Reino bananero de España

El Rey emérito Juan Carlos I.

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El rey Juan Carlos I lo ha vuelto a hacer. Dijo que nunca volvería a ocurrir pero no deja de pasar. El monarca con el sexto reinado más longevo de España ha regularizado en los últimos tres meses al fisco 5.074.294,96 euros. Ha pagado de manera "voluntaria" más de cinco millones de euros correspondientes a lo defraudado a todos los españoles por actividades susceptibles de ser investigadas penalmente desde que perdió la inviolabilidad total que le daba ser jefe de Estado. Los requiebros y malabares más propios del Circo del Sol que de la política intentan justificar este proceder como una muestra de lo bien que funciona la justicia española para expresar que todos somos iguales ante la ley. El fisco mirando para otro lado para que el emérito pueda regularizar lo defraudado y salvarse de un procedimiento penal y los soldados del régimen intentando separar la figura del rey de la actividad privada del monarca. Como si hubiera podido hacer la fortuna que ha fraguado sin tener la jefatura del reino de España. Un reino sin vergüenza con siervos muy leales.

Una información en El País es la crónica berlanguiana de la historia de un fraude reconocido en un reino bananero llamado España. Una lista anónima de empresarios, que algunos medios conocen pero no publican, que reconocen que han prestado el dinero al emérito para satisfacer la regularización fiscal de 4,4 millones de euros. Lo han hecho de una manera peculiar. Para eludir cumplir con las obligaciones tributarias que exige realizar una donación, que alcanzarían hasta el 40% de lo donado, han realizado unos préstamos privados para además eludir la posibilidad de cometer el delito de "cohecho impropio". Los empresarios, sin embargo, reconocen que el emérito no tendrá que devolver el préstamo. Nunca antes se había realizado una confesión de una irregularidad de manera tan flagrante. Si el emérito no tiene que devolver el préstamo se trata de una simulación para ocultar una donación, eludir los impuestos que tendrían que pagar y además simular que no están cometiendo el delito de cohecho impropio. Pistas de que se están cometiendo ilegalidades al regularizar lo defraudado anteriormente tienen unas pocas. Aunque todo puede ser más fácil y el dinero puede no proceder de ningún empresario.

En unos pocos meses el Ministerio de Hacienda dirá que no se dio cuenta, que no abrió una investigación y que lo regularizado acaba con el proceso penal contra el emérito. Que el préstamo de 4,4 millones de euros para un hombre de 83 años con una expectativa vital corta no significaba ningún fraude de ley. Que era una operación válida a pesar de haber sido creada para eludir pagar el impuesto de donaciones y que los contratos de los préstamos eran legales pese a que los empresarios prestamistas hayan dejado negro sobre blanco que es una manera de simular una donación para no cometer un supuesto cohecho impropio mientras se comete un supuesto cohecho impropio. No dudemos de Hacienda, dijo Pedro Sánchez. No hagamos caso a los hechos, que el presidente es muy guapo, y el rey más aún.

La democracia plena en la que vivimos está tolerando con un cierre en bloque de los protectores del régimen que nadie declare ni ofrezca explicaciones. Ni el rey, ni el gobierno ni el emérito. Que alguien explique de dónde salen los 4,4 millones de la regularización del emérito, a cambio de qué le fueron pagados al jefe del Estado 8 millones de euros en especie, porque pagar en especie significa dar una contraprestación. El emérito estaba a sueldo de una fundación en Liechtenstein, según se desprende del comunicado de su abogado. Todo normal. Nadie explica nada en el reino bananero de España. Algunos, los más voluntariosos, que se han dado golpes en el pecho hablando de lo ejemplar de nuestra democracia, asimilable a las más avanzadas del mundo, dicen, se sorprenden con que estemos aceptando con normalidad el que es el mayor escándalo de la democracia. Una sorpresa fingida con que nadie aporte una explicación, por exigua que sea, que les permita seguir defendiendo que la monarquía es una institución defendible y validable para los estándares democráticos. Necesitan un salvavidas moral para seguir siendo escuderos de la causa monárquica en la opinión pública.

Cuando la corrupción es sistémica, reconocerlo sería mostrar ante el pueblo que el rey está desnudo y haría tambalear los cimientos del Estado. El régimen se está desmoronando, pero eso no significa que no vaya a resistir porque tiene armas sobradas para sepultar la verdad. Ha habido ejemplos en estos años. En su comparecencia ante el Parlament, el que fuera rey "in pectore" de Cataluña, Jordi Pujol, lo dejó claro cuando le intentaron acorralar: ¡Si vas segando la rama de un árbol, al final cae toda la rama con todos los nidos que hay, pero no solo caerá esa rama, no, no, caerán todas!

Las explicaciones son demasiado dolorosas para ser dadas. Las explicaciones del emérito, si son profundas y verdaderas, mostrarían que los cuarenta años del reinado bananero del Borbón fueron un artificio para el lucro en el que hubo cientos de colaboradores necesarios. No va a haber explicaciones porque sería reconocer que han usado la jefatura del Estado como una banda organizada destinada a lucrarse en la que están implicadas las organizaciones más importantes del Estado, grandes medios de comunicación, empresas y cualquier institución con relevancia pública. Han sido 40 años de actitudes regias algo más que incívicas y hay demasiados nidos importantes en las ramas. O se corta el tronco y plantan nuevas simientes o la podredumbre no curará.

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Publicado el
27 de febrero de 2021 - 21:41 h

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