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Abusos y degradación en la recogida de leña por los rohinyás

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Abusos y degradación en la recogida de leña por los rohinyás

Abusos y degradación en la recogida de leña por los rohinyás

La necesidad de combustible para cocinar ha llevado a muchos de los rohinyás acampados en Bangladesh a recoger leña en los bosques cercanos, pese a los riesgos que eso entraña para su seguridad y el medioambiente.

Entre las personas que deambulan por el campo de Kutupalong, cerca de la frontera de Birmania, país de donde huyeron, no dejan de pasar quienes van cargados con kilos y kilos de leña a sus espaldas.

Están de regreso después de horas de caminata, internándose en los bosques de los alrededores hasta dar con lo que podrán hacer fuego y cocinar los pocos alimentos de los que disponen gracias a la ayuda humanitaria.

Solo tres ingredientes tiene a mano Masaba Hatu: arroz, legumbres y aceite. Le falta un cuarto que, aun sin ser comestible, hace que el resto lo sea.

Se trata de la leña, producto que no está disponible como otros en los centros de distribución del campamento, sino que hay que ir a buscarlo directamente donde crecen los árboles.

A sus 60 años, esa mujer de rostro enjuto explica a Efe que emprende sola su trayecto por la mañana y vuelve ya por la tarde, para preparar la que será la "única comida" del día.

Son ellas las que están especialmente expuestas a episodios de violencia mientras recorren varios kilómetros.

Según encuestas de Naciones Unidas, los hombres se muestran más preocupados por los ataques de los animales, como los elefantes que merodean por la zona.

Existen otros riesgos, como los que relata Loyu Mula, completamente empapado en sudor a la vuelta de su recorrido diario de más de tres horas.

"En el bosque la gente del Gobierno nos engaña mientras recogemos leña y para escapar de los guardias de seguridad cortamos la madera rápidamente", afirma, sin tiempo que perder para llevar la mercancía a cuestas.

Un responsable del Gobierno local en asuntos agrícolas, Abutajer Mahmud, certifica la constante tala de árboles en esa parte del distrito de Cox's Bazar.

Pese a que algunas personas han recibido fogones más eficientes con los que gastar menos combustible (la mayoría son de elaboración casera), "sigue sin ser suficiente", afirma Mahmud, para quien "la necesidad no sabe de fronteras".

Se estima que la leña representa la principal fuente de combustible para nueve de cada diez de esos hogares de refugiados.

La escasez de leña, su mayor precio en el mercado y las últimas llegadas en masa de más miembros de esa minoría musulmana han complicado la compra del producto, dando alas a la deforestación.

Unos 655.000 rohinyás han llegado a Bangladesh desde el pasado 25 de agosto, cuando el Ejército birmano lanzó una campaña, calificada por organismos de derechos humanos como "limpieza étnica", en respuesta a los ataques de un grupo insurgente local.

Para esas personas extremadamente vulnerables que Birmania se niega a reconocer como ciudadanos, el Gobierno bangladesí ha destinado más de 1.200 hectáreas en Kutupalong y ha ordenado realojar a quienes estaban ocupando ciertos terrenos.

Las zonas vaciadas, ahora desnudas de vegetación y con los suelos en claro estado de degradación, reflejan otra de las consecuencias de esta crisis: su alto impacto ambiental.

Se estima que cada día se pierde una superficie forestal equivalente a cinco campos de fútbol en esa área de Bangladesh, susceptible al cambio climático y que tiene en sus bosques un recurso para protegerse.

Sin embargo, antes de pensar en reforestar esos lugares, el coordinador de Emergencias en el país de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Peter Agnew, pide solucionar el problema de la energía.

"La energía no estaba incluida en el plan de distribución de ninguna de las agencias en la respuesta humanitaria. Por eso tratamos de coordinar a todas las agencias que estén interesadas en proporcionar energía o fogones eficientes", indica.

Por el momento se están buscando alternativas a la leña como el gas licuado de petróleo (GLP), el keroseno o un combustible obtenido a partir del arroz, cada una con sus propias limitaciones.

Además del suministro energético, "debemos asegurarnos de que la gente deje de entrar en los bosques arriesgando a veces su propia vida", sostiene Agnew.

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