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Elige tu propia aventura: la campaña de los malvados contra los "buenistas"

La extrema derecha italiana los llama 'buonistas'. La alemana, 'gutmensch'. En España, las tres derechas prevén el apocalipsis nacional si ganan los "buenistas"

Presa del pánico o de la improvisación, Casado promete que Vox podrá entrar en un Gobierno del PP si quiere, lo que aumentará la movilización de la izquierda

Casado exige a Sánchez "una rectificación" por los datos que exhibió sobre violencia de género de Andalucía

Juanma Moreno y Pablo Casado en un mitin del PP en Andalucía. Europa Press

Matteo Salvini ha convertido la palabra 'buonista' en el insulto preferido contra la izquierda en Italia. "El sueño europeo ha quedado enterrado por los burócratas, los buenistas y los banqueros que llevan gobernando Europa durante demasiado tiempo", dijo hace unos días. Presentado como una tendencia ingenua e irresponsable, la ultraderecha italiana ha conseguido popularizar de alguna manera las ventajas de hacer el mal, es decir, ser implacable con aquello que supuestamente supone una amenaza. Como se dice en el PP de Casado, sin complejos.

El diario Il Giornale tituló "Un carnaval buenista" la noticia de la manifestación de marzo que reunió a 200.000 personas en Milán contra el racismo. La xenofobia y la oposición a la inmigración desde África suelen ser un rasgo común de los que denuncian a los 'buonistas'.

En Alemania, existe otra palabra que viene a significar lo mismo, 'gutmensch'. En los últimos años, ha sido utilizada por los partidarios del xenófobo AfD para referirse a sus oponentes. 

Esta reivindicación del mal frente al bien –eso sí, una versión despectiva del bien– se ha extendido por Europa, en especial en relación al debate sobre inmigración. En España, ya se usaba y ha continuado en esta campaña. "El mejor aliado de la xenofobia es el buenismo", dijo Albert Rivera en uno de los debates de esta semana. "Acabemos con el buenismo hipócrita de la izquierda en materia de seguridad", afirmó Pablo Casado hace unos meses en un mitin. "Millones de españoles están hartos de los mantras progres, del buenismo, de la corrección política", dijo Santiago Abascal el año pasado, cuando no recibía tanta atención. 

La derecha –con sus tres unidades de combate en España de ideas diferentes pero con un lenguaje de combate similar– se ha dedicado con pasión a presentar un escenario de fin del mundo. En su imaginario, Sánchez es un juguete en manos de Puigdemont, Torra y Otegi. Torra –un personaje sin más discurso político que lo que ya haya dicho Puigdemont y muy cuestionado en Catalunya, incluso entre nacionalistas– se convierte en el arquitecto que mueve todos los hilos de la política española en ese universo paralelo.

Casado dijo en un debate que el proyecto de presupuestos que Pedro Sánchez presentó al Congreso y que no pudo aprobar por el rechazo de los independentistas, era "prácticamente comunista". Dos medios tan comprometidos con el marxismo leninismo como el Financial Times y The Economist se han mostrado favorables a Sánchez ("moderado y con formas de estadista", según el FT). La presencia de una ministra como Nadia Calviño, anterior guardiana de la ortodoxia presupuestaria en la Comisión Europea, supone una cierta garantía para ambos medios. Igual es que el comunismo ya no es lo que era.

Abascal proponer reforzar fronteras para impedir casos como el de detenido que "pretendía" atentar en Sevilla

Santiago Abascal saluda a simpatizantes en un mitin de la campaña de Vox. Europa Press

La tensión fue en aumento y la urgencia y los nervios se manifestaron de la forma más evidente en Albert Rivera y su intervención en los dos debates. "Ya ha acabado usted de mentir. Ahora me toca a mí", dijo Rivera en un lapsus memorable, al igual que lo fueron las imágenes en las que el líder de Ciudadanos paseaba entre los corrillos tras el debate presa de una excitación que no lograba contener. 

Los nervios estallaron el último día de campaña en el Partido Popular. Nunca cambies de estrategia en los últimos días de campaña, dice el manual que se saltó Rivera el viernes anterior a las elecciones de 2015. No vuelvas locos a los votantes con cambios de última hora que sólo denotan desesperación. Lo que no has conseguido en dos semanas, no lo vas a obtener en dos días. 

Presa del pánico o de la improvisación, Pablo Casado decidió dar un salto a lo desconocido. Después de decir en cada ciudad que apoyar a Vox es desperdiciar el voto o, incluso peor, facilitar la victoria del PSOE, el líder del PP probó algo nuevo. "Vox o Ciudadanos, tengan diez escaños o tengan 40, van a tener la influencia que ellos quieran tener para entrar en el Gobierno o para decidir la investidura o la legislatura", dijo el viernes en una entrevista con Federico Jiménez Losantos en el programa de radio que más escuchan los partidarios de Vox. 

El votante del PP que tenía planeado cambiarse a Vox cuenta ahora con más razones que nunca para hacerlo. Preferirá tener a Vox con treinta escaños que con veinte en un Gobierno de coalición para que sea aún más influyente. Si tenía dudas sobre la utilidad de su voto, Casado se las ha resuelto. 

"Nos jugamos España", dice Casado en una entrevista en ABC (una frase parecida a la de Abascal en su mitin de Valencia: "Nos jugamos la supervivencia de España"). En ese mismo periódico, algunos de sus columnistas habituales se han mostrado pesimistas en el último día de campaña en ese escenario cuyo dramatismo comparten.

Carlos Herrera da por hecho que no se repetirá la desmovilización de la izquierda que se produjo en Andalucía: "La percepción de este humilde articulista es que ese segundo (el bloque de izquierdas) es el bloque que cuenta con menos dispersión de voto y que, por lo tanto, puede obtener la victoria en escaños".

En parecidos términos se expresa Ignacio Camacho: "El triunfo de la oposición requiere casi un milagro político, una movilización descomunal" de sus votantes. La apelación al voto útil no está funcionando, "porque las tres fuerzas parecen dispuestas a confrontarse hasta el mismo borde del suicidio colectivo". 

Rivera "no es una persona de fiar", ha dicho Casado. "No tiene palabra". Al líder de Vox, lo pone a la altura de un parásito o de un vago: "Abascal ha estado veinte años viviendo del PP". Rivera ha dado por hecho que el tiempo del PP ha pasado y que perderá 50 escaños, y abjura de los principales puntos del ideario de Vox. Abascal trata a ambos con el mismo desprecio. El PP es "la casa de la derechita cobarde", y Ciudadanos, "la casa común de la nada de la veleta naranja". 

Casado, Rivera y Abascal han hecho un trabajo muy completo para movilizar a la izquierda. En ese sentido, las encuestas dicen que su campaña está cerca de ser un gran éxito.

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