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Magnicidio

Si a alguien le diera por pegarle un tiro a Donald Trump por celos sobre su señora esposa, no lo podríamos considerar un terrorista. Tiene que haber la intención de crear pánico entre la población

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Trump permite publicar miles de archivos sobre Kennedy, pero retiene algunos EFE

Una de las cosas que más me impactó del juicio contra César Strawberry, frontman del grupo DefConDos, fue que se debiese a cuatro comentarios en redes sociales, de un alcance más bien limitado. Sobre todo, cuando su carrera está plagada de letras incendiarias, con un punto de sarcasmo que les diferencia de simples aficionados a calumniar rimando. Y no miro a Bruselas.

Un ejemplo perfecto era el tema Magnicidio, incluido en su LP Armas p’al pueblo, que también sirvió de banda sonora para el debut como director del aclamado Alex de la Iglesia, Acción Mutante. En el corte en cuestión, una de las estrofas declama, literalmente: 

Alcaldes, obispos, jueces y ministros

Son buenos blancos desde el cuarto piso

Mira telescópica, patada en la cabeza

Elige el método en función de la pieza 

No sólo escuchaba ésta y otras de sus canciones mientras preparaba las oposiciones de judicatura y fiscalía sin preocuparme demasiado, como el Príncipe de Bel-Air. Aún más, acabadas las mismas, tras un juicio, y abundando en esa costumbre que tanto irrita a algunos abogados, me fui a tomar un café con la compañera de la “carrera hermana” con la que había celebrado, y tras hablar de la culpa y el dolo, a ambos nos salió a la vez otro de sus versos emblemáticos:

La culpa de todo

La tiene Yoko Ono

Y el espíritu de Lennon

Que le sale por los poros

Ambos empezamos a partirnos de risa. Por cierto, ambos discrepábamos profundamente del resultado del juicio que acabábamos de celebrar, de ahí que las reticencias de los mencionados letrados nos importen más bien poco. Si uno no está de acuerdo con la sentencia, se recurre a un tribunal superior. Y que el fiscal te caiga fenomenal no va a ser óbice para que se absuelva a una persona si se cree que las pruebas no son lo suficientemente contundentes. Nadie se rasga las vestiduras.

Pero no nos vayamos por las ramas. Hablaba del magnicidio porque hace dos semanas se ha tenido conocimiento del intento de susodicho que ha tenido lugar en Catalunya, donde los Mossos detuvieron hace meses, y está en prisión provisional a la espera de juicio, un sujeto que planeaba atentar contra Pedro Sánchez. El Presidente del Gobierno. De España.

Según nos cuentan las noticias, el tipo tenía docena y pico de armas de fuego, incluyendo un subfusil y un rifle de precisión, aunque ahora parece que algunas eran de aire comprimido. La cosa salió bien, una persona con la que el hombre contactó se alarmó y denunció a las autoridades, la policía hizo su trabajo y el supuesto aspirante a Lee Harvey Oswald está esperando en Villa Candado.

Bien, primero salieron algunos abonados a la teoría de la conspiración, apuntando que era poco creíble que un tirador experto, como le describían los medios, “necesitase ayuda” para perpetrar su crimen. Miren, soy capaz de acertarle repetidas veces a un blanco del tamaño de una moneda de 50 céntimos, con un calibre 22 LR, a cincuenta metros de distancia, pero si quisiera traducir eso a un acto delictivo, cual meterle la bala en el ojo a un ser humano, necesitaría mucho más que eso. Necesitaría información. Mucha. Sobre dónde colocarme, qué momento esperar, qué medidas de seguridad acompañan a un alto cargo y, sobre todo, cómo planificar la huida. 

Así que ser tirador y ganar una maratón no te convierten en francotirador de élite. Hace falta un plus. El enternecedor personaje del sargento de los Marines de “La chaqueta metálica”, de Stanley Kubrick, lo resumía en que el asesino de Kennedy hizo blanco a un objetivo en movimiento, con un rifle de cerrojo, tres veces en escasos segundos, porque era un marine adiestrado.

Sin embargo, después de los del gorrito de papel de aluminio, llegaron los del terrorismo. Que por qué no se le considera terrorista a alguien que quiere matar al presidente de la nación. Pues no sé, ¿quizás porque no quiere servir a los fines de un grupo terrorista, como subvertir el orden constitucional o alterar la paz pública? Al parecer, le movía el resentimiento por la intención de Pedro Sánchez de exhumar a Franco, con lo que los juegos de palabras estaban servidos en bandeja.

Seamos serios, si a alguien le diera por pegarle un tiro a Donald Trump por celos sobre su señora esposa, no lo podríamos considerar un terrorista. Tiene que haber la intención de crear pánico entre la población, aunque de eso, ahora mismo, ya se encarga el anaranjado inquilino de la Casa Blanca.

Sin embargo, sin querer, y cual reloj parado que da la hora correcta dos veces al día, estos últimos sí que dan con la tecla correcta en una cuestión. Las competencias de la Audiencia Nacional respecto del terrorismo vienen reguladas, no en el artículo 65 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, como todas las demás, sino en una disposición adicional de una Ley Orgánica de 1988, siguiendo la inveterada costumbre del legislador español, de usar las disposiciones adicionales como la lista de la compra: “Ah, que se me olvidaba, compra espárragos y asigna competencias antiterroristas a la Audiencia Nacional”.

Por eso, mucha gente olvida que dicho órgano, que no es el sucesor del siniestro Tribunal de Orden Público (las competencias de éste tribunal político franquista fueron traspasadas a la Audiencia Provincial de Madrid y los Juzgados de Plaza Castilla) como suelen decir muchos abogados, tiene otras muchas atribuciones. Por ejemplo, la persecución de delitos cometidos en el extranjero, lo que dio lugar a la llamada “jurisdicción universal”, que el Gobierno del PP se encargó de defenestrar por un quítame allá esos tratos comerciales con China. Pero también los delitos contra la Corona, lo que ha llevado a los vergonzosos procesos contra humoristas, porque desde el tatarabuelo del actual Rey, no hemos tenido mucho magnicida en este país.

Decía English Bob, el inolvidable pistolero británico que interpretó Richard Harris en Sin Perdón ( Unforgiven, Clint Eastwood, 1992), que la majestad real es un halo que impide a los magnicidas consumar su delito, mientras que los presidentes republicanos tienden a ser más… asesinables. Y eso que en la época en que se ambienta el filme sólo habían caído unos pocos, y faltaban los tres fatídicos disparos de Dallas, o el zumbado obsesionado con Jodie Foster que quiso darle matarile a Ronald Reagan.

Sin embargo, el historial ibérico demuestra que unos cuantos monarcas han pagado, o estado a punto de pagar con su vida el ceñir corona. No hace falta más que repasar la lista de los Reyes Godos, que duraban menos que los entrenadores del Madrid. 

Bien, pues el artículo 65 de la LOPJ también atribuye al conocimiento de la Audiencia Nacional los delitos contra otros “altos organismos del Estado”. Indudablemente, el Presidente del Gobierno, máximo representante del Poder Ejecutivo, es uno de esos órganos. Así que, en puridad, la instrucción y enjuiciamiento de la causa contra el presunto frustrado franco-tirador debería corresponder a este órgano judicial. 

La cuestión es que, aunque algunos lectores puedan creerlo, la ciencia infusa no es una fuente del Derecho: para que un órgano judicial actúe o, como es el caso, reclame la competencia de un asunto, necesita una notificación, alguien que le haga saber que debe hacerlo. Si es el juzgado de origen el que le manda el asunto, es una inhibición; si es un particular, o la Fiscalía, quien le indica que debe coger la competencia, será el Juzgado Central el que pida la inhibición. En caso de desacuerdo, desempata el superior común, que en este caso es el Supremo.

Este asunto surge por una investigación de los Mossos, que lleva un juzgado local, y hasta que no haya no se produzca tal inhibición en firme a la Nacional, allí seguirá. No hay más misterio.

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