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Política: ¿un lujo o un deber?

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. EFE

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Tengo que reencontrarme. Cuando tantos se empeñan en urgir a Pedro Sánchez ante la formación del nuevo Gobierno español, a mí para nada me urge esa urgencia que los demás reclaman, es más, después de tantos y tan variados fracasos creo que lo más lógico es volver a iniciar la travesía, salvo que de pronto acontezca algo extraordinario como, por ejemplo, ocurrió a Pablo de Tarso cuando iba camino de Damasco. Porque ahora todo son dudas y argucias que, debidamente administradas, pretenden justificar lo injustificable. Una de las conclusiones a las que está llevando el proceso es que la Política actual ha abandonado el rigor, y que los políticos que la administran actúan desde el egoísmo personal y no desde los dictámenes del beneficio colectivo.

Sí, es verdad que Pedro Sánchez no estuvo muy atinado cuando habló de “desconfianza” para llamar al sentimiento que Pablo Iglesias le genera. En todo caso, ¿le genera la misma desconfianza que Casado o Rivera? ¿Más o menos desconfianza? Por su parte, sin recurrir a esa palabra, Pablo Iglesias muestra por activa y por pasiva que a él el PSOE sólo le interesa para que le alce al segundo lugar del Gobierno español, ya sea por su nombramiento directo o mediante figura interpuesta (Irene Montero). Si esto es así no cabe la esperanza, hasta tal punto que lo más idóneo sería iniciar un nuevo proceso en el que los ciudadanos fuéramos capaces de saber realmente a qué juegan los líderes, por qué unos se recluyen en sus atalayas, y por qué los otros apedrean sin ton ni son a quienes han obtenido mejores resultados que ellos.

Los últimos acontecimientos han venido a desacreditar a la Política (y a la Democracia) de tal manera que o se produce una capitulación de sus protagonistas, o el fracaso del diálogo y el parlamentarismo tendrá difícil y larga solución. Pedro Sánchez desconfía de Pablo Iglesias del mismo modo que Pablo Iglesias quiere usar a Pedro Sánchez como trampolín. Las derechas se regodean desde su trinchera riéndose a hurtadillas del fracaso de la izquierda. Las fuerzas minoritarias, regionalistas o nacionalistas, no se van a definir hasta que todo esté definido entre los grandes. Como se ve, este es un “combate” entre cobardes, y si hay algo que no debe definir nunca a un líder político es la cobardía. El que lidera algo ha de ir a la cabeza, sin desconfiar porque piense que alguien que va a su espalda le vaya a apuñalar cuando esté a su alcance. ¡Y qué decir de la baja calaña de quien se pone detrás de su líder con un puñal escondido y malas intenciones si la oportunidad llega a presentarse!

Agosto no es un buen mes para el debate político. Los lugares de veraneo incitan a la banalidad. El calor adormece las conciencias. El sol deslumbra y obliga a cerrar los ojos, pero no para reflexionar sino para descansar más. Tal como estamos en nuestro país, España, este mes que los líderes políticos se han dado para cultivar su vacuidad mental puede ser necesario, pero no creo que vaya a solucionar nada. Ahora leo que Pedro Sánchez a Pablo Iglesias negociar un “programa común progresista”. ¿Qué han hecho hasta ahora? Sí, el líder más votado se ha reunido con los dirigentes de los movimientos sociales más importantes, pero en esas reuniones han primado más las conveniencias que las ideologías. No digo que tales reuniones hayan sido estériles, pero no tengo ninguna duda de que ya hay dirigentes de ONG´s que sueñan con saltar al universo de la Política activa (Gobiernos) sin pasar por la militancia en los partidos políticos, y eso llevará a la piratería política y a la especulación.

La Política es “el arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados (de los ciudadanos)”. La conveniencia puntual e individual no cabe en esta definición. Por eso creo que no es aconsejable reiterarse en que es inconveniente volver a unas nuevas Elecciones, porque los resultados de las últimas han resultado poco menos que ingobernables, sobre todo después de que los actuales líderes las hayan devaluado.

De modo que, o el calor del verano remite y se lucen de nuevo los “cacúmenes” cerebrales, o habrá que volver a votar si bien, eso sí, los líderes han de aclarar en campaña qué piensan hacer con los votos que les sean adjudicados… E incluso qué piensan hacer con sus vidas si, como en esta ocasión vuelven a fracasar. Desde luego, no tienen derecho a seguir en sus puestos si siguen fracasando. La Política, en Democracia, no es un lujo: es un deber.

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