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Todas somos necesarias

En las próximas semanas nos jugamos la posibilidad de construir de verdad una plataforma ciudadana abierta e inclusiva que pueda suponer una alternativa real de cara a las elecciones para el Ayuntamiento de Bilbao. Veamos si hemos madurado y estamos dispuestas a trabajar desde la diversidad, sumando para multiplicar o si seguimos prefiriendo mantenernos puros pero divididos.

Distintos modelos de abridores.

Distintos modelos de abridores.

Una breve genealogía para cerrar el año

2014 ha sido el año en el que han cristalizado las propuestas de algunos sectores post15M, que pensaban que las posibilidades de consecución de cambios sustanciales desde la ciudadanía y los movimientos sociales estaban tocando techo y que era necesario recurrir a la vieja política, a la forma partido, como herramienta para ganar el poder e intervenir desde dentro. Así, con un primer foco en las europeas pero mirando al Congreso, surgieron el PartidoX y Podemos. A la vez, pensando en los ámbitos más cercanos de gestión de la política, apareció Guanyem.

Y la realidad es que el escenario político se ha tambaleado. Un partido aún sin forma del todo definida es la primera fuerza política en intención de voto. De las asambleas en las plazas, de las mareas, de los intentos de parar desahucios, de las denuncias de los casos de corrupción, se ha pasado (sin abandonar lo anterior) a pretender asaltar el cielo o poner las bases para un nuevo municipalismo. Casi sin quererlo, el virus se ha diseminado. Las conversaciones sobre política se dan más que nunca de una forma natural e incluso esperanzada en la vida cotidiana. Y el mapa estatal se ha convertido en una red (aún bastante) desarticulada y descentralizada de círculos locales y temáticos y de réplicas contextualizadas del 'modelo ganemos'.

Propósitos y expectativas para el año nuevo

Ya casi es 2015. Supuestamente el año de pasar del subidón del 'sí se puede' a un potencial lo hemos conseguido, lo estamos haciendo y... ¡¿funciona?! Un año en el que veremos si lo importante es el ganar, el cómo se gana o el seguir sembrando sin que 'ganar' sea el único horizonte. Un año de propósitos y oportunidades de cambio, en el empezamos terminando de afianzar estructuras y estrategias y acabaremos quizá teniendo ya que ejercer el gobierno a distintos niveles, cumpliendo esa promesa de más democracia, más participación, más apertura y transparencia, que es el runrún de la calle, que da legitimidad y soporte a estos nuevos partidos y movimientos que abanderan el cambio. Sea como sea, seguro que va a ser un año de muchas ilusiones (y frustraciones), continuas conversaciones y una constante redimensión de expectativas.

Y estos espacios de oportunidad también se dan en nuestro botxo de manera particular. Bilbao y Euskal Herria en general no fue un lugar donde el 15M tuviese un gran impacto a nivel cuantitativo (aunque su germen si caló más de lo que muchos piensan) y la unión entre los movimientos sociales y la política de partido no es algo novedoso, ya que aquí ambos han ido en gran medida de la mano (por convicción o de manera forzada), atravesados por un sentimiento abertzale, condicionado por una situación de conflicto y violencia. Aquí, la izquierda abertzale sigue ocupando de manera pretendidamente unívoca, el espacio de la izquierda no institucionalizada más pegada a la calle. La izquierda no abertzale está atomizada y desacreditada, aún en plena travesía del desierto, tras la era Madrazo de sostenimiento y seguidismo de los gobiernos de Ibarretxe y Azkuna. Y el socialismo ha perdido gran parte de su histórica base social en Euskadi, atenazado hasta hace poco por el terrorismo, pero también desgastado por un despersonalizado posibilismo y su continuo doble juego.

Algo se ha estado cociendo

De manera imprevista, Podemos (aquí Ahal dugu-Podemos) irrumpió con mucha fuerza en las europeas también en Bilbao (8.344 votos, rozando los 28.000 en toda Bizkaia) y se ha ido articulando a través de círculos en los barrios. Ha aglutinado a distintos sectores de la población, conformando un Frankenstein aún por suerte imprevisible (por mucho que el grupo promotor y el aparato central intenten controlarlo), que veremos si deriva en una prometedora nueva forma política o en pos de la eficacia, se va acomodando a viejas rutinas ya conocidas.

Ya en verano comenzó a tramarse un Ganemos en Bilbao. Nuestro propio experimento municipalista. Una plataforma ciudadana al estilo Guanyem, de abajo a arriba, horizontal, inclusivo, conectado con los movimientos sociales. Para convocar la primera asamblea abierta a mediados de octubre, lo llamamos Bilbo Irabaziz (más que nada por tener un nombre con el que presentarnos a la gente, sobre todo por inercia, añadiendo una Z al final para acentuar la idea de proceso). Lo fundamental era el irnos conociendo y sumando gente diversa de distintas procedencias.

Casi al mismo tiempo se presentaba Irabazi-Ganemos Euskadi, una plataforma promovida por Ezker Anitza-IU, Equo y Alternativa Republicana para fomentar la creación de plataformas ciudadanas en Euskadi para las municipales y para presentarse como coalición de partidos a las forales. Un movimiento desde partidos de izquierda con trayectorias más o menos largas, que han visto cómo el escenario cambiaba y han entendido que ellos también debían renovarse si querían seguir siendo actores con cierta relevancia.

Haciendo balance y autocrítica para continuar

Podríamos decir que la tan ilusionante como quizá precipitada posibilidad de articular una plataforma ciudadana municipalista con la que concurrir al Ayuntamiento de Bilbao, por ahora no termina de cuajar, principalmente por dos motivos:

  1. La existencia de dos marcas similares en nombre (Bilbo Irabaziz e Irabazi-Ganemos), pero de procedencias y funcionamiento diferentes, con algunos intereses comunes pero otros divergentes, resulta para muchas desconcertante e insostenible. Si lo que buscamos es sumar, esta confusión de nombres, agentes e intereses, pone trabas desde el inicio al diálogo con otras. Esta problemática no se da del mismo modo en otras partes del estado, ya que aquí en mayo, las elecciones municipales coinciden con las forales. Y la confluencia que se busca para el Ayuntamiento se convierte en competencia de siglas para la Diputación; por lo que la simple Z que separa la marca ciudadana y la promovida por algunos partidos, no parece suficiente para el tercero en discordia, un Podemos con una amplia representación en el germen de Irabaziz como apuesta municipalista, pero que acudirá con su propia marca a las forales.
  2. La participación en Bilbo Irabaziz no ha conseguido dar un salto cuantitativo y reunir la masa crítica necesaria para postularse como alternativa real para el cambio. Desde el inicio la participación se vio copada por personas con afiliación a distintos partidos (principalmente de los promotores de Irabazi-Ganemos y de Podemos), siendo minoritaria y menguante la presencia de otros agentes sociales y de ciudadanía independiente. Eso ha hecho que no todo el mundo se haya animado a acercarse a esta criatura naciente, por miedo a que se impusiesen intereses de 'aparato' y culturas de participación política pre-existentes. Y a esto se han sumado algunas desconfianzas y sobrentendidos entre quienes ya se conocían de aventuras anteriores; pequeños grandes conflictos, que aunque están gestionándose de forma cordial, desde el deseo de entenderse y no repetir errores del pasado, denotan que falta aire fresco.

Nunca sabremos en qué medida la presencia de gente de partidos ha resultado disuasoria para que otras se implicasen en Bilbo Irabaziz o si simplemente estas otras no se han sentido interpeladas por otros factores. Pero el síntoma es claro y preocupante. Y la consecuencia es que en el último mes, lo que en su momento se inició tendiendo a converger, ahora ha empezado a funcionar en paralelo. Más que buscar resolver las diferencias para retomar un camino común, parecería que cada uno ha decidido dedicarse a lo suyo, atender sus problemáticas particulares... Y ya veremos.

Si de verdad queremos apostar por el cambio, todas debemos actuar con sabiduría y generosidad, con altura de miras. Si dejamos de pensar en ganar algunos concejales (en realidad quitándonoslos unos a otros) y nos proponemos alcanzar una masa crítica que abra una verdadera grieta en el Ayuntamiento, tenemos que ser mucho más audaces de lo que lo estamos siendo.

Así, Podemos se ha parapetado tras su, por otra parte cierta, necesidad de articulación interna y ha puesto toda su energía en las elecciones de los Consejos de Ciudadanos Municipales que se están celebrando entre el 26 y las 12:00 del 31 de diciembre. Bilbo Irabaziz ha seguido dando pasos definiendo un manifiesto, un logotipo, poniendo fecha para sus primarias..., sin querer dar demasiada importancia a la pérdida por el camino de agentes independientes (y la no suma de otros nuevos). Y gran parte de los agentes independientes implicados al principio hemos ido perdiendo fuelle, desencantándonos o simplemente optando por mantenernos a la espera desde los márgenes, para terminar de decidir si comprometernos en esta supuesta oportunidad de cambio político o si seguir con nuestras propias iniciativas (que ya de por si suponen bastante esfuerzo), sin dejarnos arrastrar por la perversa lógica electoralista.

Sumar para multiplicar y proyectarnos al futuro

Aunque no sea lo mejor para procesos que se pretenden horizontales, probablemente la llave para desatascar esta situación la tiene Podemos, que en las próximas semanas deberá decantarse y apostar por implicarse en lo que hasta ahora ha sido Bilbo Irabaziz o impulsar una nueva plataforma, que a modo de marca blanca, de manera velada (ya han decidido con concurrir a las municipales con la marca Podemos) esté al servicio de los intereses del partido. En este sentido, una victoria de la candidatura Pensando Bilbao en las elecciones del Consejo Ciudadano, resultaría prometedora para buscar la suma, la confluencia de energías en Bilbao.

Porque si de verdad queremos apostar por el cambio, TODAS debemos actuar con sabiduría y generosidad, con altura de miras. Si dejamos de pensar en ganar algunos concejales (en realidad quitándonoslos unos a otros) y nos proponemos alcanzar una masa crítica que abra una verdadera grieta en el Ayuntamiento, tenemos que ser mucho más audaces de lo que lo estamos siendo.

Si lo que hemos detectado como los principales males de nuestro Ayuntamiento, son la falta de apertura y transparencia, la ausencia de canales efectivos de participación ciudadana, el poco aprecio por la diversidad y la divergencia, y la marketinización de la vida pública..., debemos demostrar desde ya que queremos y somos capaces de hacerlo de otra forma. Porque esta no es una cuestión de si el malestar ciudadano lo capitaliza electoralmente Podemos, Ganemos o quien pueda surgir aprovechando el desconcierto; sino de saber entender que la ciudadanía no está pidiendo un cambio de caras o de programa, sino un cambio de sistema.

Por eso debemos dejarnos de prejuicios y soberbias, de peleas por cómo nos llamamos y de derrochar energías buscando excusas para distanciarnos desde nuestros matices y diferencias. Al contrario, pongamos todo nuestro empeño en encontrar un común denominador desde el que construir en plural. Aprovechar, si, la potencia de lo nuevo, pero saber apreciar también las experiencias con las que otros ya llegan hasta aquí.

Sólo así, sabiendo poner en valor la diversidad que ciertamente compone el corpus ciudadano, tendremos la oportunidad de que se precipite un torrente de conciencia y movilización social, que -como ya está sucediendo en otros lugares- permita pensar que sumar fuerzas, sí podría tener un efecto multiplicador, para soñar con una posibilidad de cambio hacia una democracia más inclusiva, abierta y participativa.

No actuemos buscando falsos consensos,

sino dialoguemos intentando entendernos,

no defendiendo tanto lo propio,

como lo mejor para el conjunto.

 

Vayamos lento para llegar lejos.

Pero no perdamos el ritmo,

que queda mucho por hacer.

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