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Sobre este blog

Piedras de papel es un blog en el que un grupo de sociólogos y politólogos tratamos de dar una visión rigurosa sobre las cuestiones de actualidad. Nuestras herramientas son el análisis de datos, los hechos contrastados y los argumentos abiertos a la crítica.

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Aina Gallego - @ainagallego

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La economía griega: carta a los corintios (y otros pigs)

Perros ladrando a los cerdos (alegoría de los dominicos contra los herejes). Capitel del claustro de la iglesia de Santa María la Real de Nieva, en la provincia de Segovia. cc Wikicommons

Gonzalo Fernández de Córdoba

Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos.

La cita es de 2 Corintios 12:15 pero podría ser de Zapatero 20:10. En una entrada anterior sostuve que la economía griega vivió una orgía de consumo y deuda sólo en la mente de algunos. Lamentablemente, la prensa europea hizo con el sur de Europa en conjunto lo mismo que todos con Grecia; baste recordar la línea editorial elegida por el (cada vez menos) prestigioso Financial Times cuando su economista jefe Martin Wolf se lanzó como una hiena sobre el sur en un influyente artículo publicado poco después de la intervención en Grecia. En él se esbozaba la teoría de que Grecia no era un caso aislado, sino que todo el sur de Europa actuaba cual despilfarradoras cigarras frente a un norte de virtuosas y trabajadoras hormigas. La imagen que acompañaba al artículo del FT lo dice todo.

Desde el sur poco hicimos para combatir una ideología basada en algo de mala teoría económica y muchos prejuicios. El término PIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España) fue utilizado sin rubor para referirse al sur de Europa sin respuesta alguna. En algunos casos esto venía al pelo para la polémica interna, pues siempre hay quien se ofrece a redimirnos de la condición porcina. 

Pero lo cierto es que las economías del sur tuvieron una evolución en el gasto muy similar a la del resto de países de la Zona Euro. La secuencia de incremento del gasto del gobierno seguido de aumentos en el endeudamiento ha sido común a todos los países. Ya fueran del sur o del norte, el patrón seguido por las finanzas públicas es muy similar. No fue el despilfarro lo que ocasionó la necesidad de recortes. Antes de la crisis, el gasto se adecuaba a los ingresos; al comenzar la crisis el gasto se expandió, con algunos matices locales, en todos los países, en buena medida como respuesta automática de los presupuestos, a lo que siguió un parón también general en 2011. Lo que diferencia a los países no es su reacción a la crisis, sino su capacidad de refinanciar su deuda a unos intereses en aumento. Fue una crisis financiera, no una crisis del estado del bienestar. Una crisis revestida de fuerte ideología (en su sentido más primitivio, como ciencia que se usa para desvirtuar la realidad o para justificarla).  

Vayamos a los detalles. Los gráficos 1 y 2 muestran el comportamiento, anterior a la crisis y durante la crisis, de las presuntas cigarras y de las supuestas hormigas. Cada observación es un año y la línea es la flecha del tiempo. Los desplazamientos horizontales representan cambios en el gasto y los verticales cambios en la deuda, ambas cosas expresadas como fracción del PIB de cada país. Veamos paso a paso cómo el gasto se expande como respuesta automática del presupuesto a la recesión, y cómo esto induce una escalada en la deuda.

Si nos fijamos en el gráfico 1 vemos que durante el periodo de bonanza del euro que va de 2002 a 2006, los gastos totales del gobierno griego como fracción del PIB se mantuvieron estables en torno al 45% y el endeudamiento total como fracción del PIB se mantuvo igualmente estable en torno al 100%. En España, el porcentaje de gasto se mantuvo y el endeudamiento se redujo sustancialmente, lo que evidencia que se siguió con una política de estabilidad a lo largo del ciclo.

Gráfico 1

Al golpear la crisis económica desde finales de 2007, se produjo una contracción del PIB. El gasto del gobierno y la forma en que se ejecuta a través de los presupuestos generales de los estados hacen de él lo que se conoce como un “estabilizador automático”. Al caer el PIB, también lo hicieron los ingresos fiscales que gravan esa renta. Sin embargo, los gastos permanecen contantes, ya que son fijados con carácter de ley al inicio del año en un ejercicio contable basado en un “presupuesto” de actividad económica para todo el año. En las democracias occidentales, el presupuesto de gastos es limitativo, pero el de ingresos es estimativo.

Al estar los gastos fijados y caer los ingresos, la economía expande de forma automática la presencia del gobierno en la actividad económica si la medimos como gasto total sobre PIB. Es la contracción del PIB la que induce la expansión del gobierno como fracción de la actividad total. Y ello es un estabilizador automático en la medida en que la actuación del gobierno compensa la caída de la demanda privada. 

La diferencia no prevista entre el gasto constante y los ingresos decrecientes genera una brecha presupuestaria, que tiene que ser cubierta con deuda del gobierno si éste no quiere hacer un impago de sus obligaciones corrientes. Por eso, tras un periodo en el que el gasto como fracción del PIB aumenta, el stock de deuda empieza a aumentar también. Y lo hace de forma acelerada, ya que en este caso el numerador (deuda) aumenta en tanto que el denominador (PIB) disminuye. 

Si el impacto sobre la economía es muy fuerte, y el nivel inicial de deuda es muy alto como era el caso de Grecia, la deuda puede seguir una senda explosiva si los tipos de interés aumentan.

Gráfico 2

 

El gráfico 2 indica que la expansión del gasto en la recesión fue general. Todos los países muestran una relación bastante estable en las cuentas públicas con la salvedad de Alemania. Pero en todos los casos se comprueba el patrón de aumento del sector público en mitad de la recesión. También es compartida la reacción de todas las economías de empezar a hacer recortes severos que se aprecian en 2011. Sólo hay una salvedad a este patrón de recorte y es Grecia, que desde abril de 2010 estaba sujeta a su primer Memorandum of Understanding.

La diferencia esencial entre los países no está, por tanto, en cómo reaccionaron ante la crisis, puesto que la reacción es en buena medida automática, sino en si los países eran capaces de refinanciar una deuda creciente a tipos de interés crecientes. Y está claro, en el gráfico 2, que todos los países aumentaron su ratio Deuda /PIB, como también queda de manifiesto en la Tabla 1.

En efecto, los tipos de interés aumentaron muy rápidamente porque los mercados financieros estaban secos por la crisis bancaria que azotaba el continente. Para la fecha en la que se produce la intervención de Grecia, el tipo nominal que pagaba un bono a diez años superaba el 10%. Esta tasa de refinanciación, al ser comparada con la tasa que pagaba el bono alemán muestra que la prima de riesgo implícita se dispararía por encima del 7% y llegaría a cotas de más del 20%.  Ésa fue la excepción de la crisis de 2008. La respuesta de los gobiernos fue, uniformemente, la que había sido siempre. Utilizar el presupuesto del gobierno como mecanismo de estabilización está en el corazón de la economía keynesiana y se lleva utilizando conscientemente desde que el mecanismo fue descrito.

Esta vez, sin embargo, resultó ser un mecanismo de desestabilización porque los gobiernos no encontraron la forma de financiar sus títulos de deuda a los precios del pasado. Sin duda no contribuyó que el shock fuera generalizado y todos los gobiernos experimentaran una acuciante necesidad de financiación en el momento en que no había crédito para nadie.

La ausencia de fondos prestables eleva la rentabilidad que los bonos tienen que pagar para hacerse atractivos a los inversores, y aparece una nueva fuente de inestablidad: la deuda no solo crece, sino que se hace más cara su refinanciación.

En definitiva, un shock inicial tiene un efecto sobre el crecimiento, sobre el déficit, y sobre la tasa de refinanciación que acaban resultando en un nivel mayor de endeudamiento. Por tanto, podemos medir la magnitud del shock (impulso) como la variación del gasto y su efecto final (respuesta) como la variación en deuda.

 La Tabla 1 recoge la variación del gasto y la deuda en puntos porcentuales del PIB, entre el final de la bonanza, 2006, y el inicio de la intervención en Grecia, 2010.  La última columna recoge la magnitud relativa de la respuesta ante el impulso.

Tabla 1

 

España aumentó el gasto total del gobierno en casi 8 puntos y la deuda en casi 22. Todos los países rescatados (los cuatro primeros de la tabla) tienen en común el rapidísimo deterioro de su solvencia, que no es otra cosa que el resultado de una fuerte contracción y un rápido aumento de los costes de refinanciación de la deuda. La gran recesión experimentada en los países del sur fue exacerbada por el incremento en los costes de refinanciación, sin embargo, los países que tienen una peor respuesta relativa ante la crisis son Grecia, Alemania y Francia.

Resolver la crisis de deuda era urgente para los países que más se endeudaban ante la crisis económica. El endeudamiento de Grecia se explica por la magnitud del shock. En el caso de Alemania y Francia, por el contrario, ante un pequeño estímulo en el gasto, su nivel de endeudamiento responde de la misma manera que lo hizo el de Grecia. Es decir, el desajuste fiscal produjo en Alemania y Francia un rápido deterioro de su endeudamiento. Nótese, sin embargo, que las causas son distintas. Antes de que Grecia fuera rescatada, tanto Alemania como Francia, ya habían rescatado a sus bancos emitiendo deuda. Estas emisiones contribuyeron a que se tensase aún más la restricción de crédito que asfixiaría la economía europea.

Llegados a este punto, es del máximo interés entender las causas de la crisis y sus efectos diferenciales entre regiones, pero es imprescindible centrar el debate en causas objetivas, alejándonos de ideologías peligrosas como las diseminadas por Martin Wolf.

No fue la economía del bienestar la que mató a Grecia ni la que ha puesto en grave peligro el sistema de prestaciones del sur de Europa. No hubo un sur manirroto, bebedor y fornicador quien se buscó su merecido castigo. Las leyes de la economía operan de manera universal y es completamente seguro afirmar lo obvio: Fue una crisis financiera global la que afectó a los mecanismos de financiación de los gobiernos.

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