Importancia de la educación. O no
Muchas veces, cuando oigo, leo, escucho, veo, la manera de actuar, pensar, hacer, de muchos políticos, locales, naciones, o incluso, mundiales, me hago una pregunta muy sencilla: “a estas personas con estas ideas un poco anti todo ¿Qué le enseñaron sus padres, sus profesores, sus maestros en la escuela, sus padrinos, el cura del pueblo o de la parroquia… básicamente, sus referentes cuando eran niños, adolescentes, jóvenes? ¿en quién se miraban, cuáles eran sus referentes, cuáles eran los ejemplos a seguir?
Nací en la década de los sesenta (casi). Boom de la natalidad en este país. Familia materna, mi mayor influencia sin duda, católica de “toda la vida”, misas obligatorias, todos los sacramentos, rezar el rosario en casa de los abuelos por las tardes (no había tele), clases del catecismo en la parroquia, etc. ¡Cumplir los “diez mandamientos”!
Mi familia paterna… no, de clase media más instruida, digamos. Emprendedores, profesores…
Acudí a la escuela pública en un pueblo mayoritariamente agrícola. Empezaban a llegar los primeros turistas, pero más en la zona de la isla orientada al sur, por lo del clima y las playas. El norte no era tan atractivo, aunque sí venían guaguas llenas de ellos y ellas que los llevaban, a los turistas, a recorrer, sobre todo, plantaciones de plataneras. Me imagino para que vieran que los plátanos no venían de la “nevera”. La mayoría, en aquella época, ingleses.
Luego, cumplido los diez años, al instituto, también público. Aquí, parece ser, que mi padre fue inflexible: nada de colegios de curas, monjas o religiosos.
En casa no se hablaba de política. No había adoctrinamiento en ese sentido.
Que yo recuerde, y lo intento, todo giraba, en cuanto a la educación, tanto en la familia como fuera de ella, al “buenismo”. Sé educado. Amable, Pórtate “bien”. ¡Esos modales! Sé solidario, buen compañero, buen hermano, buen hijo. Tener buenos sentimientos. Piensa en los demás. Ayuda a los que lo necesitan, o tienen menos que tú. No seas rencoroso, ni envidiosos. No mientas. No engañes. Trabaja duro y tendrás un porvenir. Estudia. Había una obsesión, en mi familia clarísima, por trasmitir esa idea, también creo que generacional, de qué con el estudio, el trabajo, el esfuerzo, podías conseguir lo que te propusieras. Vivir de tu trabajo. Y algo muy constante, veo yo ahora con el tiempo y analizando situaciones de aquella época, olvidarse de la dictadura “fascista” por la que habíamos pasado y luchar, luchar, luchar… por conseguir como anhelo supremo de convivencia, volver a una democracia.
Luego, con el tiempo, averiguabas que también en esa época había corrupción, “pelotazos”, engaños, malversaciones, etc. Enchufismo, que es un mal absolutamente endémico y arraigado hasta la médula en este país. Ya no solo para asuntos digamos serios o de más envergadura, si podías, en el día a día, saltarte una cola para lo que fuese, lo intentabas. Digamos que no se veía socialmente como algo malo. Mira tú que incluso no estar al día con tus obligaciones para con hacienda no se veía como un delito, era de “listos”. Ya había, en algunos sectores, sobre todo en política y en los negocios, malismo (lo contrario del buenismo, vamos a decir).
La mayoría de los políticos actuales, que ahora están en el candelero, unos más que otros, claro, creo, pertenecen a esta época. ¿Qué les transmitieron sus “referentes”? ¿Qué era lo importante? Me imagino que, en mayor o menor medida, todos educados en los valores del cristianismo, en su rama católica, mayoritaria en este país.
¿Cómo es posible que toda esta gente, desde hace unos años, no muchos en realidad, ahora defiendan a ultranza valores totalmente contrarios? El fascismo está de moda. Qué terrible. Como si fuera lo mismo que usar vaqueros de campana o camisas de rayas. Como si fuera un color de tinte para el pelo o lápiz de labios. Como podemos estar frivolizando sobre situaciones, ideologías, políticas, creencias, que pusieron al límite nuestra propia supervivencia como sociedad, y que tanto daño y dolor personal generaron.
¿Cómo se puede estar en contra de hacer el bien, ayudar, mejorar las vidas de nuestros semejantes, de nuestros iguales?
¿Cómo se puede legitimar usar la violencia entre nosotros, entre miembros de la misma especie, para obtener resultados políticos que nos interesen?
¿Cómo podemos estar en contra de derechos básicos, sociales, civiles, humanos, en contra de nuestra propia dignidad, la de los seres humanos, la de nuestra propia especie?
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