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Diez días que estremecieron España (y cinco años que lo explican)

Cuando eldiario.es apareció en septiembre de 2012, lo hizo en un contexto sumamente incierto y convulso en lo social, lo político, lo económico y, también, en lo estrictamente profesional

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El miércoles 23 de mayo, con el apoyo “por responsabilidad” del PNV, el Pleno del Congreso aprobaba los Presupuestos Generales del Estado de 2018, ofreciendo al Gobierno de Mariano Rajoy un respiro esencial para afrontar con tranquilidad lo que quedaba de legislatura. Diez días después, el 1 de junio, tras el fallo del caso Gürtel, una improbable moción de censura que el PNV apoyó “por ética y por responsabilidad” trituraba las ilusiones del PP y de Rajoy y abría las puertas de La Moncloa a Pedro Sánchez. Han sido diez días que sacudieron España (abusando del título de la más famosa obra del periodista John Reed). Pero, seguramente, lo ocurrido durante estos diez días frenéticos  no puede entenderse si no es en el marco más amplio del último lustro de historia de este país.

Cuando eldiario.es apareció en septiembre de 2012, lo hizo en un contexto sumamente incierto y convulso en lo social, lo político, lo económico y, también, en lo estrictamente profesional. Empezando por esto último, aunque los medios de comunicación, especialmente la televisión generalista, venían experimentando desde finales del siglo XX una crisis de adaptación a un nuevo entorno tecnológico (cable, Internet), la crisis financiera de 2008 y su impacto inmediato sobre el sector de la publicidad, principal soporte económico de los medios tradicionales, va a suponer el cierre traumático de centenares de diarios, revistas, televisiones, radios y agencias de prensa, la pérdida de miles de empleos y la precarización de muchos otros.

Pero, como hemos señalado, esta crisis empresarial y profesional se inscribe en una crisis más amplia, general, de la política y la sociedad españolas. Nos referimos, claro está, a todo lo que gira en derredor del “acontecimiento 15M”. Por encima de cualquier otra cosa, lo que este acontecimiento ha provocado es un cambio profundo y generalizado en la conciencia social sobre lo aceptable y lo inaceptable de los comportamientos políticos. El 15M fue, sobre todo, un acontecimiento que se inscribe en el espacio de la “economía moral de la multitud”, tal como la definió el historiador británico E. P. Thompson: como una afirmación de los límites que ninguna práctica política o económica debería superar, y cuya transgresión es vivida por la gente como un atropello intolerable frente al que sólo cabe actuar con contundencia.

La exigencia ciudadana de ejemplaridad, de transparencia, de verdad, no ha dejado de crecer a lo largo de este lustro

Se ha escrito que la crisis financiera internacional de 2008 provocó una crisis generalizada de identidad del periodismo español, conformada por una cuádruple crisis: de financiación, de pluralidad, de dependencia y de ética (M. Álvarez, “La crisis estructural del periodismo en España”, El Viejo Topo, nº 322, 2014). También los medios de comunicación se vieron interpelados por esta redefinición de la economía moral en la sociedad española. Y algunos, como eldiario.es, supieron entender estos cambios y transformar la crisis en oportunidad. En su anuncio de estreno  se presentaba así: “Durante el verano hemos estado trabajando para dar forma y fondo a un medio ágil, moderno, abierto y riguroso. Con valores sociales, pero sin trincheras. Con intención: hacer periodismo de servicio público y acompañar a los ciudadanos en ese proceso, cada vez más colectivo y complejo, que es comprender la actualidad […] eldiario.es integra en su logo el símbolo de la regeneración social, de la actualización informativa y tecnológica, de la sostenibilidad económica, del volver a empezar para hacer las cosas bien, aprendiendo de los errores y conservando lo conseguido”. 

Cinco años después, el discurso machacón sobre el fracaso del 15M, sobre el acelerado envejecimiento de la nueva política, sobre la resistencia numantina de lo viejo (la vieja política, los viejos medios, las viejas y malas costumbres), la sociedad española, una parte esencial de la misma, vive ya en este nuevo mundo de economía moral: más exigente, más vigilante. La exigencia ciudadana de ejemplaridad, de transparencia, de verdad, no ha dejado de crecer a lo largo de este lustro. Y con ella, la necesidad de unos medios de comunicación a su altura.

 

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