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Egun on eta ondo ibili, ministra!

De las primeras declaraciones de la ministra Celaá se desprende que su entusiasmo se decantará hacia el trabajo por conseguir una escuela plenamente inclusiva, con la red pública como vertebradora de todo el sistema

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EFE

“Si el plan 'A' no funciona, recuerda que el abecedario tiene 26 letras más”

 

"En una nación aterrorizada por su propio gobierno, seis americanos extraordinarios se atrevieron a decir la verdad". Con este reclamo publicitario se expresaba el tráiler de la interesante película de George Clooney, 'Buenas noches y buena suerte' (2005), que he recordado al repasar la lista del nuevo gobierno de Sánchez. Admito que la analogía no es perfecta, pero hay un cierto regusto similar que acepta ciertas comparaciones.

España no ha pasado durante los años de gobierno de Rajoy por una caza de brujas como la estadounidense con McCarthy, aunque el deterioro vivido en libertades y el estigma hacia organizaciones sociales y sindicales han sido permanentes y aún continúan provocando conflictos estériles; tampoco estamos ante un periodismo tan sojuzgado a los poderes fácticos que la película critica, pero el deterioro de la objetividad, de la ética profesional en algunas cabeceras de prensa diaria y en un buen número de programas televisivos españoles es manifiesta; y –por cerrar ya este capítulo de similitudes/diferencias- es difícil visualizar en esta España del siglo XXI un grupo reducido de personas, capaces de variar el rumbo de los acontecimientos como ocurrió con los periodistas de la CBS americana, aunque la corriente positiva que está recorriendo la mayoría de los ministerios designados por Sánchez parece cuestionar tal idea.

Pero, no pretendo dejar más espacio a la nostalgia, sino aportar reflexión en torno a los problemas que la educación en España mantiene desde hace demasiado tiempo y que deberían convertirse en líneas estratégicas del nuevo gobierno. Señalaré los más acuciantes, que deberían ser de incumbencia inmediata para la ministra Isabel Celaá.

De entrada, uno de los más fácilmente reconducibles será el de la reversión  de los reales decretos que la etapa Wert generó. Tanto los que afectan a restricciones en recursos humanos y económicos  en la enseñanza no universitaria (RD 14/2012, nuevas ratios, incremento jornada lectiva) como los que incidieron a modo de cuchillo contra la Universidad (especialmente, la modificación de la estructura de los grados y postgrados, los nuevos criterios de acreditación docente a través de ANECA o la rebaremación de la actividad investigadora del personal eventual). Ello le obligará a coordinarse con su compañero Pedro Duque, ministro de Ciencia, Tecnología y Universidades.  La eliminación de todos esos decretos no debería ser complicada, cuando cuenta no sólo con el apoyo de la comunidad educativa, sino de la mayoría en este Parlamento fragmentado, así como la de los gobiernos autonómicos no gestionados por el Partido Popular.

Reiniciar las negociaciones para un Pacto Educativo que consiga recuperar el optimismo que el recién fracasado generó, será sin dudarlo objetivo ministerial, aunque no auguro tarea sencilla. De entrada, contará con el recelo de cuantas instituciones académicas, colectivos profesionales, educadores de prestigio y sindicatos comprometidos participaron en el anterior intento, que fue la Subcomisión parlamentaria de Educación en el Congreso.

Demasiadas comparecencias públicas, excesivos trabajos bienintencionados para encontrarse con las mismas disputas partidistas de casi siempre que anegaron el objetivo principal de acuerdo.  Es tiempo, por tanto, de tejer nuevas complicidades, de eliminar viejas suspicacias y de alimentar nuevas esperanzas.

Reiniciar las negociaciones para un Pacto Educativo que consiga recuperar el optimismo que el recién fracasado generó, será sin dudarlo objetivo ministerial, aunque no auguro tarea sencilla

En este sentido, es necesario recordar que fue el propio PSOE, secundado por Podemos, quien consideró innecesario continuar en la Subcomisión parlamentaria dado que el debate sobre la financiación educativa no adquiría un nivel superior al propuesto por el PP. Fácil lo tienen, entonces, para trabajar sobre el horizonte socialista sugerido: elevar la inversión educativa paulatinamente hasta el 5 % del PIB. No será una misión exclusiva de la ministra Celaá, ni tan siquiera de su partido; pero del impulso que dé su ministerio a tal iniciativa, se podrá vislumbrar si nos encontramos ante un intento novedoso o una repetición de lo ya vivido. Una puntualización, para evitar que el contenido del posible acuerdo se desvíe inadecuadamente hacia el lado político: deben introducirse asuntos básicos como los Estatutos docentes pre y universitario y detallar la carrera profesional docente, como elemento dignificador del trabajo educativo.

De las primeras declaraciones de la ministra Celaá se desprende que su entusiasmo –deseamos que contagioso para la totalidad de la comunidad política- se decantará hacia el trabajo por conseguir una escuela plenamente inclusiva, con la red pública como vertebradora de todo el sistema, aunque sin abandonar el espacio concertado.

Así debería ser; trabajar por la educación en clave integradora, con una administración central que entienda las dificultades de tal inclusividad cuando se la hace depender casi en exclusiva del ámbito público. Esperamos, por tanto, una actuación ministerial exigente con los compromisos adquiridos por los centros privados en la aceptación de la concertación; activa en la propuesta de iniciativas de mejora del abandono escolar –inaceptable en un estado democrático europeo como el español-; persuasiva en los mensajes sobre el purilingüismo y sobre la reorientación de la Formación Profesional. En ambos casos deberá luchar contra gigantes numantinos del mono/bilingüismo y de la enseñanza universitaria, creyentes de ser las únicas vías formativas de éxito, a las que es conveniente seguir dedicando esfuerzos preferentes. Le auguro más dificultades de las iniciales previstas, aunque no dudo del carácter y empeño de la nueva ministra en el intento.

Por último, este ministerio deberá buscar una salida digna al actual tapón que supone la LOMCE. Esta ley -ha quedado probado con profusión de declaraciones y manifestaciones- no es la deseada por esta comunidad educativa, por este país. Sólo la plena mayoría absoluta del PP de la legislatura anterior permitió aprobarla y sólo la complicada aritmética actual ha impedido derogarla. Pero ese debe ser el objetivo final: sustituirla por otra nueva que introduzca niveles de consenso y participación política y social mucho más amplios. Y ahí es donde deberá sentirse el trabajo ministerial: aprovechando las cercanías que encuentre en las formaciones políticas y sindicales firmemente opositoras a esta mala ley y sondeando nuevos caminos que permitan convivir, mientras se tejen complicidades con los actuales defensores. Probablemente no haya tiempo en lo que resta de legisltaura, pero el camino debe ser nítido en esta línea, dure lo que dure la misma.

La pelicula de Clooney con la que se abría este artículo, recibía el título de la seca frase con la que el periodista finalizaba su programa televisivo, tras repasar la actualidad estadounidense, en aquellos lejanos años cincuenta del siglo pasado. Servía para criticar con firmeza la realidad política, a la vez que se animaba a la audiencia deseándola un futuro más  halagüeño. Salvando las distancias, la Euskadi, la España de 2018 necesita también mensajes de optimismo para superar la situación de urgencia política en la que vivimos. Pero en la creencia personal de que el día aporta más energía, luz y esperanza en el futuro inmediato que la noche con sus sombras, me animo a saludar a la nueva gestora de la educación española con un solidario 'Buenos días y buen viaje, ministra'. Porque es lo que tiene la magia de la educación: agita conciencias  y nos hace más sabios/as.

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