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Casado intenta reconciliarse con Rajoy mientras asciende en el PP a los dirigentes que más lo atacaron

Rajoy abraza a Casado tras su victoria en las primarias de julio.

Iñigo Aduriz

El presidente del Partido Popular, Pablo Casado, parece dispuesto a hacer todo tipo de equilibrios para aunar en torno a su liderazgo a todas las sensibilidades internas del partido y erigirse en el máximo representante del “centro derecha español”, como viene reivindicando desde su triunfo en las primarias.

En ese ejercicio, Casado está intentando reconciliarse con el expresidente del Gobierno Mariano Rajoy tras marcar distancias con su gestión en los primeros meses de su presidencia y, a la vez, está incorporando a su equipo y promocionando a algunos de los principales críticos con su predecesor al frente del PP como su nuevo jefe de gabinete, el exconsejero madrileño Javier Fernández-Lasquetty o su asesora de referencia, la exdirectora de la Red Floridablanca, Isabel Benjumea.

Durante la campaña de las primarias, Casado ya trató de distanciarse de la gestión de Rajoy –que le había nombrado vicesecretario de Comunicación del PP– en el Gobierno al considerar que el Ejecutivo popular no había aplicado “el 155 como había que aplicarlo” y de considerar que “la 'operación diálogo'” impulsada por su rival interna Soraya Sáenz de Santamaría desde la Moncloa “fue un fracaso”. El hoy líder de los populares también quiso desmarcarse de los escándalos de corrupción que afectaron a su partido durante la presidencia de Rajoy en su discurso ante el XIX Congreso del PP que le hizo presidente.

Tras ganar las primarias, Casado volvió a escenificar la ruptura del “nuevo PP” con la gestión de Rajoy. Reivindicó los “valores” y “principios” tradicionales del partido que, a juicio del presidente popular, no se habían defendido con suficiente ahínco por el equipo de su predecesor. Esto –unido a la competición por el electorado con Ciudadanos y Vox– le llevó a poner en marcha un giro a la derecha que radicalizó el discurso del partido en asuntos como la inmigración o la crisis catalana.

Sin integración tras las primarias

En su plan de diferenciar claramente su gestión de la de Rajoy, el líder del PP evitó dar a Santamaría, su rival en las primarias y mano derecha del expresidente en el anterior Ejecutivo, un puesto de responsabilidad en su dirección, lo que provocó el enfado de la exvicepresidenta y su abandono de la política, en septiembre, al considerar que Casado no había integrado a los suyos de forma proporcional al apoyo que Santamaría logró durante las primarias –fue la más votada en la primera vuelta en la que votaron los militantes y logró el 43% de los apoyos de los compromisarios, en la segunda–.

La posición “implacable” que Génova asegura que Casado tiene ante la corrupción y las irregularidades que puedan manchar las siglas del PP provocaron, además, que el líder del PP haya tenido que romper con la otra mano derecha de Rajoy –en este caso la que fue su secretaria general en el PP durante 14 años– María Dolores de Cospedal en noviembre, cuando se conocieron los tratos que la también exministra había mantenido con el excomisario José Manuel Villarejo –hoy en prisión–, con quien se reunió en la sede nacional del partido a escondidas en varias ocasiones y al que encargó espiar a compañeros de filas.

Siempre que surge algún escándalo que afecta al Gobierno de Rajoy, Génova también trata de marcar distancias con el anterior equipo. Así ha sucedido, por ejemplo, con la revelación de la Operación Kitchen, el operativo de espionaje puesto en marcha por el Ministerio del Interior de Jorge Fernández Díaz para robar al extesorero del PP, Luis Bárcenas, documentos comprometedores sobre dirigentes del PP. “Eso es del anterior Gobierno”, explicaban esta misma semana desde la dirección popular.

Casado, sin embargo, trata de mantener su “buena relación” con Rajoy, que ha vuelto a su puesto como registrador y que logró el traslado a Madrid desde su plaza en Santa Pola (Alicante). Fuentes de la dirección nacional del PP explican a eldiario.es que el líder popular habla “habitualmente” con el expresidente, a quien le pide consejo para su labor como jefe de la oposición. Uno de sus últimos encuentros se produjo el 12 de noviembre, cuando Casado y Rajoy comieron en un restaurante cercano a la sede nacional del PP.

Esa comida se producía semanas antes de que el líder de los populares fichara como jefe de gabinete a Javier Fernández-Lasquetty. En plena pugna con Ciudadanos y Vox por la hegemonía de la derecha, Casado optaba por el ala más ultraliberal de su partido y por un hombre de la máxima confianza de sus dos grandes mentores, José María Aznar y Esperanza Aguirre, para que encauce su discurso político y le permita cumplir su gran objetivo: liderar el centro derecha en España.

Lasquetty había dejado la política en 2014 por no sentirse representado por el PP de Rajoy, al que acusó de traicionar los “principios” del partido. En 2015, llegó a acusar al expresidente de “refugiarse en el tibio y pegajoso consenso socialdemócrata” en un artículo de opinión en Libertad Digital.

Dos fichajes de FAES

Esta semana se conocía otro fichaje, el de la exdirectora de la Red Floridablanca Isabel Benjumea, que fue muy crítica con la línea política de Mariano Rajoy al frente del PP al considerar que no tenía “un discurso claro y coherente”. “No hay un proyecto que entusiasme y conecte con lo más importante para ti, que es tu base. Es el valor más importante de un partido, sus militantes”, apuntaba en 2016 en una entrevista con este diario.

Ambas contrataciones tienen mucho que ver con la estrecha relación entre Casado y Aznar. Los dos provienen de la fundación FAES que dirige el expresidente, que tras años desvinculado del PP también por sus desavenencias con la gestión de Rajoy, se ha convertido ahora en uno de los principales defensores del nuevo líder popular.“España tiene mucha suerte de que Casado esté al frente del PP”, aseguraba Aznar este jueves, durante una entrevista en El Mundo.

El expresidente se deshace en halagos hacia el nuevo PP de Casado que, a su juicio, “no es un líder político superficial, sin idea, sin lectura. Tiene ideas, tiene valores, principios, conoce historia”. Así, aunque a su juicio todos los partidos de derechas tienen que buscar su espacio, el PP con Casado“ tiene expectativas ”muy grandes“ de permanecer como la formación hegemónica de ese espectro ideológico.

Con el triunfo de Casado, Aznar ha multiplicado sus actos públicos en los que en todo momento apoya al líder del PP y lo considera como una “esperanza” para España. Mientras tanto, Rajoy calla. A este último se le vio en la celebración del 40 aniversario de la Constitución, en el Congreso de los Diputados. No quiso hablar de política ni de los cambios en su partido y aseguró que no echaba de menos la actividad pública. “Estoy muy bien”, insistía en corrillos con periodistas.

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