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Dime tu edad y te diré qué votas

A diferencia de lo que ocurría hace sólo unos años, las encuestas muestran que los distintos grupos de edad se comportarán de manera muy diferente en las elecciones del próximo domingo. 

Es sorprendente el caso del Partido Popular, que es hoy claramente un partido de personas mayores, incluso más que el PSOE de los 90.

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Uno de las resultados más llamativos de la encuesta preelectoral del CIS y que pasó prácticamente desapercibido es el marcado patrón generacional que mostraba la intención de voto a los partidos. Resumiendo y de forma simplificada, resulta que sin los electores de mayor edad, ni el PP sería el primer partido en términos agregados (tanto en intención directa de voto como en “voto más simpatía” el PP es segundo en todos los tramos de edad excepto entre los mayores de 65 años), ni las distancias entre los dos principales partidos y el resto serían tan grandes (entre los encuestados de menos de 35 años, la diferencia en “voto más simpatía” entre PP y IU es de apenas 2 puntos porcentuales, mientras que en los de más de 65 esta diferencia se dispara a 23). El gráfico 1 muestra estas diferencias en intención de voto directa a los cuatro principales partidos de ámbito estatal por grupos de edad.

Gráfico 1. Intención de voto directa por grupo de edad. Fuente: Encuesta pre-electoral CIS 2014.

Dado el efecto tan fuerte que la edad, decidí escarbar un poco más en los datos. En primer lugar, llaman la atención las diferencias en el grado de conocimiento de esta convocatoria electoral y la intención de participar en ellas entre personas de diferentes edades. Que los mayores estén más interesados en política y acudan más a las urnas que los jóvenes no es ninguna novedad. Pero en las elecciones europeas, que tienen una dimensión más internacional y cosmopolita y en las que supuestamente estamos eligiendo entre Juncker, Schulz, Verhofstadt, Keller o Tsipras, esa diferencia debería ser menor. Al fin y al cabo, si el conocimiento de idiomas, el nivel educativo, y el contacto directo con otros países importa algo en estas elecciones, los jóvenes deberían tener una ventaja comparativa que hiciera que la brecha generacional de participación como mínimo se redujera.

Gráfico 2. Conocimiento del 25M y predisposición a participar por grupo de edad. Fuente: Encuesta preelectoral CIS 2014.


El gráfico 2 sugiere que nada de esto sucede: los más jóvenes son los que anuncian menos predisposición a ir a votar (recuérdese que estas cifras con toda seguridad sobreestiman la participación, ya que en las encuestas a la gente le da vergüenza reconocer que se abstendrá), y los que menos conocimiento de estas elecciones muestran: sólo un 7 por ciento de los encuestados entre 18 y 24 años sabían, un mes antes de las elecciones, la fecha de los comicios. (Si comparamos esta brecha de participación con la de las últimas elecciones generales veríamos que nada hace pensar que estas elecciones serán más “juveniles” que las del 2011).

Como se decía más arriba, es sobre todo el PP el que se beneficia de una mayor participación de los grupos de más edad. En relación a las elecciones de 2011, y comparando datos de intención directa de voto, es llamativo que el PP apenas haya perdido apoyos entre los mayores de 65 años, mientras que se ha desplomado en los demás grupos de edad, especialmente entre los más jóvenes. No es exagerado decir que el PP es hoy un partido de personas mayores. 

¿Cuánto de novedoso es este fuerte sesgo generacional del electorado del PP? El gráfico 3 presenta una forma de medirlo: la diferencia, en puntos porcentuales, en intención de voto entre los electores de más de 65 años y el resto de la población. Tomo las últimas cuatro elecciones de carácter estatal: las generales de 2008 y 2011, y las europeas de 2009 y 2014. Todos los datos proceden de la correspondiente encuesta preelectoral del CIS. Aquellas observaciones por encima de la línea roja horizontal muestran partidos en los que la intención de voto entre los más mayores es superior a la intención de voto entre el resto de los votantes; aquellas por debajo muestran partidos más atractivos en términos relativos para los votantes más jóvenes.

Gráfico 3. Sesgo generacional de la intención de voto a partidos, 2008-2014. Fuente: Encuestas preelectorales CIS.

En 2008 no había ningún sesgo generacional en los dos principales partidos: los mayores de 65 años no estaban sobrerrepresentados ni en el PSOE ni en el PP. Pero a partir de entonces observamos que los dos principales partidos, PP y PSOE, se van haciendo partidos de mayores, y los pequeños, IU y UPyD, van consolidándose como partidos de jóvenes. Pero en estas últimas elecciones pasa algo sorprendente: el sesgo generacional del PSOE permanece constante, el de IU y UPyD aumenta ligeramente (tienen un electorado cada vez más joven), y el del PP se dispara hasta niveles excepcionalmente altos. De acuerdo a la última encuesta preelectoral, la intención de voto al PP entre los votantes de más de 65 años es más del doble de la intención de voto a este partido en el resto de la población. Para poner esta cifra en perspectiva, he retrocedido hasta mediados de los 90, una fecha en la que se hablaba de la excesiva dependencia del PSOE del voto de los jubilados, supuestamente agradecidos a los gobiernos de Felipe González por la expansión de las pensiones y temerosos de que un cambio de gobierno las pusiera en peligro. Pues bien, en las elecciones de 1996, que dieron la victoria por primera vez a José María Aznar, el PSOE era un partido claramente “de mayores”: la intención de voto al PSOE entre los mayores de 65 era un 64% superior a la intención de voto en el resto de la población. Pero es que hoy la intención de voto al PP entre los mayores de 65 años es un 104% superior (como decíamos, algo más del doble) a la intención entre los menores de esa edad.

Alguien podría pensar que estos resultados son pasajeros, fruto de una coyuntura excepcional, y que por tanto no deberíamos darles mayor importancia. Se podría argumentar que lo que ocurre es que los electores jóvenes se muestran más apáticos e indecisos en las encuestas, y por eso declaran menos intención de votar al PP que sus padres o abuelos. Es posible también que esto ocurra de manera más marcada en estas elecciones, en las que los grupos de menor edad, como hemos visto, no están particularmente interesados. Creo sin embargo que hay razones para pensar que el fuerte sesgo generacional de estas elecciones obedece a causas estructurales, y que está aquí para quedarse. Primero, porque hay causas de fondo que explican la existencia de este sesgo  –la experiencia de los últimos años hace que sea razonable que los jóvenes y los mayores evalúen de manera muy diferente las respuestas que los gobiernos están dando a la crisis. Y segundo, porque si en lugar de comparar intención de voto tomamos como indicador la cercanía a los partidos (que refleja afinidades políticas más estables), este sesgo generacional no sólo no disminuye, sino que es aún mayor. En definitiva, que la competición electoral refleje en nuestro país un profundo conflicto generacional no parece que sea algo que vaya a desaparecer después de las elecciones del próximo domingo.

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