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¿Cañete tiene razón? ¿No pasa nada por comerse un yogur caducado?

El ministro de Agricultura y Medio Ambiente ha animado a comerse los yogures después de que se pase la fecha de caducidad impresa en el envase.

"Veo un yogur en una nevera y ya puede poner la fecha que quiera que yo me lo voy a comer", ha defendido. ¿Tiene sentido?

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Arias Cañete no ve 'brotes verdes' pero sí "señales esperanzadoras"

Arias Cañete: "Veo un yogur en una nevera y ya puede poner la fecha que quiera que yo me lo voy a comer" (EFE)

Tarde o temprano, casi todo caduca. Solo algunos alimentos con un porcentaje muy bajo de humedad (menor al 15%), como los cereales o la miel, son prácticamente eternos si se conservan en un lugar fresco, seco y oscuro. No es el caso del yogur, que tiene un porcentaje de humedad superior al 85% y permitiría el crecimiento de microbios potencialmente tóxicos. Así pues, cada vez que el ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Arias Cañete,  se abalanza sobre un yogur caducado está asumiendo un riesgo. Eso sí, bastante pequeño.

Si un yogur mantiene en su sitio la tapa y se ha conservado desde su fabricación a la temperatura y en las condiciones adecuadas, puede consumirse sin riesgo mucho tiempo después de la fecha de caducidad que aparece en los envases. Poco a poco, su acidez se incrementará, y esa cualidad, que puede hacer menos apetitoso el producto, también lo convierte en un lugar menos acogedor para los microrganismos peligrosos.

Más allá del chascarrillo, el ministro hacía referencia a la necesidad de tomar medidas para evitar el desperdicio de alimentos, una preocupación que comparte con la Unión Europea. A principios del año pasado,  el ParlamentoEuropeo propuso cambiar la normativa sobre la fecha de caducidad en el etiquetado de los alimentos para clarificar su periodo de vida útil. Según este organismo, esta y otras medidas ayudarían a reducir un desperdicio anual en la UE de casi 90 millones de toneladas de productos que se pueden consumir.

Entre otras medidas, se trataría de educar al público sobre la diferencia entre la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente. En el caso del yogur, por ejemplo, es posible que a un fabricante no le interese vender yogures que tengan un nivel de acidez mayor del fijado para que el sabor sea ideal. Ese tiempo máximo para que el producto se mantenga en los umbrales de acidez aceptables fijaría la fecha de consumo preferente, pero aún quedaría mucho tiempo para que el yogur caducase y se convirtiese en un riesgo para la salud. En muchos casos, para evitar posibles problemas legales o de imagen para el producto, los fabricantes imprimen como fecha de caducidad lo que en realidad es la fecha de consumo preferente.

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