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Netanyahu, el gran perdedor de Viena

Netanyahu califica el acuerdo nuclear de "error de proporciones históricas"

Netanyahu califica el acuerdo nuclear de "error de proporciones históricas"

Benjamín Netanyahu, el hombre que se presentó hace tres años en la Asamblea General de la ONU con un singular dibujo de una bomba nuclear que Irán supuestamente estaba a punto de alcanzar, es el gran perdedor de Viena, donde el G5+1 cerró esta mañana un pacto nuclear con la República Islámica.

Durante más de tres años, el primer ministro israelí ha repetido siempre que ha podido sus incesantes advertencias sobre el peligro de permitir a Irán desarrollar un programa nuclear y ha sido el dirigente más abiertamente opuesto a casi cualquier pacto atómico con Teherán.

Finalmente y pese a su férrea oposición, el acuerdo se cerró esta mañana en la capital austríaca entre Irán y seis potencias internacionales (China, Rusia, EEUU, Alemania, Francia y Reino Unido) tras cerca de dos años de negociación en las que la Unión Europea jugó un importante papel.

En cada foro, cada visita oficial y casi cada oportunidad en que tenía un micrófono delante, Netanyahu ha repetido su mensaje de línea dura contra Irán y en la necesidad de no dejarle desarrollar ningún tipo de programa nuclear, ni siquiera de uso pacífico, tal como le permite el Tratado de No Proliferación.

Su rechazo de plano a las negociaciones nucleares ha llevado al jefe del gobierno israelí a serios roces con su principal aliado, Washington, que llegado a ver en su machacona insistencia y sus formas una intromisión en su política interna.

Esta llegó a su clímax cuando, el pasado marzo y sin la aquiescencia de la Administración de Obama, Netanyahu se presentó ante el Congreso estadounidense (de mayoría republicana) para pedir su oposición al pacto que inicia hoy el cierre de dos décadas de crisis nuclear y sanciones internacionales a la república islámica.

La líder de la facción demócrata de la Cámara, Nancy Pelosi, denunció entonces una falta de respeto al protocolo y a la Casa Blanca y dijo que el discurso, que boicotearon con su ausencia medio centenar de congresistas demócratas, fue "un insulto a la inteligencia de Estados Unidos".

Precisamente ese organismo, el Congreso estadounidense, es en el que los dirigentes israelíes han puesto sus últimas esperanzas de parar lo que consideran "un mal pacto" y un riesgo existencial para su país por dos motivos: porque no paralizará el programa nuclear iraní y porque, a su entender, entre los objetivos de Teherán se cuenta la aniquilación de Israel.

"Israel parece haber aceptado de mala gana la inevitabilidad del pacto nuclear iraní y ahora centra sus esfuerzos en frenar la aprobación del acuerdo en el Congreso", aseguraba hoy el diario Yediot Aharonot, que citaba a un asesor de Netanyahu asegurando que esa cámara es "la última línea de defensa contra un mal pacto".

La línea de trabajo de los diplomáticos israelíes estará en señalar los fallos del acuerdo, denunciar que permitirá estar cerca de la bomba nuclear dentro de una década y condenar actos provocadores iraníes, como la quema de banderas o los gritos de "Muerte a Israel" y "Muerte a EEUU".

La inminencia del pacto en los últimos días no hizo disminuir, sino aumentar los esfuerzos por oponerse a él de Netanyahu, cuyo equipo abrió ayer una cuenta en Twitter en lengua persa desde la que explicó su posición contra el acuerdo, en el que la mayoría de los iraníes ve como la oportunidad de que por fin se acaben las sanciones económicas y el aislamiento internacional que han estrangulado su economía.

Esta mañana, tras anunciarse su consecución a Netanyahu no le dolieron prendas en calificarlo de "error de proporciones históricas", pese a que uno de sus principales impulsores sea Washington.

Su forma de gestionar la cuestión iraní durante los últimos años, en los que ese tema se ha convertido en un pilar de la acción Exterior israelí, ha sido duramente criticada en los últimos días.

El jefe de la oposición, el laborista Isaac Herzog, señaló en declaraciones al Yediot Aharonot difundidas hoy que "es inconcebible que se haya llegado a este momento crucial con influencia cero sobre el acuerdo" nuclear, lo que calificó de "resultado de un fallo personal y exclusivo de Netanyahu, que dio prioridad a su victoria (electoral) ante la relación con EEUU y los intereses de seguridad de Israel".

El presidente de Yesh Atid y exministro, Yair Lapid, llegó incluso a pedir ayer la dimisión de Netanyahu.

"Por la forma en que ha gestionado el asunto en el último año, la puerta de la Casa Blanca estaba cerrada para él. No teníamos representante en Viena y ahora pagaremos el precio de su fracaso absoluto. Tiene que dimitir porque sabe, mejor que nadie, que mientras él sea primer ministro, los estadounidenses no nos escucharán", aseguró al diario Maariv.

En este mismo diario, el analista Ben Caspit también coincidía hoy en que "no importa cómo se mire, esto es un fracaso personal de Netanyahu, que lleva promoviéndose a si mismo desde hace dos décadas con una sola agenda: impedir que Irán tenga capacidad nuclear. Esa es la tarea que prometió cumplir y ha fracasado: Irán tendrá capacidad nuclear y (ha ocurrido) bajo la mirada de Netanyahu".

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