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¿Cuál es el perfil político de los electores más jóvenes?

Los jóvenes constituyen un electorado muy codiciado por los partidos políticos. No porque sean un importante caladero de votos, pues demográficamente los electores de menos edad tienen un peso declinante en nuestra sociedad y, además, se abstienen en mayor medida que el resto de electores. Pero sí en términos cualitativos, ya que contar con su apoyo le sirve a una fuerza política para proyectar una imagen de dinamismo social.

Fuente: INE

Fuente: INE

En este sentido, y dado que el grupo de los jóvenes es uno de los más castigados por la crisis, cabe plantearse con qué opción política se identifican, cómo se posicionan ideológicamente y cuáles son sus actitudes hacia la política. El análisis del barómetro realizado por el CIS en octubre, nos da algunas claves del perfil político de los jóvenes de edades comprendidas entre los 18 y los 24 años:

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25N: Soberanismo y recortes

El lunes pasado publicaba aquí un post argumentando que los votantes más nacionalistas de CiU no se habrían pasado a ERC por su nueva posición independentista. En mi post argüía que probablemente fueron los votantes menos nacionalistas de CiU los que la habrían abandonado por su posición soberanista. Esto reflejaría la dimensión que ha adquirido el debate nacional catalán en estas elecciones.

Existen otros datos que confirman el papel jugado por el soberanismo en los resultados del domingo. En primer lugar, la participación electoral ha subido en toda Cataluña, pero tal y como mostraba Toni Rodón en este post, el aumento ha sido particularmente alto en las comarcas donde el voto soberanista ha sido más bajo. Esto implicaría que la estrategia de CiU ha provocado la reacción contraria por parte de votantes que no desean la independencia.

Otro hecho que recalca la importancia en estas elecciones del asunto nacional es la polarización geográfica del voto. En la línea de lo que mostraba el otro día (y con las mismas cautelas por el nivel de agregación de los datos), las comarcas catalanas que votaron más soberanista en 2010 (CiU+ERC+SI) son las que más han incrementado el voto soberanista en 2012 (medido como CiU+ERC+CUP). Igualmente, aunque con menos intensidad, las comarcas que votaron en 2010 por partidos que explícitamente defienden la permanencia en España (PSC+PP+C’s) han aumentado el voto a estos partidos en estas elecciones. En el siguiente gráfico muestro la relación por comarcas, pero Francesc Amat encuentra una tendencia equivalente comparando barrios de Mataró.


Gráfico 1

Gráfico 1



Por tanto, los datos indican que ha habido una especial movilización en el eje soberanista. ¿Significa esto que la gestión de CiU de la economía y los recortes no explican sus resultados? ¿Estas elecciones han sido únicamente sobre la cuestión nacional? Esta era la expectativa durante la campaña y esta es una interpretación que ha hecho parte de la prensa (sobre todo fuera de Cataluña). En cambio, un análisis más detallado muestra que las elecciones catalanas han sido más complejas.

Dejemos a un lado la cuestión nacional y dividamos a los partidos en un solo eje izquierda-derecha. He intentado predecir a partir de la tasa de paro de cada comarca cuál sería en las elecciones de 2010 y 2012 el voto comarcal a partidos de izquierda. En el modelo estadístico, he considerado el voto de izquierdas como la suma de apoyos electorales a PSC, ERC e ICV (no incluyo a la CUP porque no se presentó en 2010). Si las cuestiones sociales y económicas han sido relevantes en las elecciones, deberíamos esperar una relación positiva entre tasa de paro y voto a la izquierda. Para calibrar su importancia comparamos esta relación con la existente en las elecciones de 2010.

El resultado indica que efectivamente el impacto de la cuestión social ha sido notable en 2012. Mientras que en los comicios de 2010 no existió relación significativa entre la tasa de paro comarcal y el voto a los partidos de izquierda, esta relación emerge en las elecciones de 2012. El efecto es bastante significativo y con una magnitud sustancial. En las comarcas con bajo paro el voto total a los tres principales partidos de izquierda rondaría de media el 32%. En las comarcas con paro muy alto, el voto en media ascendería a casi el 39%. Por tanto, las comarcas más afectadas por la crisis habrían castigado el pasado domingo a CiU votando más a la izquierda. Lo interesante es que aumenta el voto a los partidos de izquierda en su conjunto. Dependiendo de la posición en el eje soberanista, el incremento será mayor para unos partidos u otros. Esta reacción contrasta con los resultados de 2010, donde el paro no es relevante para explicar el voto a la izquierda.


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El sesgo antisecesionista en el debate académico y político

Los científicos sociales llevamos décadas investigando el nacionalismo y el conflicto étnico desde múltiples dimensiones: cómo afecta a la política en países democráticos, a la confianza social y a la reciprocidad, al conflicto violento, a las guerras civiles, a las muertes durante las guerras. Los resultados acostumbran a ser poco optimistas aunque más de uno se sorprendería de saber de algunos resultados como por ejemplo que la heterogeneidad étnica no lleva a más guerras civiles, o que los miembros de grupos étnicos diferentes no son necesariamente menos altruistas entre ellos que entre los del mismo grupo. El ser humano es mas capaz de vivir en diversidad de lo que acostumbramos a creer, y es que tendemos a observar los casos en los que se ha desarrollado conflicto sin fijarnos en los múltiples casos negativos (es decir, sin conflicto).

Una parte de los académicos que estudian estos fenómenos presentan una tendencia hacia lo que podemos denominar sesgo antisecesionista. Quizás por la influencia de Estados Unidos, un país marcado por una guerra civil en sus inicios como Estado, existe un sesgo negativo hacia las demandas y los procesos secesionistas. Curiosamente, mientras la democracia es algo que se percibe como extremadamente positivo, el derecho de autodeterminación y la posibilidad de cambiar las fronteras de los Estados se ve como algo conectado a las luchas anticolonialistas de los años 60, al marxismo-leninismo durante la Guerra Fría, y a algunas guerras civiles en África actual. Es decir: como un anacronismo histórico, algo malo y a evitar. A la mayor parte de estos científicos el auge del secesionismo en Europa occidental les ha cogido de traspié. Acaban concluyendo que esto es un fenómeno derivado de la crisis económica europea, a veces igualándolo al racismo o al ultranacionalismo de Estado que se ha desarrollado en algunos otros países, y miran con desprecio a los pocos académicos que alzan la voz a favor al derecho de autodeterminación (y quizás también secesión) de territorios como Flandes, Escocia, País Vasco o Cataluña. Algunos hasta tachan de  parroquiales a estos movimientos.

Es algo preocupante ver la tendencia normativista de las ciencias sociales en este tema en particular. Y es que parece que se acaba poniendo por delante el respeto al status quo de los Estados Nación al debate critico sobre un fenómeno que –queramos o no- existe. Acaba pasando que, al margen de los trabajos de algunos economistas como Alberto Alesina, no existe un debate real sobre las posibilidades de secesión de los países, sobre sus costes y beneficios, y sobre las alternativas. Por ejemplo, son pocos los que han escrito a favor de la partición de territorios para acabar con conflictos violentos. Y cuando lo han hecho, estos análisis son sesgados. Si bien los pocos defensores de la secesión minimizan los costes de transacción, los detractores computan estos costes pero se olvidan de los costes de permanecer unidos por las partes, que en algunos casos (como por ejemplo, Palestina) son enormes.

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¿Abandonaron los votantes más nacionalistas a CiU por ERC?

Sin duda, el gran titular de la noche electoral catalana es la fuerte caída de CiU. Sigue siendo el partido más votado con gran diferencia frente al resto, pero tras hacer suyo el mensaje de la masiva manifestación de la Diada se esperaba que sus resultados fueran bastante mejores. Así lo indicaban, además, todas las encuestas electorales. Por otro lado, la fuerte caída de CiU coincide con una espectacular subida de ERC. Esto ha llevado a que gran parte de los analistas se apresuraran anoche a afirmar que ante el envite soberanista de CiU y su aceptación del soberanismo, los votantes habían preferido votar a una marca electoral inequívocamente independentista. Aquello tan manido de votar a la “marca auténtica” y no a la “marca blanca”.

Este fue la conclusión que la propia Dolores de Cospedal ofreció en su comparecencia de anoche en Génova. Lo curioso es que esta mañana el propio Oriol Pujol ha hecho un análisis parecido en la Cadena Ser indicando que la caída se explica en parte porque sus votantes han preferido a ERC por haber sido tradicionalmente independentista.

Como no contamos aún con los datos a nivel individual de las encuestas postelectorales, es difícil sostener con contundencia ningún argumento, pero la primera evidencia a la que podemos acudir indicaría que esto no es lo que ha ocurrido. Para empezar, la caída de CiU se produce principalmente en la provincia de Barcelona. En Barcelona, la provincia catalana menos nacionalista, CiU bajó casi un 9% de los votos y se dejó 9 de los 12 escaños que ayer perdió. En las otras tres provincias, la caída es mayor en Tarragona donde tradicionalmente el voto soberanista ha sido más bajo que en Girona y Lleida. Así, mientras en Lleida CiU cae cuatro puntos y en Girona dos puntos, la pérdida en Tarragona asciende a siete puntos y medio.

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Los catalanes llenan las urnas

Vean el gráfico de abajo.  Quizás coincidan conmigo que recoge uno de los elementos más excepcionales de estas elecciones catalanas. Un 69% de participación es ya un dato extraordinario en si mismo. Se trata de las elecciones más concurridas de toda la historia electoral de esta comunidad autónoma, nueve puntos por encima de la media (60,2%). Pero este dato, si lo ponemos en contexto y lo comparamos con la participación en las elecciones generales, aún gana en espectacularidad. Veamos muy brevemente por qué.


La participación en las elecciones generales y autonómicas en Cataluña- 1980-2012

La participación en las elecciones generales y autonómicas en Cataluña- 1980-2012


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Los españoles se van más de Madrid, los extranjeros, de Cataluña

Hace unas semanas el INE publicó sus Estimaciones de Población Actual y todos los medios destacaron la pérdida neta de población para el conjunto de España que tales estimaciones apuntan. Las Proyecciones de Población recién publicadas inciden en el mismo sentido. Las cifras claramente indican que la pérdida de población en España es fruto, sobre todo, de la caída de entradas de extranjeros a nuestro país combinada con un notable aumento de sus salidas; y no tanto de la emigración de españoles que, en términos absolutos, sigue siendo muy inferior. En relación con esta cuestión, las estimaciones sugerían un tercer elemento muy interesante que, sin embargo, pasó bastante inadvertido: me refiero a la desigual distribución de las salidas al exterior, tanto de españoles como de extranjeros, entre Comunidades Autónomas.

Es bien sabido que la población extranjera se ha concentrado mayoritariamente en las dos grandes urbes (Madrid y Barcelona) y sus áreas metropolitanas, en el arco Mediterráneo y en las islas. Y ello explica que en estas zonas se observe un mayor número de salidas de extranjeros al exterior en términos absolutos. Pero si queremos comparar necesitamos previamente neutralizar las diferencias resultantes de su peso desigual en distintos lugares del país. Para ello hemos calculado el porcentaje que representa la población de nacionalidad extranjera en cada Comunidad Autónoma respecto de la población extranjera total en España, y la hemos comparado con el porcentaje que representan las emigraciones de extranjeros al exterior en esa Comunidad respecto del total de salidas al exterior de extranjeros estimadas para el conjunto de España. Y hemos hecho lo mismo con la población española y sus salidas al exterior en cada Comunidad.

Si no hubiese diferencias en la propensión a emigrar entre Comunidades Autónomas, ambos porcentajes serían iguales y la ratio entre ambos sería igual a 1. Los gráficos 1 y 2 representan tales ratio para cada Comunidad Autónoma desde 2009 a 2012. Una barra hacia la derecha del 1 indica que las salidas al exterior en esa Comunidad Autónoma son superiores a las que le corresponderían si la distribución fuese homogénea; y a la inversa, una barra a la izquierda del 1 indica que se producen menos emigraciones de las esperables si la emigración tuviese la misma intensidad en toda España.

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Desahucios y democracia

El Gobierno, bajo presión extrema de la opinión pública, aprobó la semana pasada un decreto ley que prevé retrasar una pequeña parte de los desahucios. Más allá del contenido exacto de las medidas, la manera en que se han negociado ejemplifica un grave problema de la democracia en España: la baja inclusividad del sistema político que a su vez obstaculiza el crecimiento económico.

Este año se ha publicado uno de esos libros que se convierte en un clásico instantáneo. En “Why Nations Fail” los economistas Daron Acemoglu y James Robinson se preguntan por qué algunos países prosperan pero otros no y, frente a explicaciones geográficas o culturales, ellos dan una explicación política. Para que se dé crecimiento económico sostenido es necesario que existan instituciones económicas inclusivas, es decir reglas del juego que ofrezcan seguridad jurídica e igualdad de oportunidades. Estas reglas sólo surgen y se consolidan bajo instituciones políticas inclusivas que reparten el poder político entre múltiples sectores de la sociedad. Las instituciones políticas no inclusivas, por el contrario, dan acceso privilegiado al poder político a las élites quienes ajustan las reglas del juego a conveniencia y limitan el acceso a las decisiones políticas a nuevos actores -no fuera caso que quisieran cambiar esos arreglos tan favorables. El precio de tener malas instituciones es el empobrecimiento de la sociedad porque cuando las reglas son sesgadas existen menos incentivos para invertir, trabajar e innovar.

Por supuesto, la democracia es un sistema más inclusivo que otros, pero existen grados de inclusividad. En algunas democracias, muchos actores y grupos sociales (sindicatos, asociaciones, ONGs, partidos pequeños, además de empresas y grandes partidos) participan en el proceso político que es transparente y abierto. En otros casos, los principales partidos políticos negocian entre ellos y con las élites económicas. Intereses poderosos, como el sector financiero, pueden cooptar a los principales partidos para obtener un trato privilegiado.

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La loca Historia del Estado español

Uno de los artículos más provocadores de los últimos meses ha sido Una Teoría de la Clase Política Española  de César Molinas, en el que el autor adaptaba al caso español la teoría de las élites extractivas del libro del momento en economía política: Por qué fracasan las naciones de Acemoglu y Robinson. Molinas escribe un artículo, como mínimo, poco riguroso, hilvanando en una narrativa llena de metáforas efectistas (Frankensteins, calamares vampiros, leones y otros animales) fenómenos muy diversos y demostrando un pobre dominio de la literatura sobre los efectos de los sistemas electorales y otras instituciones sobre la calidad de gobierno en un país. Sin embargo, me gustaría celebrar que Molinas ponga sobre la mesa el “conflicto entre el interés particular de la clase política española y el interés general de España”.

Sí, es cierto que es una expresión que, en distintas versiones, hemos oído hasta la saciedad recientemente. Pero, si nos detenemos a pensar un poco, nos daremos cuenta que a lo largo de nuestra historia reciente, especialmente en momentos constitucionales o formativos de nuestras instituciones (ya sea a nivel central, autonómico o local), es un conflicto que ha quedado relegado en el debate público a un plano menor. Los conflictos a resolver eran entre los representantes políticos de distintos grupos: izquierdas versus derechas; centralizadores vs separatistas; empresarios vs trabajadores; anti- vs clericales. Sin embargo, el potencial conflicto entre los gobernantes en su conjunto –que gozan por definición de múltiples ocasiones para abusar del poder en beneficio propio o de sus allegados– y el resto de ciudadanos ha sido descuidado. En primer lugar, por unos pensadores políticos, líderes de opinión y padres fundadores (ya sean de nuestras constituciones, estatutos o similares) muy “políticos” y, en general, poco versados en la tradición de pensamiento liberal.

Y, sin embargo, es un problema político fundamental; si no “el problema” político fundamental. Como advirtió el premio Nobel de economía Douglas North ya en 1981, desde las dinastías del Antiguo Egipto la tensión política clave en toda sociedad humana ha sido aquella entre un sistema que maximice las rentas para los gobernantes y un sistema que maximice la eficiencia económica y social. A pesar de que, si miramos a la historia de la humanidad en su conjunto, probablemente el primer sistema ha tendido a dominar más, también es verdad que muchas democracias han conseguido poner trabas a la acumulación de rentas en manos de la élite gobernante. Pero también hay que subrayar que muchas transiciones a la democracia han desembocado en sistemas “cerrados” (usando la terminología de North, Weingast y Wallis) con “élites extractivas” (usando la expresión de Acemoglu y Robinson). Como clarividentemente subraya Paul Collier en su estudio de democracias inestables, nepotísticas y corruptas –las “democrazy”– con frecuencia tendemos a olvidar que la democracia consiste en dos cosas: elegir a nuestros gobernantes a través de elecciones y, la vez, someterlos a controles para evitar abusos. El último ejemplo de democracia que ha frustrado unas grandes (y realistas) expectativas de desarrollo socio-económico podría ser Sudáfrica, donde una élite parece haberse consolidado en los aledaños del poder al tiempo que el país ha ido cayendo en los rankings internacionales de funcionamiento del gobierno y de competitividad económica, sobre todo en relación a otros países de su entorno.

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Poder Económico 1 - 0 Poder Político

En España, los desahucios son la punta del iceberg de la crisis social en la que ha derivado la crisis económica. Bajo este drama se esconde: el paro masivo y cronificado; la precariedad laboral; los recortes; el empobrecimiento de las clases medias y bajas; el estallido de la burbuja inmobiliaria y crediticia; la percepción de injusticia social; y la asimetría entre un omnipotente (y rescatado) sector financiero y un desprotegido (e indefenso) ciudadano al que se le quiere hacer pagar todo el importe del concepto “haber vivido por encima de sus posibilidades”. Aspectos, todos ellos, que, en forma de suma y sigue, vienen reflejando las estadísticas y encuestas desde que comenzó la crisis.

A nivel político, la alarma social creada por las lamentables muertes de dos personas que vieron en el suicidio la única salida a la “condena” de verse privadas de sus hogares, también ha servido para poner en evidencia la (in)capacidad de los dos grandes partidos (el PSOE como partido que gobernó en la última legislatura, en la que comenzó a crecer el drama de los desahucios, y el PP como actual partido gobernante) para hacer frente a los problemas de los ciudadanos.

Al PP y al PSOE les ha sobrado tibieza y lentitud y, por el contrario, les han faltado reflejos. Su reacción (en forma de un intento -por ahora infructuoso- de llegar a un acuerdo para atajar este problema y, en el caso de los populares, de la aprobación de un decreto que se queda corto por su carácter únicamente paliativo y restringido a los casos de mayor vulnerabilidad) ha llegado después de que el poder judicial empezara a pedir cambios para evitar las ejecuciones hipotecarias; después de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea haya tirado de las orejas a España por una legislación hipotecaria que considera abusiva con los consumidores; y después de que la presión mediática y social empezaran a ser insoportables. A lo que habría que añadir que, incluso, la patronal de los bancos ha sido más hábil al anunciar antes una moratoria para los casos más extremos; aunque, sólo, lo haya hecho con el objetivo de evitar que crezca la presión social para cambiar la ley hipotecaria.

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¿Se decide libremente hacer huelga? Lo que dicen los datos

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Mañana 14 de Noviembre hay convocada una huelga general. Como siempre, se hablará de la coacción que sufren muchos trabajadores como consecuencia de la acción de los piquetes, y también de las presiones que sufrirán otros para acudir a su puesto de trabajo aunque simpaticen con la convocatoria de huelga. Muchos usarán como evidencia válida anécdotas personales: una cerradura bloqueada, una conversación con el jefe de personal, o historias “que le han contado” de uno y otro signo.

Para responder a preguntas como la que da título a este post, aquí en Piedras de Papel nos gusta usar datos un poco más fiables. Por fortuna estos datos existen, los ha recogido el CIS en su barómetro del pasado mes de Abril, en el que se preguntaba a una muestra representativa de españoles (entre otras cosas) sobre el seguimiento de la jornada de huelga del pasado 29 de Marzo, y son además de libre acceso.  

Según esta encuesta, un 27% de los trabajadores que tenían que trabajar ese día hizo huelga (esto es seguramente es una cifra inferior a la real, puesto que en la encuesta hay un 11% de trabajadores que afirman que ese día no tuvieron que trabajar, lo que incluye seguramente un número alto de personas que decidieron tomarse ese día libre y de alguna forma “hicieron huelga”). El CIS, sensible al debate sobre las posibles coacciones de uno y otros signo en las jornadas de huelga, incluye como posibles respuestas “Quise trabajar pero no pude”, y “Quise hacer huelga pero no pude”. Son pocos los encuestados que reconocen que hicieron lo contrario de lo que querían (un 7%), pero llama la atención que sean más del doble los que trabajaron aunque querían hacer huelga que los que hicieron huelga queriendo trabajar. Esto parece ya indicar que las presiones para no secundar la huelga son el doble de coactivas que los piquetes sindicales.

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