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Cuando la amante despechada entra en política

La imagen recurrente de la mujer que, como Maite Zaldívar o la examante de Pujol, destapa la corrupción como forma de vengarse por un desamor, alimenta estereotipos sexistas

Su protagonismo empaña los enfoques informativos: lo político, el lucro ilegal, el engaño a la ciudadanía pasan a un segundo plano

El Supremo amplía el plazo para dictar la sentencia sobre Pantoja y Zaldívar

Fotografía tomada del monitor de la sala de prensa de la Audiencia de Málaga, en la que se ve a Isabel Pantoja, Julián Muñoz y Maite Zaldívar.

La clase política ha hecho de la corrupción una actividad cotidiana, mientras la ciudadanía asiste entre estupefacta, resignada y adormecida a escándalos casi diarios. ¿Podemos hacer una lectura de género de la corrupción? Podemos y debemos. Es obvio que existen chorizos y chorizas a partes iguales, ser mujer no te exime de robar. Si los casos de corrupción en la actualidad salpican más a los hombres, es porque son ellos los que todavía ostentan una mayor parte de cargos públicos y de responsabilidades políticas.

Mujeres de políticos o integrantes de la familia real se han visto implicadas e incluso imputadas en tramas corruptas. Como bien explicaba el reportaje de Elena Ledda y June Fernández En la sombra: las mujeres en las tramas de corrupción, “muchas utilizan estereotipos femeninos como la falta de liderazgo o el desinterés hacia los negocios como estrategias para eludir su responsabilidad ante la justicia y la opinión pública” . Asumir el papel de “tonta” -como mujer casi no me entero de nada- o de “esposa de” -yo sólo hacía lo que me decía mi marido, o el pasmoso, “lo hice todo por amor”- refleja roles machistas asumidos por la sociedad, que refuerzan el patriarcado y la imagen de inferioridad y sumisión de las mujeres.

¿Qué ocurre cuando en casos de corrupción irrumpen temas personales y amorosos? ¿Qué ocurre cuando aparece la figura de la amante? Analicemos dos casos:el archiconocido y mediático caso de Julián Muñoz, exalcalde de Marbella, Maite Zaldívar, la esposa engañada e Isabel Pantoja, la amante tonadillera, y el reciente caso de Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat de Cataluña, su esposa Marta Ferrusola y ¡María José B! la amante despechada, que si algo tienen en común, es la decisiva figura de la amante o esposa despechada para destapar las corruptelas.

Muñoz: la política se hace espectáculo televisivo

Julián Muñoz e Isabel Pantoja iniciaron una relación cuando el primero estaba casado con Maite Zaldívar, que se hizo pública en el año 2003. Todas estas circunstancias únicamente serían parte de la vida privada o de la crónica rosa, de no ser porque Julián Muñoz como alcalde de Marbella utilizó lugares públicos para dar ruedas de prensa sobre su vida personal. Tampoco podemos olvidar que casi la totalidad de la prensa se hizo eco de los líos de cuernos.

Propiciada por la cadena Tele 5, se inició una cobertura televisiva sin precedentes en la que las noticias de corrupción se mezclaban con las infidelidades. El momento álgido del caso vino cuando la esposa engañada confesó en directo que ella veía (las ya míticas) bolsas de basura llenas de dinero yendo y viniendo de su casa. Desde el rol de esposa despechada, que además se enteraba de los pasos de su marido por los medios de comunicación, decidió morir matando y vengarse así del papel de mujer engañada. Por su parte, la tonadillera, que en cuanto su amado pisó trullo empezó a mover su pasmina en otras direcciones, se dedicó a pasear sus dientes por Marbella y a alardear de su amor.

Los roles de mujer engañada y de amante satisfecha que cada una de ellas asume nos remiten a un orden regido por modelos de “la santa” o “la puta”, “la legítima” y “la otra”, en este caso con legítima choni y con la otra folclórica.

Pujol, Ferrusola, y la amante despechada

En el reciente caso de Puyol y Ferrusola, no hay ni chonis ni tonadilleras. Hay un político que ha tenido un inmenso poder durante muchas décadas y una señora de esas de toda la vida, madre y esposa ejemplar, que aunque pierda los nervios y mande a la mierda a periodistas, enseguida recupera la compostura.

Estos días nos hemos enterado de que una examante DESPECHADA de Pujol padre –Pujol hijo también tiene una similar- pasó información privilegiada a las fuerzas del orden. Uno de los móviles, la venganza. La palabra 'despechada' aparece en casi todas las informaciones, y el móvil (femenino) de la venganza es recurrente.

El despecho, el rencor, la venganza de mujeres abandonadas o examantes son clave en estos dos casos de corrupción. Se las presenta como personajes oscuros, malignos y profundamente negativos. Por un lado, seguimos perpetuando un orden social en el que en lo privado y en consecuencia en lo público los mecanismos son sexistas. Por otro, desde el momento en el que aparecen mujeres en estas relaciones y tramas políticas, lo político, el lucro ilegal, el engaño a la ciudadanía pasan a un segundo plano. La imagen de mujer maligna y despechada empaña el análisis.

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