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El alma de Kutxabank

Aquellas cajas de ahorro de toda la vida, donde nuestros padres y abuelos guardaban lo poco que podían sustraer cada mes de sus gastos habituales y que nacieron precisamente para fomentar la actividad económica "real" del comercio y de las pequeñas y medianas empresas del territorio donde se asentaban, han desaparecido definitivamente. No es algo que nos pille por sorpresa, ya que la bancarización de esas cajas de ahorro ha sido un proceso largo, acelerado por las profundas convulsiones producidas por la crisis financiera de 2008, pero también por la desnaturalización de los fines de estas entidades a lo largo de los años de bonanza, cuando se convirtieron en un instrumento en manos de los partidos mayoritarios para financiar proyectos más o menos faraónicos, pero en la mayoría de los casos alejados de las necesidades reales de la sociedad.

Es triste y doloroso ver como el alma de Kutxabank, heredera de aquellas cajas municipales y provinciales de nuestra infancia, ha acabado en manos del diablo de los mercados financieros, entes no tan abstractos en realidad, pero carentes de cualquier sentimiento que no sea la codicia desmedida. Y todo gracias a partidos y sindicatos que son incapaces de ver más allá del corto y medio plazo, que viven de espaldas a la ciudadanía y a sus problemas reales y que solamente trabajan por mantener su privilegiado estatus de influencia y poder. Ahora, las cajas vascas ya no son nuestras, sino de los patronatos de las fundaciones en las que se han convertido, es decir, que han acabado en manos de grupos cerrados de pocas personas elegidas a dedo, que responden a los intereses de esos partidos y sindicatos y no a los de la sociedad vasca.

las cajas vascas ya no son nuestras, sino de los patronatos de las fundaciones en las que se han convertido, es decir, que han acabado en manos de grupos cerrados de pocas personas elegidas a dedo

Y me refiero a que las cajas ya no son nuestras, no porque hasta ahora fuesen entidades públicas, sino porque su objetivo fundacional era servir a nuestra sociedad, o al menos eso era lo que se suponía, y porque estaban controladas por representantes de esa misma sociedad. Ha sido la perversión de este principio lo que ha llevado a las cajas al abismo, con ciertos representantes políticos actuando como si las entidades fuesen su cortijo particular y con el Banco de España mirando para otro lado. Y todos sabemos cómo ha acabado este modelo en cuanto las ramas del complejo árbol financiero mundial se han sacudido un poco: quiebras, escándalos, fusiones desesperadas, rescates vergonzosos con dinero público, directivos procesados, clientes estafados y familias desahuciadas de una forma increíblemente cruel.

Todo este proceso que ahora vivimos en nuestro pequeño rincón de Europa se enmarca en un modelo económico y financiero que se basa en la usura y en la especulación, que no tiene una base en la economía real, que trata a la ciudadanía como una mera mercancía a la que poder exprimir el máximo beneficio para justificar sus balances. Este modelo es un casino financiero que solamente sirve para hipotecar el futuro de las siguientes generaciones gracias a la deuda y para destruir los ecosistemas en su afán de rapiña de recursos naturales que les permita seguir alimentando una economía insostenible que no tiene en cuenta algo tan evidente como los límites físicos de nuestro planeta. Este sistema financiero globalizado vive de engordar una deuda, tanto pública como privada, a base de imprimir dinero sin una base de riqueza real que lo respalde y de mover dinero electrónico a través del mundo buscando aquellos nichos de negocio que aporten rápidos beneficios sin importar las consecuencias de sus actos en las vidas de las personas.

Pero la codicia no es algo exclusivo de las élites económicas y todos nosotros hemos contribuido también a alimentar esa burbuja que explotará tarde o temprano. Así, las cajas de ahorro pasaron de regalar cuberterías por abrir un depósito a plazo a ofrecer productos financieros cada vez más complejos, pero que nos ofrecían mayores intereses por nuestros ahorros. Y las cifras nos deslumbraron e invertimos en fondos, acciones y demás, depositando nuestra confianza en unas entidades que siempre habían tenido en cuenta las circunstancias de sus clientes, pero que un buen día dejaron de hacerlo y nos empezaron a vender preferentes y productos similares para quedarse con los ahorros de toda la vida de muchos de sus clientes. Ahora ya solo nos queda la opción de recurrir a la banca ética, al menos hasta que sea regulada para poder vender su alma como han hecho con las cajas de ahorro.

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