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Las dos almas y dos cuerpos del nacionalismo vasco (el huevo y la castaña)

Euskadi es muy plural. Tanto que incluso su fuerza política predominante, el PNV, se muestra dividida, al menos en lo estratégico

Egibar (PNV) dice que si hay "voluntad política" existe posibilidad de celebrar una consulta habilitante del Estatuto

Tuvo mucha razón el diputado vasco de Podemos Lander Martínez cuando afirmó que "las palabras de Urkullu y Egibar se parecen lo que una castaña a un huevo". Lo dijo en el Pleno de Política General del Parlamento Vasco. Y así ha ocurrido casi siempre, salvo en aquel tiempo en que Ibarretxe iba tan de la mano con Egibar que sus discursos no se diferenciaban ni en las frases amables ni en los exabruptos. Pero en esta ocasión ha ocurrido de modo diferente, porque algunas frases pronunciadas por ambos sobre un mismo asunto han sido antagónicas y han requerido explicaciones específicas para evitar los efectos adversos de las estridencias. Sin embargo, parece inexplicable que el PNV continúe adscrito a una “portavocía” parlamentaria tan indócil, salvo que su estrategia sea estar al plato y a las tajadas en todo momento.

Euskadi es muy plural. Tanto que incluso su fuerza política predominante, el PNV, se muestra dividida, al menos en lo estratégico. Tienen poco que ver las direcciones nacionalistas de los tres Territorios Históricos. A veces da la impresión de que cada una de las tres direcciones nacionalistas camina a su bola, utilizando doctrinas bien diferentes que acaban por unificarse tras el discurso siempre discreto y condescendiente del lehendakari Urkullu. Resulta evidente que el discurso, casi siempre procaz y excesivo de Egibar, termina por ceder ante las maneras y las palabras, debidamente medidas y calibradas, del lehendakari.

Menos mal que el nacionalismo vasco es principalmente vizcaíno y mama de una historia llena de mestizaje y de acuerdos

Sin embargo las andanadas de Egibar, pertrechado y adornado por el lazo amarillo que ahora representa a una Cataluña “independiente”, siempre van dirigidas y predestinadas a la provocación, a ocupar ese espacio en el que el parlamentarismo se convierte en agitación innecesaria o en germen de dudas.

Menos mal que el nacionalismo vasco es principalmente vizcaíno y mama de una historia llena de mestizaje y de acuerdos, no ya entre diferentes sino incluso entre opuestos. A poco que profundicemos en las intervenciones del Pleno de Política General de hace pocos días, encontraremos las contradicciones. La defensa del pluralismo y la subsiguiente necesidad de ayudar a la integración de todos, el pacto entre diferentes y las llamadas a usar fórmulas pactadas de antemano, esgrimidas por Urkullu, chocaron con los remilgos, las imposiciones y las incitaciones a luchas banderizas que esgrimió Egibar. Por eso resulta acertada la consideración del parlamentario de Podemos. ¿En qué se parecen un huevo y una castaña? Absolutamente en nada. Y yo añado más, ¿en qué se parecen entre sí los políticos de los diferentes Territorios vascos, aunque pertenezcan a un mismo partido? Respóndase usted mismo... Yo creo que se parecen en bastante poco, si bien comparten principios ideológicos (quienes aún los conserven, ahora que tanto escasean). Son al fin y al cabo esos principios ideológicos, y no la situación geográfica, los que nos hacen ser de un lado o de otro.

 

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