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Ciudadanos intenta conjurar la vuelta del "bipartidismo" presentándose como "la tercera vía"

Los dirigentes de Ciudadanos se multiplican en actos para demostrar que tanto el PSOE de Sánchez como el PP de Casado representan "lo mismo de siempre"

Frente al "bipartidismo caduco y decadente" los de Rivera insisten en presentarse como la "tercera vía" y la "única alternativa creíble" para gobernar España

Desde que llegó a la Moncloa, Sánchez no ha llamado ni invitado a Rivera a ningún encuentro, como se ha apresurado a hacer con el líder del PP 

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Casado, Rivera, Sánchez, Iglesias y Garzón

Casado, Rivera y Sánchez

Tres horas estuvo Pedro Sánchez reunido con Pablo Casado hablando de política, pese a sus evidentes diferencias.El presidente del Gobierno ha dado tratamiento de jefe de la oposición al nuevo líder conservador mientras que con Albert Rivera no ha tenido ni un solo gesto de deferencia. Desde que se instaló en la Moncloa Sánchez no ha abierto ninguna vía de diálogo con el líder naranja ni tampoco le ha llamado una sola vez por teléfono.

En Ciudadanos, pese a que consideran al presidente del Gobierno un "okupa", no pasan por alto este ninguneo al que está sometiendo el socialista a su líder. Pero ante el desprecio, en el partido han optado por redoblar sus ataques y han utilizado la foto de los dos líderes para alertar a los españoles de que "viejo bipartidismo caduco y decadente" vuelve.

"PSOE y PP son parte del problema y no de la solución", se apresuró a sentenciar el secretario general del partido, José Manuel Villegas, como resumen del encuentro. "Después de horas son incapaces de poner encima de la mesa soluciones de futuro. Solo saben mirar al pasado", insistió el número dos de Rivera.

Un discurso que recuperan tras la llegada de Casado

Tan solo han pasado dos meses desde que Sánchez es presidente del Gobierno y menos de quince días desde que Casado se hizo con las riendas del PP y en Ciudadanos se han visto obligados a recuperar ese discurso -nunca enterrado del todo- contra los dos partidos presentándolos como los "viejos aliados" que quieren 'repartirse la tarta'. 

La ofensiva de los de Rivera no disimula el temor a que socialistas y populares les vuelvan a atacar con las mismas armas en campaña, como les ocurrió en 2016, haciéndoles retroceder ocho escaños. 

En aquella contienda, tanto Rajoy como Pedro Sánchez se dedicaron a lanzar llamadas al voto "útil" e intentaron que Ciudadanos quedara marginado. El propio Rivera se revolvió contra el expresidente del Gobierno, con cuyo partido sigue compitiendo por el mismo espacio electoral, y sentenció que apoyar a Rajoy era "tirar el voto a la basura". Insistió en que Ciudadanos "representaba lo nuevo" y era "el partido de las reformas", pero no le dio el resultado esperado.

La estrategia ahora es presentarse de nuevo como una "tercera vía" a ambos partidos a los que ven con los mismos defectos: aferrados al poder, con sendas mochilas de corrupción y con sus proyectos agotados.

En contraposición sitúan a Ciudadanos como un partido unido, con un liderazgo fuerte e ideas claras. "Ha llegado el momento de abrir una nueva etapa, de regeneración y reformas profundas, de modernización del país pasando páginas de ese bipartidismo imperfecto apoyado siempre por los nacionalistas", siguen denunciando.

Los dardos envenenados, de momento, contra Sánchez

Los dardos más envenenados, de momento, los están reservado para Sánchez y los "dedazos" de su Gobierno, contra los que han iniciado una campaña en las redes con el hashtag #DedazosSanchez.

Tampoco han descuidado la oposición parlamentaria reclamando en el Congreso la presencia en Plenos extraordinarios, en agosto, de casi todos los ministros de su Gobierno por un asunto u otro, en competición con los populares. Eso, además de estar presentando un día sí y otro también iniciativas en la Cámara o realizando actos de todo de todo tipo para contrarrestar la gran presencia mediática que está logrando Casado.  

Aunque es cierto que en las últimas encuestas están experimentando un retroceso, que achacan a la "luna de miel" que vive el presidente con los sondeos, que creen "transitorio", el listón de su crecimiento estaba tan alto -llegaron a situarse como el primer partido en intención de voto en varios de ellos- que el perder ahora un par de puntos no les parece un drama. 

De hecho, el reciente CIS les coloca en tercera posición, por detrás de los dos principales partidos pero por delante de Unidos Podemos, con el 20,4 por ciento en estimación de voto y empatados con el PP.  "Somos los que más crecemos con respecto a las elecciones de 2016", destacó, ufano, Villegas.

Los españoles ven a Rivera cada vez más a la derecha

Sin embargo, el número dos del partido no comentó nada de este otro dato: los españoles ven a Ciudadanos cada vez más escorado a la derecha, hacia donde camina sin prisa pero sin pausa, distanciándose de los socialistas en el espectro ideológico más de centro-izquierda. En cambio, hace cuatro años los encuestados del CIS situaban a los de Rivera en el centro absoluto.

Esa percepción de escoramiento a la derecha viene a ser el reflejo del duro discurso que Rivera lleva meses desplegando en Catalunya contra los nacionalistas y los separatistas; y contra la política de "buenismo" de Sánchez en materia de inmigración, muy parecidos a los que se ha aferrado también Casado.

No obstante, este CIS todavía no recoge la valoración del nuevo presidente del PP porque cuando se elaboró no había sido aún elegido. Pero ya se había marchado Rajoy y el PP iniciaba la batalla para la sucesión.

Rivera quiere elecciones; Sánchez, no

Rivera, que ha iniciado sus días de vacaciones, sabe que cuanto más tiempo pase más logrará afianzarse Casado, por eso insiste en reclamar elecciones  generales. "La situación no es mejor de la que teníamos antes", con el anterior Gobierno del PP presidido por Mariano Rajoy, que al menos contaba con "una mínima estabilidad parlamentaria", reconoció en el balance que hizo del curso político.

En cambio a Sánchez no le preocupa la llegada de Casado. Incluso le ha beneficiado que tanto Rivera como el nuevo líder conservador sean vistos por los españoles como dos dirigentes muy similares, radicalizados en algunas de sus posiciones.

Así que el presidente ha  dejado claro que está dispuesto a resistir todo lo que pueda. "Sabíamos que iba a ser difícil, pero no es imposible. La debilidad que más preocupa a este Gobierno es la del estado de bienestar", ha señalado este mismo viernes desde la Moncloa.

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