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Trump se arriesga a firmar una paz "cosmética" en Afganistán

Trump se arriesga a firmar una paz "cosmética" en Afganistán

US President Donald J. Trump. EFE

"Las guerras interminables tienen que acabarse". Con esa frase, Donald Trump confirmaba hace un mes que su instinto aislacionista sigue guiando su estrategia en Afganistán, donde EE.UU. se dispone a firmar un acuerdo que podría resultar en una paz "cosmética" y frágil tras dos décadas de conflicto.

El presidente estadounidense planea pronunciarse pronto sobre el borrador de acuerdo alcanzado entre Washington y los talibanes después de más de un año de negociaciones, un texto que prevé la retirada de 5.000 soldados estadounidenses en 135 días.

Varios factores prometen influir en esa decisión:

EL FACTOR ELECTORAL

Durante su campaña en 2016, Trump prometió poner fin a las "guerras locas" de Estados Unidos, y el año pasado opinó que las invasiones estadounidenses de Irak y Afganistán fueron el mayor error de la historia de su país.

Hace dos años, sin embargo, Trump hizo caso a sus generales y ordenó enviar a unos 5.000 soldados más a Afganistán, sin marcar plazos para el fin de la guerra más larga de la historia de EE.UU.

Pero su paciencia parece haber disminuido a medida que se acerca su campaña de reelección. El secretario de Estado de EE.UU., Mike Pompeo, ha reconocido que Trump le encargó reducir la presencia estadounidense en Afganistán antes de los comicios de 2020.

"Esa es la orden que he recibido del presidente de EE.UU.", aseguró Pompeo durante una conferencia en Washington en julio.

Esa instrucción contrasta con el enfoque cauteloso y escalonado que ha adoptado el negociador de Estados Unidos con los talibanes, Zalmay Khalilzad, y es improbable que produzca, en los próximos 14 meses, el tipo de victoria tuiteable que tanto valora Trump.

"No creo que pueda negociarse e implementarse una paz para entonces", dijo a Efe el que fuera enviado especial de EE.UU. para Afganistán entre 2013 y 2014, James Dobbins.

Las prisas de Trump por olvidarse de Afganistán -"queremos salir de allí lo más rápido posible", insistió en una entrevista en julio- han inquietado a analistas de ambos países.

"El verdadero plan estadounidense parece ser negociar una paz cosmética que sirva como excusa para que Estados Unidos se vaya", escribió en agosto Anthony Cordesman, un experto en estrategia militar, en la web del centro de estudios estadounidenses CSIS.

LA SOMBRA DE IRAK

"No podemos repetir en Afganistán el error que nuestros líderes cometieron en Irak" con la retirada de tropas en 2011, proclamó Trump al anunciar su estrategia afgana en agosto de 2017.

Uno de sus aliados en el Senado, el republicano Lindsey Graham, advirtió la semana pasada de que Trump se arriesga precisamente a eso, y algunos en la Casa Blanca temen que una retirada estadounidense ayude al grupo terrorista Estado Islámico (EI) a consolidar su presencia en Afganistán, como hizo en Irak a partir de 2011.

"Sería un error retirar a demasiadas tropas antes de que el proceso de paz haya llegado a una conclusión práctica", opinó para Efe el que fuera encargado de negocios en Afganistán entre 2009 y 2011, el embajador Earl Anthony Wayne.

Trump dejó claro la semana pasada, no obstante, que por ahora planea mantener a 8.600 militares en Afganistán.

"Vamos a reducir nuestra presencia notablemente, pero siempre vamos a tener una presencia, y vamos a tener mucha (capacidad de) inteligencia", aseguró Trump a la cadena de televisión Fox News.

LA VICTORIA IMPOSIBLE

A Trump le encanta hablar en términos de ganadores y perdedores, y puede costarle digerir un acuerdo que aún debe superar una compleja etapa de consultas entre el Gobierno afgano y los talibanes, y que en ningún caso resultará en un triunfo claro.

"Para los Estados Unidos ya no es posible ganar la guerra en términos de una simple victoria tradicional, con una rendición incondicional del otro bando", indicó a Efe el que fuera representante especial para Afganistán entre 2015 y 2016, Richard Olson.

"A estas alturas, se trata de no perder", coincidió Dobbins, quien cree que la victoria se le escurrió hace años a Washington por tres razones: "EE.UU. subestimó la tarea inicial, comprometió recursos gigantescos a Irak cuando debió haberse concentrado en Afganistán, y subestimó el apoyo de Pakistán a los talibanes".

Los expertos se resisten, sin embargo, a comparar este momento con los últimos estertores de la guerra de Vietnam en 1975, y recuerdan que haber logrado negociar con los talibanes es de por sí un paso enorme hacia la paz.

"Nunca hemos estado tan cerca como ahora de un proceso de paz viable. Es importante intentarlo. Pero hay que intentarlo de forma sabia", concluyó Wayne.

Lucía Leal

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