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ANÁLISIS

Podemos intenta que la consulta catalana no domine las negociaciones para la investidura

El partido de Iglesias intenta evitar que se imponga la visión de que el referéndum en Catalunya es la condición para desalojar a Rajoy de Moncloa

Podemos y las confluencias gallega y catalana han hecho bandera del derecho a decidir, pero en los últimos días algunos portavoces han evitado ser tajantes con este asunto

El Comité Federal del PSOE ha rechazado negociar con Podemos la investidura a menos que se aparque el derecho a decidir

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Pablo Iglesias se reúne con Ada Colau y ofrece "diálogo, democracia y justicia social" frente al "choque de trenes"

Pablo Iglesias, Xavier Domènech y Ada Colau. Europa Press

El discurso en política es clave para convencer. Y Podemos lo sabe desde el primer día. Incluso antes de nacer. Es parte de su secreto.

Los dirigentes de Podemos lo trabajan desde que el propio Iglesias iba a debates y tertulias en 13TV –y Podemos era sólo un proyecto–, y las preparaba a conciencia con su número dos, Íñigo Errejón, y el ahora responsable de Discurso y Argumentario, Jorge Moruno. El relato, cómo lograr la hegemonía discursiva sobre la interpretación de la realidad para, a partir de ahí, alcanzar una hegemonía cultural, un sentido común de época –como les gusta decir parafraseando a Gramsci–, que se traduzca en simpatía y, en último término, votos.

Podemos lo intentó, con relativo éxito, cuando afirmó que no eran "de izquierdas ni derechas", porque aquello "era una metáfora". Pero triunfó cuando lanzó el término casta –en lugar de oligarquía, que tiene connotaciones más izquierdistas–, o cuando habló de "lo viejo y lo nuevo" y "los de arriba y los de abajo" –en vez del discurso de clase, con reminiscencias marxistas– o cuando alzó banderas del 15M sobre profundización democrática –"no nos representan"– o lucha contra la corrupción y la austeridad –"no es una crisis, es una estafa"–.

El partido de Iglesias ha intentado marcar la agenda, anticiparse a los hechos, ser más proactivos que reactivos; esquivar asuntos de los "paquetes ideológicos" si les alejaban "de la centralidad del tablero" y no "concitaban mayorías de cambio" –como la República, por ejemplo–. Lo ha conseguido muchas veces. Pero no siempre, como cuando se sintió desbordado para terminar entrando en Ahora Madrid –su responsable en Madrid llegó a tildar Ganemos de "plato precocinado"– y las confluencias gallegas, catalanas y valencianas –pero, al mismo tiempo, se negó a replicar ese modelo en el resto de España–.

¿Qué está pasando ahora con el derecho a decidir? ¿Está suavizando el discurso Podemos? ¿Significa eso un síntoma de la constatación de que el horizonte puede pasar por un acuerdo con Pedro Sánchez?

Al día siguiente del 20D, Pablo Iglesias, dijo en una rueda de prensa que el referéndum en Catalunya "es imprescindible para construir un nuevo proyecto histórico", y avisó a Pedro Sánchez de que, o los socialistas asumen el carácter plurinacional de España, o "no podrán contar con Podemos". Y esa comparecencia ha marcado gran parte de la agenda política y mediática. Hasta el día de hoy.

¿Es el derecho a decidir una bandera irrenunciable para los cinco millones que votaron a Podemos y las confluencias? ¿Es "el marco", como dirían ellos, en el que más cómodos se sienten? La respuesta la dio Pablo Iglesias al presentar, tres días después, en Nochebuena, la Ley 25 de emergencia social.

El derecho a decidir y el referéndum catalán están en el programa de Podemos desde el primer día. "Es una convicción compartida por todos, no una exigencia de los pactos con las confluencias", insiste una fuente de la dirección que reconoce que, aun siendo así, se sienten "mucho más cómodos" con el discurso de la emergencia social de la Ley 25, entre otras cosas, porque el derecho a decidir, reconocen, les aleja de esa "centralidad del tablero" tan perseguida.

Y así lo han interpretado el PSOE, PP y Ciudadanos. "Podemos tendrá que explicar a sus votantes si su prioridad es el derecho a decidir", dijo Patxi López en una entrevista con eldiario.es al día siguiente de ser elegido presidente del Congreso. Es decir, el 14 de enero, tres semanas después de aquella frase de Pablo Iglesias.

Pero no sólo López. El propio Comité Federal del PSOE impuso a Sánchez que no podía sentarse a negociar con Podemos hasta que retirara la consulta catalana. Y los relatos entran en colisión. ¿Cuál se está imponiendo? ¿El del PSOE de que por la consulta a catalana se puede echar a perder la oportunidad de relevar a Rajoy al frente de Moncloa? ¿El de Podemos de que el derecho a decidir "es una propuesta imprescindible, como la prohibición de las puertas giratorias", como ha dicho Irene Montero en una entrevista a eldiario.es publicada este jueves? ¿O la propia alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, impulsora de la candidatura de confluencia catalana En Comú-Podem, que este jueves en BTV se mostró tajante en la exigencia del referéndum?

La diputada por Madrid Tania Sánchez, en cambio, dijo lo siguiente este miércoles en Telecinco: "Lo que no termino de entender es cuándo se estableció y de dónde se sacó la conclusión de que el referéndum era una línea roja. Nosotros lo que estamos diciendo es que la línea roja es que el proyecto de país que surja a partir de ese gobierno tiene que ser capaz de resolver los problemas y de garantizar un proyecto de país a largo plazo".

Iglesias, tras el 20D, afirmó: "Si hay nuevas elecciones, estamos preparados". El mensaje daba a entender que a Podemos podría interesarle. Pero... Si se empieza a imponer el relato de que Podemos se niega a desalojar a Rajoy por el derecho a decidir. ¿Qué le interesará más a Podemos? ¿Repetir elecciones o pactar con Sánchez?

En el canal de Telegram de la Secretaría Política de Podemos, dirigida por Íñigo Errejón –y pocos como Errejón para marcar discurso y posición política en Podemos–, estrenado el 14 de enero, no se encuentra en ninguno de sus mensajes los términos "consulta", "referéndum" ni "derecho a decidir". En el canal, que se describe como "una colección de notas sobre diferentes temas (los resultados del 20-D, los posibles escenarios que se abren, la campaña electoral, etc.)",  se afirma: "Quien quiera presidir España debería tener un proyecto de país, el cambio tiene tres ejes fundamentales: regeneración democrática, combatir la desigualdad y nuevo acuerdo territorial [....]. Se hace fundamental derogar leyes regresivas en derechos fundamentales: reforma laboral, Ley Moradaza, LOMCE, etc".

Los 69 diputados de Podemos y las confluencias no son homogéneos. Tampoco en este asunto. Compromís, cuyos cuatro diputados están intentando formar grupo propio, ya ha dicho que su prioridad no es el derecho a decidir, sino "el rescate a las personas".

Este miércoles, la portavoz de En Marea, Alexandra Rodríguez, a la sazón coportavoz del grupo Podemos-En Comú-En Marea, reivindicó la necesidad de un Gobierno "alternativo" al PP, "reformista" y "de izquierdas", para propiciar "un futuro decidido por todos" que permita "una remodelación institucional" y otro modelo de Estado. ¿Y el referéndum, del que hacen bandera habitualmente tanto su candidatura como la catalana? En esta ocasión, no lo mencionó, pero sí el blindaje ante los "ataques" al Estado del Bienestar o la lucha contra la corrupción.

Hay más. La secretaria general de Podemos Andalucía, Teresa Rodríguez –de la corriente Anticapitalistas–, ha asegurado que a la hora de negociar con el PSOE un posible acuerdo de Gobierno la "agenda social" está por delante de un referéndum en Cataluña.

Podemos lleva en su programa desde el primer día el derecho a decidir. Iglesias, el 20D por la noche, además de defender el referéndum, puso las siguientes condiciones para el acuerdo: blindaje de derechos, reforma electoral, revocatorios y nuevo acuerdo territorial. ¿Se están moviendo Podemos y las confluencias? ¿Qué relato acabará imponiéndose y qué consecuencias tendrá para la investidura de Pedro Sánchez? Las negociaciones con Podemos nunca son fáciles, y suelen acabar en el límite de los plazos, como la del grupo confederal del Congreso. Pero casi siempre, en esas negociaciones, el relato de Podemos, aunque se haya modificado, suele salir bien parado: como acaba de ocurrir con la renuncia a pedir en el registro del Congreso los cuatro grupos de las confluencias.

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