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Zorionak Gandhi!

La acción No Violencia no significa ignorar el conflicto, sino responder políticamente de forma efectiva donde éste exista

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EFE

El pasado martes, 2 de octubre, por indicación de las Naciones Unidas, el mundo celebraba el Día de la No Violencia. Ese día, desde que en 2007 se decidiera la conmemoración, los ojos de la humanidad se vuelven hacia la India y, en especial, hacia la pequeña y encorvada figura de Mahatma Gandhi, que celebraba su cumpleaños con su eterna y triste sonrisa a lo Ben Kingsley.

Del político y asceta hindú, poco que añadir; su biografía y obra está al alcance de cualquiera que sienta un primer impulso de recelar de la guerra y cuantas desgracias trae anexas. Quien así lo haga, conocerá su obstinación por defender los derechos de las personas humildes, de enfrentamiento pacífico frente a la injusticia del poder temporal. Aprenderá el éxito trabajado de movilizarse con la palabra frente a la violencia que infringe la fuerza armada. Frases suyas como “Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego” o  “La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia” están en las hemerotecas y son pronunciadas por la chavalería más joven del planeta.

Me gustaría, sin embargo, reconocer de Gandhi su capacidad de empatía con personalidades contemporáneas suyas, pese a las diferencias profundas que les alejaban. Con Rabindranath Tagore y con León Tolstoi. De la célebre polémica con el escritor bengalí (que le acusaba de autárquico nacionalista y tradicionalista, frente al cosmopolitismo, internacionalidad y universalidad nacional que Tagore pregonaba) nos queda el reconocimiento final del poeta cuando le bendice con su célebre 'Mahatma' (alma grande).

De otro lado, entre Tolstoi y Gandhi, y pese al aparente alejamiento  geográfico que imponía en pleno siglo XIX el contacto entre un ruso y un hindú, hubo un respeto reverencial gracias a la amplia correspondencia que se cruzaron. Así podemos conocer la influencia que en Gandhi consiguió el inolvidable autor de 'Guerra y Paz' con otra obra, 'El reino de Dios está en vosotros'. En ella, Gandhi aprende la íntima relación Iglesia-Estado para oprimir al pueblo más débil y le lleva a experimentar en la necesidad de lucha pacifista contra el poder no representativo.

Tras el “hombre pequeño” que fue Gandhi, otros filósofos y humanistas siguieron su senda, sus mismos postulados, desde sus propias vicisitudes. Como Bertrand Russell, Premio Nobel de Literatura, quien defendió en los lejanos años 50 el desarme nuclear unilateral del Reino Unido y fue detenido a sus 89 años por participar en una manifestación antinuclear. O el propio Martin Luther King, sin duda el ejemplo más paradigmático de la lucha antiviolenta en unos Estados Unidos segregadores de la minoría racial negra: “El método violento es inmoral porque constituye una espiral descendente que termina en destrucción para todos. Es falso porque persigue la eliminación del enemigo y no su conversión”. En esta galería de ilustres antiviolentos debe incluirse al sudafricano Nelson Mandela, quien tras una meditada reconversión  viró desde posturas belicistas y guerrilleras hacia la no violencia como método más eficaz para acabar con el apartheid impuesto por los afrikáners gobernantes: "Yo no tenía una creencia específica, excepto que nuestra causa era justa, era muy fuerte y que estaba ganando cada vez más y más apoyo".

Me gustaría reconocer de Gandhi su capacidad de empatía con personalidades contemporáneas suyas, pese a las diferencias profundas que les alejaban

Desde entonces hasta ahora, la acción No Violenta ha ido enriqueciéndose de contenidos. Hay un cierto consenso en afirmar que actualmente el 2 de octubre es una fecha para recordar la necesidad que tenemos de incidir en formas pacíficas para la resolución de conflictos. La propia Organización de Naciones Unidas aconseja insistir en este tipo de lucha social para cambiar las realidades de injusticia que se viven actualmente. Porque la acción No Violencia no significa ignorar el conflicto, sino responder políticamente de forma efectiva donde éste exista.

Esta conmemoración de la No Violencia, sin embargo, nos lleva hacia otras aguas más procelosas. ¿Sirven de algo estas celebraciones? ¿No se abusa de tanto recordatorio?. Contestando sinceramente, su recorrido es limitado a dos objetivos que deben ser seguidos con cierto rigor si se desea obtener éxito. Uno; sensibilizar, concienciar, llamar la atención de que existe un problema complicado, sin resolver. Reconocer, así, la propia incapacidad de los países y de las organizaciones internacionales en la búsqueda de la solución adecuada y confiar con que la divulgación del problema comprometa a los gobiernos, a través de la presión de sus ciudadanía.

Y dos; servir de termómetro a las propias organizaciones que decretan estas conmemoraciones. La instantaneidad que se produce actualmente en el circular de la información a nivel mundial permite a las convocantes comprobar el volumen de consultas, visitas a las páginas web o movimiento por las distintas redes sociales presentes. Así sabemos, por ejemplo en España, la importancia creciente de celebraciones como el 8M o el 25N que buscan impulsar la incorporación de la mujer a puestos de igualdad y en ausencia de violencia de género.

De ahí que, siguiendo la recomendación de Naciones Unidas, demos un pequeño bosquejo de cómo se encuentra la paz en el mundo, en el año 2018. Para ello es obligatorio que apartemos de nuestras cabezas -al menos durante unos instantes- los continuos avisos de nueva guerra mundial (nuclear, espacial, total). Quien desee profundizar en ese tipo de  conflicto, recomiendo la lectura del estudio profundo y pormenorizado del coronel Pedro Baños, 'Así se domina el mundo' (Ariel, 2017), donde encontrará una amplia información de las amenazas latentes más peligrosas. Propongo entonces centrarnos en conflictos actuales, vivos, que, día tras día, siguen produciendo dolor, muerte y sacrificios a centenares de miles de personas.

Dejando de lado conflictos insinuantes, que, de momento y afortunadamente, no traspasan la línea de la amenaza de políticos como Kim Jong-Un, Trump, Netanyahu o Putin –por citar tan solo a quienes pugnan por coronarse con título de más osado y fantoche- hay otros, fuera de los focos mediáticos que sólo acaparan titulares cuando afectan, aunque lateralmente, al mundo occidental. Es el caso de los rohingyas en Birmania (con más de 650.000 refugiados en Bangladesh; del Yemen (8 millones de personas, al borde de la hambruna, más otros tres millones de desplazadas, que puede acabar convirtiéndose en el Vietnam saudí); de Afganistán (cada vez más cruenta y en creciente aumento de poder talibán para vergüenza de los EE.UU); de Siria (verdadero triángulo de estrategia maléfica donde se entrecruzan distintos conflictos: Bashar Al Assad-Daesh, Rusia-EE.UU.-Irán); los países del Sahel -Malí, Níger, Chad, Burkina Faso y Mauritania- (acosados y distraídos entre el avance yihadista y la protección desigual de Francia); de la República Democrática del Congo (con más de veinte años de guerra interna que sigue tensando el difícil equilibrio en el África central); o de Ucrania (en pleno corazón europeo y donde, después de más de 10.000 víctimas, sigue sin dirimirse un final satisfactorio para las partes en juego: Rusia, EE.UU. y la Unión Europea).

Demasiados motivos para la inquietud; suficientes mensajes negativos para seguir apostando por una formación en ausencia de violencia, por una educación que busque el diálogo como solucionador de conflictos. Infinidad de razones para acordarnos de Gandhi en su cumpleaños. Necesitamos muchos Tagore, Tolstoi, Gandhi, Rusell o King para seguir aprendiendo de sus ejemplos. De ahí nuestra felicitación: Zorionak, Gandhi! Y disculpa los olvidos del Departamento de Educación del Gobierno Vasco y de la Secretaría de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación en fecha tan señalada. No se lo tengas en cuenta. Seguramente estén preparando una gran celebración para el próximo año, el que será tu 150º aniversario.

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