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La violencia étnica ensombrece la apertura democrática de Etiopía

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La violencia étnica ensombrece la apertura democrática de Etiopía

La violencia étnica ensombrece la apertura democrática de Etiopía

La llegada al poder hace poco más de seis meses del primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, ha supuesto una serie de reformas democráticas sin precedentes, pero también ha desatado una espiral de violencia étnica que limita el anhelo de progreso.

"¿Por qué continuará la violencia? Porque en este momento de apertura, emociones profundamente reprimidas como la ira y el resentimiento están saliendo a flote", explica a Efe Neamin Zeleke, líder del grupo opositor Frente Patriótico Ginbot 7 por la Justicia, la Libertad y la Democracia; en el exilio hasta la llegada de Abiy.

El número actual de desplazados se aproxima a los tres millones, cifra que casi triplica la del gobierno anterior tras años de protestas y huelgas en las regiones de Oromía -de donde es oriundo Abiy- y de Amara, donde viven los dos principales grupos étnicos del país.

En opinión de Neamin, las élites étnicas están también detrás de esta mayor agitación social, en un intento desesperado de no perder sus privilegios respecto a sus rivales.

"Lo que vi aquí en Etiopía eran ciudadanos siendo obligados a vivir como ciudadanos de tercera clase, una situación cercana al apartheid", señala Neamin, en relación a los grupos más maltratados de las 70 etnias existentes en el país.

Parte de la opinión pública considera también el federalismo étnico imperante -introducido por el fallecido ex primer ministro Meles Zenawi en los años 90- es responsable de esta discriminación.

La división forzosa en nueve regiones y dos administraciones mixtas -las urbes de Adís Abeba y Diredawa- genera enclaves étnicos minoritarios -habitualmente ninguneados y obligados a competir por los recursos- dentro de un área territorial de otra etnia más amplia.

Como ejemplo, hay zonas especiales de Oromía dentro de la región de Amara, y viceversa, lo que se traduce en focos habituales de conflicto.

A finales de septiembre, un incidente de este tipo en la región de Benishangul Gumuz, en el oeste de Etiopía, se cobró la vida de más de 40 personas y provocó alrededor de 100.000 desplazados en una semana, según las autoridades locales.

La Administración anterior combatió esta situación con puño de hierro y un gran despliegue de seguridad, que llevó a los ciudadanos a acumular una ira que, según el propio jefe de Gobierno, ha explotado ahora ante el primer signo de apertura.

"Una casa privada de aire y de ventilación con todo cerrado durante tanto tiempo apesta cuando se abre", repite Abiy ante cada nuevo enfrentamiento, "la solución correcta es mantener las puertas y ventanas abiertas para que pueda ventilarse".

La designación de Abiy generó un gran optimismo en Etiopía, al proceder de una mezcla de religiones -de madre cristiana y padre musulmán- y hablar de forma fluida amara, oromo y trigriya, las tres principales lenguas del país.

Entre sus logros, destacan numerosas amnistías a presos políticos, el retorno de diversos grupos de oposición en el exilio y la firma de un acuerdo de paz con Eritrea el pasado 9 de julio, que puso fin a 20 años de conflicto por disputas fronterizas.

A los ojos de este joven líder político, de 42 años, la única medicina posible es seguir trabajando por una mayor apertura democrática -en la que otros puntos de vista sean escuchados-, y dejar de equipar las unidades administrativas regionales con las etnias.

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