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Una derecha que asfixia a la sociedad

Saludos fascistas en la manifestación de Ferraz el viernes día 10.

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Ya hay un proyecto de Ley de Amnistía bien fundamentado y expuesto y, si todo marcha según lo previsto, esta misma semana la investidura de Pedro Sánchez culminará el proceso y España dispondrá de un nuevo gobierno. Esa es la teoría. En la práctica, la derecha –en toda la amplitud de la definición– está sometiendo a la sociedad a un durísimo viacrucis que ha prometido mantener hasta que, por el método que sea, consiga hacerse con el poder, porque es eso lo que busca. Las zancadillas se suceden para impedir que Sánchez gobierne a niveles que exceden el marco democrático.

Es una experiencia agobiante constatar que la derecha española sigue siendo la golpista de toda la vida, corrupta y manipuladora, dispuesta a todo, a todo, por lograr sus fines. Y eso y no otra cosa es lo que “erosiona el Estado de Derecho” del que acusan al gobierno. Aquí y en Europa, fruto desesperado de su rabia. No merecen ni un paño caliente de esos que usa la falsa equidistancia. No hay ni una brizna de honestidad o sensatez en su actuación que les justifique.

La amnistía es una medida de gracia excepcional, en efecto. Ayuda, en este caso, a formar un gobierno progresista, más acorde con la mayoría social registrada en el voto, frente al inmenso aparato de la derecha. En mi opinión, mantenida a través del tiempo, es justa además, dada la desmesura de las penas en un país que indultó una dictadura y prácticamente un golpe de Estado con el Congreso tomado a punta de pistola. También porque el derecho europeo no reconoce algunos de los delitos imputados en España. Pero el establishment se ha revuelto de tal forma que vemos manifestaciones de quienes jamás se movieron por nada más. Hasta de jueces. Ni siquiera por la anomalía de tener un Poder Judicial retenido en su renovación durante ya más de cinco años por el Partido Popular. Ahora el PP se apunta también a secuestrar el Senado –donde tienen mayoría– a través de una reforma exprés que por lógica no puede tener encaje jurídico. No es posible que las instituciones españolas sean tan endebles como para que la ira de un partido las modifique a su gusto y provecho.

Son reacciones de una desmesura inaudita. Vox denuncia a Pedro Sánchez ante el Tribunal Supremo y pide se suspenda su investidura, cuando la ley será –de aprobarse– del Congreso, del poder legislativo, no del ejecutivo. Feijóo intenta que Bruselas cuestione el Estado de Derecho en España, y llama a una treintena de corresponsales de prensa extranjeros para ver si les cuela un titular como Bruselas sanciona a España por la ley de Amnistía. Aznar intentó engañarles por el mismo método con los atentados del 11M y, lejos de convencerles, contaron la maniobra. Son de la peor ralea de la política. No parece que vayan a tener un gran éxito en sus presiones, la ley está bien construida. Y hoy el editorial de The Guardian alaba la resolución de Sánchez de resolver un conflicto que solo podía hacerse políticamente. El dicho franquista de ser España “la reserva espiritual de Occidente” ya no se lleva. Y están a un paso de quedar en ridículo salvo para la ultraderecha.

El problema que tienen es que mienten. La ley de amnistía no rompe el Estado de Derecho, aunque el ataque venga por todos los flancos, incluidos expertos. “Rompe” más la ideología reaccionaria y las prácticas corruptas. Países como Francia o Portugal han aprobado amnistías en las últimas décadas. Y esta medida de gracia se ha aplicado o forma parte igualmente del ordenamiento jurídico de Alemania, Reino Unido, Suecia, Italia o Países Bajos, entre otros, explica el juez Joaquim Bosch.

Y luego la calle. Con la complicidad de buena parte de los grandes medios han logrado despertar a ese esperpento que han debido criar en los colegios elitistas, en las familias y clanes endogámicos, en las cámaras de criogenización que conservan el franquismo. El cerebro huyó de algunos de esos ejemplares cuyo discurso alucina. Alentados por las declaraciones incendiarias de la triple o cuádruple A de políticos sin escrúpulos y de ese candidato que no consigue aceptar la verdad de su derrota electoral y repite como en un trastorno obsesivo compulsivo que él ganó las elecciones.

Hacen mucho daño. Incluso a los pobres diablos manipulados. Lo peor sin embargo es asistir a ese cónclave turbio que rechaza desde sus despachos el resultado de las elecciones, el que sueña con una España Una que no existe y que nunca existió salvo bajo el yugo de la dictadura, el que no admite otra ideología que la suya, y, sobre todo, por encima del aquí y el más allá, el que busca con ansiedad los recursos que da el poder de gobierno para usarlos a su placer.

Cuando miramos horrorizados esas caras de odio inducido pensamos si saben por qué gritan de verdad, a qué quieren encumbrar a cambio de la legalidad que marca la Constitución, qué dice la Constitución, y la cordura, a quién benefician. Ni a ellos siquiera.  A los jubilados el PP les bajó las pensiones al cambiar el baremo de revalorización, mientras el gobierno progresista de Pedro Sánchez las ha subido un 8,5%. La certeza probada de que el PP gestiona el dinero de todos en favor de los ricos la tenemos en el empecinamiento de Ayuso en tumbar los impuestos a las grandes fortunas. Y la complicidad de los medios en estos patéticos titulares que parecen ignorar al 99% de la población española. Lo triste es que tantos, o no tantos, se ignoren a sí mismos.

Hartos de repetir las incontables veces que esta gente ha incumplido sus promesas, ha perdonado deudas y delitos a delincuentes –la redundancia es para remarcarlo–, solo la furia por haber perdido el gobierno que se trabajaban con trampas y falsas encuestas de inducción explica el escandaloso pifostio que se han montado. Gravísimo. Lo que están haciendo y diciendo exigiría en algunos casos una acción contundente de la justicia.

Están incitando a la violencia. Un gobierno que tiene los votos de la mayoría con 12.500.000 sufragios no es el de un dictador. Y no pueden enviar a su ejército de zombies que han llegado a pedir hasta un magnicidio. Tellado, número tres del PP, quiere ver a Sánchez salir de España en el maletero de un coche; un partido conservador decente lo echaría a él a la calle, a pie y de un puntapié. Bien es verdad que Pedro Rollán fue premiado por algo parecido con la presidencia del Senado. Así funciona el PP.

Más graves aún las amenazas nada veladas del líder de la ultraderecha y la líder in pectore del PP de la misma ideología, esa Ayuso que promete “dar golpe por golpe”, lo que ella y sus mentores entienden por golpe. Temible. Sabemos que carece de escrúpulos y de alma, si nos atenemos a los 7.291 ancianos que murieron sin asistencia médica, asfixiados, encerrados, porque autorizó y se usó un protocolo de la vergüenza. ¿Saben quienes gritan a su favor a qué se arriesgan con esta gente?

Por fortuna, esa mayoría que no se dejó manipular les ha rechazado. El mayor riesgo de este país no es que peligre la unidad que nunca existió en democracia y que esta ley de amnistía trata de armonizar, el riesgo real es esta derecha. Cada vez peor, cuanto más se reconcome en sus iras.

Mariano Rajoy, ex presidente del gobierno español por el PP, ha firmado para apoyar al Loco Milei en la presidencia de Argentina que se dilucida en apenas 10 días. Venta de órganos para subsistir sin previsión alguna del Estado, privatización de la sanidad, armas por la calle… el sueño de la ultraderecha de todas partes que se aprestarán a aplicar en cuanto puedan. ¿En serio quieren esos ancianos que gritan histéricos sufragarse sus enfermedades por sus propios medios o recalar en las residencias de Madrid o de Galicia, o de ese pozo negro que ha nacido en Castilla y León? Ni siquiera son los intereses los que primen en esto, ¿no ven la histeria colectiva que impregna a los abducidos por la rabia del PP y Vox y todos sus secuaces? La fomentan. Señalan dianas con total impunidad.

Los medios, tan cómplices, son responsables en alto grado. En algunos casos se observa hasta una notable impericia. Se diría que, al margen de manipulaciones, ya no saben qué es noticia y qué es propaganda. ¿Alguien cree que sin ese despliegue diario desde la primera noche de directos en Ferraz hubiera crecido tanto el desmadre? Porque las protestas masivas por el destrozo de la Sanidad Pública no tuvieron ni remotamente el mismo tratamiento. Al menos han cumplido la función de dejarnos ver el personal al que mueve la derecha ultraderecha española. Puede ser un elemento que se vuelva en su contra. ¿Quién quiere un país gobernado por quienes alientan a este personal? Esperar que la derecha que los agita les confiese de qué burda manera los utiliza –medios incluidos– viene a ser como meter a la serpiente en el huevo del que salió. El resto de la ciudadanía ha visto a qué se arriesga con un gobierno PP Vox en la Moncloa. Y no es descartable que esta terrible algarada les cueste años de purgarla en la oposición.

Entre la indignación por esta ruptura diaria de la convivencia en aras de los intereses particulares de los Feijóo, Ayuso, Aznar y “los otros” y el deseo de justicia para estos atropellos, se alumbra un cierto alivio al encauzar un nuevo gobierno progresista. Esperamos que no haya sorpresas y que la senda de concordia y confluencia del bloque que apoya al candidato Sánchez, en el marco de la Constitución, íntegra y explícitamente, gobierne para los ciudadanos. Pero ese cáncer virulento que es la derecha española lo va a poner muy difícil. A no ser que se acometan sus excesos delictivos con la fuerza de la ley. O que la derecha entienda de una vez que debe emprender un futuro más honesto de participación en la liza política. Dejar de darse tiros en el pie y de asfixiar a la sociedad con sus ambiciones.

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