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Syriza y los cuatreros de la información

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Portada de La Razón

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La derecha española, y no solo ella, anda revuelta. Y exhibe sus temores tras la victoria de Syriza en Grecia. Mientras, los medios de comunicación afines prefieran manipular que informar. Observamos estupefactos –aunque sean reincidentes- cómo no solo juegan a malinterpretar la verdad sino que intentan ridiculizarla.

Cuando el periodismo responde a los intereses del poder y de partido, la información se desvanece y pasa a convertirse en propaganda y mentira, que a veces es lo mismo. Lo que estamos viendo estos días sobre los resultados electorales en Grecia convierte a parte del periodismo español en un capítulo de esta historia de la ignominia que venimos padeciendo.

Es evidente que no todos los periodistas que ejercer su trabajo en un medio comparten la ideología de este. Son los afortunados que ejercen donde pueden. La profesión de periodista está peor que nunca, con miles de profesionales alejados de lo que, al menos en un tiempo, fue su vocación más que un trabajo.

Sin embargo, todos los periodistas saben que quienes se rebelan tienen más posibilidades de caer mientras que aquellos que acatan sobreviven. En 30 años de periodista, he visto muchos más de los segundos. De los primeros, muy pocos. Estos siempre fueron los profesionales más brillantes. Y los más dignos. También los mejores compañeros.

Tal y como está el panorama laboral, tampoco es imprescindible convertirse en un kamikaze y jugárselo todo por un titular. No se trata de pedir sacrificios inútiles. Pero, eso sí, para ejercer el periodismo auténtico, no ese de mentirijillas que tanto se estila, ante todo, hay que ser un buen hombre o una buena mujer, buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Aunque haya malos que triunfen. Ya lo dijo el gran reportero que fue Rysard Kapunscinsky. Así que, quizá detrás de esas portadas que intentan insuflar miedo, hay mucho cuatrero suelto. Una actitud servil que siempre desprestigia al periodismo y a los periodistas.

Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Aunque haya malos que triunfen. Así que, quizá detrás de las informaciones que intentan insuflar miedo, hay mucho cuatrero suelto. Una actitud que siempre desprestigia al periodismo y a los periodistas

Por eso, se siente rabia al contemplar el tratamiento de muchos medios de comunicación al triunfo de la izquierda griega (hay muchos otros casos, desde luego). Siempre tan inclinados hacia el partidismo militante español de conmigo o contra mí.

Los periodistas deben controlar el ejercicio del poder, perseguirle y contar sus desmanes, su corrupción. El resto, ya sabemos que es periodismo de comillas o de eco: propaganda.

La mitad de los griegos han visto reducido en una 50% su capital. Hay un 40% de niños que vive en la pobreza. La deuda del país supone el 170% de su Producto Interior Bruto. ¿Cómo no rebelarse contra la devastadora economía de guerra que han venido sufriendo?

El pueblo griego está harto de que les hayan arrebatado todo, dejándoles una vida que es meramente de supervivencia. Muchos cayeron por el camino de la negra crisis que ha teñido de sufrimiento sus existencias. Todo el mundo sabe o debería saber que el miedo desaparece cuando no hay nada más que perder. Cuando los dirigentes han permitido que les roben hasta el aliento, los griegos se rebelan contra la establecido.

La cuna del conocimiento, del placer, de la arquitectura, del vino y la alegría fue condenada a morir. Y, ahora tiene una oportunidad de salir adelante. Por eso han votado a esa izquierda que tanto preocupa a algunos. Han visto las marcas del pasado en su propia piel. Al menos, el futuro está por construir. Y saben que nunca podría levantarse con los mismos.

Todo ello fastidia y mucho a los que ostentan el poder y la mentira con la ayuda de sus esbirros mediáticos. Y tildan de populista a Syriza (Según la R.A.E.: Perteneciente o relativo al pueblo. Y, hay que preguntarse. ¿Hay algo mejor para definir a una fuerza política que su pertenencia al pueblo?

Pero, ¿qué nos vende cierta prensa? Que millones de griegos son ignorantes e indocumentados y se dejan llevar por falsas promesas que no solo ponen en peligro su país sino España y Europa.

Y, ¿qué cuentan esos mismos medios sobre la corrupción, los casos Bankia, Gurtel, el uso de las tarjetas negras del vicepresidente Rodrigo Rato o los mensajes por móvil de Mariano Rajoy a su tesorero encarcelado Bárcenas? El mismo que tan irónicamente le respondió hace unos días a su salida de la cárcel. ¿Qué dicen los medios que ahora vilipendian a Grecia? ¿Cómo es que no se procesa a los culpables y dimite hasta el presidente del Gobierno?

Ellos son los peligrosos y no quienes anuncian que acabarán con los ladrones de élite.

Nada más deseable que la rebelión griega se extienda por Europa. En Grecia nació la Democracia (δημοκρατία). El poder ejercido por los ciudadanos. Si eso es populismo, viva el populismo.

La sonrisa puede ser revolucionaria y los ganadores griegos sonríen. Ya escribí en una ocasión que en los murales de Falls Roads, al oeste de Belfast, sobresale una pintura de Boby Sands muy sonriente. Bajo el rostro del militante del IRA, muerto en su segunda huelga de hambre, se leen sus palabras: “Nuestra venganza será las risas de nuestros hijos”.

A Arnaldo Otegi no le es ajena la leyenda y ha hecho del uso de la sonrisa una de sus mejores bazas políticas. Quizá por ello, ha escrito en su tuit de felicitación a Syriza: nuestra sonrisa como arma de seducción masiva e indestructible.

Lo cierto es que la sonrisa puede ser revolucionaria y Grecia ha celebrado su triunfo sonriendo. No es mal inicio para transitar su nuevo camino. Aunque haya medios y periodistas que detesten la alegría. Seguramente, porque les asusta.

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