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Deconstrucción de un chiste

Hoy les voy a deconstruir un chiste, paso a paso. Sé que es algo imperdonable, pero es que tengo miedo de que si no lo hago, les llegue en su integridad, sin matices aclaratorios de la verdadera intención del autor que lo suscribe

Esto último es parte de la sentencia de la Sala 2ª del Tribunal Supremo que condena a César Strawberry, y francamente, me resulta escalofriante como defensor a ultranza de la libertad de expresión

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Vuelve la polémica por las decisiones judiciales sobre los tuits ofensivos

César Strawberry, cantante de Def Con Dos. EFE

Hace algunos años, el actor afroamericano Chris Rock soltó una frase que alcanzó notoriedad mundial, al reírse de muchos tópicos raciales, estereotipos nacionales, y de la traslación a jerga callejera de los nombres de los principales dirigentes estadounidenses de la época. Decía, más o menos, lo siguiente:

"Me di cuenta de que el mundo estaba loco cuando vi que el mejor rapero es blanco, que el mejor jugador de golf es negro, que el jugador más alto de la NBA es chino…". Como todo el mundo sabe, y constata incluso una serie de televisión, el rap es un estilo musical que nació en barrios estadounidenses de mayoría negra. Sin embargo, en la época del monólogo de Chris Rock, el muy blanco Eminem era quien partía la pana en el negocio del hip-hop. El golf ha sido tradicionalmente un juego elitista practicado por blancos. En cambio, el mulato Tiger Woods todavía no había caído en la espiral autodestructiva posterior a su divorcio, y era el mejor golfista del ranking internacional. Las personas procedentes de China suelen ser, estadísticamente, más bajas que los estadounidenses, pero el ciudadano chino Yao Ming, con su 2.29 metros de estatura, era el techo de la NBA. Por cierto, una caricatura de su rostro sonriente se ha transformado, con el tiempo, en un meme universal en Internet.

Sigamos con la frase de Chris Rock: "…la Copa del América la ha ganado Suiza, Francia acusa a los EEUU de arrogancia, Alemania no quiere entrar en una guerra…" La más prestigiosa competición marítima de vela, la Copa del América, había sido ganada por el Alinghi, un equipo con base en Suiza, un país que carece de mar. La arrogancia se considera el pecado nacional francés, tanto como la envidia es el español, pero los galos acusaban de ella a los estadounidenses por su política sobre Irak. En cuanto a Alemania, bueno, tras iniciar las dos mayores guerras de la Historia, se había negado a participar en la pantomima pergeñada por George W. Bush, Tony Blair y Jose Mª Aznar.

Bien, si Chris Rock fuera un jurista español, en lugar de un cómico estadounidense, no hubiera terminado su monólogo con una alusión a las connotaciones fisiológicas en los nombres de tres destacados políticos estadounidense: "... y que los tres hombres más poderosos de Norteamerica se llaman Bush, Dick y Colon". En tal caso, hoy, probablemente, hubiera concluido con el siguiente corolario: "... y que el Supremo revocaba una sentencia absolutoria de la Audiencia Nacional en materia de terrorismo".

Muy habitualmente, nuestro más alto tribunal suele ser tildado, de forma injusta, como "excesivamente garantista", por su escrupuloso respeto por los derechos fundamentales y libertades públicas, hasta el punto de haber anulado sentencias condenatorias por delitos terribles.

Así, muy comentada fue una reciente resolución que anulaba una condena por tráfico de estupefacientes, al haberse empleado por la policía unos prismáticos sin autorización judicial. Como lo oyen. La cosa es que unos agentes de una unidad antidroga venían siguiendo a unos sospechosos, y tenían indicios de que los traslados de droga se planificaban dentro del domicilio de uno de ellos, pero no eran capaces de pillarles con las manos en la masa. Hasta que se dio la feliz casualidad de que los agentes encontraron un piso justo en frente de los presuntos narcos. Y que se percataron de que los investigados no tomaban la elemental precaución de cerrar las cortinas y bajar las persianas. Con lo cual, los agentes solo tuvieron que usar un par de binoculares para observar todo el tejemaneje de polvo blanco en bolsas, ese correo que baja a la calle cargado de mandanga, esos policías de paisano que le caen encima, esa orden de entrada y registro que se le pide al juez, y ya tenemos una bonita sentencia condenatoria.

Recurrida la misma en casación, la Sala 2ª del Supremo entendió que el uso de dispositivos ópticos que "acercan" al observador a un entorno en el que los observados tienen una expectativa razonable de privacidad, supone una injerencia en la intimidad, de tal calibre que debiera haber sido autorizada previamente por un juez. El razonamiento me resulta propio de las aventuras del Barón de Münchausen, ya saben, aquel personaje que era capaz de salir de una ciénaga en la que quedaba semi-hundido con su caballo, simplemente tirando de su cabello.

Y se preguntarán ustedes: ¿lo dice porque es una solución traída por los pelos? No, lo digo porque viola las leyes de la física. Cuando la luz impacta en un objeto, y es parcialmente reflejada por el mismo, termina impresionando en las retinas, y esto es lo que produce la visión. Así, por simplificar. Usar un cristal de aumento unido a unos espejos, para ampliar la luz que llega hasta ellos sin ningún impedimento, no supone injerencia alguna en nada. La vista no "viaja" en ninguna dirección, es la luz la que hace el camino contrario. Así que la mirada del observador no entra en ningún sitio.

Además, no se ha tenido que escalar una valla, o usar un visor de infrarrojos para captar la radiación que atraviesa un objeto opaco. No se ha empleado un micrófono oculto en la vivienda, ni uno a distancia, equipado con láser, que capta las vibraciones del cristal de la ventana cerrada. Sólo mirar lo que nadie se preocupa de esconder. Captar directamente por los sentidos, aunque haya un cristal corrector de por medio. Eso entra en el concepto de flagrancia, y valida la prueba. En caso contrario, habría que suprimir las declaraciones de todos los testigos que usen gafas sin autorización judicial.  

Sin embargo, estas estrictas garantías y escrupuloso respeto por los derechos del acusado, no se han aplicado a César Strawberry, líder del grupo Def Con Dos, que había sido previamente absuelto por la Audiencia Nacional de un delito de enaltecimiento del terrorismo. La sentencia original me parece irreprochable, y en su día quebró una preocupante tendencia penal en relación con la libertad de expresión.

A diferencia de una sentencia condenatoria, una absolutoria no puede revocarse mediante una nueva interpretación de los hechos. Cuando se recurre una sentencia condenatoria, el recurrente puede entender que el tribunal de origen no apreció la prueba de forma lógica o racional, y en consecuencia, puede atacar esa interpretación. El tribunal que ve el recurso puede atender esos argumentos, y realizar un nuevo examen de la prueba, entrando en un nuevo relato de hechos, que libre de culpa al acusado.

Nada de eso cabe contra una absolutoria. Si el tribunal que ve el recurso quiere que se entre en un nuevo examen de los hechos, y que se examinen pruebas que hayan sido injustamente excluidas del juicio inicial, no puede hacerlo por sí mismo. Debe revocar la sentencia inicial y devolver el procedimiento al tribunal de origen, para que realicen un nuevo juicio.

Así pues, nada anunciaba que la sentencia absolutoria contra César Strawberry pudiera ser revocada. Los hechos son los que son: los tuits recogidos en su día en el escrito de actuación. Y la única prueba adicional practicada había sido la pedida por la defensa, para demostrar que no había ánimo de justificar actos terroristas, ensalzar a sus autores o humillar a las víctimas.

De toda la vida, los delitos de terrorismo han sido considerados de los que contienen "elementos subjetivos del injusto". Es decir, además del dolo, o voluntad de actuar, es preciso tener una finalidad específica: actuar al servicio de una banda armada, subvertir el orden constitucional, quebrar la paz pública, eran finalidades que se exigían para considerar que un delito como el asesinato, los estragos o el secuestro, merecían una pena más grave de la que tienen cuando son delitos ordinarios, como delitos de terrorismo. Descartada esa intención de participar en el delirio terrorista, en los hechos probados de la sentencia de instancia, parecía imposible una sentencia de casación que la revocara.

Pues ha sucedido. En una improbable pirueta jurídica, el tribunal considera que el delito de enaltecimiento del artículo 578 del Código Penal no requiere de esos elementos subjetivos, de esa finalidad específica, sino que basta con el dolo ordinario: la voluntad de escribir algo, sabiendo que puede resultar ofensivo. Y claro, nadie puede negar que Strawberry era muy consciente de lo que estaba escribiendo. De hecho, prácticamente toda su carrera musical se basa en unas letras deliberadamente provocativas, que yo mismo he tarareado más de una vez. Pues ya está. Como los mensajes encajan en unos patrones semánticos concretos, se produce el delito, al margen de las intenciones concretas del autor de los hechos. No puedo estar más en desacuerdo, y no soy el único.

Así que ahora tengo miedo. Porque además, a Strawberry se le niega la aplicación de un subtipo atenuado, el que se aprecia cuando los hechos son de menor relevancia. Al parecer, tener ocho mil seguidores en Twitter es algo gravísimo. Verán, cuando escribí mi artículo de la semana pasada, me di de alta en una página de métricas de redes sociales, para analizar la evolución de la cuenta de la protagonista de la noticia, en el momento de los hechos. La cuenta gratuita que abrí sólo permite analizar conjuntos de un máximo de doscientos mil seguidores. A partir de ahí, entiende que estás entrando en el terreno de la difusión masiva, y te piden que enseñes la pasta.

Lógico. Porque aquí, no lo olvidemos, hay exconcursantes de estultos programas de televisión con más de 750.000 seguidores en la red del pajarito, hijos de folclóricas con más de 1’17 millones, o futbolistas de discurso tan profundo como "un gran partido, gracias a todos", que rebasan la frontera de los 14 millones de followers.

Pero la Sala 2ª entiende que la "potencial redifusión" de un retuit por parte de otra persona con una audiencia mucho mayor es elemento suficiente para considerar que existe ese riesgo. Es decir, pásmense, se considera como causa para excluir la atenuación algo que no está bajo el control o el dominio del acusado, desde ningún punto de vista racional. Así que, Escolar, amigo mío, deja de seguirme, que tus 681.000 seguidores me van a meter en un lío un día de estos. Y ustedes, dispérsense. Que aquí no hay nada que ver.

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