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El aizkolari resfriado

Anuncio de Mediamarkt denunciado por Facua por sexista

Los hay machistas y sexistas y si cada vez que en los medios de comunicación se difunde uno de ellos, en el espacio del anuncio, se produjera un silencio, o un blanco, tomaríamos conciencia de hasta qué punto estamos infestados de ellos. La publicidad recurre en demasiadas ocasiones a estereotipos sexistas, cuando no directamente machistas. Es de suponer que lo hacen para vender o atraer clientela y que además lo consiguen. Hace tiempo que tomé la decisión de que a mí así no me vendían un colín. Y esa resistencia cívica y pacífica es un gran mecanismo de control en las sociedades democráticas.

Pero hay dos tipos de publicidad machista, aquella que es burda hasta decir basta y la que incurre en ilegalidades o cuestiones penadas por las leyes. Hace unos años Mediamarkt, con motivo de una competición futbolística internacional, quiso vender televisores bajo el lema ‘Las mejores delanteras’. En las imágenes se veían una hilera de abultados bustos de mujer y otra de futbolistas protegiéndose los testículos con las manos, como en un lanzamiento de falta. Se puede ser más soez, claro, pero para qué concretar cómo. La tosquedad, no obstante, no es punible. Si alguna vez he ido a ese establecimiento, ya me han visto. No habrá más oportunidad. Y recomiendo esta actitud a cuantas personas sientan que esa no es forma de vender.

Estos días, ay, un puticlú de Burgos se ha anunciado en ‘Los cuarenta principales’ con unos anuncios tan repelentes, tan vergonzosos, tan tan, que finalmente tanto el Instituto de la Mujer como el director de la radio han reaccionado.

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Hasta que todas seamos libres

Zumbatón feminista en Bilbao, con motivo de la Emakume Mundu Martxa./ Ecuador Etxea

Una caravana de mujeres diversas partió del Kurdistán el pasado 6 de marzo y mañana llega a Lisboa, después de recorrer Europa, pasando por Catalunya, Euskal Herria y Galiza. Es la Marcha Mundial de las Mujeres, cuya cuarta edición se ha marcado como objetivo " fortalecer la lucha por la defensa de los territorios de las mujeres; el cuerpo como primer espacio de lucha y el territorio local, donde se determina la vida cotidiana y la defensa de lo común". 

Lo interesante de este enfoque es que compartimos lo que tenemos en común (los embates del neoliberalismo, la preocupación por los cuidados o por la soberanía alimentaria, la violencia machista...) pero también nos acercamos a temas que no están tan presentes en nuestras agendas, como el colonialismo, la desmilitarización o el racismo. Me consta que en el País Vasco la organización de la Marcha ha facilitado un rico espacio de encuentro entre mujeres organizadas diversas. En un movimiento feminista tan plural como el actual, esta movilización aglutina a las feministas de las organizaciones con más solera, a las transfeministas, a las inmigrantes, a las feministas de pequeños municipios y de contextos rurales... Una gozada. 

Y esto me da pie a expresar una pequeña gran frustración. Reviso las estadísticas de Pikara Magazine desde que empezamos, en noviembre de 2010. Los 20 artículos más leídos en estos casi cinco años, que acumulan cientos de miles de visitas, tienen que ver fundamentalmente con sexo y con las relaciones sexoafectivas. Unos cuantos abordan la violencia sexual, pero de formas de violencia sexual presentes en nuestro contexto y en nuestra cotidianidad: el acoso en fiestas populares, las experiencias de acoso y agresión machista que normalizamos desde la infancia (en la calle, en el transporte público, en la familia...) Destacan también el polémico artículo de Beatriz Gimeno sobre lactancia materna y el desternillante vídeo de Alicia Murillo '¿A qué huelen los penes?', en respuesta a los anuncios de compresas.

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Sobre gatillazos

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Eduardo Inda (derecha) frente al presentador de 'El rojo vivo', Antonio García Ferreras

Fue el domingo por la noche, después de que se celebrarán las elecciones en Cataluña. No es que yo tuviera mala suerte al encender el televisor y comenzar a zapear, es que la tele estaba imposible. Las cadenas que se tienen a sí por serias habían llamado y comprometido a sus más granados colaboradores para que expresaran su opinión sobre los resultados electorales.

La tele estaba monotemática y, además, yo tuve mala suerte, muy mala suerte, porque en el momento en que apretaba el botón para pasar de canal, justo en es mismo instante, entra en pantalla ¿quién?, Eduardo Inda. (Redoble de tambor). Está diciendo que el independentismo en Cataluña ha sufrido “un gatillazo” y parece estar muy satisfecho del hallazgo metafórico porque lo repite unas cuantas veces. Un gatillazo es, en el más inocuo de los casos, un error de puntería debido a ejercer demasiada presión sobre el gatillo (RAE dixit). De las cinco acepciones que recoge el DRAE, tres de ellas indican que significa la imposibilidad del varón de realizar el coito. Es decir, es una referencia androcéntrica. Y en mi opinión, bastante grosera.

Cabe pensar que quizá no se refería a esas tres acepciones, sino a la primera, pero no, porque más adelante insistió: “Van a necesitar mucha viagra”. Para determinados hombres, el valor de las cosas se mide en función de las reacciones de su pene. Así están las cosas.

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Activismo y boicot cultural

Fotograma de la película israelí 'Barash'

En éstas ando, reflexionado sobre las producciones culturales y el activismo (también) cultural y político que lleva a pedir que se boicoteen ciertas manifestaciones culturales. Y en estas ando, a partir del boicot que ha realizado la asociación Palestinarekiko Elkartasun Taldea con motivo de la proyección en el 63 Festival de Cine de San Sebastián Zinemaldia a la película Barash (Michal Vinik, Israel, 2015). Esta acción se inscribe en una campaña internacional que plantea el boicot como una forma de presión general contra Israel.

Confieso que me enteré de la protesta en las puertas del cine, que entré a ver la película, que sin duda resulta una deliciosa historia de iniciación de Naama Barash, una adolescente israelí que transita por una relación con una compañera de instituto, narrada y construida desde un registro y un punto de vista que huye de maniqueísmos y dramatismos. Supone todo un referente de construcción positiva del amor entre dos chicas jóvenes, que no termina bien, pero termina sin dramas, e incluye una secuencia de sexo entre ambas digna de entrar en el olimpo de las representaciones lésbicas positivas. Luego ya Naama tiene una familia: Liora, una hermana soldado que acaba en la cárcel por tener una relación con un chico árabe; un hermano adolescente; una madre preocupada y un padre orgulloso de ser judío.

Me alegra mucho haber visto la peli sin ningún tipo de condicionamiento político. A nivel cinematográfico mi análisis es neutro. Pero grandes dudas se plantean. ¿Podemos ver una película como Barash obviando el contexto político y las certeras críticas que suscita? Por un lado una obra de arte es un producto vivo que siempre va a tener su lugar en el espacio cultural per se. Pero, por otro, no entiendo las películas de Cecilia Bartolomé, Pilar Miró o Josefina Molina sin contextualizarlas en el momento en el que se rodaron, el de la Transición, sin apenas referentes. Contextualizadas aún son más grandes. De la misma manera, Joaquín Sabina me parece un impresentable, pero en una época adoré sus canciones, y sigo disfrutando de ellas.

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El feminismo que lo okupa todo

Oihuka

Era una nave abandonada. Dentro sólo había algún recibo en pesetas, un cuarto lleno de carteles de mujeres desnudas, muebles viejos, una baraja de cartas y mucha basura. Ahora, es un espacio de encuentro para lesbianas, mujeres y trans. Es Oihuka y está en Bilbo. En euskera significa grito. Motivos nos sobran.

Oihuk es el antimodelo del Ayuntamiento de Bilbo, que lleva años trabajando en una ciudad-decorado. Los y las turistas pasean con alegría por calles impolutas mientras, misteriosamente, los bancos públicos desaparecen; la gentrificación se hace más evidente; mientras los vecinos y las vecinas del Casco Viejo observan atónitos cómo desaparece el comercio tradicional para dar paso a Tiger y Foster's Hollywood. Bilbao parece estar siempre disponible para rodar una película. En el guión previsto por la voracidad del capitalismo no cabe que un grupo de mujeres, sin macho que las guíe, pueda okupar un espacio para producir feminismo. Pero nosotras sabemos que las películas más interesantes siempre se emiten en salas pequeñas.

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Las gladiadoras de Quetzaltenango: la otra política en Guatemala

Dinámica grupal durante el taller sobre participación política de las mujeres en Olintepeque/ J.F.

“¿Qué es la democracia? Un ejemplo: Yo quiero que continuemos la réplica bajo el sol”. ¡¡¡¡NOOOO!!! Gritan entre risas las mujeres. “¿Por qué no?”, pregunta la formadora. “Porque el sol nos hace daño, nos da dolor de cabeza”, contestan al unísono. “Veamos, levanten la mano quienes quieran seguir la réplica bajo el sol”. Ninguna alza la mano. “De acuerdo, entonces nos quedamos aquí. Eso es la democracia, decidir entre todas”, ilustra la formadora. "¿Se acuerdan cuando acá se intentaron implantar proyectos de minería e hidroeléctrica? Se hicieron protestas, consultas, se taparon caminos. Porque sabíamos que eso afecta a la salud, que el agua se contamina y provoca cáncer, esterilidad, malformaciones. Eso también es democracia", continúa.

Estamos en Olintepeque, un municipio de Quetzaltenango (Guatemala), en una actividad del grupo de mujeres del pueblo. El tema: la participación política de las mujeres. La facilitadora es una joven maya de veintipocos años, de cuerpo menudo enfundado en un huipil de rayas rojas y blancas y una falda tradicional azul oscura ceñida a la cintura con una faja a juego con el huipil. No me quedé con su nombre. Es muy buena pedagoga; luego nos cuentan que estudia Magisterio. La escuchan mujeres de todas las edades, mujeres del campo, trabajadoras, de manos recias, con un ojo puesto en el taller y otro en los niños y niñas que corretean alrededor o que piden teta. Muchas no saben leer ni escribir, firman la hoja de asistencia con su huella dactilar. Desde pequeñas escucharon que la política es cosa de hombres. Y si es cosa de mujeres, no de mujeres como ellas: indígenas, rurales y pobres.

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No vale lo mismo la muerte de una víctima que la de su verdugo

Meme de nuestro compañero David, de Ecuador Etxea

El pasado 29 de julio fue asesinada Dolores Moya González, en Serra (Valencia). Su marido, Marcos Cabo, de quien se estaba separando, habría rociado la vivienda con gasolina y le habría prendido fuego. Ella quedó atrapada en el baño. Días después, él se suicidó en la cárcel de Picassent, donde permanecía preso por orden judicial, acusado de asesinato.

El pasado 5 de agosto fue asesinada Maryna, en Castelldefels (Barcelona). Desconocemos sus apellidos porque la policía no se dignó en facilitarlos ni los medios de comunicación en averiguarlos; su origen bielorruso y que hubiera ejercido la prostitución seguramente influyó en que la identificación fuera de andar por casa. Su pareja, Ricardo Fernando, la mató a tiros a ella, a la hija de 7 años y al hijo de 12 que tenían en común. Después, se suicidó.

Los ayuntamientos de las localidades en donde tuvieron lugar los asesinatos machistas decretaron luto oficial por todas las personas "fallecidas", incluidos los presuntos asesinos (...con todas las papeletas de ser asesinos a secas).

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En el desierto no hay verano

Imagen de '27 de febrero', una de las wilayas de los campamentos de refugiados y refugiadas de Tindouf - Andrea Momoitio

Salimos de los campamentos de refugiados y refugiadas de Tindouf alrededor de las doce de la noche. El calor es algo más soportable, pero las temperaturas rondan los 40 grados. Al menos, durante la noche, corre algo de aire. El resto del día, el calor pesa. Caminar es todo un reto porque debes enfrentarte a una masa inmensa de calor, que te impide moverte con agilidad. Los habitantes de la zona, cedida por Argelia cuando Marruecos ocupó el Sahara Occidental, parecen acostumbrados. Estos días, sin embargo, se les está haciendo más duro. Están en pleno Ramadán y algunos, a partir de las cinco de la tarde, tienen dificultades para hablar. El calor seca la garganta y no pueden beber agua. 

Llegamos al aeropuerto sobre la una de la mañana. Nos ha escoltado la policía argelina, que apoya al Frente Polisario en la protección de los y las cooperantes que acuden a visitar la zona. En octubre de 2011, secuestraron en Rabuni, la zona administrativa de los campamentos, a 3  jóvenes. No pueden volver a arriesgarse a la mala prensa. Han levantado un Estado provisional, como todo lo que hacen, porque mantienen intacta la esperanza de volver a casa.

En el aeropuerto militar de Tindouf nos encontramos con un centenar de criaturas. Viajan gracias al programa  Vacaciones en paz. Algunas están alteradas; otras, duermen en cualquier esquina. En el ambiente se respiran nervios y cansancio. Para muchos y muchas es la primera vez; el resto conocen ya a las familias que les van a acoger durante el verano. No han facturado nada. Llevan encima pequeñas mochilas y puesta, la mejor de sus ropas. El programa del Frente Polisario, que se inició a mediados de los 90, contempla que pueden viajar los niños y las niñas de entre 7 y 12 años. Hacen excepciones con los pequeñajos que tienen alguna diversidad funcional. 

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La custodia compartida empieza antes del divorcio

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Fotografía perteneciente a una exposición sobre igualdad organizada por el Ayuntamiento de Jerez

El Parlamento vasco, reunido en Vitoria el 30 de junio de 2015, aprobó a las 11:46 de esa mañana una ley que entrará en vigor a finales de septiembre y que establece la custodia compartida como prioritaria. Fue fruto de un acuerdo entre PNV y PP con la abstención del PSE y la oposición de Bildu. Ah, y el voto (uno) favorable de UPyD. Fue la última decisión de la última sesión. No ha debido de ser fácil, porque su redacción y aprobación se han demorado 4 años. Su tramitación venía precedida de 85.000 firmas recogidas en las calles a vuelapluma. Son muchos miles, muchos más que los 30.000 legalmente necesarios, pero solo el 5% del electorado.

La custodia compartida es una vieja ambición del feminismo, es decir, de la lucha por la igualdad: esa ‘suerte de paraíso’ en el que madre y padre se reparten los cuidados de la prole al 50% o en porcentajes acordados según la situación de cada cual. Y no solo porque el porcentaje de hombres que trabajan fuera sea mayor, también las madres lo hacen. Ese estado idílico de familia pasa por que, cuando el chiquillo llora, mamá y papá se tropiecen en el pasillo porque ambos han acudido a atenderlo; y que tanto papá como mamá sepan la razón por la que la criatura demanda atención; pasa por que la bebita no distinga los cuidados que sus progenitores le dispensan, que lo mismo le dé él la comida, que le cambie ella los pañales o cualquiera de los dos le regañe por algo, o se lo lleve a disfrutar de las horas libres en el parque. Es decir, la custodia compartida es una forma de vida que se establece cuando la familia convive y distribuye el cuidado de la prole de forma equitativa entre los dos progenitores. Y que se practica todos los días de la semana, no solamente las mañanas de domingo.

Pero, ¿qué sucede cuando la pareja se separa o se divorcia? Si la custodia compartida es real, una vez disuelta la unión, debería mantenerse el régimen de cuidados que ha reinado mientras ambos y sus hijos constituían una familia. Y para que ello se sostenga, debería valer con el acuerdo privado. No se necesita la intermediación de juez alguno. Porque abogados, procuradores, fiscales y jueces son unos absolutos desconocidos que, si tienen el propósito de lograr un acuerdo justo, necesitarán semanas para obtener la información necesaria.

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Mercado, vientres de alquiler, prostitución, aborto… El mismo debate

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Los enfoques de la libertad individual obvian cómo los mercados oprimen a las personas

Parece que el debate sobre los vientres de alquiler va a dividir a las feministas exactamente igual que el de la prostitución. Y no es extraño. Creo que, para empezar, no estaría de más reflexionar por qué los temas en los que parecemos incapaces de ponernos de acuerdo son aquellos en los que hay empresas muy poderosas de por medio; empresas que, casualmente, no aparecen nunca en el debate intrafeminista, aunque podemos imaginar que de alguna manera tienen que condicionar las políticas que les afectan y desde luego deben condicionar una parte del discurso; cualquier empresa de cualquier sector lo haría.

No es posible un debate real si no entendemos que no estamos debatiendo de lo mismo, ni con los mismos medios. A un lado habrá gente convencida y posiciones ideológicas puras, no lo dudo, pero hay mucho dinero en juego y hay poderosos lobbies funcionando. Del otro, hay posiciones ideológicas que pueden estar equivocadas, pero no hay dinero. Y esto lo condiciona todo. Al menos deberíamos hacer visible esa diferencia. Donde hay dinero hay mucho esfuerzo por crear hegemonía ideologica y cultural. Y hay resultados también.

Ambos debates tratan de lo mismo, de la libertad individual frente a lo social, del poder del mercado en definitiva, aunque aquí añadimos la cuestión patriarcal, que no es poca cosa. No hablamos sólo de prostitución y vientres de alquiler o, al menos, yo no lo hago. Yo hablo de óvulos, sangre, órganos, trabajo, niños/as y todo aquello que es, o puede ser, objeto de compra/venta en el neoliberalismo. Yo hablo de cómo se construye y se entiende la libertad individual en todos esos casos y muchos otros. Hablo por tanto de estructuras sociales y económicas, y hablo de que no entiendo por qué quien es capaz de ver la estructura en muchos casos, no la ve cuando hablamos de mujeres; por qué quien denuncia como injusto que vayamos a un sistema en el que los pobres se vean obligados a vender su sangre como en el siglo XIX, les parece bien en cambio que eso mismo lo hagan las mujeres con las partes o capacidades de sus cuerpos que les son propias y que demandan los mercados.

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