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¿Hablamos de confianza?

Hace unos días se nos presentaba la previsión de crecimiento económico por el ministro del ramo, y entre otros aspectos cifraba como positiva la evolución de la demanda doméstica medida en el indicador de confianza del consumidor, que es un indicador económico que trata de medir el sentimiento que tienen los consumidores respecto a la situación económica general y la suya en particular y si la confianza del consumidor está registrando una mejora sostenida, supuestamente aumentará el gasto en bienes y servicios, las empresas aumentarán la producción y se incrementarán los empleos (creación de empleo directo e indirecto), los bancos realizarán más operaciones de crédito y las administraciones dispondrán de más ingresos para disponer en gasto público e inversiones públicas, insisto que en teoría.

Observando el indicador de confianza del consumidor citado del mes de febrero y su evolución interanual vemos un repunte importante (38,5%; curiosamente la evolución es similar a la de búsquedas de compras en Google), al igual que en el indicador de las expectativas (29,8%).También en el Eurobarómetro de otoño 2014 el 48% los ciudadanos opinan que a efectos de paro lo peor está por venir, frente a un 55% que opinaba esto mismo hace un año y en otra encuesta de la Unión Europea sobre la situación económica en los próximos meses la confianza ciudadana tiene un incremento espectacular (cifras similares a la situación anterior a la crisis), bien es cierto que esa confianza en la economía en general no la tienen en su propia economía doméstica, es decir creen que mejora la economía pero que a ellos no les toca.

Y mi duda es que considerando que el paro sigue alcanzando cifras desmesuradas (casi el 24%, con casi 3,4 millones de personas que llevan más de un año en paro, en casi un millón ochocientos mil hogares todos sus miembros activos están en el paro y más de 730.000 familias no reciben ningún ingreso), que los salarios siguen siendo bajos, que el repunte del consumo es muy tímido y fundamentalmente basado en el crédito y en menor medida el ahorro, es decir incentivamos el gasto aunque no esté avalado por el ahorro interno (renta familiar crece un 0,7% y el consumo un 2,6%), que la deuda está en máximos históricos, que otros indicadores como consumo de energía y crecimiento de la industria son prácticamente planos (caída del 7% y del 29% respectivamente desde 2007), y que incluso la Unión Europea reprende al Gobierno por ser uno de los Estados con más desigualdades y en los que se ha incrementado considerablemente la brecha de la pobreza, considerando además que el modelo basado en consumo, construcción y deuda tiene unos riesgos brutales, y que no parece que, salvo cambio de correlación política, se trabaje en pos de un nuevo modelo productivo que se base en actividades centradas en el medio ambiente y la energía, tecnologías de la información y la comunicación (TIC), la salud y el bienestar. Campos en los que la mano de obra es intensiva.

Y salvo que sea una ilusión derivada de la bajada del IPC, y del consumo obligado por la obsolescencia de ciertos bienes ¿porque las encuestas reflejan estas opiniones?

Mi preocupación es que aquello que podemos denominar neoliberalismo cotidiano esté arraigando fuertemente en nuestro pensamiento y nuestro accionar, que todos nos consideremos clase media

Y mi preocupación es que aquello que podemos denominar neoliberalismo cotidiano esté arraigando fuertemente en nuestro pensamiento y nuestro accionar, que todos nos consideremos clase media, que hayamos caído en manos de los modernos persuasores ocultos que alientan en nosotros la idea de que manejar nuestros deseos es estéril y refuerzan nuestra convicción de inteligencia para manipularla a su antojo con las técnicas del 'murketing' (marketing turbio; expresión acuñada por Philip Mirowski), vinculado al refuerzo permanente de la idea de individualidad, del comportamiento egoísta, de definir la actividad personal con relación a la rebelión y la resistencia . Nos prometen proporcionarnos la experiencia de “una rebelión excitante de la conformidad”. Lo que se puede convertir en una chispa para la actividad política, lo convierten en otra ocasión para comprar.

Su clave es mantenernos centrados en nosotros mismos. Si las cosas empeoran, tranquilidad, no ceder a la ira, no quejarse y por supuesto olvidemos el apoyo mutuo. Se convierte por tanto en una de las defensas principales contra la movilización ciudadana.

Y pregunto, ¿vamos a permitir que nos ganen la partida? ¿Seremos esclavos porque hemos optado por el sometimiento? ¿Seremos verdugos y victimas de nosotros mismos, lanzados hacia el horizonte del fracaso (Han)?

"Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay" (Saramago)

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