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El nuevo mundo será feminista

Movilización en el Arenal Bilbaino para celebrar distintos actos reivindicativos en Euskadi durante la jornada de huelga convocada con motivo del Día Internacional de la Mujer .

Un error de cálculo y una excesiva antelación a la hora de reservar mis vacaciones hicieron que no viviera en casa, en las calles de Bilbao, este histórico 8 de marzo. Me llegaban mensajes que erizaban la piel incluso en medio de una gran nevada danesa: “Esto es histórico”, decía una amiga. “Cada día somos más”, escribía otra esperanzada. “Hay muchas chicas jóvenes y se llaman a sí mismas feministas, así, sin apellidos ni complejos” o “He llorado. No tengo palabras”, decían. Era una emoción generalizada, magnífica e intensa. Mientras, una de mis mejores amigas pensaba en su abuela mientras caminaba la manifestación: era madre soltera y se tuvo que ir del pueblo. Otra le explicaba a su niña de cinco años lo que significaba la palabra patriarcado.

Me llegaban fotos y vídeos de un Bilbao que cambió el gris por el morado; paralizado en un grito silencioso que invocaba igualdad y justicia. Mujeres de todas las edades, de todas las procedencias, de todos los rincones, unidas en ciudades y pueblos, aquí y allá, exigiendo un mundo nuevo. Sí, un mundo nuevo. Porque la huelga de mujeres del 8 de marzo hablaba de muchas más cosas: este sistema nos lleva de cabeza al abismo y es la voz de las mujeres la que se ha alzado contra un capitalismo que aliado con el patriarcado se está comiendo un planeta con recursos finitos. Puede que no fuera el grito unánime, pero es el grito necesario. El camino del crecimiento nos lleva al barranco. Las mujeres, que en América Latina, África y Asia fundamentalmente, trabajan la tierra con sus manos para alimentar la vida, defienden con esas mismas manos un planeta que se nos escapa entre los dedos.

Ellas han gritado en las calles (muchas llevan años haciéndolo desde Guatemala hasta Kuala Lumpur) que este sistema de consumo desmedido, este capitalismo infame no es el camino. Ellas, que defienden los ríos, los mares y las montañas, son sabedoras de que ni el dinero ni el poder pueden respirarse o comerse. “Cosas de hippies”, dirán con sus corbatas desde los despachos donde se decide la destrucción del mundo.

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8M: Hagamos memoria feminista

En el cartel se lee "Gitanos=Humanos. Todas las personas valen lo mismo. Asociacion Gitana de Vasteras Suecia”

Mañana, 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, como todos los años, habrá movilizaciones, actos y manifestaciones. Este año se prevé que serán multitudinarios porque se ha convocado una huelga feminista. Por este motivo, nos gustaría plantear algunas cuestiones que lleven a la reflexión. En primer lugar, ¿existe algún partido político de declarada ideología feminista? Sabemos que para poder participar en la toma de decisiones políticas es necesario organizarse en partidos con representación en los órganos de decisión y de gobierno. A nivel nacional, no existe ningún partido feminista, pero en el Parlamento Europeo tiene representación Feministiskt I nitiativ , F!, Iniciativa Feminista, partido feminista sueco que en las pasadas elecciones europeas consiguió un escaño. Este partido se incluye en el Grupo Parlamentario de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas del Parlamento Europeo. La eurodiputada por F! es Soraya Post. Hasta aquí, todo en orden. La sorpresa viene cuando se sabe que Soraya Post es gitana. Sí, gitana. Es más, la sorpresa va en aumento cuando se explica que Soraya no es una rara orquídea, ni una excepción, ni un capricho del destino sino una más de las muchas gitanas valientes, supervivientes, comprometidas, estrategas, conciliadoras, empoderadas y feministas que han luchado por el bien de su gente y de todas las gentes, desde su llegada a Europa allá por el siglo XIV. Porque, le pese a quien le pese, las gitanas y los gitanos somos europeas y europeos. Europa no sería la misma sin nosotras, ni tampoco nosotras, a pesar de los pesares, seríamos nosotras sin ella.

Estos son solo algunos ejemplos de mujeres gitanas de diferentes épocas que deberían formar parte de la memoria feminista.

María Cabrera

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Lesbianas, tierras y tomates

Mata de tomate, en una imagen de archivo

“Quiero la libertad de tallar y cincelar mi propia cara,

de endurecer el sangrado con cenizas,

de forjar a los propios dioses de mis entrañas”

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¿Y si las palabras salvasen vidas?

Concentración en memoria de Ekai y contra la transfobia, en Bilbao.

¿Os acordáis de la polémica en redes sociales cuando Leticia Dolera ironizó con “el campo de nabos feminista precioso” que les había quedado a los presentadores de la gala de los Goya? En Twitter, algunas voces señalaron que ese tipo de expresiones son desacertadas porque establecer esa correlación entre penes y hombres sigue una lógica que invisibiliza a las personas trans; en concreto, a las mujeres con pene.

Leticia Dolera rectificó en Twitter, lo cual no gustó nada a un sector del feminismo. Yo publiqué un reportaje en Pikara en el que tres mujeres trans opinaban sobre ese tipo de expresiones tan socorridas para las feministas (incluidas consignas como ‘Polla violadora a la licuadora’), y tampoco gustó nada a cierto sector del feminismo. Nos dijeron que somos las defensoras de los nabos (me pregunto qué opinarán los machinazis de esto). Las más desacomplejadamente transfóbicas nos dijeron que somos las amigas de los hombres con vestido.

Os voy a contar un secreto: cuando, la mañana después de la gala de los Goya, vi el revuelo que se había formado por las palabras de Leticia Dolera, escribí airada en mi Facebook: “Pues yo voy a seguir diciendo ‘campo de nabos’. #hastaelcoñoya”. Estaba convencida de que apelar al falo como símbolo del poder patriarcal era efectivo y adecuado. Además, había asistido a situaciones que me habían indignado, como cuestionar que el feminismo utilice la vulva como símbolo de las mujeres o reivindique las tijeretas y los cunnilingus. Atribuía yo esas críticas al gusto millenial (nótese el adultismo de treintañera en mi prejuicio) por el despelleje cibernético que también se traslada a las asambleas y a las calles.

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Por San Valentín… otra vez ÉL

Campaña de Adidas

Ay, él. Ese por quien suspiras, amiga bollera. Te lo dicen las newsletters de casi cualquier tipo de entidad que sigas, así esté relacionada con algo aparentemente banal como lo textil o ciencias ocultas como el tricotaje. La heterosexualidad obligatoria, el capitalismo rosa y el pinkwashing*** dan saltitos cogiditos de la mano bajo un arcoiris en las fechas circundantes a San Valentín. ¿Por qué sigo recibiendo correos en los que me sugieren ideas para regalarle a ÉL si mi personalidad digital está totalmente fuera del ciberarmario? ¿Saben que mañana tomo un vuelo, a qué hora me levanto y en qué invierto mi ocio pero no saben que soy lesbiana?

Pues no sé, chica. Por una parte, Adidas me envía un mensajito en el que aparecen dos zagalas muy monas -aunque carentes de unos buenos bocatas nutridos de colesterol del bueno- con sendas camisetas oversize en las que se encuentran plasmados corazones estampados. Oye, qué sutil, pero no me la cuelas, Adidas, aunque el año pasado te lucieras con un community manager muy centrado en evitar comentarios homófobos en publicaciones en redes sociales. N o mercantilices mi sexualidad.

Otra marca de cosmética me sugiere que compre algún producto de su -escasa, por otra parte- línea masculina, “porque sabemos que estás pensando en él”. Jo, la personalización llevada al máximo nivel. Agárrate, Google, que te adelantan por la izquierda y sin frenos. Os digo lo que estoy pensando: “dar de baja esta newsletter”.

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Critica y vencerás: la batalla cibernética femenina

Asistentes a la cita de moda vinculada a la revista 'Vogue', en una imagen de archivo

Hace poco más de una semana, la revista Vogue online cerró su foro dejando sin amparo cibernético a una red de casi 150.000 usuarias registradas a lo largo de más de 10 años. La página se eliminó por la noche y sin previo aviso. Los teléfonos de las usuarias sonaron a la mañana siguiente: ForoVogue y toda la historia que sus participantes habían construido, ya no existían.

Solo unas pocas horas antes, la 'influencer' LovelyPepa denunciaba a ForoVogue a través de su canal de Youtube por los insultos y calumnias que algunas usuarias habían vertido sobre ella durante años. Pero ni ella misma imaginaba la magnitud de su poder de influencia. La actual directora de Vogue, Eugenia de la Torriente, llamó a la 'influencer' para disculparse y para proteger algo muy valioso que estaba en juego: la reputación de LovelyPepa y la de la propia revista.

La dirección de Vogue olvidó, sin embargo, amparar a las usuarias de su foro –las que no participaban en las conversaciones ofensivas sobre mujeres famosas, que eran la mayoría–. Se tomó la parte por el todo y en vez de invertir esfuerzos en controlar la actividad del foro, se decidió cortar por lo sano. Como resultado, la reputación del foro estalló en Twitter con el 'hashtag' #AdiosForoVogue, y se condenó a sus usuarias de forma generalizada por chismosas y criticonas.

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La increíble fábula de la mujer deportista y la medalla de oro de baratillo

Imagen del campeonato de España de triatlón élite.- Imagen cedida

Adoro el deporte. Me empodera y me regala valores que son fácilmente trasladables a otras esferas de mi vida. La superación, el sacrificio, la igualdad. Llevo cuatro años compitiendo. En las pruebas coincido con hombres, porque hago el mismo recorrido aunque luego existan categorías diferenciadas. Algunas veces, hasta gano a muchos de ellos. Pagamos la misma cuantía económica por competir y, sin embargo, en muchas ocasiones el primer hombre ganador se lleva una cantidad superior que la primera mujer ganadora. El silogismo parece sencillo. Mismo precio de inscripción, misma posibilidad de llevarse los mismos premios, ¿no? Pues esta lógica no se aplica en muchas pruebas deportivas –incluso en algunas federadas– que se celebran hoy en día.

La justificación que esgrimen las organizaciones deportivas la encuentran en que no suelen competir tantas mujeres como hombres, y por ello les resulta más plausible premiar a los hombres por el simple hecho de tener más contrincantes que batir. Trasladando este argumento, la medalla de oro olímpico –y su recompensa económica asociada– de la nadadora Mireia Belmonte no vale más que la del piragüista Saúl Craviotto, aunque por estadística haya muchas más nadadoras que piragüistas. ¿Seguimos sin ver el absurdo?

El problema de esta cuestión radica en que hasta la fecha las federaciones deportivas no acaban de asentar la obligatoriedad en la equidad de galardones por sexo. Algunas se pronuncian, otras, no. Ni siquiera las instituciones públicas alcanzan consenso en no prestar su apoyo a las organizaciones que promuevan actividades con premios desiguales, si bien, como caso ejemplificante, el Parlamento de Galicia dispuso por unanimidad a finales del año pasado que la Xunta no concederá ayudas a pruebas discriminatorias.

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El estruendo de las voces por la igualdad

Feminismo, elegida la palabra del año en 2017 por el diccionario Merriam-Webster

A principios de año, recibí una propuesta de participación en una encuesta pública para designar el ‘vasco del año’. Paso por alto lo poco inclusivo del nombre. La invitación se refería tanto a la propuesta de nombres como a la votación posterior. Entre los vascos, solamente un nombre era de mujer y, además, del ámbito deportivo. El ‘además’ tiene su origen en que el deporte, junto a la política y la economía, es uno de esos tres ámbitos más y mejor atendidos por los medios de comunicación –¿es necesario decir que marcan e imponen la agenda?-. Mientras, el resto de los muchos problemas sociales queda muy fuera de foco.

Si los intereses de los medios están tan focalizados en la política, la economía y el deporte, no es extraño que los nombres de agentes de otros ámbitos no suenen de nada e, incluso, sean personas absolutamente desconocidas. Por descontado que un 20% de presencia femenina resulta inaceptable para cualquier persona que tenga un mínimo interés por la igualdad entre los seres humanos. La suma de la baja presencia de mujeres unida a los temas de siempre me produce tal desgana que, si en ese instante, hubiera caído una pluma de ave, su estruendo me habría distraído.

Y eso que el patriarcado es, sobre todo, muy ruidoso; ruidoso y ensordecedor. Siglos, en sentido estricto, dando la matraca, tañendo en masculino y androcentrismo cuanto le toca y, a finales del segundo milenio de nuestra era, las mujeres se le suben a las barbas. En primer lugar, para que los derechos del hombre sean derechos humanos y, en segunda instancia, para que las leyes se ajusten a esa declaración de derechos y, además, se cumplan.

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No pueden tocarlas: defendámoslas

Cartel de apoyo a Helena Maleno

Lolita sigue sonriendo. Helena continua tuiteando y trabajando en su oenegé. María Teresa ya no está en prisión. Defender derechos no es un delito. Sí, hay que escribirlo y leerlo, decirlo en voz alta, gritarlo. Las cuestiones más lógicas y obvias, a veces, quedan atrapadas en la vorágine que arrebata vidas, tiempos y victorias. Lamentablemente sobran ejemplos y rostros. También muertes.

La maya  k'iche Lolita Chávez tuvo que huir de su Guatemala natal porque su vida corría peligro por plantar cara a las transnacionales que quieren controlar a su pueblo. La española Helena Maleno acaba de declarar en un juzgado de Túnez para explicar su labor humanitaria y de ayuda a las personas migrantes que se echan a la mar en busca de un futuro algo más halagüeño y sin violencia. La salvadoreña María Teresa es refugiada política y reside a miles de kilómetros de su país, de donde huyó tras estar en la cárcel por sufrir un aborto espontáneo.

Los derechos humanos, tan manoseados como ignorados, no son fruto de una concesión. Son un logro sin consumar. Una conquista con opresión. Un triunfo por cosechar. Un éxito colectivo, en el que todas cabemos. Los derechos humanos son una lucha que aún hoy se sigue librando; y en la que está habiendo derrotas, también conjugadas en primera persona del singular.

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Ministra, estamos esperando

Dolors Montserrat, ministra de ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad

Quiero recordar a los niños y niñas que este año no van a volver al colegio tras las fiestas navideñas ni van a soplar más velas, a los que hemos fallado como sociedad. Los niños y las niñas que en 2017 fueron asesinados por sus padres o las parejas de sus madres. Borrados del mundo por hombres machistas que querían causar el mayor de los dolores a esas mujeres, matarlas en vida y condenarlas a una tristeza extrema: la tortura de sobrevivir a sus hijos.

El año que dejamos atrás, 8 niños y niñas fueron asesinados por los hombres que torturaban a sus madres, la cifra más elevada desde que en 2013 comenzaron a contabilizarse también estos casos como crímenes de violencia de género. En estos cuatro años de estadísticas (cifras que esconden historias), han sido 23 los menores de edad asesinados. Ellos, víctimas de la violencia machista, ya no están. Otros y otras tendrán que ir hoy, puede que esta tarde, algunos temblando, a ese punto de encuentro, donde el padre se los llevará unos días, los que le corresponden porque así lo ha dicho la justicia. ¿Qué justicia es esa?

No están locos. Son maltratadores, machistas, dominantes que se creen dueños de sus parejas, de las mujeres en general y también de sus hijos, a los que consideran una prolongación de sus madres. Y esto es así porque toda una estructura social les ha abrazado con su impunidad. Y lo sigue haciendo. ¿Un ejemplo concreto? El policía sevillano que, con una condena por malos tratos, seguía teniendo derecho a ver y pasar tiempo con su hijo y su hija. Él utilizaba a estos niños para continuar el maltrato. Llegó a mandar a su cuñada un mensaje avisando sobre la aparición de dos cadáveres infantiles. Quiso sacar fotos a sus hijos cubiertos de sangre para torturar a su ex pareja. Estos dos pequeños, con la connivencia del Estado y de toda una estructura judicial y penal benévola con este tipo de verdugos, son convertidos en herramientas para la tortura y son, a su vez, víctimas torturadas.

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