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"España es el país en el que los ciudadanos están más molestos con lo poco que se les consulta"

Braulio Gómez Fortes ha estudiado el comportamiento electoral de los españoles. En ¿Cómo votamos en los referéndums?, este investigador advierte que las consultas ciudadanas también conllevan riesgos

El 15M ha conseguido introducir en la agenda política y mediática el debate sobre nuevas formas de participación política

Braulio Gómez, investigador de la Universidad de Deusto

Braulio Gómez, investigador de la Universidad de Deusto

El debate sobre la realización de referendos en España ha entrado con fuerza en los últimos años. Los movimientos surgidos a raíz del 15M y sus reclamaciones de regeneración democrática y nuevas formas de participación política fueron los precursores, pero no los únicos. ¿Pero cómo nos hemos comportado hasta ahora los españoles cuando nos han dado voz en las urnas? Braulio Gómez y Joan Font se han propuesto aproximarnos a una idea en el libro ¿Cómo votamos en los referéndums? (Ed. Catarata).

Braulio Gómez Fortes es doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Su especialidad es el comportamiento electoral y en ese campo se encuentra ahora mismo trabajando en la Universidad de Deusto.

¿Cómo encaran los españoles los procesos de referéndum?

En España hay muchas ganas de referéndum en general. La mayoría de ciudadanos son partidarios, según las encuestas, de que les consulten las decisiones políticas. Y ese deseo de participar en un referéndum no es normal en los países de nuestro entorno. Tenemos más ganas que el resto de los países europeos. En una encuesta europea publicada recientemente, se preguntaba por la importancia que tenía para los ciudadanos que los políticos consultasen las decisiones importantes a través de un referéndum, y sólo Chipre tenía un porcentaje mayor que el español. En la misma encuesta se preguntaba por su grado de satisfacción con la frecuencia con la que sus representantes les invitan a participar en la toma de decisiones, y aquí España aparece como el país en el que los ciudadanos están más molestos con las pocas consultas que les realizan a través del referéndum.

Hay países como Alemania, Holanda o Finlandia que realizan menos referéndum donde la gente se queja menos. Si ya descendendemos a temáticas concretas, por ejemplo en Cataluña y Euskadi, la mayoría de ciudadanos desean que se realice un referéndum, independientemente de cúal sea el sentido de su voto. También hay una mayoría de españoles que quieren celebrar una consulta sobre la forma del Estado, según las últimas encuestas que han salido hace menos de un mes.

¿Y es una tónica a lo largo de nuestra democracia o ha aumentado en los últimos años?

Se puede ver que hay más apoyo entre los jóvenes a introducir su voz a través de un referéndum en la toma de decisiones políticas que entre las personas mayores. Y hay un incremento sobre todo desde el 15 de mayo de 2011, a partir del movimiento de los indignados, en el que se empiezan a orientar las protestas más allá de la situación económica a la reforma del sistema político para que se abra a la participación ciudadana la toma de decisiones.

Volviendo al tema de los referendos ya celebrados en España, ¿cómo votan y cuáles son los motivos que empujan a un ciudadano a participar?

Los factores que más importan para que un referéndum sea un éxito y verdaderamente popular son tres. Primero, que sea de interés ciudadano, es decir, que haya una demanda social y un tema que realmente sea relevante para la mayoría. Segundo, que la información llegue a los ciudadanos a través de la campaña electoral y que los partidos colaboren como actores clave. En otros países hay plataformas, asociaciones y otras colectividades que no son partidos que tienen mucha importancia en la difusión del debate. Pero en España son los partidos los actores claves y depende mucho de ellos y de que sean coherentes y consistentes para que llegue el mensaje claro a los ciudadanos y movilicen.

Por último, como en unas elecciones normales, que haya un escenario más o menos competitivo y opciones de victoria para las dos posiciones. Si es competitivo aumenta la creencia de que es importante que tú vayas a votar.

¿Cree que es necesaria una reforma legislativa sobre referendos y consultas ciudadanas?

Sería bueno encontrar cómplices con el actual marco institucional en los partidos que puedan alcanzar el poder. Se podría poner en marcha si hubiera voluntad política con la actual legislación, que no es más restrictiva que la de otros países. El problema de España es la falta de voluntad política. Se han acostumbrado tanto el PP como el PSOE a bloquear cualquier iniciativa popular o propuesta. El último ejemplo fue la reforma exprés de la Constitución en el verano de 2011 pactada en contra de una demanda popular que prefería un referéndum y que con el marco constitucional vigente se podría haber hecho perfectamente. Yo siempre soy partidario de cambio de conductas políticas más que de cambios legislativos.

¿Para qué debería servir un referéndum?

Más que la finalidad, cuándo es oportuno. Yo no defiendo la democracia directa frente a la representativa. Creo que hay hueco y contextos en los que se puede compaginar perfectamente los instrumentos representativos del Parlamento con momentos o decisiones en los que se puede contar además con la decisión de la ciudadanía a través de un referéndum. O sea, lo que hay que desbloquear en España es la falta de experiencia que tenemos con los referéndums, que choca con un descrédito brutal de los representantes.

La convocatoría de un referéndum sobre cualquier tema importante, en la excepcional situación en la que nos encontramos, ayudaría a reducir esa brecha brutal que separa a los gobernantes de la ciudadanía, que no es bueno para la democracia representativa.

¿Entonces también hay un cambio de mentalidad en la ciudadanía sobre este tema?

Hay muchas democracias ejemplares que apenas utilizan el referéndum para sus decisiones políticas. Noruega, Finlandia o Holanda han hecho uno o dos en los últimos 50 años, igual que España. Pero las instituciones representativas de estos países tienen un crédito, los ciudadanos confían en sus políticos, cosa que no está pasando en España. El referéndum no es bueno ni malo por sí mismo, muchas veces puede perjudicar a aspectos básicos de la democracia como la protección de las minorías, como ha sucedido en Suiza con el tema de las mezquitas.

Hay temas que no es bueno someter a referéndum porque pueden perjudicar la calidad de la democracia. También tenemos que recordar que el referéndum crea más desigualdad en la participación que las elecciones normales. Participan menos las personas con menos recursos económicos y estudios. Es decir, están menos representados que en unas elecciones normales. Pero a pesar de todos estos inconvenientes, la situación de España deja en segundo plano estos argumentos. Ahora lo que hay que desbloquear en España es ese abismo entre los representantes y los ciudadanos y una de las soluciones puede ser darle una voz.

Menciona la menor participación de los ciudadanos con menos recursos. ¿A qué se debe?

Se enteran menos. Hay menos cobertura informativa y movilización de los actores que van buscando el voto para su partido. Y sobre todo porque es más complejo que elegir una papeleta de un color. Hay que elegir en un tema de más complejidad que hace que muchas personas no sea vean capacitadas.

¿Cuáles son las similitudes y las diferencias entre los procesos abiertos en Escocia y Cataluña?

No sabemos el desenlace final del resultado en Escocia ni si finalmente en Cataluña se va a realizar. Son dos procesos que no tienen nada que ver en el estado actual en el que se encuentran. Uno tiene el 18 de septiembre una cita real para que la decisión que tomen los escoceses tenga unas consecuencias políticas dentro del marco legal en el que viven. Cosa que no ocurre en Cataluña, que a día de hoy no están convocados a participar en un referéndum en el que una legalidad cubra las consecuencias políticas que podría haber si llegase a celebrarse un referéndum no autorizado. Llevamos haciendo muchas encuestas de lo que votarían los catalanes si se celebrara y sabemos que quieren participar, y que una mayoría votaría a favor de la independencia. Pero no tenemos un horizonte muy claro de lo que va a ocurrir.

En Escocia no hay ninguna encuesta que muestre que los partidarios de la independencia son mayoría, pero como contamos en el libro, en un contexto competitivo la campaña electoral previa a la votación puede determinar el resultado. Habrá que ver qué tipo de campaña electoral se lleva a cabo para ver cómo puede influenciar sobre los escoceses.

Aborda el tema de los estatutos de autonomía, que registran participaciones muy diversas en sus votaciones. ¿Por qué?

En las dos últimos estatutos, el catalán y el andaluz, los motivos de la baja participación son opuestos. En el caso andaluz, a los ciudadanos no les interesaba la reforma de su Estatuto. Una semana antes del referéndum, la mayoría no sabía que se iba a celebrar la votación. Fue un proceso controlado y manejado por las élites políticas, en el que los ciudadanos no mostraron un interés real. Además, se sabía de antemano que el resultado iba a ser positivo, lo que ayuda a la desmovilización.

En el caso catalán sí había mucho apasionamiento con la reforma del Estatut. Los ciudadanos se habían implicado mucho para conseguir el mayor nivel de autogobierno posible. Pero la lentitud del proceso, que duró más de dos años, todos los cambios que se hicieron sobre el texto y los de opinión y postura de los partidos hicieron que la ciudadanía empezara a no ver con claridad qué iba a votar.

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