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Over the land of the free (*)

Así comienza el último verso de cada una de las cuatro estrofas de "The Star-Spangled Banner", el himno oficial de la democracia republicana más longeva del planeta. ¿Ondea nuestra propia bandera (*) "sobre la tierra de los libres"?

Uno de los tópicos de la política de este país es que la izquierda es radicalmente antiestadounidense, mientras que cierta derecha ve en los Estados Unidos el modelo aspiracional, como dicen los modernos. Por ello, encuentro divertido tratar de poner en evidencia algunas de las carencias de esta democracia nuestra, a base de establecer tendenciosas comparaciones con un país en el que "comunista" es una forma de insulto en política. Lo que es menos divertido es que salgamos perdiendo en la comparación. 

La razón de buscar las cosquillas de esta manera no es otra que los fastos de la proclamación del nuevo monarca, que ha subido al trono con el nombre de Felipe VI. Durante las celebraciones, se han visto algunas cosas extrañas, y otras directamente aberrantes en lo que pretende ser un Estado Social y Democrático de Derecho, como reza esa Constitución que nuestros próceres proclaman sacrosanta, aunque a veces parezca que se limpian el culo con ella.

Aprovechando el hilo conductor del himno yanqui, empecemos con el tema de la bandera, pues mis comentarios sobre la tricolor suscitaron bastantes suspicacias en el artículo de la semana pasada. Si hay un país que muestra orgullo y hace emblema de un trapo de colores, esa es la República Federal de los Estados Unidos de América del Norte. Allí se ven barras y estrellas por todas partes, en todo momento y lugar, y son omnipresentes en las celebraciones festivas. Pues bien, el Tribunal Supremo de dicho país considera que es perfectamente conforme a Derecho expresar la disconformidad con la política del gobierno… ¡¡quemando la bandera!! El argumento más conocido de la sentencia es para enmarcarlo: "El Gobierno no puede prohibir la expresión [de una opinión] simplemente porque no está de acuerdo con el mensaje".

Pues fíjense, precisamente eso es lo que pretendía una buena porción de gente este jueves, en Madrid: expresar su opinión contraria a la forma monárquica del Estado, portando banderas de la II República. Sin embargo, la Dirección General de la Policía decidió que eso no puede ser. Y se acogió a un informe de la Abogacía General del Estado, que según la noticia enlazada, viene a decir que "este jueves en Madrid se congregará una gran mayoría de personas favorables al Rey y a la monarquía y por tanto la presencia de personas contrarias a esa institución podría derivar en un problema de seguridad y orden público".

Es curioso, porque en las series y películas norteamericanas, cada vez que el presidente USA quiere liarla parda, primero recaba el parecer jurídico del U.S. Attorney General. Que aquí siempre se traduce como "fiscal general de los Estados Unidos", y en realidad, es mucho más que eso. Reúne la condición, efectivamente, de jefe de la Fiscalía federal, pero también la de ministro de Justicia y… exacto, la de director de la Abogacía del Estado. 

Me dirán que no es lo mismo, que aquí estamos hablando de la bandera de otro régimen político, incompatible con la actual configuración del Estado. ¿Y qué me cuentan de la bandera confederada en EEUU? Ya saben, fondo rojo y un aspa azul, con estrellas blancas en su interior, irremediablemente asociada a la defensa de la esclavitud, a la Guerra Civil y al Ku Klux Klan, esa pacífica organización que toma su nombre de la onomatopeya de montar y cargar un rifle. Pues ni siquiera esa bandera está prohibida, ni el U.S. AttorneyGeneral se atrevería a afirmar lo contrario.

Pero claro, todo el mundo sabe que cualquier juez, sea cual sea su jurisdicción, se pliega a los dictámenes de un abogado del Estado español, como sucedió en el caso de la "doctrina Parot"… Oh, wait!!

En realidad, no hace falta irnos a Estrasburgo. En la misma y castiza capital del reino, villa y corte de Madrid, su Tribunal Superior de Justicia ya usó argumentos similares a los del Supremo USA hace bastante tiempo. Tanto, como desde el 13 de diciembre de 2003, cuando el Ayuntamiento de Torrelodones intentó quitar la tricolor del chiringuito de fiestas de Izquierda Unida, "por razones de seguridad", y los jueces le dijeron que tururú.

Volviendo al presente, ya me explicarán cómo demonios va a perturbar el orden público una tricolor colgada en un balcón, con 7.000 policías desplegados por el centro de la ciudad, y 120 francotiradores vigilando los tejados.

De todas maneras, lo que necesito urgentemente, es que alguien me explique esta foto:

Nick Fury y el Rey

Decía Benjamin Franklin, aunque sus palabras suelen ser cuidadosamente mutiladas cuando conviene, que "aquellos que renunciarían a una libertad esencial para comprar un poco de seguridad momentánea, no merecen ni libertad ni seguridad". Aun así, es perfectamente legítimo que un país intente proteger a sus altas autoridades de la posibilidad de un crimen contra su persona, restringiendo el acceso a sus cercanías a tipos potencialmente peligrosos. 

Esa, al parecer, es la razón por la que se ha denegado la acreditación periodística a un fotógrafo. Es un sujeto de riesgo, está claro, pues está imputado por un delito. Concretamente, por haber cubierto una acción de Greenpeace como reportero gráfico. Como todos ustedes saben, una cámara fotográfica es un objeto altamente peligroso: no hay más que ver la fruición con que los antidisturbios de la policía se dedican a impedir su funcionamiento, y con qué saña legisla el Gobierno contra su uso en actuaciones policiales. Sin embargo, no pensaban lo mismo cuando dejaron que el mismo fotero se acercase al monarca cesante, para recibir el premio que lleva su nombre, por una foto de los Sanfermines.  

Ahora bien, el tipo del parche en el ojo, según las mismas autoridades, no tiene peligrosidad alguna. El hecho de que se gane la vida ensartando animales con un estoque no es muy trascendente, por lo que se puede colegir.

Sin embargo, ese torero, en concreto, está condenado por sentencia firme, no simplemente imputado con carácter provisional. Y por un delito tan relevante para la seguridad de altas personalidades como es el de atentado contra agentes de la autoridad, cuando se lió a guantadas con unos policías locales, por un quítame allá ese alcoholímetro. Con semejante historial, a un personaje así no le dejarían acercarse ni a menos de tres kilómetros del presidente Obama.

Así que, por favor, que alguien me explique: ¿Qué es más peligroso para el nuevo monarca, una persona que hizo fotos a unos ecologistas, o un tío condenado por ir mamado y hostiar a unos policías? Porque, al parecer, todo depende de si hay, o no, toros de por medio. 

Quizás me estoy poniendo quisquilloso, pero me empieza a parecer que todo este rollo de la seguridad es un cuento, y que se ha empleado no tanto para combatir una ideología, como para evitar que les deslucieran el fiestorro. Así que, si nuestro himno no tiene letra, puede que sea lo mejor. Porque un verso como el que encabeza este artículo sonaría demasiado a sarcasmo.

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