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Hay un sentimiento de hartazgo en Siria que puede ayudar aL cese de la violencia

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A punto de cumplirse cinco años del inicio de la guerra en Siria, el presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Peter Maurer, ha apreciado, por primera vez, "un sentimiento de hartazgo entre los sirios para que todo acabe" que espera que ayude a un cese de la violencia.

Maurer visita estos días el territorio sirio en su cuarto viaje al país árabe desde que ocupa el cargo, en 2012, y que coincide con los preparativos para un alto el fuego a partir de esta medianoche.

En una entrevista telefónica con Efe después de recorrer la ciudad central de Homs, rememora la evolución que ha visto a lo largo del tiempo y cómo le ha impactado el testimonio de algunas de las personas con las que ha tenido oportunidad de hablar.

El presidente del CICR ha podido seguir de primera mano la transformación de la contienda en "una crisis muy compleja con muchos actores sobre el terreno, que se ha vuelto sistémica", ya que en el terreno humanitario afecta a infraestructuras vitales para la población, como la red de abastecimiento de agua.

En sus dos primeras visitas todavía no vislumbraba en lo que se convertiría el conflicto, pero en la tercera "ya había indicaciones de que esta sería una crisis con un gran impacto", recuerda.

"Ahora, por primera vez, he visto algo positivo, porque esta crisis es muy política y he observado en los sirios un sentimiento de hartazgo para que todo acabe que antes no había", detalla Maurer, quien espera que esto ayuda a que terminen las hostilidades.

Y es que a partir de la próxima medianoche está previsto que entre en vigor en Siria un alto el fuego, acordado por Rusia y EEUU y que tanto el Gobierno de Damasco como la principal alianza de la oposición han aceptado.

El pacto alcanzado por Moscú y Washington hace cuatro días también contempla el acceso de ayuda humanitaria a las áreas que la necesitan.

Sin embargo, Maurer destaca que el CICR trabaja para aumentar la asistencia a los sirios, "tanto si hay alto el fuego como si no".

No obstante, "esperamos que sea respetado, aunque es algo que no se puede predecir", señala.

De hecho, el objetivo principal de su viaje al Estado árabe ha sido intensificar las operaciones del CICR.

"Hay una brecha entre nuestros esfuerzos crecientes y las mayores necesidades humanitarias. Nuestro gran reto es terminar con esa brecha", reflexiona.

Hacia esa meta han estado encaminadas las conversaciones que ha mantenido en los últimos días con responsables gubernamentales sirios, como el primer ministro, Wael al Halqi.

Maurer se muestra "cautelosamente optimista" sobre la posibilidad de incrementar las operaciones del CICR, pero antes hay que superar obstáculos de tipo administrativo y de seguridad.

Las necesidades acucian y hay sirios que no puede esperar más. Es el caso de Jaled, un padre con seis hijos menores que se ha visto obligado a desplazarse en cuatro ocasiones y con quien Maurer pudo departir en un refugio para personas que han huido de la violencia en el barrio de Al Waer en Homs.

Allí, Maurer se encontró con muchos desplazados que habían perdido familiares.

También está el caso del bebé que lucha por sobrevivir en una incubadora en un hospital donde las medicinas escasean.

"Son imágenes que me han impactado y que me animan a seguir trabajando para aumentar la ayuda", confiesa el responsable del CICR, quien reconoce que "es una experiencia desgarradora".

Aun así, también hay sitio en la guerra para la esperanza: Maurer se ha quedado "impresionado" por los vecinos del centro de Homs, empeñados en regresar a sus antiguas vidas en medio de la devastación.

"He caminado por el casco antiguo de Homs y vi a gente que intentaba volver a la normalidad tras haber podido regresar a sus casas. Dos personas estaban rehabilitando sus viviendas allí", indica el responsable internacional.

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