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Vas a arder en el infierno y a pudrirte en la cárcel

La verdad es la primera víctima del odio y tiene dificultades para abrirse paso cuando lo que interesa es movilizar la ira

Manifestación a favor del acercamiento de los presos de ETA

Manifestación a favor del acercamiento de los presos de ETA

El año 2019 se estrena con un nuevo bloque de poder configurado por una derecha similar, pero fragmentada en tres partidos. Los líderes del PP, de Cs y de VOX comparten el mismo origen y trayectoria vital. Hablamos de una derecha nacionalista española excluyente que ha vivido de los chiringuitos que se montaban a cuenta del dinero público. Abascal, a razón de 90.000 euros anuales de lo que le iba inventando Esperanza Aguirre y de cuya tarea nadie ha sabido dar cuenta. Comparten también el mismo proyecto histórico: odiar como estrategia para ocultar un nuevo saqueo en forma de más recortes en el gasto público, más residualización de la protección social, menos redistribución de la riqueza vía fiscal, junto a perspectivas de negocio en espacios hasta ahora sustraídos a la lógica del intercambio mercantil. Su utopía de mercado alcanza los vientres de alquiler, los cuidados de las personas o las pensiones.   

Odiar siempre es una buena inversión si de lo que se trata es de ocultar que no se tiene alternativa a un capitalismo depredador y en crisis que ofrece un horizonte de penuria generalizada. Saben que el resentimiento es caldo de cultivo del malestar social.  Basta azuzarlo y canalizarlo hacia unos pocos chivos expiatorios que no tienen ninguna culpa, pero pueden cargar con todas. Vuelven a señalar a soberanistas, independentistas, la izquierda, inmigrantes y mujeres.

Su éxito reside en la promesa de poder ser alguien cuando ya te han desposeído de todo. Hasta de saber quien eres. Su única receta pasa por ser muy español y, en oposición a las mujeres, muy hombre. Ser muy español frente a los enemigos internos que pretenden repensar España en términos radicalmente democráticos. Por ejemplo, dialogando y votando. Y también frente a los 'otros', los inmigrantes, esos que se parecen a nosotros, pero no queremos ni saberlo, sobre todo, si son musulmanes. Ya lo decía la Biblia de la derecha. No es fácil convivir con otros dioses, dietas, hábitos y lenguas. Y ser muy hombres….Muy hombres frente a una masculinidad psicopática, amenazada por el empuje de unas mujeres que se resisten a seguir siendo bienes comunes obedientes, explotables y violables. Siembre ha sido una óptima estrategia para dividir a las mayorías golpeadas. Basta ocultar los procesos de desposesión y vencer cancelando cualquier diálogo que active la empatía.

En este contexto, se entiende mejor por qué cualquier demanda de reconocimiento de España como un Estado plurinacional sirve a la derecha nacionalista española para prefigurar la ficción de esa España asediada. Las reivindicaciones independentistas que son interpretadas como anticonstitucionales, a un paso de ser acusadas de terrorismo. La ilegalización, entonces, vendrá de suyo. Resucitan la vieja estrategia del “entorno” para que cualquier cosa que no sea un evidente y excluyente “nosotros” sea un evidente “todo es ETA”. Demonizado el soberanismo y el independentismo, acusan al gobierno de Sánchez de ilegítimo por apoyarse en las fuerzas parlamentarias vascas y catalanas para sacar adelante la moción de censura o los presupuestos. Suenan acusaciones de golpismo a los independentistas catalanes, proponen la suspensión permanente de la autonomía catalana o atacan a la dirigente socialista vasca, Idoia Mendia, de complicidad con una ETA desaparecida por cometer el delito democrático de cenar esta Nochebuena con el dirigente de EH Bildu, Arnaldo Otegi.

La política penitenciaria especial aplicada a las y los presos de ETA atenta contra el consenso en materia de derechos humanos porque impide el principio de reinserción

El mismo guión les sirve para disparar contra la exigencia de cumplir con la legalidad vigente en materia penitenciaria para las presas y presos de ETA. El reciente movimiento del gobierno Sánchez modificando el protocolo para agilizar la excarcelación de cualquier preso o presa enfermo, también del expresidente Zaplana, ha hecho hiperventilar a las derechas. El trato a un Zaplana en prisión enfermo lo han calificado de “una forma despiadada de tortura”. La tortura, si acaso, sólo para los demás. Si no hay mal trato es que se disfruta de un régimen penitenciario privilegiado. La patria española excluyente en peligro sigue atizándose sea por esta nueva instrucción, sea por nuevos traslados de personas presas a cárceles de Burgos, León, Asturias, o sea por el acuerdo entre el gobierno vasco y el gobierno español de iniciar el proceso de transferencia de las competencias en materia penitenciaria, que da cumplimiento a un Estatuto de Autonomía Vasca eternamente incumplido. Dice Casado que lo que se pretende es convertir las cárceles vascas en catedrales para las personas presas de ETA. Para evitarlo se ha propuesto, entre otros, retorcer un poco más la ley penitenciaria para limitar su acceso a la progresión de grado.

La verdad es la primera víctima del odio y tiene dificultades para abrirse paso cuando lo que interesa es movilizar la ira. La política penitenciaria especial aplicada a las y los presos de ETA atenta contra el consenso en materia de derechos humanos porque impide el principio de reinserción que debe guiarla. Es contraria a la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, a la propia Constitución Española y a la Ley Orgánica General Penitenciaria. En términos jurídicos es manifiestamente ilegal. Y, en términos humanos, es de tal crueldad su trato inhumano y degradante, que cualquier demócrata que quiera dignificar esa palabra, debiera exigir acortar la duración de las penas. Hoy, más del 90 % de las presas y presos de ETA están cumpliendo sus condenas íntegramente en primer grado, más del 80 % están dispersos en cárceles españolas y francesas -situadas a más de 400 km de sus lugares de origen-, se impide la excarcelación de los gravemente enfermos a no ser que sea inminente su muerte, y están sometidos a cumplir condena doblemente en Francia y en España. Los Casado, Rivera y Abascal mienten.  Pero agitar fantasmas sirve para disfrazar sus nuevos planes de desposesión y la ausencia de un proyecto de país generoso que reconoce en igualdad al resto de países que lo conforman.

El próximo sábado 12 de enero, una nueva movilización masiva ciudadana en Bilbao volverá a pedir un trato humano para las personas presas de ETA que posibilite avanzar en un proceso de paz vasco inconcluso. Ese en el que los Casado, Rivera y Abascal no han hecho nada para avanzar en la construcción de consensos sobre la asunción de responsabilidades por el uso de la violencia de ETA y del Estado, el reconocimiento y reparación del daño causado a todas las víctimas y el impulso de procesos de reconciliación. El PSOE, que oscila entre lo que es justo y el miedo, tiene que atreverse a abrir la democracia a todos los ámbitos de la vida. También, a las cárceles.

Nos toca salir a la calle a todas las que nos sentimos parte de ese otro proyecto histórico que reconoce en el otro y en la otra la dignidad de una vida que no se deja humillar. Una vida que, precisamente por eso mismo, no acepta tampoco humillar. Que no renuncia al diálogo entre quienes están dispuestas a hacer valer la plurinacionalidad frente a la España neofranquista.  A buscar salidas que no pasen por vivir mejor a costa de las gentes trabajadoras, mujeres o migrantes que buscan una vida buena. Nos toca trenzar todas las banderas, como en la canción de Silvio Rodríguez, que evite los mentirosos argumentos del odio. Que eviten, en última instancia, un nuevo saqueo. Nos jugamos lo que podemos ser mañana. En un momento en donde la tormenta aparece por demasiadas esquinas de Europa.

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