeto al diferente y por el respaldo ciudadano al nivel de autogobierno del que goza nuestra comunidad autónoma. Pero todo ello puede saltar por los aires si por mérito del nacionalismo o por demérito del constitucionalismo vasco se insufla oxígeno a quienes prefieren ahondar en lo que nos divide y no en lo que nos une.

Que los intereses de los vascos han quedado desvirtuados tras la llegada del PSOE a La Moncloa no es una sensación, es un hecho constatado en virtud de la primera reunión mantenida entre el nuevo presidente del Gobierno central y el lehendakari del Ejecutivo vasco, Iñigo Urkullu. En ella Urkullu marcó cuáles cree que son las cuestiones que roban el sueño de los vascos, cuestiones por tanto para él ineludibles en un primer encuentro entre el representante de todos los vascos y el nuevo presidente del Gobierno central: presos de ETA, reconocer la “realidad plurinacional” del Estado o la retirada de recursos de inconstitucionalidad que afecten a leyes de dudosa legalidad promovidas por el Parlamento Vasco.

Entre las demandas del nacionalismo, pronunciadas por boca del lehendakari del nacionalismo y no del lehendakari de todos los vascos, una de ellas es un dardo envenenado que ya amenaza la credibilidad del nuevo Gobierno socialista. La retirada del recurso de inconstitucionalidad de la Ley de Abusos Policiales no sólo es algo que afecta al debate en torno a la propia Ley. Es algo que atañe a un debate de mayor calado: ¿el control constitucional es negociable?, ¿debe un Gobierno central impedir el control de la Justicia en el marco de una negociación política? O lo que es peor: ¿la legalidad se decide en Moncloa?

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Los 'indepes' malversadores

Los “indepes” catalanes se harán alemanes. Tal se desprende de los desmedidos halagos con que han premiado el veredicto de los jueces alemanes que han tildado a Puigdemont de tramposo y ladronzuelo. Ya están muchos de ellos pidiendo permiso para empadronarse en domicilios de la región de Schleswig-Holstein, cuyo Tribunal de Justicia se ha pronunciado acusando a Puigdemont y a sus cómplices de malversar, es decir, de “disponer ilícitamente de los caudales ajenos que administra uno” (sic. Diccionario Larousse). Lo grave es que los caudales ajenos pertenecían al “pueblo”, que es un término sublime cuyo significado debe tener que ver con las leyes que nos han de afectar y obligar a todos, incluido al President.

Cuando alguien, como yo en este caso, lee los textos de la sentencia se enmaraña en un lío de interpretaciones importante. Curiosamente, aunque no estemos ante delitos idénticos, la “dureza” del Juez Llarena al involucrar al “huido con el rabo entre las piernas” Puigdemont, contrasta con la benignidad misericordiosa de los jueces que han venido trajinando con la Manada, pero los ciudadanos de a pie y los medios de comunicación (no solo los afines) apenas se pronuncian contra los jueces alemanes, más bien ensalzan su decisión para, de ese modo, desacreditar a la Justicia española. Es decir, que no hubo “rebelión” (“desobediencia o resistencia violenta hecha a la autoridad”, según el citado diccionario), ni hubo “sedición” (“tumulto o levantamiento ante la autoridad”).

Hay veces, casi siempre, que una imagen vale más que mil palabras, de modo que a los jueces que han dictaminado en la Audiencia de Schleswig-Holstein les hubieran aportado mucha luz las imágenes televisivas del día 1 de Octubre de 2017, así como las evoluciones y noticias de los medios de toda condición social o política, previos a ese día o posteriores a él. Si alguien cree que no hubo violencia ese día es porque no quiso verla. Si alguien se atreve a afirmar que el Gobierno y las Instituciones catalanas obraron ejemplarmente, incluso aceptablemente, en la preparación y culminación de los actos perpetrados ese día, o es ciego o es malintencionado. Si alguien no ve una prueba de culpabilidad manifiesta en la “puesta de los pies en polvorosa”, o evasión, de Puigdemont y unos cuantos “consellers” más en el día siguiente al percance, será porque cubre sus ojos y su frente (tras la que obran la comprensión de hechos y la inteligencia) con una mano opaca y amenazadora.

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Antirracista a ratos

Llegué al feminismo a través del antirracismo. La primera organización en la que milité fue SOS Racismo Bizkaia. Leí El harén en Occidente, de Fátema Mernissi, mucho antes que El segundo sexo, de Simone de Beauvoir. La primera situación de hostigamiento machista en Internet que viví fue por ser portavoz de una acción que demostró la discriminación racista en el ocio nocturno bilbaíno.

La agenda de la comisión feminista de SOS Racismo incluía conocer los impactos específicos de la reforma de la Ley de Extranjería en las mujeres migradas, denunciar la situación de las trabajadoras del hogar y cuidadoras en régimen de internas o señalar a la política inhumana de fronteras como la principal causa de la trata de mujeres para la explotación sexual.

Así, entré al feminismo menos condicionada por los sesgos etnocéntricos de lo que cabría esperar de una euroblanca. Aún era liberada en SOS Racismo cuando en 2010 montamos Pikara Magazine, un medio que se comprometía también a practicar un feminismo antirracista. Pero había un riesgo: la autocomplacencia.

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África, una mirada a la dignidad

Niños senegaleses en una de las escuelas apoyada desde las instituciones forales.

Asistimos estos días a un continuo goteo de noticias sobre pateras, cayucos, concertinas, fronteras, salvamento marítimo y grupos de inmigrantes subsaharianos que llegan a nuestras ciudades. Lo dice el filósofo Sami Naïr con absoluta claridad: “Hace falta decir la verdad a la opinión pública, pues los migrantes vienen y vendrán. Rechazar a los inmigrantes bajo el pretexto de que la única solución es el desarrollo en el país de origen es olvidar que la demanda es de hoy, es qué hacer hoy, cuando ese desarrollo ¡Necesitará décadas!”.

No perdemos de vista esta clave ni otras como el derecho universal a migrar ni los grandes movimientos de población sucedidos a lo largo de la Historia, porque migrar es una costumbre tan vieja como la Humanidad. Los movimientos de población han sido una constante que, fuera de toda duda, han permitido salvar a las poblaciones de hambrunas, catástrofes naturales o tropelías producidas por la propia mano humana —guerras, persecuciones, torturas, falta de libertades o desgastes de la naturaleza que dejaban las tierras o el mar yermos de producción y de alimentos—. Es una obligación moral ofrecer todo nuestro apoyo para que ese desarrollo de los países del Sur no se demore, no caiga en el sueño de los justos, cumbre política tras cumbre política. Al margen de otras muchas consideraciones, desde una visión humanista, jamás podemos olvidar que toda persona tiene derecho a desarrollar un proyecto digno de vida en su lugar de origen.

A partir de estos principios y reflexiones, desde Bizkaia y Gipuzkoa nos hemos centrado en fortalecer y estrechar lazos con la región subsahariana. La semana pasada, encabezando una delegación conjunta de las dos diputaciones forales, hemos viajado para comprobar sobre el terreno el resultado de nuestras políticas de Cooperación al Desarrollo en Senegal.

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Diez días que estremecieron España (y cinco años que lo explican)

El miércoles 23 de mayo, con el apoyo “por responsabilidad” del PNV, el Pleno del Congreso aprobaba los Presupuestos Generales del Estado de 2018, ofreciendo al Gobierno de Mariano Rajoy un respiro esencial para afrontar con tranquilidad lo que quedaba de legislatura. Diez días después, el 1 de junio, tras el fallo del caso Gürtel, una improbable moción de censura que el PNV apoyó “por ética y por responsabilidad” trituraba las ilusiones del PP y de Rajoy y abría las puertas de La Moncloa a Pedro Sánchez. Han sido diez días que sacudieron España (abusando del título de la más famosa obra del periodista John Reed). Pero, seguramente, lo ocurrido durante estos diez días frenéticos  no puede entenderse si no es en el marco más amplio del último lustro de historia de este país.

Cuando eldiario.es apareció en septiembre de 2012, lo hizo en un contexto sumamente incierto y convulso en lo social, lo político, lo económico y, también, en lo estrictamente profesional. Empezando por esto último, aunque los medios de comunicación, especialmente la televisión generalista, venían experimentando desde finales del siglo XX una crisis de adaptación a un nuevo entorno tecnológico (cable, Internet), la crisis financiera de 2008 y su impacto inmediato sobre el sector de la publicidad, principal soporte económico de los medios tradicionales, va a suponer el cierre traumático de centenares de diarios, revistas, televisiones, radios y agencias de prensa, la pérdida de miles de empleos y la precarización de muchos otros.

Pero, como hemos señalado, esta crisis empresarial y profesional se inscribe en una crisis más amplia, general, de la política y la sociedad españolas. Nos referimos, claro está, a todo lo que gira en derredor del “acontecimiento 15M”. Por encima de cualquier otra cosa, lo que este acontecimiento ha provocado es un cambio profundo y generalizado en la conciencia social sobre lo aceptable y lo inaceptable de los comportamientos políticos. El 15M fue, sobre todo, un acontecimiento que se inscribe en el espacio de la “economía moral de la multitud”, tal como la definió el historiador británico E. P. Thompson: como una afirmación de los límites que ninguna práctica política o económica debería superar, y cuya transgresión es vivida por la gente como un atropello intolerable frente al que sólo cabe actuar con contundencia.

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¿Quién gobierna el derecho a decidir?

Representantes del PNV y del PSE en la ponencia parlamentaria que trata sobre el nuevo Estatuto vasco

En Euskadi, las cosas más extrañas suelen estar siempre a la vuelta de la esquina. Y acostumbran a aparecer en los momentos más imprevisibles. Cuando parecía que éramos un modelo de diálogo y acuerdo político para toda España, vuelve a asomar de pronto el fantasma de Ibarretxe y sus planes autodeterministas, pero corregidos y aumentados. El partido que lidera el Gobierno Vasco, en lugar de hacer lo más lógico, que es entenderse con su socio de coalición para renovar el Estatuto, ha preferido hacer lo más complicado: llegar a un acuerdo con su muy enconada oposición, en defensa de la Euskadi del derecho a decidir.

El PNV es así: antes muerto que sencillo. Gobierna con el Partido Socialista y comparte con él una actualización de nuestro marco de autogobierno basado en "las normas y procedimientos legales"; pero, cuando llega la hora de la verdad, le gusta embarullar el contenido de lo que ha firmado, en una especie de postlenguaje donde no se ve muy claramente qué es eso de la legalidad. Y no es que el PNV no la acepte. La acepta, pero de una manera creativa: como eso que hay que asumir con la boca pequeña  para llegar a la postdemocracia nacionalista, mediante una tortuosa ingeniería constitucional, que convierta lo legal en postlegal.

Al fin y al cabo, "el respeto a la legalidad no debe provocar la vulneración del principio democrático. Un principio que exige dotar de un valor relevante y primario a la decisión de la ciudadanía vasca", como se refleja en el preámbulo de las Bases para la actualización del autogobierno que PNV y EH Bildu han acordado. Algo tan razonable, que no se entiende bien por qué no se le ocurrió antes al PSE-EE. El partido de Idoia Mendia habría impedido así que EH Bildu fuera el único protagonista de la Euskadi del futuro. Y se habría colocado, a nivel más general, en vanguardia de la postEspaña confederal que el acuerdo nacionalista ha alumbrado, y que ahorra las molestias y trabajos baldíos para hacer algo tan innecesario como es la reforma de la Constitución.

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Los peligros de lo 'micro'

Algunas de las imágenes de la última campaña de Perlan.

En una  entrevista realizada a Luis Bonino Méndez en 2016, este psicoterapeuta definía el concepto de ‘micromachismo’ de la siguiente manera: “ Este término designa a las sutiles e imperceptibles maniobras y estrategias de ejercicio del poder de dominio masculino en lo cotidiano, que atentan en diversos grados contra la autonomía femenina. Hábiles artes, trucos, tretas y manipulaciones con los que los varones intentan imponer a las mujeres sus propias razones, deseos e intereses en la vida cotidiana”.

Fue precisamente Bonino quien acuñó este término en 1991 para aludir a estas prácticas sutiles, a estas argucias frecuentes, a estas costumbres de intimidación velada que sufrimos a diario todas las mujeres en prácticamente cualquier espacio público o privado.

El prefijo ‘micro’ alude a lo ‘muy pequeño’, a algo casi intangible, a un elemento tenue, a un comportamiento de baja intensidad. Pero unido al término ‘machismo’, esta noción precisada por Bonino –y otras muchas personas especialistas en la materia, aunque con otros nombres– define un problema grave, muy grave, y muy difícil de erradicar. ¿Por qué? Porque, en muchas ocasiones, no es fácil detectar estos comportamientos sexistas. ¿Por qué? Porque impregnan tanto nuestro día a día, que los aceptamos como naturales o no los percibimos; otras veces los toleramos como ‘mal menor’. Por otro lado, no es fácil estar continuamente desenmascarando estos comportamientos; y si te atreves a hacerlo, es fácil que te acusen de victimismo.

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Las frases interesadas de la clase media

Uno de los dos hermanos que tengo -espero no tener más que los dos conocidos e inscritos en el registro pertinente por mi padre- me envía mensajes mediante 'Wassap' que, generalmente, él ha recibido previamente. Es de este modo como se genera una línea comunicativa que da pie a denominar 'Redes Sociales' a ese sistema que, por encima de pretender una comunicación útil y eficaz, en la mayoría de los casos busca potenciar el impacto de las ocurrencias usando frases hechas, sonoras y escuetas que no explican nada con las suficientes garantías de veracidad ni de compromiso social. Lo último de lo recibido por la vía fraterna han sido dos leyendas que, queriendo dar a entender una cosa se quedan en la más mera superficialidad.

Dice una de ellas que "Pedro Sánchez sube la gasolina y la factura de la luz, que para eso la pagan los ricos…la clase obrera es más de velas, candiles e ir andando". La frase no solo es demasiado larga para ser usada como un slogan, sino que es absolutamente falsa y desatinada. Los tiempos han cambiado (quizás no todo lo que tienen que cambiar aún), pero han cambiado lo suficiente que estoy convencido de que esta frase es propia de la 'clase media', acomodada y escasamente ideologizada y solidaria, que diciendo estas cosas pretende prioritariamente preservar su posición social y sus patrimonios, no excesivamente copiosos, pero suficientes para proveerles de comodidades y satisfacciones. Suelen ser los mismos que, a renglón seguido, la emprenden a mamporros contra el pequeño fraude en las ayudas sociales a los pobres y se olvidan del gran fraude fiscal que practican los adinerados. Suelen ser los mismos que protestan por la llegada de pateras llenas de parias y desposeídos, a los que tachan de 'aprovechados' antes de negarles todo auxilio. Suelen ser los mismos  que dicen que 'Hacienda somos todos' pero pagan en 'negro', a pesar de que sean de ese mismo color muchos de los pobres que, según ellos, nos invaden.

Yo también pertenezco a esa clase social que, a poco que la observemos con detalle ni utiliza velas ni usa candiles ni va a todos los sitios andando (tal como rezan en su leyenda), pero no hay que usar coartadas ni frases hechas porque ahora las clases sociales se han convertido en clases económicas con supermillonarios, adinerados, suficientes, escasos, menesterosos y pobres de solemnidad. Aunque los lenguajes no hayan cambiado demasiado, la estructura de nuestra sociedad sí lo ha hecho.

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El devastador paso de Tecnalia por Argentina

En otoño de 2017 el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) de Argentina contrató a la fundación vasca Tecnalia, sin licitación previa y por un importe de casi 300.000 euros, para el diseño y elaboración del llamado 'Master Plan I+D para INTI Argentina'. En la práctica este documento se ha convertido en la hoja de ruta para la reestructuración y privatización del citado organismo público, un ente que cuenta con 52 Centros de Investigación y 3.000 personas en plantilla y que, entre otras misiones, se responsabiliza del control metrológico y de calidad en todos los sectores de la industria argentina, dando servicio a más de 5.000 PYMES de todo el país.

El 25 de enero de este año, justo un día antes de su presentación pública, más de 600 científicos votaron repudiar dicho Master Plan, que implica la disolución de los 52 Centros de Investigación y que propone la venta de los activos existentes en el INTI para generar ganancias rápidas o, como dice el documento, quick winsyy. En respuesta las autoridades del INTI despidieron a 258 técnicos y profesionales, sin consignar las causas y fechando sus cartas de despido el mismo día de la frustrada presentación de Tecnalia: el Plan Maestro había comenzado.

A raíz de esta inaceptable decisión, los científicos realizaron un paro total y una ocupación pacífica en las instalaciones, que tuvo en vilo al país durante 47 días ininterrumpidos. Tecnalia fue noticia en los principales medios de comunicación, que la señalaron como autora intelectual de los despidos realizados como consecuencia directa de la reorganización pergeñada por ella, no teniendo precedentes una vulneración así a la soberanía del organismo estatal por parte de agentes de otro país. El plan de Tecnalia, además de no haber sido ser sido consultado internamente, tampoco se ha sustentado en ningún tipo de diagnóstico. Incluso las empresas del sector privado que aparecieron en el documento como “socias estratégicas”, desmintieron serlo o haber participado de algún proyecto.

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El derecho a morir de viejo en el territorio propio

Hace ya un tiempo, en una conversación con una vieja amiga y lideresa indígena en Colombia, ésta me decía que habría que empezar a reivindicar no solo el derecho a la vida digna, sino también el derecho a morir de viejo en el territorio propio. En ese momento, la frase pareció simplemente eso, un comentario ocurrente, pero sin mayor importancia en medio de la larga conversación que manteníamos. Hoy, pasado un tiempo, y pensando sobre diferentes noticias que en los últimos meses llenan portadas e informativos, esa reflexión vuelve con un sentido nuevo y me doy cuenta que quizás no sea la curiosidad que entonces pensé, que la carga de la misma es más profunda que eso que en aquel momento pareció tan inocente; hoy resulta que la frase está repleta de dura verdad aunque quizás no suficientemente entendida en su verdadera dimensión.

Posiblemente muchas personas, especialmente quienes, digámoslo así, tienen la vida resuelta, consideren que la frase en cuestión tiene un sobredimensionado dramatismo y la podrán entender como una exageración directamente pensada para llamar la atención cuando no hay motivos evidentes para ello. Pero seguro que a poco que nos paremos a pensar en ella, en un momento de tranquilidad y reflexión sincera, sentiremos la carga profunda que en este mundo encierra para cada vez más millones de personas.

Aunque no siempre y de hecho cada día hay más impedimentos, la posibilidad de morir de viejo o de vieja en el territorio que nos vio nacer, en el propio, supone en gran medida la certeza de haber podido desarrollar una vida digna en el mismo. La probabilidad de habernos relacionado socialmente, de haber querido y ser queridos por familia y amistades diversas, de haber estudiado y trabajado, de habernos pensado desde antepasados más o menos lejanos hasta las generaciones venideras que de alguna forma guardarán un poco de nosotras y de nosotros. Habremos, quizás, podido vivir sin violaciones serias a nuestros derechos fundamentales además de a la propia vida; habremos disfrutado de una identidad construida, en gran medida, desde la existencia misma de ese territorio donde nuestro pueblo habita desde hace mucho tiempo, sea este unos pocos siglos o algunos miles de años.

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