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Ser de izquierdas y ser creíble

Al final, es con la sacrosanta unidad de la patria con lo que se hace inviable cualquier propuesta de avance en la alternativa de cambio.

Los sindicatos defienden que ir en contra del CETA no es ir en contra de la globalización

Quintacolumnistas  y la legión de tertulianos anti Sánchez han criticado con furor desmedido la doble  abstención del PSOE;  ante la moción de censura de Unidos Podemos y el CETA. No les interesan las razones dadas, siguen a lo suyo como si no hubiera habido unas primarias, un congreso, un nuevo proyecto y una nueva dirección con un renacido secretario general.

En el caso de la “moción de censura”, el portavoz socialista fue prácticamente ignorado mediáticamente a pesar de que hizo una intervención magistral y sacó a colación un texto que puso de manifiesto que la prioridad de Unidos Podemos no era desalojar a Rajoy sino disputar espacio al PSOE ( “Eramos pocos y llegó Pedro Sánchez” ). Abalos laminó al líder de Podemos y dejó en evidencia su moción de censura. La explicación del sentido del voto fue convincente porque aunque nadie niega los motivos de la censura de Rajoy, magistralmente explicadas por Irene Montero, el debate de la tarde y del día siguiente puso de manifiesto, muchas cosas y entre otras,  las graves discrepancias con la cuestión nacional- Cataluña- referéndum y las dificultades para acordar una postura de gobierno al respecto. Amén de acordar el candidato, el programa requiere no sólo acordar la agenda social, y de regeneración,  sino también la cuestión nacional.

Es ahí y es con esto,  con lo que el PP y la brunete mediática lo tapan todo; con la inestimable irresponsabilidad de los independentistas a los que les importa un higo la suerte de España;  tenemos la pinza PP-Cs-Independentistas que impide un gobierno alternativo; al final, es con la sacrosanta unidad de la patria con lo que se hace inviable cualquier propuesta de avance en la alternativa de cambio.

En el caso de la abstención socialista sobre el CETA se ha catalogado como expresión de desconcierto, irresponsabilidad, falta de solidez, izquierdismo, podemización…. del nuevo PSOE… alguno como Vidal Foch auténtico quinta columnista del Grupo Prisa va un poco más allá y considera lisa y llanamente que la abstención socialista es una apuesta anti Europa del PSOE. Qué barbaridad.

Pierre Moscovici viene a España al foro de NE con todos los dirigentes del PP y se reúne con Pedro Sánchez y con algún socialista más y desliza una frase que muy bien podría haber dicho a sus excompañeros de partido socialista francés antes de que lo hicieran estallar por los aires los socioliberales  Hollande, Valls y Macron…: “Hay que conciliar ser de izquierdas y ser creíble” ( El Mundo 23.06.17) . Me refiero a esa frase que al parecer le dijo a Pedro Sánchez con motivo del revuelo que se montó cuando Cristina Narbona anticipó por twiter que los socialistas igual que otros socialistas franceses , austríacos, polacos…etc no iban a apoyar el Tratado de libre Comercio con Canadá. Es cierto que el portavoz socialista en la comisión de exteriores lo había defendido, pero no menos cierto es que el 39 Congreso recién celebrado había delimitado como “conditio sine qua non” una serie de garantías sociales, ambientales, laborales y jurídicas que todo tratado de libre comercio debe tener para ser apoyado por el nuevo PSOE, no el de Susana Díaz.

Nuestro modelo de globalización justa lo impide.  La presidenta del PSOE, Cristina Narbona, miembro del equipo de elaboración de la ponencia lo explicó perfectamente en Hora 25 de la Cadena Ser y posteriormente, el portavoz, Ignacio Puente  y este último lunes, Manu Escudero,  tras la ejecutiva con los líderes de UGT y CCOO en la comisión ejecutiva conjunta donde se han puesto en común los puntos de la gran alianza social y de progreso con los sindicatos ( garantía juvenil, actualización de pensiones, reforma laboral…)

Para ser creíble es indiferente ser de izquierdas o de derechas; para ser creíble, y Pedro Sánchez y la militancia socialista lo saben muy bien, hay que hacer lo que se dice

Este 39 Congreso tenía un eslogan, “somos la izquierda”, y esto ya no es lo que era. El quinta columnista de El País afirma que “abstenerse violaría la credibilidad del PSOE ante todos” y que sería una afrenta a la mayoría del socialismo continental y cierra este señor afirmando que “equivale de hecho a ir contra Europa”. Este señor afirma que defender la no precariedad del trabajo siguiendo las recomendaciones de la Comisión de Empleo, o de la OIT, o de los sindicatos… que afirman que estos tratados se hacen con un modelo de crecimiento en el que se sigue la privatización de servicios públicos y la transferencia de rentas de trabajo a las rentas de capital…

A este columnista igual que a la mayoría de los parlamentarios europeos socialistas les parecía totalmente improcedente plantear la negativa al apoyo del nombramiento de J C. Juncker cuando se puso de manifiesto en noviembre de 2014 que no era digno de ocupar la presidencia de la Comisión Europea, porque un consorcio de periodistas internacionales ( entre los que no había nadie de El País, por cierto) puso al descubierto el llamado Luxleak; es decir, los tax rulling, los acuerdos “ad hoc” que el presidente de Luxemburgo, sede del tribunal de justicia europeo,  firmaba con las grandes multinacionales para que no pagaran sus impuestos de sociedades o si lo hacían fuera en cantidades ridículas. Se estimaba en un billón anual el fraude fiscal. El equivalente a la deuda de España.  

Aquello se produjo en  plena crisis de Grecia, con una gran coalición en el país que de manera suicida acabó con el PASOk  porque perdió todo su crédito político ante los ciudadanos y dio lugar al surgimiento de Syriza-Tsipras ( Varoufakis) . Pedro Sánchez fue capaz de exigir al grupo parlamentario socialista en Europa que, por lo menos,  se abstuviera, aunque los jefes  de “la gross koalition”  de Martín Schultz hubieran ya pactado con los socialistas franceses como el señor Moscovici o el holandés Jeroen Dijsselbloem (presidente del Eurogrupo, socialdemócrata como Moscovici y cuya opinión sobre los países del sur le desautorizan para cargo comunitario alguno.)  la conformación del gobierno de la UE  y su parlamento. Con un Arias Cañete en Medio ambiente en la CE. Para ser de izquierdas y ser creíble lo correcto era hacer oposición a Juncker o haber abierto una crisis en la UE por la evasión fiscal. Eso debía haber hecho la socialdemocracia europea para ser creíble.  En ningún caso apoyar el nombramiento de Juncker y mucho menos entrar a un gobierno de coalición con él.

Para ser creíble es indiferente ser de izquierdas o de derechas; para ser creíble,  y Pedro Sánchez y la militancia socialista lo saben muy bien,  hay que hacer lo que se dice; lo que en su tiempo decía JL Rodríguez Zapatero en una portada de El País  de su primera legislatura , que él no cumplió en la segunda, “queremos políticos que nos digan la verdad”.  O como dijo Carme Chacón “si decimos cambio,  hacemos cambio” … Somos la izquierda que quiere gobernar, pero para cambiar las políticas que están haciendo daño a los ciudadanos; la precariedad, la pobreza, la desigualdad, el trabajo sin derechos…la degradación del planeta por el efecto invernadero, el paro juvenil… los abusos bancarios, de las eléctricas, de las muntinacionales… la corrupción, los paraísos fiscales….son realidades que exigen poner límites, reglas a la globalización y sobre todo a la especulación financiera y la evasión-elusión fiscal. Es pura diletancia hablar de UE sin mencionar una política fiscal común por lo menos para los países que tienen una moneda común… Y los europarlamentarios no han hecho nada al respecto cuando ya nos acercamos al final de su legislatura.

El caso del socialismo francés

Vidal Foch siguiendo la línea de acercar a Sánchez con el fracaso de Hamond en Francia se alegra del 'Macronismo' y proclama el “requiescat in pace” del socialismo francés en su columna y se alegra de la victoria de Macron.

Siendo tan riguroso debiera ser más prudente porque si bien a Macrón el candidato socioliberal de Francois Hollande, le votaron el 66,10%  de los franceses ( 20,75 millones)  en la segunda vuelta frente al 33,90 % de la ultraderechista Marine Le Pen (10,64 millones de franceses), la abstención fue la más alta desde 1969 (25,44%) y el número de votos nulos y en blanco registró un record ( 11,47%). Son dos datos significativos de las presidenciales que no se deben ignorar;  adquieren especial relevancia si los relacionamos con los índices de abstención de las legislativas. En ellas, la abstención ha llegado al 57 %; la mayoría absoluta de Macron está construida sobre una gran abstención de la que los medios apenas se hacen eco. Tiene Macron 300 diputados de LREM y 41 de MoDem y algún diputado que ha sacado el acta como independiente como Valls… de un total de 577 que componen la Asamblea Nacional Francesa. Pero hay un 57 % de electorado al que no le representa nadie: NO LES REPRESENTAN.

Esta mayoría absoluta no representada tiene mucho que ver con esa izquierda socialista e insumisa que no ha ido a votar porque los dirigentes de la izquierda no han sido capaces de “conciliar ser de izquierdas con ser creíbles”. ¿Cómo creer a los dirigentes socialistas franceses como Hollande, Macron, Valles… que han traicionado a su electorado…? La recomposición de la izquierda pasa por la recuperación de su credibilidad, un nuevo socialismo, una nueva socialdemocracia. En eso estamos aquí en España tras el 39 Congreso.

El resultado abre un debate sobre el sistema electoral. Es un sistema con dos vueltas que sobredimensiona la representación del ganador y marginaliza al perdedor. Un partido como la LRM pueda sumar un 32% de votos en la primera vuelta y en la segunda un 75% de escaños. Y otro como el FN pueda quedarse sin grupo parlamentario pese a haber obtenido un 13% de votos en la primera vuelta.

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