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Gobierno y administración Made in Spain

Los resultados del sector público español son muy buenos en algunas áreas básicas del bienestar de los ciudadanos, como la sanidad y la seguridad, pero más deficientes en otras, como la educación y el empleo. Con optimismo, una iniciativa de reforma propone cambios para mejorar el conjunto de la administración pública.

Funcionarios por una administración de calidad, un manifiesto

Funcionarios por una administración de calidad, un manifiesto

Supongo que habrás empezado a leer este artículo con una sonrisa. “¿Made in Spain, gobierno y administración? Esto va a ser una muestra de nuestro deporte nacional, reírnos de nuestras instituciones”. Bueno, no quiero quitarte la sonrisa, pero voy a intentar hacer unas reflexiones si no serias, como mínimo poco auto-flagelantes sobre la situación de nuestro sector público al cerrar este 2014. Hay margen de maniobra, evidentemente, y, de hecho, mi intención es que te animes al final del artículo a leer un manifiesto para la reforma de la administración que ha puesto en marcha un grupo de funcionarios españoles y que creo que resume muy bien las cosas que deberían cambiar, por lo que tal vez quieras sumarte. Pero antes de ello, y no porque estemos imbuidos ya del candoroso espíritu navideño, unas consideraciones sobre nuestro sector público siguiendo un poco la filosofía de Piedras de Papel: gráficos que acompañen a las palabras y comparaciones con otros países mejor que mirarnos el ombligo.

¿Cómo podemos saber si Lo Público en España funciona bien o mal? ¿Semos o no semos Europeos? Una respuesta rápida es que es muy difícil saberlo. Los numerosos indicadores construidos por organismos internacionales, como los del Banco Mundial o los de International Country Risk Guide, son útiles y deberían inspirarnos. Pero, posiblemente son simplificaciones demasiado crudas de todo lo que hacen las administraciones públicas de un país. Nos suelen dar un solo dato, un número-resumen de la posición de nuestras instituciones en el mundo. Recientemente, la OCDE ha puesto en marcha una iniciativa que permite una visión más desagregada, tanto a nivel territorial – con datos a nivel de regiones y no sólo de países – como a nivel de esfera de intervención – distinguiendo entre, por ejemplo, educación, sanidad o seguridad. Es el llamado (de forma algo pretenciosa quizás) el OECD Regional Well-Being: A Closer Measure of Life, que mide el bienestar de los ciudadanos en 362 regiones de la OCDE en nueve aspectos: ingresos, trabajo, salud, acceso a servicios, medio ambiente, educación, seguridad, compromiso cívico y vivienda.

Es importante subrayar que la de la OCDE sigue siendo una visión muy superficial y que, además, es la visión de la situación y no de la intervención de las administraciones públicas en la misma. Podría darse el caso de que una faceta de la vida tan importante como la salud (o la educación) fuera casi independiente del sistema de sanidad (o educativo) público, porque casi todo estuviera en manos privadas. Sin embargo, eso es, para empezar, altamente improbable en Europa (que son los casos que comparo aquí); y, en segundo lugar, ese gobierno tendría entonces no una responsabilidad directa, pero sí una responsabilidad indirecta por haberse desentendido, para bien o para mal, del tema. Hay también muchos factores que, a primera vista, afectan la calidad de, digamos, la salud en una región, y que no dependen de la intervención pública directa (o sea, del sistema sanitario), como por ejemplo que predomine una dieta saludable. Sin embargo, también esos factores pueden ser, como mínimo, moldeables a través de campañas públicas. Con esto no quiero defender que estos indicadores sean, ni mucho menos, una medición buena de la intervención pública, pero sí que aportan pistas a cómo lo estamos haciendo en algunas áreas. Desde un punto de vista comparado. Y éste aspecto me parece importante.

Comparemos dos de nuestras comunidades autónomas punteras, Madrid y Barcelona, con dos regiones punteras de los modelos anglosajón y nórdico: Londres y Suecia Occidental (la región de Gotemburgo, donde vivo). 

   

Un vistazo rápido revela algunas sorpresas. En la actividad fundamental de todo estado, que es evitar que la vida sea corta y brutal, utilizando los términos de Hobbes, las regiones españolas no parecen estar haciéndolo mal. Los españoles se sienten más seguros y más satisfechos con su salud que sus correligionarios londinenses o suecos. Esta percepción queda confirmada por datos tan objetivos como la esperanza de vida al nacer. Aquí vemos cómo somos los europeos con mayor esperanza de vida:

 (Fuente: Los sistemas sanitarios en los países de la UE características e indicadores de salud en el siglo XXI)

En otros aspectos que también están muy directamente relacionados con la intervención pública, como la educación, no estamos tan bien como los ciudadanos de Londres o Gotemburgo. Y en otros más indirectamente relacionados, como el empleo, estamos claramente peor. Que tenemos que mejorar nuestro sistema educativo y nuestras políticas activas de empleo es bien conocido. Lo que quizás no lo es tanto es que, en otros pilares esenciales de la actividad pública, como seguridad o sanidad, obtenemos unos resultados espectacularmente buenos en términos comparados. Tenemos, pues, por tanto que aprender, pero también otros tienen que aprender de lo que hemos conseguido en algunos ámbitos. No sólo en términos de eficacia, pero también de eficiencia. Pues en algunas cosas hemos gastado relativamente poco en comparación con otros países. Por ejemplo, aquí vemos cómo el gasto sanitario total por habitante está en la media de la Unión Europea, por encima de casi todos los países del Este, pero por debajo de casi toda la Europa occidental. No gastamos, pues, mucho.

(Fuente: Los sistemas sanitarios en los países de la UE características e indicadores de salud en el siglo XXI)

Y, sin embargo, no parece que lo estemos haciendo muy mal. Como podemos ver aquí, somos uno de los países del mundo, como Italia o Japón, donde más partido parece que le estamos sacando a la inversión en sanidad. Dicho en términos un poco toscos, nuestra esperanza de vida es muy alta para lo que gastamos en sanidad. De nuevo, atribuir la esperanza de vida a la calidad de la sanidad es poco prudente. Pero, si lo sumamos a otros aspectos, como la relativa satisfacción de los españoles con su sistema sanitaria, podemos concluir que, como mínimo, el sistema sanitario parece que funciona relativamente bien.

(Fuente: OECD Health at a Glance, Health Statistics 2013)

Bueno, ahora que nos hemos animado todos con la situación de nuestro sector público, toca no desfallecer e intentar mejorar ahí donde se pueda mejorar. Para ello es imprescindible escuchar las voces de los profesionales que trabajan dentro. Ellos quieren conseguir que las administraciones españolas sigan siendo punteras en algunos aspectos y se conviertan en punteras en todos los ámbitos posibles. Pero están preocupados. No tanto por los recortes, aunque también, sino, sobre todo, por la ausencia de reformas sustantivas, de espíritu de renovación en muchos de quienes dirigen nuestras administraciones. Así que, siguiendo los pasos de otros colegas involucrados quiero sugerirte que consultes y apoyes la iniciativa para #RegenerarAdministracion, suscribiendo a través de Change.org y difundiendo el manifiesto propuesto por un conjunto amplio y diverso de profesionales de la administración pública.

 

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