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Brindemos por las apasionantes y agotadoras confluencias

A finales de 2014 publicaba en este mismo medio el texto 'Todas somos necesarias', donde expresaba el deseo, la conveniencia, de sumar energías en una apuesta común por el cambio en las formas de hacer y gestionar la política.

Y así ha sido. Con el inicio del año, en todo el estado se han abierto un montón de procesos de negociación entre distintas fuerzas políticas, en todos ellos poniendo por delante el interés de la ciudadanía. En este sentido, no hace mucho, Isaac Rosa escribía también en eldiario, una brillante columna en la que decía: “Cada vez que un dirigente dice 'unidad popular', Dios mata otro gatito confluyente, y esto ya huele a masacre”. Todo proceso de 'nueva política' que se precie ha tenido que vivir en sus carnes una de estas negociaciones. Confluir ha sido trending topic. Yo mismo he formado parte activa de uno de esos procesos, ibaiZabal, que para cuando se publique esto, espero haya rematado ya sus flecos, para que de las aguas de la ría emerja una nueva (y definitiva) plataforma ciudadana para el Ayuntamiento de Bilbao.

Y no ha estado mal. Muchas nos hemos visto las caras por primera vez o nos hemos conocido un poco mejor. Hemos discutido pero también hemos generado nuevas complicidades. Hemos ejercitado la escucha activa y el tratar de entender al otro (algo a lo que estamos tan poco educadas). Hemos hecho pequeños masters prácticos, sobre por ejemplo, cómo usar un pad para escribir colectivamente un acuerdo, o sobre las distintas formas de organizar listas y primarias. Ha sido tan apasionante como agotador.

Los resultados de estos procesos de negociación y confluencia han sido dispares. Algo que indica que la realidad, en gran medida, más que en base a un gran sistema lógico, se organiza de forma contextual, dependiendo de los agentes y circunstancias de cada lugar, y sobre todo en este caso, de su predisposición real para encontrarse. Así, cuando ha habido voluntad, lo que en muchos casos comenzaban siendo pre-requisitos intocables para la negociación, en la mayoría de los casos han terminado siendo infinitas excepciones que confirman la regla o tesoros más o menos valiosos que poner en juego en el proceso.

Hayan salido bien o mal, estas negociaciones han tenido valor en si mismas y al menos, en lo que yo he vivido, he visto buenas voluntades, generosidad y sobre todo, inteligencia política y responsabilidad cívica para entender que lo que de verdad está pidiendo la ciudadanía, es una forma de hacer política al servicio de la gente, de lo público y lo común; y no una nueva marca de éxito ni un mercadeo entre siglas. La gente busca algo en lo que poder implicarse o simplemente en lo que poder confiar. Acabar de una vez con cambios de cromos, cuotas, amiguismos y clientelismos. Desde la calle llevamos tiempo pidiendo a gritos, más democracia, participación y transparencia. Ese es el verdadero mandato al que atender desde la unidad popular. Y creo que las diferentes fuerzas políticas, al menos han sabido escucharlo. Aunque quizá no en todos los casos hayan sabido interpretarlo y cumplirlo.

La otra asignatura a trabajar, es entender que para confluir hay que dejar atrás supuestas legitimidades, nuevos y viejos formalismos, tendenciosos patrimonialismos y prejuiciosas desconfianzas. Hay que abandonar el sistema métrico y activar otros indicadores.

Haciendo una valoración crítica de estos procesos, diría que hay dos asignaturas pendientes en las que necesitamos mejorar. Una de ellas, es que nos cuesta dar el paso para buscar el encuentro. Nos parece que es mostrarnos vulnerables frente al otro; y tristemente, entendemos eso como muestra de debilidad, en vez de como nuestra principal fortaleza frente a este sistema, que como canta Nacho Vegas “Nos quiere(n) en soledad, nos tendrá(n) en común”. Por eso, frente a las precauciones y resistencias de los agentes instituidos, han sido fundamentales en muchos de estos procesos, agentes independientes, que han servido como desencadenates, mediadores, aglutinantes o brújulas. Con más o menos éxito, han activado dispositivos para iniciar las negociaciones, han cuidado de las formas y los afectos en los procesos o han servido de guía si es que algunos se desviaban buscando su propio norte.

La otra asignatura a trabajar, es entender que para confluir hay que dejar atrás supuestas legitimidades, nuevos y viejos formalismos, tendenciosos patrimonialismos y prejuiciosas desconfianzas. Hay que abandonar el sistema métrico y activar otros indicadores. Dejar de hacer cuentas con los dedos y ponerse en predisposición de dar lo mejor de una misma y recibir lo que cada cual necesita. De esta forma, podríamos alcanzar una mayor madurez como sociedad, desde la raíz de la política.

Pero ambas cosas son complejas y tienen que ver con un cambio cultural y de educación. Y eso no se consigue en cuatro días. Menos aún, en medio de tantas urgencias, acompañadas en esta alocada deriva por inestables compañeros de viaje, como el ingenuo poder y la perversa ganar (¡menos mal que a medio camino se les unió en compañero común para poner un poco de orden!).

Y es que, no podemos pretender que de un día para otro todo el mundo abandone sus espacios de confort y sus viejas o recién adquiridas rutinas. Sería inconsciente pedir que se despojen de sus miedos sin compartirlos y trabajarlos en su justa medida. Porque un verdadero proceso de confluencia requiere de sus tiempos de cocción lenta. Por eso quizá, en el mejor de los casos, a lo que hemos sido capaces de llegar (y nos va a resultar muy útil) es a hormonados rollos primaverales. No ha habido tiempo para madurar las relaciones y para poder hacer acuerdos más amplios, que pudiesen replicarse y escalarse, que probablemente sería lo deseable (por ejemplo en nuestro caso a forales -quizá aún da tiempo... esto de las confluencias da muchas vueltas-). Pero sí hemos obtenido prometedores acuerdos en municipios particulares. Y ante esto, sólo se puede decir que este no es más que el inicio (la continuación) de un camino con mucho más hitos y que lo que llevamos en la mochila son un buen montón de posibilidades con las que experimentar en los próximos tiempos.

Ahora toca seguir trabajando para que estas plataformas consigan implicar a la ciudadanía, que las hagan suyas en primera persona, para la acción política de mayor cercanía que es la municipalista. Y lo primero va a ser construir juntas programas electorales para nuestros pueblos y ciudades, que representen nuestros deseos y necesidades colectivas; que no sean papel mojado, sino la verdadera hoja de ruta para un futuro en común.

Pero antes, celebremos lo que hemos conseguido hasta el momento. Por eso...

Eskerrik asko a todas por intentar confluir.

Zorionak a quienes además lo hayan conseguido. ¡Brindemos por ello!

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