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Sobre este blog

Piedras de papel es un blog en el que un grupo de sociólogos y politólogos tratamos de dar una visión rigurosa sobre las cuestiones de actualidad. Nuestras herramientas son el análisis de datos, los hechos contrastados y los argumentos abiertos a la crítica.

Autores:

Aina Gallego - @ainagallego

Alberto Penadés - @AlbertoPenades

Ferran Martínez i Coma - @fmartinezicoma

Ignacio Jurado - @ignaciojurado

José Fernández-Albertos - @jfalbertos

Leire Salazar - @leire_salazar

Lluís Orriols - @lluisorriols

Marta Romero - @romercruzm

Pablo Fernández-Vázquez - @pfernandezvz

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Víctor Lapuente Giné - @VictorLapuente

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Héctor Cebolla - @hcebolla

¿Quiénes son hoy los competidores electorales del PP?

Rajoy no hará cambios en el Gobierno y entiende la pérdida de apoyo del PP

Marta Romero

El Partido Popular consiguió ser el partido más votado en las pasadas elecciones europeas, pero perdió cerca de 2,6 millones de votos respecto a los comicios de 2009. Este acusado retroceso electoral (de la misma magnitud, en número de votos, al sufrido por los socialistas) ha quedado, no obstante, en un segundo plano ante la atención política y mediática que han suscitado los cambios que se han producido en la escena política en las últimas semanas. El fenómeno Podemos, el proceso de renovación del PSOE y la inesperada y rápida abdicación del rey Juan Carlos lo han eclipsado todo. En la misma línea, los malos resultados electorales del PP han quedado diluidos en el marco analítico dominante del desgaste del bipartidismo y la fragmentación del voto de la izquierda, con el PSOE como claro perdedor.

Pero cabe plantearse cuáles son las claves de la pérdida de apoyos sufrida por el PP, y en qué medida se ha producido una fragmentación del voto en el espectro ideológico de la derecha.

Los dirigentes del PP, siguiendo la tesis de Pedro Arriola -estratega electoral de Rajoy-, han apuntado a la abstención como el único refugio de los votantes que les dieron la espalda el pasado 25 de mayo. Asimismo, parecen contemplar a Podemos desde la lejanía, como una amenaza para el PSOE, y han descartado a VOX como un competidor electoral. Para los populares el remedio a sus males electorales seguiría pasando por apostarlo todo al voto económico, bajo la premisa de que los ciudadanos notarán (suficientemente) la recuperación económica de aquí a las próximas convocatorias electorales y ese será el factor que más influirá en el voto. Todo ello potenciado por una reducción de impuestos por (calculadas) entregas- con la aprobación de la reforma fiscal ahora, pero efectiva en el próximo año electoral-, con la que esperan poder reconciliarse con sus votantes.

¿Hasta qué punto resulta convincente esta lectura que ha hecho el PP de sus resultados electorales? A la espera de que el CIS dé a conocer la encuesta postelectoral de estos comicios, y se puedan analizar los trasvases de voto producidos entre los diferentes electorados, podemos intentar responder de forma tentativa a esta pregunta a partir de los resultados electorales y de la intención de voto que declararon los votantes del PP antes de las elecciones.

Un mes antes de que se celebraran las pasadas elecciones europeas, siguiendo los datos del CIS, 6 de cada 10 votantes del PP declaraban su intención de acudir a las urnas con toda seguridad. En comparación con las elecciones de 2009 se observaba un descenso de la intención de ir a votar de los electores del PP, si bien la misma tendencia también se apreciaba en el electorado socialista. En todo caso, lo llamativo era el acusado descenso en el porcentaje de votantes fieles del PP. Así, si en la antesala de los comicios europeos de 2009 casi el 85% de estos electores tenía la intención de volver a votar al PP, en la de estas últimas elecciones ese porcentaje se reducía al 48,6%. Las principales opciones de los votantes “infieles” del PP se repartían fundamentalmente entre la indecisión (20,7%), la abstención (14%), la intención de votar a UPyD (5,1%), el voto en blanco (4,4%) y el voto a otros partidos (2,6%).

La encuesta postelectoral nos ayudará a determinar qué hicieron finalmente los votantes del PP que se mostraban indecisos. Aun siendo probable que muchos de ellos optaran por quedarse en casa, otros pudieron decantarse por otras opciones. Más aún si tenemos en cuenta que la abstención no ha aumentado de forma considerable en estos comicios. De hecho, con una pequeña tendencia a la baja, la participación se ha mantenido estable respecto a las elecciones de 2009, pues entonces el 46% de los electores residentes en España acudieron a las urnas y el 25 de mayo lo hizo el 45,8%.

Partiendo de cuáles eran las preferencias declaradas por los votantes del PP antes de las elecciones del 25 de mayo y los resultados que arrojaron las urnas, cabe pensar que ha habido una mayor dispersión electoral de los votantes desencantados con el PP de lo que parece a primera vista.

La nueva formación VOX, liderada por Ortega Lara y Alejo Vidal-Quadras, no consiguió representación en el Parlamento Europeo, pero le arañó al PP un total de casi 250.000 votos. Asimismo, UPyD ha sumado respecto a la elecciones de 2009 más de medio millón de nuevos electores. No cabe atribuir ese incremento exclusivamente al apoyo de antiguos votantes del PP, pero las encuestas preelectorales apuntan a un mayor trasvase de voto de electores del PP que del PSOE a UPyD. Por otra parte, la lista de Ciudadanos, que se presentaba por primera vez a unos comicios europeos, ha logrado cerca de medio millón de votos. Y el número de electores que han optado por el voto en blanco se ha visto incrementado en cerca de 140.000. Si sumamos todas estas variaciones electorales, nos encontramos con un total de cerca de 1,5 millones de votos, que en gran medida podrían estar vinculados a las pérdidas electorales que ha sufrido el PP.

Por tanto, parece que los populares se han visto también afectados por una dispersión electoral de sus votantes que reflejaría que no sólo en la izquierda se estaría produciendo una fragmentación del voto, sino también en la derecha. La diferencia es que mientras en el caso del PSOE la fugas de sus votantes han sido más visibles con Podemos e IU como principales beneficiarios, en el caso del PP éstas han pasado más desapercibidas por ser más dispersas. En todo caso, esta fragmentación electoral trascendería la dimensión izquierda-derecha y se movería, en cambio, en el eje “grandes partidos frente a pequeñas y nuevas formaciones políticas”.

La competición electoral podría ser hoy más compleja. Por ejemplo, Podemos tal vez no constituya una amenaza electoral directa para el PP, pero sí indirecta, en tanto que el discurso transversal de esta formación (élites contra ciudadanos) puede contribuir a aumentar el desapego hacia los partidos tradicionales. De este modo, la irrupción de Podemos podría tener como efecto colateral para el PP que sus votantes desencantados se viesen reforzados para optar por otras formaciones no convencionales dentro del espectro ideológico que les es afín.

Al igual que para los socialistas, para los populares la principal lección que cabría extraer de las pasadas elecciones es que tienen más competidores electorales. Hasta ahora a los dos grandes partidos les ha bastado con estar mejor o “menos mal” que el otro, desde el planteamiento de que “a más PP, menos PSOE” y al revés. Sin embargo, ahora hay más jugadores en el tablero electoral y la partida se disputa con nuevas reglas. Y en este momento no está claro, al contrario de lo que parecen creer los populares, que estos cambios en las tendencias electorales vayan a ser meramente coyunturales y, por ende, en las próximas generales se vaya a “restaurar” la “normalidad electoral” caracterizada por la concentración del voto en los dos grandes partidos. Tampoco que el potencial llamamiento al voto del miedo (el caos de la ingobernabilidad frente a la estabilidad del PP) les vaya a funcionar para revalidar su mayoría absoluta.

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