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Santiaguarse la diversidad

¿Hasta qué punto comulgamos con nuestros dogmas de fe? ¿Es incompatible vivir la espiritualidad con expresar identidades LGTBQ? ¿Estamos siendo inquisidores de la libertad religiosa?

El Jesús inclusivo y amoroso en el que cree el colectivo Betania

El Jesús inclusivo y amoroso en el que cree el colectivo Betania Susanna Martín

Hoy quiero confesarme... creo en la espiritualidad vivida desde la diversidad sexual. Y eso que porto una cruz que casi me planta en viacrucis: fui una jovenzuela religiosa que pegó la vuelta y colgó su fe en el gabán. Aquello que relataba aquel pastor del Señor no acababa de encajar con mi expresión de género y mi orientación sexual. Tampoco eran tiempos (en los comienzos del 2000) de internet ni de modernizar la interpretación de la religiosidad, así que tuve que abrazar otros dogmas que me reconciliasen con esas ansias de elevarme como persona.

Sería bastante hipócrita por nuestra parte que nos neguemos la impronta judeocristiana en nuestro desarrollo vital. El sacrificio, el amor desinteresado, la solidaridad... fueron proclamas del cristianismo que adoptamos en la sociedad laica. Perogrulladas, ¿no? Además, yo no soy ninguna doctora de la Iglesia ni de la espiritualidad como Santa Teresa, a la que tal vez convendría una lectura para desempolvarnos los prejuicios y aprender de la que fue una de las primeras feministas de las que se tiene registro –amén de algunos versos erótico-festivos nada desdeñables en esa imagen del corazón transverberado–.

Estamos perdiéndonos una parte muy importante de nuestra cultura y nuestro devenir si también ignoramos a Sor Juana Inés de la Cruz y sus versos en favor del acceso de la mujer a la cultura –ojo a la curiosa aunque desmerecida serie sobre ella en Netflix–, o de contemporáneas como Teresa Forcades.

Del otro lado del sermón, acabamos de publicar un sentido homenaje en nuestro laboratorio de periodismo en Pikara Magazine a esas personas que a día a día se obstinan en demostrar que no está reñida la opción sexual y la religiosa, a riesgo de enfrentarse con el rechazo de jerarquías eclesiásticas intolerantes y de movimientos sociales teofóbicos. Quisimos acoger en nuestro seno a colectivos de personas LGTB cristianas como Betania, que nos demostraron que el amor que promulgan las religiones puede ser universal si no cae en la interpretación errónea. Tomamos la eucaristía de mano del primer transexual que fue recibido por el Papa Francisco, y celebramos el Orgullo con el máximo respeto a la comunidad islámica homosexual, montadas a la carroza con un imán gay sudafricano. Honramos también a una monja y cantautora,Sor Sonrisa, que hizo sombra a Elvis Presley, dejó el convento junto con su novia y topó con un infierno llamado Agencia Tributaria.

Indagamos también en otras corrientes religiosas y espirituales, intuyéndolas más permeables a la diversidad sexual y el placer: la santería en Cuba y la espiritualidad de la Diosa, movimiento setentero que recoge prácticas paganas en clave femenina. 

Hay más mundo que el que negamos pensando que las religiones coartan y que no permiten expandir los límites de nuestros mundos; solo cambia a quién o a qué dirigimos las preguntas. Como dice José Luis Serrano, quién pudiera vivir la salmodia en hebreo, y los entierros balineses, y los templos del fuego del zoroastrismo, y andar descalzo y encender varitas de incienso en las estupas birmanas... 

Al final, todes imploramos al mismo cielo buscando respuestas a la arbitraria y diversa cuestión de existir.

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