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¿Por qué conocemos a Amancio Ortega y no a Enrique Veiga?

Supongo que, por su origen gallego y edad similar (solo dos años de diferencia), este empresario, desconocido hasta ese momento para mí, inmediatamente me hizo pensar en otro de sobra conocido

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EFE

Un amigo me enviaba hace unos días una noticia publicada el 17 de diciembre en la sección de Sociedad del Diario Sur. “Un ingeniero español inventa una máquina capaz de sacar agua del aire”, decía el titular. Avanzando en la lectura, averigüé que este gallego de 79 años inventó el aparato en la década de los 90. Se informaba del hecho noticioso que destacaba el título con algo de retraso, ¿no?

En el texto, se explicaba cómo la máquina en cuestión consigue transformar el aire en agua gracias a la humedad que capta y condensa de la atmósfera en condiciones extremas, incluso a 50ºC y con una humedad relativa inferior a 10%. ¿Cómo no habíamos oído hablar nunca de este ingeniero, si patentó su primera máquina en los 90?, nos preguntábamos mi amigo y yo.

Haciendo una búsqueda online rápida, la mayoría de las referencias datan de 2018 y, la más antigua que encontré, de 2015. En suma, pocas y bastante recientes. Entre ellas, su visita al programa televisivo El Hormiguero, el pasado noviembre. Allí, Enrique Veiga, que así se llama este ingeniero frigorista residente en Sevilla, era presentado como inventor y dejaba boquiabiertos a Pablo Motos y al invitado de ese día, José Coronado, mientras describía las capacidades de su máquina  Aquaer y enumeraba los lugares del mundo con acuciante sequía donde ya estaba generando agua potable o esperaba hacerlo.

Supongo que, por su origen gallego y edad similar (solo dos años de diferencia), este empresario, desconocido hasta ese momento para mí, inmediatamente me hizo pensar en otro de sobra conocido y reconocido por el sistema económico y mediático imperante.

Es curioso comprobar como en la web de España Global, rebranding de la antigua Marca España, el primero solo ha conseguido una  entrevista a finales de 2018, donde aprovecha para poner de manifiesto la demanda de su invento, pero la dificultad para encontrar inversión: “¡Estamos muy agobiados porque tenemos pedidos de cientos de máquinas. ¡No podemos atenderlos a todos! Estamos tratando de buscar financiación para crecer”. Mientras tanto, el emporio del segundo empresario gallego, ese al que muchas escuelas de negocios admiran, icono de la fast fashion de origen español, es indiscutible  motivo de orgullo y prestigio en el mismo sitio web.

Con suerte y algo de voluntad mediática y administrativa, a partir de este nuevo año y de cara 2030, ahora que la  Agenda para el Desarrollo Sostenible comienza a ser más visible, empresarios y personajes relevantes de nuestra economía empezarán a serlo no por los desorbitados beneficios cuantitativos que obtengan sus organizaciones, sino por aquellos beneficios cualitativos y sociales que sus empresas favorezcan. Y no se me ocurre mejor ejemplo que convertir aire en agua en el desierto.

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