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Obsolescencia y Testamento Vital

Cada hora que nuestros eficaces políticos retrasan la puesta en marcha de una ley de eutanasia hace que muchas personas sigan sufriendo innecesariamente

La despenalización de la eutanasia se debate en el Congreso.

No, yo no me quiero morir... aún, pero como dice Millás: "la muerte  viene de serie con la vida" y a todos nos va a llegar el final, tarde o temprano, lo queramos o no.

Sé, porque he visto morir a personas muy cercanas, que ese  viaje, por ser el último y no tener vuelta atrás, es el más trascendental de nuestra vida, y puede ser agónico e ir acompañado de un enorme sufrimiento para la persona que muere y para sus seres queridos, y también sé que este sufrimiento se puede evitar.

Yo he registrado mi Testamento Vital, para que la última decisión, la más importante de mi vida, no la tomen precipitadamente otros por mí. No quiero dejarla en manos de Dios, ni de sus Abogados, ni de mi familia (¡pobres, menuda responsabilidad!), ni del médico de guardia, ni del centro sanitario... quiero tomarla yo.

En mi Testamento Vital, resumiendo, digo que, cuando mi muerte esté cercana y sea inevitable, cuando mi calidad de vida sea mala y yo no pueda expresarme, quiero que me ayuden a tener una buena muerte.

La Ley del Divorcio que se aprobó en 1981 y la Ley de la Eutanasia, se parecen en que ninguna de las dos obliga a nadie ni a divorciarse, ni a matar a todos los enfermos terminales... En ambos casos regulan un derecho individual, que cada persona puede solicitar si cumple unos determinados requisitos.

También se parecen en que contra la aprobación de la Ley del Divorcio se lanzaron, en su día, los conservadores, los democristianos, la Iglesia, etc…, pero curiosamente al poco tiempo esos ultradefensores del matrimonio para toda la vida, hasta que la muerte los separe... ¡Acabaron todos divorciándose!

Hoy esas mismas personas se lanzan también contra la aprobación de una ley que regule la posibilidad de morir bien en este país. Pero claro... muchos de ellos tiene acceso a la sanidad privada y pueden, como están haciendo ya, hacer ese último viaje desde la práctica Holanda o la rica y neutral Suiza, si el sufrimiento se les hace insoportable.

Cada hora que nuestros eficaces políticos retrasan la puesta en marcha de esta ley, hace que muchas personas sigan sufriendo innecesariamente cuando les llega la muerte o que busquen, ellas o sus familiares, diferentes maneras para intentar morir en paz.

No seamos hipócritas, ayudemos a vivir bien a los que quieren y pueden vivir, y ayudemos a morir bien a los que ya no pueden ni quieren vivir.

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