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Inmigrantes y crisis

Si la olla llega a estallar, ¿de quién será la responsabilidad? Cuando el alcalde de Sestao, refiriéndose a los inmigrantes dijo que “la mierda ya no viene porque la echo a hostias”; o cuando el alcalde de Vitoria dijo que los inmigrantes magrebíes “no tienen ningún interés en trabajar e integrarse”; o cuando el alcalde de Badalona vinculó a los inmigrantes rumanos con la delincuencia y prohibió las licencias de centros de culto para islamistas (pero no para cristianos); o cuando el Ayuntamiento de Zalla ha puesto una barrera a casi un kilómetro de un Área Natural de Recreo para evitar la proliferación de gitanos y “machupichus” (perdón por el término, pero lo uso porque ya ha sido acuñado en el lugar); cuando se producen estas situaciones, ¿no se está atizando demasiado la lumbre, y poniendo en riesgo la integridad de la olla y de cuanto la olla contiene?

Uno de estos alcaldes, concretamente el de Vitoria, previno su declaración con una disculpa sin fundamento: “yo digo lo que se dice en la calle”. De modo que en su función de alcalde ¿no figura la acción de contrarrestar las opiniones equivocadas e interesadas, o las actitudes peligrosas para la convivencia de todas las personas?

Del polvo amontonado suele proceder el lodo, pero es necesario añadir agua al polvo para que se forme el barro que ensucia y molesta en demasía. ¿No son estas declaraciones y actuaciones de los alcaldes y ayuntamientos las que añaden el agua al polvo?

Ahora resulta que ya son bastantes las opciones políticas y las organizaciones sociales que, amparándose en actitudes xenófobas, quieren ayudar a los más necesitados suministrándoles alimentos y ropa, pero sólo si son españoles. Es decir, que no tienen como fin alimentar a los hambrientos o vestir a los desnudos, ¡no!, porque ponen por delante la excluyente condición de ser español y, según supongo, solamente español. Como diría uno de los alcaldes nombrados, nada de dobles nacionalidades: “ni doble nacionalidad ni hostias”. Las opciones políticas y ONGs que ejercen de este modo están copiando algunas fórmulas europeas, principalmente vinculadas a Amanecer Dorado y al Frente Nacional Francés de Marine Le Pen. La estupidez ha aflorado de tal modo que ha habido algún partidario de estos métodos que se siente muy satisfecho por su nueva actitud: “La crisis ha supuesto una oportunidad para demostrar nuestro patriotismo”.

Uno de estos alcaldes, concretamente el de Vitoria, previno su declaración con una disculpa sin fundamento: “yo digo lo que se dice en la calle”. De modo que en su función de alcalde ¿no figura la acción de contrarrestar las opiniones equivocadas e interesadas, o las actitudes peligrosas para la convivencia de todas las personas?



Claro, y dicen ser más modernos y actuales que los partidarios de las ideologías clásicas: “somos transversales, ni de derechas ni de izquierdas”. Por tanto, no comulgan con el dulce universalismo que contiene la letra de la Internacional: “La Tierra será
un paraíso, la Patria de la Humanidad”. Su patriotismo es transversal, al parecer.

Desde luego que los que acuden a buscar ropa o alimentos a esos lugares lo hacen con una única prioridad: que les den algo. Y cuando se tiene esa urgente necesidad no cabe desgranar principios morales, pero los alcaldes y los responsables políticos de las formaciones excluyentes y xenófobas tienen la obligación de ser éticos, de huir de las demagogias y de esgrimir verdades.

Decía uno de los demandantes de alimentos, a la puerta de un puesto de Alcalá de Henares que “buscan gente de fuera (inmigrantes), que esté en el andamio cuando llueve y no cobre horas extras,..., han dejado entrar demasiados extranjeros y han conseguido que me sienta un inútil”. Dado que habla de sentimientos no puedo contradecir sus palabras pero, aún reafirmándolas, ¿dónde se debe buscar a los responsables de esta debacle? No hay duda, en los contratantes que aprovechan las vidas precarias de los inmigrantes para imponer sus condiciones leoninas, explotarles, y obtener ellos mayores beneficios.

Quienes acuden en demanda de alimentos se muestran contundentes: “esto no es discriminación, es supervivencia”. Ellos sobreviven, pero lo hacen a expensas de la gloria de esos dictadorzuelos y politicastros que, revestidos de populismo, lejos de racionalizar y enderezar las reflexiones xenófobas de ciudadanos escasamente avezados y crecidamente necesitados, se empeñan en que comprometan su voto en sus opciones partidistas ultraderechistas. Nada de transversales.

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