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Chistes y penas

Existe una sutil diferencia entre el indulto y la amnistía. El primero supone un perdón de la pena, del castigo, y puede otorgarse por el Gobierno mediante Real Decreto. La segunda, desde la promulgación de la Constitución de 1978, ya no puede concederse, pues supone también el perdón del delito

Uno de los asuntos de repercusión mediática que me ha llamado la atención esta semana, ha sido la acusación formulada contra una usuaria de Twitter, Cassandra (@kira_95), por el delito de enaltecimiento del terrorismo.

En su día, ya escribí sobre el tema, cuando saltó a los medios la condena de Loba Roja (@albacorazonnegro). Podría decirse que no cabe mucho más análisis que el realizado en su día, pues mi postura sobre la cuestión no ha cambiado gran cosa.

Porque, al margen de consideraciones jurídicas, sobre la catadura moral de lo escrito en la red social del pajarito en cuanto a asesinatos y otras muertes horribles, se podrían escribir ríos de tinta. De hecho, el artículo definitivo al respecto, para mí, es éste que escribió Juan Gómez Jurado.

Sin embargo, lo que sí ha cambiado es la legislación, a raíz de la reforma del Código Penal, introducida por Ley Orgánica 2/2015, de 30 de marzo. Por cierto, antes que nadie próximo al PSOE salga defendiendo la libertad de expresión y clamando contra la Audiencia Nacional, no está de más recordar que dicha ley orgánica se aprobó después del pacto que escenificaron Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, con cámaras, luz y taquígrafos. Fruto de esa reforma, el artículo 578 del Código Penal pasa a tener una redacción ligeramente distinta de la que tenía hasta ese momento:

La pena del tipo básico pasa a ser de uno a tres años de prisión, un año más grave que en los tiempos de la lenguaraz apologista de los GRAPO. Es decir, a diferencia de aquella ocasión, en la que era prácticamente imposible cumplir prisión efectiva, fuera cual fuera la condena, ahora se abre esa puerta. Además, se ha añadido un subtipo agravado que me parece un poco cínico, pues la pena se impondrá en su mitad superior cuando los hechos se cometan a través de Internet. Eso significa que, en ese caso, la petición de pena tiene que ir de dos años y un día a tres años de prisión. En ausencia de otras agravantes, o de atenuantes, el punto medio está en dos años y seis meses. Hasta ahí, la explicación puramente técnica de por qué se solicita una pena de esa duración.

Cuando les digo que la agravación me parece un poco cínica, es porque conozco algún caso concreto, como un chaval a cuyo padre le pegaron un tiro en la nuca, por el único delito de escribir en un periódico que no gustaba a los de la capucha. El hijo estudiaba la carrera en euskera, en la universidad pública vasca, donde tenía que soportar, prácticamente a diario, los actos de homenaje que sus propios compañeros de clase le rendían a los asesinos de su padre. Ahora, por favor, explíquenme por qué unas cuantas estupideces escritas en Twitter, en la cuenta de alguien con unos cuatro mil y pico seguidores, son algo mucho más grave que eso. Pues la diferencia entre el tipo básico y el agravado es que el primero puede llegar a permitir la suspensión condicional de la pena, no entrar en prisión, y el segundo, no.

Sin embargo, más que en este caso concreto, que todavía está sub iudice, hay una cosa que me llama muchísimo la atención, en un plano estrictamente jurídico, sobre sentencias condenatorias previas por hechos idénticos: chistes sobre el atentado contra Carrero Blanco. 

Verán, el magnicidio que se dio en llamar “Operación Ogro” se desarrolló el 20 de diciembre de 1973, como recogen los libros de Historia y la Wikipedia. A sus autores materiales no se les pudo enjuiciar en su momento, ya que uno murió al poco tiempo, víctima de un atentado ultraderechista, y los otros dos huyeron… Hasta que quedaron libres de responsabilidad penal, al menos por ese crimen, por la Ley 46/1977, de 15 de octubre, de amnistía.

Ya saben, se trata de esa ley que algunos tribunales internacionales han tachado como “de punto final”, ya que supuso la impunidad de algunos de los peores torturadores de la dictadura franquista. Sin embargo, también implicó el perdón para todos los miembros de ETA, por los “actos de intencionalidad política” que hubieran cometido, “cualquiera que fuese su resultado”. O sea, incluyendo asesinatos.

Bueno, se dirán, ¿y qué? Pues que existe una sutil diferencia entre el indulto y la amnistía. El primero supone un perdón de la pena, del castigo, y puede otorgarse por el Gobierno mediante Real Decreto. La segunda, desde la promulgación de la Constitución de 1978, ya no puede concederse, pues supone un perdón no sólo de la pena, sino también del delito. Éste desaparece, junto con todas sus consecuencias legales, incluyendo órdenes de busca y captura, o fichas policiales. Es decir, alcanzaba a delitos todavía no enjuiciados.

Así pues, la duda que me surge es la siguiente: el artículo 578 del Código Penal castiga los actos de enaltecimiento o justificación de los delitos de terrorismo, o los actos que “entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares”; pero la amnistía de 1977 implica que el delito cometido el 20 de diciembre de 1973 deja de tener cualquier repercusión legal. Así pues, ¿como es posible que hacer chistes sobre un delito amnistiado pueda, a su vez, suponer un delito?

No sé, igual es que soy un tipo demasiado enrevesado, y le busco tres pies al gato jurídico. O quizás sucede al revés, que soy algo obtuso y no soy capaz de ver una explicación clara y cristalina, aunque me muerda la nariz. Pero el caso es que veo serios óbices para que exista tipicidad en hechos como esos.

En cualquier caso, recordemos que se rodó una película sobre esta historia, allá por 1979. Quizás deberíamos encausar al jurado del Festival de Cine de Venecia, que la premió. Y ya de paso, al compositor Ennio Morricone, cuya banda sonora sin duda contribuyó a enaltecer y justificar los actos de aquel día. O ya que estamos, al ínclito académico Juan Luis Cebrián, por escribir esto sobre la víctima: “A los ojos de la nueva sociedad española, que pugnaba a principios de aquella década [de los 70] por liberarse de los anclajes de la guerra civil, resultaba el principal enemigo de cualquier posible reforma democratizadora y el más genuino valedor del franquismo después de Franco”.

No sé, en mi pueblo había una frase sobre acceso igualitario al sexo de pago y arrojar gente a los ríos, que hoy en día daría para querella, pero que resume perfectamente la situación: o a todos, o a ninguno.

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