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Ese suplicio escrito en el futuro

Cada minuto, 6 niñas sufren la mutilación de sus genitales, algunas de ellas menores de cinco años. Más información en stopablacion.org

De 100 a 130 millones de niñas, sobre todo preadolescentes, pero en general, de edades comprendidas entre las pocas semanas de vida y los 20 años; en 28 países. ¿Cómo lo hacen? Arreglan una cita y convencen a la niña de que, una vez suceda, será ya mujer. A veces, las engañan y las llevan a la fuerza. En ciertos países, según datos de la Organización de las Naciones Unidas, tres de cada cuatro citas son con personal médico, preparado para gestionar la salud y curar enfermedades. El procedimiento comienza inmovilizando a la niña. Dos personas, por lo general mujeres, la sujetan con fuerza agarrándola de los brazos y las piernas. La persona encargada de proceder a la intervención, que se hace sin anestesia alguna, usa, en el mejor de los casos, unas cuchillas, o cualquier objeto cortante que tenga a mano. Siempre sin esterilizar. ¿Oyes los gritos? ¿Todavía no? Escucha, imagina que te mutilan a ti los órganos sexuales. ¿Has oído tu alarido?, ¿has cerrado las piernas? Pues eso mismo a millones de niñas, desde hace siglos. La ablación genital femenina es una violación de los derechos humanos en víctimas sujetas a gran protección que se realiza impunemente en 28 países en aras de la tradición.

No se realiza de la misma forma en todas partes. Se practican distintas modalidades. La cliterodictomía consiste en la extirpación del clítoris; y algunas muy pocas veces, en extirpar solamente la piel que lo rodea. El clítoris es un órgano que tiene un única función: proporcionar placer sexual. Y punto. De modo que cabe preguntarse cuál es la razón de que se haya originado tal crueldad. Cuando no se disfruta del sexo, su práctica se reduce única y exclusivamente a la reproducción. O al placer del otro. No hay viceversa en los hombres: A ellos no se les priva de ese disfrute en ninguna de las sociedades conocidas.

Un segundo procedimiento consiste en la extirpación del clítoris, de los labios menores, e incluso de los mayores. Todo en uno. El órgano sexual femenino es borrado del cuerpo. Similar es la infibulación, mediante la cual se estrecha la abertura vaginal. Se realiza cortando y recolocando los labios menores o mayores. Las consecuencias lógicas de estas prácticas son terribles dolores durante el coito, de modo que imagina cómo se desarrolla el parto. Si estos procedimientos no fueran ya suficientemente salvajes, aún se han concebido otros como la perforación e incisión, el raspado y la cauterización de la zona genital.

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Cinco consejos para ver una película si eres feminista

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Escena de la película Pretty Woman

¿Qué pensáis de los nuevos personajes femeninos que comienzan a aparecer en las pantallas cinematográficas? ¿Creéis que algo está cambiando en sus representaciones? ¿Qué nos pueden aportar las nuevas heroínas de acción?

Durante años hemos denunciando las representaciones patriarcales del cine, que se caracterizan por un protagonismo eminente e insultantemente masculino. Las mujeres asumen roles secundarios: cuidadoras, trofeos del héroe y/o mujeres florero. Como norma, la mirada y el punto de vista son masculinos. Las mujeres, un objeto para ser mirado.

Si no lo tienes claro, aplica el Test Bechdel.

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La otra conciliación

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Pablo Iglesias acuna al bebé de Bescansa sentado en su escaño

Llevamos varios días discutiendo si lo de Carolina Bescansa fue una solución logística o un acto simbólico. Pero su decisión de llevar a su bebé al Parlamento ha servido para que en los medios de comunicación se explique qué es la crianza con apego y se debata sobre si hay que separar la vida laboral de los cuidados o sobre si un espacio de trabajo es adecuado para un bebé. Ha servido para recordar que España está a la cola de Europa en materia de conciliación entre la vida familiar/personal y profesional. También para criticar que la mayoría de hombres no son corresponsables y que ser padres rara vez tiene costes profesionales para ellos; la conciliación se sigue presentando como un problema que las mujeres tienen que resolver como puedan.

La foto de Bescansa con su retoño ha provocado rechazo, ternura, ilusión, críticas, aplausos, dudas, acusaciones de postureo y algún meme a costa del tierno rostro de Iñigo Errejón. Hemos asistido a comentarios lamentables, paternalistas y heterosexistas (ay, esas feministas dando por hecho que hay un marido...)

¿Bescansa sabes q hay servicio de guardería y ascensor? subir el carro por las escaleras yllevar al niño al pleno es #postureo ¿ tu marido?

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De chistes sin gracia alguna

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Fuente: http://infinit-coup.tumblr.com/

Hay chistes que tienen poca gracia o, incluso, ninguna. Son esos chistes que inciden directamente sobre la parte más sensible de nuestro ser, que ridiculizan valores preservados por otros, sobre cuestiones que hacen referencia al sometimiento de una parte de la sociedad a los privilegios de una clase o incluso a su dominación...

Que nos hagan gracia o no depende de nuestra idiosincrasia y ésta de un conjunto de vivencias positivas o no. Los hay de muchos tipos: Machistas –“No quiero una novia diésel, porque chupa poco”–; racistas –“¿Qué es un negro en la nieve?”. “Un blanco perfecto”–; homófobos ­–“Vivan el vino y las mujeres”. “Es que soy gay”. “Pues vivan la Shandy y las mujeres”–; contra determinadas etnias –“Esta noche en ‘Cuarto milenio’ contaremos con el testimonio de un ciudadano que asegura haber visto a un gitano en urgencias esperando solo” –; contra ciertas nacionalidades –“¿Cómo se inventó el hilo de cobre?”. “Dos catalanes tirando de una moneda de dos céntimos” –.

Por cierto, uno de esos chistecillos es la insistencia en poner a los ‘cuñaos’ como ejemplo de pesado, maleducado, entrometido, faltón, macho alfa y todo eso. Se ha construido un estereotipo de metete fanfarrón que recuerda mucho al de la suegra.

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De patrias, maridos y partidos

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Ada Colau como símbolo de otra forma de hacer política

La campaña electoral ha estado calentita también dentro del feminismo. Algunas han hecho campaña con una posición muy clara; otras hemos andado indecisas hasta el momento de depositar el voto. En todo caso, diría que estas han sido las principales posturas, no necesariamente en ese orden:

1- Apoyo a IU-Unidad Popular por considerarlo el partido más feminista y de izquierda, y por contar con un líder que (generalizando) cae mejor a las feministas que Pablo Iglesias.

2- Apoyo a Podemos por creer en su proyecto político, en sus bases y en sus opciones de echar a Rajoy, pese a la crítica a líderes 'machoalfas' y, por tanto, mirando más a Ada Colau que a Pablo Iglesias.

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De cómo el feminismo nos jodió la vida (pero conseguimos superarlo)

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"Creo que soy adicta a la crítica feminista a los medios. Nunca volveré a disfrutar nada tranquilamente. Ugh, esa canción es tan sexista. Muy bien, un chiste de gordas. Ese videojuego está plagado de estereotipos racistas. Este autor es un estúpido misógino"

Un lugar común dentro de los feminismos y de las personas feministas es la frase “el feminismo me jodió la vida”. Hace referencia al momento en el que te pusiste las gafas moradas (o fucsias) y vas asumiendo poco a poco que esa decisión no tiene marcha atrás, y que va a tener muchas consecuencias, casi todas radicales en tu vida personal, laboral, social…lo que vienen a ser todos los ámbitos.

El feminismo es radical porque cuestiona la sociedad patriarcal de raíz, así que de la noche a la mañana te conviertes en una radicala, algo que no es a priori ni bueno ni malo, pero es algo que hace que el resto de la humanidad te vea de forma diferente.

Y es que, querida amiga, el feminismo nos jodió la vida porque te hace analizar tu vida como antes no la habías analizado ni por supuesto vivido. Te hace repensar tus prioridades y tus objetivos, te hace ser de repente un ser incómodo que critica los chistes machistas, que pone quejas porque una información no está redactada en lenguaje inclusivo. En un ser que se pone a hablar de androcentrismo en una ventanilla de la administración, que siempre está a la defensiva, que no se puede callar cuando ve un anuncio de publicidad en la tele, que cuando llegan las elecciones hace un verdadero esfuerzo por ir al colegio electoral más cercano porque hasta el momento votar significa perpetuar el patriarcado feroz.

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Elecciones Generales 2015: ¿Dónde están las mujeres?

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El 20 de diciembre votaremos (o no) con ilusión (o no) para cambiar las cosas (o no) pero desde luego hay algo que solo va a cambiar a peor; la representación de las mujeres en política. Todos los candidatos de las grandes formaciones políticas a la Presidencia son hombres y en las listas al Congreso la cosa no invita al optimismo: seguimos infrarrepresentadas. Da igual que el color sea azul, rojo, naranja o morado; todos son hombres. Os aseguro que hay mujeres preparadas y válidas en este país pero los partidos no deben haber reparado en ello. Pero vamos a los contenidos, miremos el fondo de los programas electorales: mientras algunos partidos han tomado nota de las reivindicaciones feministas, otros, directamente, ignoran los problemas fundamentales de las mujeres de este país.

Carteles electorales del 20D en España

Pero no solo es visible nuestra ausencia en las candidaturas a la Presidencia en esta campaña electoral; solo el 34% de las candidaturas presentadas en las 52 circunscripciones electorales por las grandes formaciones está encabezado por mujeres. Esto limita mucho las posibilidades de las mujeres para ocupar escaños en el Congreso. Solo el PSOE lleva el 50%, 26 candidatas, como cabezas de lista.

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Té de ruda

Johana Ramírez, Olga Quiej y Sebastiana Aquino durante la presentación de 'Ruda' en Marienea, Basauri / Ecuador Etxea

Ana Orantes se sentó en un programa de Canal Sur para contar su historia. El testimonio, como es habitual cuando hablan las víctimas de violencia de género, pasó desapercibido para la audiencia. Era diciembre de 1997. Unos días después apareció asesinada en la puerta de su domicilio. Su caso, dicen, marcó un antes y un después en la percepción de la ciudadanía sobre la violencia contra las mujeres. Las instituciones también tomaron cartas en el asunto: primero, en 1999, modificaron Ley de Enjuiciamiento Criminal y el Código Penal; luego, en 2004, después de infinidad de movilizaciones del movimiento feminista, se aprobó la Ley Integral contra la violencia de género que reconoce el carácter estructural de la violencia que sufren las mujeres en el ámbito de la pareja heterosexual. Después, poco más.

En una jornada de trabajo organizada para integrantes de organizaciones de mujeres y feministas, que se organizó el viernes pasado en Basauri (Bizkaia), una preocupación sobrevolaba continuamente el encuentro: ¿Desde el movimiento feminista hemos delegado la responsabilidad de la lucha contra la violencia de género a las instituciones? ¿Nos hemos dormido en los laureles desde la aprobación de Ley Integral? El encuentro se gestó con la excusa de presentar 'Ruda', un documental, realizado por Pikara Magazine y Veinti3 para Oxfam Intermón, que narra las estrategias comunitarias que ponen en marcha diferentes organizaciones guatemaltecas para acabar con la violencia en su país. Así, en un país en el que los índices de violencia son muchísimo más altos y donde el Estado no garantiza la protección de las mujeres, son las mujeres sobrevivientes de violencia quienes recogen, acogen, cuidan y acompañan a otras. El valor de la comunidad.

Me pregunto cómo llegan las mujeres víctimas de violencia machista del Estado español a los juzgados, a las comisarías, a los centros de asistencia social. ¿Llegan solas? ¿Quién las atiende? ¿Cómo? ¿Sienten la fuerza, el calor y el cariño de las miles de mujeres que, en todo el mundo, luchamos por evitar la violencia? ¿Nos sienten? ¿Sabemos hacernos sentir? Más allá de las concentraciones y de las acciones simbólicas, ¿qué hacemos y qué podemos hacer por todas nuestras compañeras vejadas y maltratadas por los hombres que dicen quererlas? El pensamiento feminista ha teorizado desde muchos ámbitos sobre las violencias, las hemos categorizado y explicado, pero ¿qué estamos haciendo por esas mujeres que las sufren en sus cuerpos? Esas redes de apoyo mutuo, de las que escuchamos hablar en congresos sobre economía feminista, ¿por qué no se materializan? ¿Cuántas de vosotras estaríais dispuesta a acompañar y cuidar a otra mujer en sus proceso de sanación? ¿Por qué no lo estamos haciendo?

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Trabajo azul; príncipe fijo

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Collage de Sra. Milton para Harpers Bazaar España

Me levanto todos los días y lo primero que hago es mirar el correo para ver si me ha escrito. Y me paso todo el día actualizando esperando su mensaje. Ni qué decir que lo mismo me pasa con el whatsapp. Mi madre me pregunta constantemente si he conseguido uno. En las comidas familiares todo el mundo me mira con lástima y me sonríe con cierta pena porque yo no tengo uno. Mis amigas no hacen más que hablar de los suyos cuando estoy con ellas y me siento excluida.

Sigo sin trabajo estable ni fijo. Toda mi existencia gira alrededor de conseguir encontrar un trabajo estable que me permita ser independiente económicamente y me de cierta estabilidad laboral y personal. Todos los días me levanto y me pego un buen rato buscando ofertas a las que o bien no me puedo presentar o nunca me llaman. Me desespero un poco y pienso en cómo coño voy a pagar las facturas. Ansiedad.

No voy a eternizarme con las penas de la precariedad de una historiadora experta en género y con una huella digital considerable, más allá de constatar que se trata de una situación muy jodida. No voy a hablar de la angustia constante de vivir así, voy a hablar de la inevitable sensación de fracaso que a veces me invade. De ese fracaso que llevo pegado a mi cuerpo y que se agarra a mi ser, mucho más allá de la precariedad que siempre considero transitoria aunque ya va para endémica.

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Las mil y una violencias machistas

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Cartel de la movilización que se celebrará este sábado en Madrid

Según ellos, son 38, pero nadie duda de que están interesadísimos en que las cifras sean lo más bajas posible, sin importar que sean falsas. Y lo son, aunque sumáramos esos cinco casos que dicen estar sometidos a investigación. Ellos son los responsables del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Y los casos que están en investigación son cinco muertes violentas de mujeres: En junio, una turista danesa hallada muerta en un hotel en Málaga y cuyo marido fue detenido poco después; en julio, Sonia una conocida hostelera de Gijón, apareció sin vida en su casa; en agosto, detuvieron a un concejal de Serra por la muerte de su mujer, Dolores, en un incendio intencionado; en agosto, en Bilbao, Leyre apareció muerta y la investigación condujo a su exmarido, que intentó suicidarse días después; en octubre, apareció muerta una mujer finlandesa y detuvieron a su marido. Suman 43.

Y aún faltan muchos nombres, muchas historias. Y no solo de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas. Faltan los de sus hijos. Por ejemplo, en agosto, en Castelldefels: La mató a ella y a sus hijos de 7 y 12 años. Tampoco esos dos niños se introducen en las estadísticas. Ni las amigas de ellas cuando son asesinadas: Marina y Laura en Cuenca este agosto, a manos de Sergio Morate. Ni las hermanas:  Teresa y su hermana Natividad en Elche nada más comenzar este año. Todas estas son muertes consecuencia de la violencia de género ejercida por sus parejas o exparejas contra ellas, es decir, son los casos que entran en la ley integral de lucha contra la violencia de género. Pero las estadísticas del Ministerio solo se centran en los cadáveres de ellas. Hijos, hijas, amigas, hermanas…, daños colaterales.

Quizá alguien esté pensando que aún son más, que según el Ministerio se han producido 11 muertes más: los suicidios consumados después de perpetrar los asesinatos. Si es así, se confunde y debe revisar lo torticero de su pensamiento, porque no son acumulables las muertes de los asesinos y sus víctimas. El asesino elige; la víctima sufre.

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