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La estrella del socialismo vasco

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No solo el socialismo español anda algo desnortado. Tampoco el socialismo vasco encuentra la estrella a la que deberá seguir para recuperar la credibilidad perdida. En la última reunión importante celebrada por el PSE reclamé a la Dirección del Partido un acercamiento a las organizaciones sindicales, a todas, aunque preferentemente a los sindicatos de clase, que han sido desacreditados con alevosía por la derecha española que no ha dudado en divulgar dos imágenes falsas: la de la corrupción que ha afectado a la UGT andaluza como si se tratara de algo consustancial a cualquier organización sindical, y esa otra imagen que pretende generalizar la idea de los sindicalistas como vagos y desidiosos, que aprovechan sus horas sindicales para divertirse y holgazanear, en lugar de emplearlas en reivindicar mejoras para los trabajadores. Di algunos datos, por ejemplo que los sindicatos surgieron para combatir formas de explotación de los trabajadores que rayaban con el esclavismo en el ámbito laboral, y con la esclavitud en la calle.

Otro dato que ofrecí fue que mientras el porcentaje de afiliados a los sindicatos solo llega al 12% de los trabajadores, tres de cada cuatro empresarios están afiliados a alguna organización empresarial. Y concluí que, para los socialistas, los trabajadores y los empresarios no deben ser lo mismo. Es cierto que a ambos colectivos se les incluye en una denominación común, -agentes sociales-, cada vez que hacemos alusiones a nuestro sistema productivo, como si ambos estuvieran en la misma altura, pero solo mentes desideologizadas e interesadas pueden aceptar que el empresario y el trabajador gozan de las mismas condiciones en el proceso productivo, pues mientras el empresario se dedica a recoger los beneficios generados sin límite claro preestablecido, el trabajador produce a cambio de un salario prefijado. En tal sentido hay que recordar que el egoísmo de los empresarios, capaz de aceptar la explotación de los trabajadores, solo ha encontrado freno y límite en la acción de los sindicatos. Por eso me permití asegurar que para los socialistas la clase empresarial podía ser considerada adversaria, cuando no enemiga.

La respuesta de uno de los más importantes dirigentes del PSE fue desalentadora, pues consideró “trasnochada” mi afirmación. Es decir que, siguiendo el diccionario oficial yo sostenía “una cosa que por haber pasado una noche por ella, no valía nada”. Para el líder de mi partido mi afirmación era “macilenta, desmedrada, pálida y descolorida”. En aquel momento pensé que el socialismo vasco no solo estaba desnortado, sino también profundamente despistado y desarmado ideológicamente.

El socialismo vasco (y el español) debe volver a seguir la venturosa estrella de los sindicatos para combatir el resplandor deslumbrante de la patronal, mucho más preocupada por la obtención de beneficios sin límite que por coadyuvar al equilibrio y la cohesión sociales.


La última propuesta enviada por Rossell, el Presidente de la CEOE, al Gobierno es muy esclarecedora: bajar las cotizaciones sociales de los empresarios un 2%; disminuir el IRPF; disminuir el 30% el Impuesto de Sociedades de las grandes empresas, y del 25% en las PYMES; eliminación del Impuesto de Patrimonio; y elevación del mínimo exento del Impuesto de Sucesiones. Pero el descaro del presidente de los empresarios se produjo cuando explicó que la mejora de los ingresos para atender las necesidades del Estado deberá salir del incierto crecimiento de la economía y de la lucha contra el fraude fiscal. Pero le cupo más desvergüenza aún cuando afirmó: “tenemos la ventaja de que podemos decir cosas y no las tenemos que poner en práctica”. Descarado el tío, como para pedir rebajas fiscales tan copiosas en España, donde la presión fiscal está ocho puntos por debajo de la media europea. Y desvergonzado por plantear una subida del IVA, que afecta al consumo de todos sin distinguir a los ricos y a los pobres.

Por eso creo que el socialismo está desorientado. La Dirección del PSE, utilizando su preeminencia, no duda en considerar anticuado y tachar de carca a quien pide que se retomen estrategias y comportamientos que demostraron su eficacia cuando estuvieron vigentes. El socialismo vasco (y el español) debe volver a seguir la venturosa estrella de los sindicatos para combatir el resplandor deslumbrante de la patronal, mucho más preocupada por la obtención de beneficios sin límite que por coadyuvar al equilibrio y la cohesión sociales.

Lo que es trasnochado y malvado es, siendo socialista, poner a sindicatos y organizaciones empresariales a la misma altura.

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