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Fascismo y cambio climático, un binomio letal

Cuando resuenan aún los ecos de las contundentes declaraciones de Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en las que reiteraba “no es retórica, es la realidad. No es política, es ciencia. Y no es una sugerencia, es una advertencia” refiriéndose a los últimos informes sobre el cambio climático, nos enfrentamos a nuevos informes y no menos categóricos. Por un lado, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) que apunta la necesidad de emprender cambios rápidos, profundos y sin precedentes para conseguir limitar el incremento de la temperatura media mundial a +1.5ºC en 2100, tal y como se acordó en París en 2015. De no hacerlo, la incertidumbre es total. Posteriormente hemos conocido otro informe de la Organización Meteorológica Mundial sobre la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera y las más inquietantes afirmaciones de su secretario general, Petteri Taalas, “la ciencia es clara: si no reducimos rápidamente las emisiones de CO2 y de otros gases de efecto invernadero, el cambio climático tendrá efectos cada vez más destructivos e irreversibles en la vida en la Tierra. Nuestras oportunidades de actuación están a punto de agotarse”.

Mientras nos tomamos tiempo para digerir estas revelaciones el auge de los movimientos de extrema derecha y los nuevos fascismos a escala global van in crescendo. El caso más reciente ha sido el de Brasil con la llegada de Bolsonaro al poder, pero, desgraciadamente, no ha sido el único. Italia, Hungría, Francia, Estados Unidos… son solo algunos ejemplos de cómo la corriente ultraderechista coge fuerza nuevamente. Y nos tememos que asistimos únicamente al principio. La causa de este ascenso de una ideología ya fracasada y superada es complejo. A diferentes situaciones puntuales y locales se suma un trasfondo de inestabilidad social asociado a la caída del liberalismo económico. Cuando más avance el siglo, cuanto más agravemos el cambio climático, más inestables serán nuestras sociedades y más terreno cederemos a la extrema derecha. Debemos ser conscientes de que, en este siglo, nos va a tocar luchar de nuevo contra los viejos fantasmas del siglo XX, agravados por una invitada inesperada: la crisis ecológica. Y ambos enemigos, juntos, forman una fuerza letal que va a requerir de toda nuestra habilidad y unión para combatirlos y superarlos. Es vital que estemos a la altura de las circunstancias.

Revertir la situación climática no va a ser nada fácil. Estamos aún a tiempo de tomar esos cambios profundos de los que hablaba el IPCC en su informe, pero la máquina de producción y consumo que hemos creado en esta economía capitalista está tan descentralizada que ya no hay capitán de barco que pueda girar el timón. En los próximos decenios, millones de personas se verán obligadas a migrar de sus pueblos y ciudades actuales, bien por las sequías extremas, bien por la falta de alimento o por el aumento del nivel del mar. Según el Banco Mundial, se calcula que el cambio climático expulsará de sus hogares a 143 millones de personas en los próximos 30 años, principalmente en África Subsahariana, Asia Meridional y América Latina. No podemos permitir, bajo ningún concepto, que, al otro lado de las vallas, los muros y las fronteras, se sitúe la extrema derecha. Porque ya conocemos las implicaciones que ello conllevaría.

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Especies exóticas invasoras, una invasión silenciosa

Un visón europeo.

Su introducción en nuevos ecosistemas es lo más parecido a abrir la caja de Pandora. Atacan a otras especies, se reproducen sin control destrozando las cosechas, provocan pérdidas multimillonarias y son una grave amenaza para la biodiversidad. Detrás de las plagas de las especies exóticas invasoras está la mano del ser humano.

Están ahí, por todas partes. Sigilosamente se han introducido en nuestras casas, nuestros bosques, nuestros ecosistemas, nuestros ríos, nuestras vidas…. Poco a poco se han hecho comunes y actúan de una manera muy negativa. 

Una especie exótica es aquella que se establece en un ecosistema o hábitat natural o seminatural que no forma parte de su área de distribución natural. Pero su carácter de ‘invasora’ proviene de su proliferación, lo que causa daños al medio ambiente, a otras especies o a las actividades humanas y económicas.

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Reflexiones ante las elecciones andaluzas

(Cuando he empezado a escribir este artículo lo he hecho en una mesa grande en cuya encimera tenía desplegados media docena de periódicos, además de recortes de prensa y noticias escritas en papeles de mi puño y letra. Sin embargo, he optado por recoger todo, hacerlo a un lado y dejar solamente ante mí el papel en blanco y un bolígrafo de tinta roja, que es el color que mejor congracia con el tiempo que vivimos, porque lo ocurrido en las Elecciones andaluzas, aunque es preocupante, admite muchas lecturas).

Lo primero que hay que subrayar es que las Elecciones las ha ganado el PSOE, como era de esperar, aunque los números no resulten halagüeños porque, mediante la aritmética, es evidente que dicha mayoría puede verse superada fácilmente por los posibles acuerdos de las derechas. Pero, ¿VOX es derecha? En democracia el fascismo no es derecha ni izquierda: es antidemocracia. Luego cualquier acuerdo con VOX pone en entredicho a quienes acuerdan con ellos.

No obstante la debacle sufrida por el PSOE, -equiparable a la sufrida por el PP-, debiera llevar a la sencilla reflexión de que la vieja competición (PSOE-PP) no ha sido nada aleccionadora en esta ocasión, porque ha provocado mucho abstencionismo, y ha abierto las puertas de par en par al “redentor” VOX, cuyo mérito se ha ceñido a cultivar el voto de descontentos, cascarrabias y desideologizados de las más variadas calañas.

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La política en el cabaret

Hace unos días, un periodista ultradivino se hacía eco de la enganchada parlamentaria entre Gabriel Rufián y el ministro Borrel; y emitía por la radio esta sentencia fulminante: "Por culpa de los políticos, mucha gente va a perder la fe en la democracia". El varapalo no se distinguía precisamente por su originalidad. Ni por su acierto en eso de localizar quién es el malo de la película: el que nos hace desconfiar del sistema de libertades que disfrutamos y que, por suerte, sigue rigiendo nuestras vidas.

Podría haber buscado culpables entre empresarios que evaden impuestos o buscan el arrimo de los paraísos fiscales y presionan para que la acción política barra para su casa; o entre quienes propagan el miedo cuando un Gobierno de izquierdas avanza medidas progresistas para sostener el Estado de bienestar; o entre esos poderes en la sombra que van con la postverdad por delante, para sembrar de mierda la vida pública…

Pero, no. Los culpables de la desafección ciudadana hacia la democracia la tienen 'los políticos', así, en general, sin especificar a qué políticos nos estamos refiriendo. Sin distinguir entre quienes ensucian el debate parlamentario con el serrín de su vaciedad mental y quienes utilizan argumentos para defender sus posiciones; o entre quienes ofrecen proyectos, mano tendida y diálogo para avanzar como país y quienes se limitan a lanzar estiércol para que esto no pueda ser posible.  

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Hogar, peligroso hogar

Manifestación contra la violencia machista

“Hogar, dulce hogar”. Seguramente estaremos ante la frase más utilizada en los felpudos de las viviendas (Aquí, quizás, en pugna con el “Ongi etorriak”). Más de una vez la habremos utilizado para no manchar el suelo de nuestros anfitriones, pero en muchas otras para recordar nuestro propio hogar ¿Quién no se ha sorprendido mencionando esta frase tras un espléndido, pero agotador, viaje vacacional? ¿Cuántas veces, en frías y desapacibles noches de invierno nos hemos acurrucado junto a nuestros seres queridos gozando del calor hogareño? ¿Cómo no recordar los acuciantes deseos de encontrarnos tranquilamente entre nuestras cuatro paredes, en vez de soportar estoicamente una jornada inacabable de trabajo? En esos momentos siempre el deseo de tranquilidad, de sosiego, de calor familiar hace necesario el recuerdo a la dulzura de nuestro hogar.

Wikipedia nos aclara que tal dicho proviene de una canción estadounidense de los años veinte del siglo XIX, que fue recuperada en tiempos de su guerra civil (1861-65), utilizada por ambos bandos y prohibida en el bando unionista por la influencia que causaba y la deserción masiva que provocaba en sus filas. Frecuentemente el hogar como anhelo, añoranza o melancolía de lo que en otros momentos no se tiene.
Sin embargo, desgraciadamente, no siempre es así. Hay ocasiones, más de las que creemos, en que el hogar puede ser un infierno, una ratonera de la que es difícil escapar, un espejismo de dulzura que se transforma en amargura a las primeras de cambio. Nos lo explicó María José Díaz-Aguado, catedrática de Psicología de la Educación, en la Complutense madrileña, al recordarnos uno de los mensajes de la ONU para el recién pasado 25N: el lugar más peligroso para la mujer es su propio hogar. En España, el 52 % de todos los asesinatos han sido provocados por parejas o exparejas en el entorno de la propia vivienda.

Cuesta digerir estos datos. El hogar como sepultura, la vivienda como cárcel definitiva. Es descorazonador conocer que el mismo día internacional de denuncia de la violencia contra la mujer, el siniestro contador de víctimas sumaba una más, la número 46, a su lista macabra. Como ha sido frustrante escuchar a la directora Icíar Bollaín, cuando afirmaba que apenas ha habido avances en la sociedad, 15 años después del estreno de su película, 'Te doy mis ojos'. “Hay más conciencia social, pero tengo la sensación de que sigue todo por hacer”, ha reconocido con pesadumbre.
Así mismo, es preocupante recibir algunas de las conclusiones de ponentes que intervinieron en la edición número 12 de Gizatergune, ('Violencia de género en jóvenes y adolescentes: prevención, atención y sensibilización para su erradicación') organizada por la Diputación Foral de Bizkaia. Por ejemplo, la que daba la propia Díaz-Aguado sobre el estudio evolutivo realizado en España sobre la igualdad y prevención de la violencia de género (años 2010 y 2013): aunque el 40 % de los entrevistados reconocía haber tratado el tema en la escuela, los avances en igualdad eran imperceptibles. Otro más: aumentaba el número de mujeres que
estudiaba dos o más horas al día y el de hombres que lo hacía menos de una hora.

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Declaración contra la Constitución española: imágenes y palabras

Resulta a todas luces curioso el modo como una enmienda a la totalidad a una Proposición No de Ley del Parlamento Vasco (presentada por EHBildu), se ha fundido  con el texto de la Proposición para culminar en una declaración en contra de la Constitución. Los protagonistas del acuerdo (EHBildu y PNV) saben que la Proposición no va a ningún lado ni sirve para otra cosa que para enrarecer el ambiente de buena convivencia y concordia que reina en la sociedad vasca desde que vive en paz tras la retirada, por derrota manifiesta, de ETA. Sin embargo el asunto no es baladí, por absurdo y por desestabilizador.

Que la Constitución puede, y debe, ser revisada y quizás modificada es algo que a nadie debe extrañar, pero toda modificación requiere la participación de todos los que estamos bajo su tutela, que somos los cuarenta y tantos millones de españoles. Lo cierto es que la Proposición parte de un error interesado como la afirmación de Pello Urizar, -¿por qué no “actuó” en este tema un parlamentario procedente de la vieja HB?-, de que la mayoría de Euskadi, y de los vascos, no la respaldó. Sin embargo basta con esgrimir la amplísima mayoría que la respaldó con su voto afirmativo (muchísimo más abundante que el voto negativo), teniendo en cuenta que a nadie se le impidió acudir a votar. Cuando en el referéndum de la Constitución el PNV propuso que no se acudiera a votar mezcló el abstencionismo “suyo” al propio de cualquier convocatoria, e hizo “suyo” el abstencionismo de todas las condiciones. De modo que toda alusión a que la Constitución no fuera aprobada en Euskadi responde a una interpretación tan artera como interesada, porque ahora se trata de revisar (o no) la Constitución, y no de negarla.

Lo cierto es que el texto aprobado definitivamente resulta ridículo y obliga a un ejercicio en el que prima la obstinación de los firmantes para afirmar a pie juntillas hechos ya pasados que no resisten ni un segundo de reflexión y discernimiento. Veamos…   

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Eta zuk, emakumeen aurkako indarkeria kontsumitzen duzu?

Izozturik esnatu nintzen goiz hartan. Emakumeen aurkako indarkeria kontsumitzen ari nintzen. Ez da droga berri bat, ez eta analgesiko berri bat ere, kontsumitzeko era  berri bat baizik, ordu arte kasu egin ez niona, eta beste emakume batzuen bizitzari zuzenean eragiten ziona.

Laburbilduko dut. XXI. mendeko emakume bat naiz, inola ere ez niokeena uko egingo nire lan-espazioari, nire espazio publikoari. Ulertzen dut milaka emakumek egin duten borroka, nik lan egin, neure kabuz bizi, eta independentea izateko aukera izan dezadan. Ez dut bikotekiderik, eta ez dut izan nahi, orain harreman irekiak izaten ditut. Neure burua emakume aske, moderno eta, noski, feministatzat dut.

Dena aldatu zen nire ama gaixotu zenean. Baziren urte batzuk parkinsona zuela, baina azkenaldian pattalago zebilen. Arreta 24 orduetan behar zuen; nebek lan egiten zuten, bai eta nik ere, eta konponbide bat bilatu genuen, beraz. Eta familian Rosalba sartu genuen, nigeriar emakume bat, gure amaren etxean biziko zena, barne-langile.

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Quien se pica, ajos come

Foto de las identificaciones llevadas a jóvenes magrebíes el pasado 2 de noviembre

Es un hecho, a la gente le escuece en lo más profundo que le tachen de racista. ¿Cuántas veces has oído una argumentación empezar con “y o no soy racista pero…”?

Una vez en la universidad, creo que cuando estudiábamos cómo mediar en los conflictos y llevar a cabo negociaciones, un profesor dijo algo así como que todo lo que dijéramos después de un pero no servía para nada, o quedaba anulado directamente. Quizás poniendo un ejemplo lo veamos más claro. Si tu pareja te dice, 'yo te quiero, pero…' ¿alguien se queda con que le están diciendo que le quieren? no, probablemente, no. Si tu casero o casera te dice, 'yo entiendo tu situación, pero…te voy a subir el alquiler'. El alquiler te lo va a subir si o si, otra cosa es que eso suene mejor que 'me la trae al pairo tu situación personal yo quiero más pasta'. En resumen, ese pero es una manera de ser políticamente correctas, de hacer nuestros discursos más discretos, aunque las ideas que vayan por debajo sean las mismas.

La frase y o no soy racista, pero es muchas veces el precedente que intenta minimizar o suavizar actitudes o afirmaciones racistas de un discurso. Es como si tuviéramos la necesidad de poner nuestra moral a salvo, como si diciendo esa frase primero tuviéramos la vía libre para decir cualquier cosa después y no sentirnos mal por ello, porque estamos siendo correctas. Yo no soy racista pero…esta gente roba; yo no soy racista, pero…es que esta gente viene a delinquir; yo no soy racista, pero…es que cobran muchas ayudas; yo no soy racista, pero pero pero'. ¿Os suena?

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Nuevo Estatuto vasco

“Tras unas semanas recorriendo las tierras vascas tengo la extraña certeza de haber habitado, creo, en el más sólido reducto de la España católica, ya que en las regiones vascas es rara la familia no emparentada con un sacerdote o una monja. El ritual católico se ha extendido a los más mínimos actos de la vida del vasco. Se vive en religión. Los sacerdotes son numerosísimos. Se hospedan en las casas de familia, conviven con el medio ambiente sin que a nadie le llame la atención este entrelazamiento del eclesiástico con el seglar ya que la gente les escucha con atención y respeto. Los más serios problemas domésticos se aconsejan con el eclesiástico. La sociedad vasca se encuentra en absoluto bajo el control religioso así que excuso decir que el libre pensamiento, el escepticismo y el socialismo son mirados aquí como formas de criminalidad que se deplora que el Estado no las castigue. Sin embargo la religión no ha modificado la altiva naturaleza del vasco. Resulta difícil que se encuentre en toda la península gente más satisfecha de sí misma, más ingenuamente admiradora de sus propias tradiciones. Por lo tanto, la repetición de esta actitud ingenua acaba por agobiar al forastero. El vasco supera al sevillano en el apasionamiento por las cosas de su tierra. Con una diferencia: lo que hace tolerable el regionalismo del andaluz es la gracia con que se expresa, los giros inesperados, las metáforas originales. El vasco, careciendo de la gracia del andaluz, no atina a ensalzar las excelencias de su región, sino espontáneamente menoscaba las virtudes de otras regiones. El forastero que no tiene ningún motivo de malquerencia para las diversas zonas de la península, acaba por sentirse molesto ante esta insistencia del nativo que se obstina en complicarle en juicios parciales. Esta actitud es general en el vasco de clase media. En cuanto al movimiento intelectual bien podemos decir que está francamente apagado. Se escribe poco y enfáticamente mal. Ni Unamuno ni Baroja, a pesar de ser vascos, interesan en las regiones vascas. Ambos son herejes para las consignas que el Partido Nacionalista Vasco pretende llevar a las masas. A Baroja ni se le nombra. Algunos escritores jóvenes que se pueden contar con los dedos de la mano, luchan denodadamente para abrirse camino, pero fuera de las alas del Partido Nacionalista Vasco, el intelectual vasco, actualmente no tiene ningún porvenir, y dada la situación creada por el Partido, lo único que apasiona en el presente momento es la continua exaltación de la Nacionalidad Vascongada”...

los curas y las monjas han sido sustituidos, no en su totalidad, pero sí sustancialmente, por los camareros del batzoki y por las psicólogas con flequillo abertzale

Somos como nos ven. No como nos suponemos ni como nos vendemos sino como nos ven, por más que nuestra vanidad nos impida reconocernos en nuestras mediocres limitaciones, tanto físicas como mentales. Las lineas entrecomilladas pertenecen al libro 'Aguafuertes Vascas', crónicas periodísticas publicadas en el periódico de Buenos Aires El Mundo por el escritor argentino Roberto Arlt durante el periodo que abarca desde el trece de noviembre de 1935 hasta el dieciséis de enero de 1936. Meses en los que este narrador, maestro de narradores tan conocidos como Onetti, Cortázar y Bolaño, estuvo recorriendo la península asombrándose ante nuestra capacidad, tan española, de despreciar a nuestras compatriotas para así tratar de engrandecer nuestra pálida figura ante el forastero.

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Construyendo puentes, no muros

Emigrar es desaparecer para renacer después. Inmigrar es renacer para no desaparecer nunca más. Con estas palabras, Sami Naïr situaba,  hace ya casi una década, la realidad de tantos millones de personas que inician un camino, probablemente de no retorno, encontrándose, en numerosas ocasiones, con muros de incomprensión, desprecio y miedo.

Y continúa advirtiéndonos el sociólogo francés que la inmigración no es un problema político, sino un fenómeno social como el crecimiento demográfico, el aumento de los matrimonios o de los divorcios o la distribución territorial de la población al que hay que aceptar cuanto antes porque está en la identidad humana buscar un porvenir mejor y aceptar a quien desea intentarlo. De ahí que cuanto antes se acepte que pese a la profunda evolución que marca en la comunidad receptora la inmigración, ésta acaba por enriquecer su identidad.

Viene a cuento esta introducción por el conocimiento de la reciente publicación del Informe de la UNESCO del año 2019, presentado en Bilbao por la Unesco Etxea y el propio Departamento de Educación del Gobierno Vasco, bajo el título 'Migración, desplazamiento y educación. Construyendo puentes, no muros'. Este informe realizado por el equipo de seguimiento de la Educación en el mundo tiene como objetivo velar por la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible nº 4 (Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad).

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