eldiario.es

9

Síguenos:

Boletines

Boletines

Willy Toledo

30 Comentarios

Willy toledo.JPG

Willy Toledo, en una entrevista en Carne Cruda

Los que lean habitualmente esta humilde y cada vez más espaciada columna, podrán deducir que tengo pocas simpatías por un histrión como quien da título al artículo. Es algo estrictamente personal e intransferible, así que respeto a quien lo idolatre. Me parecía un actor magnífico, con papeles memorables, pero cuando descubrí su vertiente de activista-de-todas-las-causas, pasó a tocarme las narices.

Su penúltima provocación, como todos y todas saben, fue ciscarse públicamente en la deidad de los cristianos, y en una de sus figuras de veneración. Es muy curioso, que tratándose de una religión monoteísta, tenga una serie de santos, vírgenes y demás alineación suplente que podría rivalizar con el panteón hindú. 

También es notorio que una asociación de letrados que se definen por su pertenencia a dicho credo, interpuso una querella. Una querella criminal, para que lo entiendan ciertos plumillas. ¿El delito? Pues parece ser que el de blasfemia, desaparecido de nuestro Código Penal hace décadas. ¿La cobertura formal? El artículo 525, que tiene más peligro que un arma cargada en manos de un mono borracho, con perdón por el chiste especista.

¿Que dice el mencionado precepto? Pues castiga a

“los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.”

Ojo, también castiga a quien haga lo propio con los ateos. La génesis (guiño-guiño, codazo-codazo) de este artículo y los del capítulo correspondiente ya se la explique hace mucho tiempo, con ocasión del proceso contra Rita Maestre. Se origina en una época en la que había persecuciones contra la gente por razón de la religión que profesaban. El origen de los Estados Unidos de América está en que un grupo religioso conocido como “puritanos” eran objeto de persecución en su Gran Bretaña natal, así que cogieron un barco llamado Mayflower y se cruzaron el Atlántico para huir. De ahí, la obsesión por proteger la libertad de culto. 

No obstante, en esta España que nos ha tocado vivir, no puede decirse precisamente que la religión católica, apostólica y romana sea precisamente un culto “perseguido”. Ocupan espacios públicos con sus procesiones de Semana Santa, sus romerías y sus historias varias. Se han apropiado, gracias a una reforma legal del gobierno de Aznar, de edificios que deberían pertenecer al pueblo, pues se construyeron con el esfuerzo de todos los ciudadanos. Y sobre todo, tienen un trato privilegiado por parte del Gobierno, de cualquier signo que sea, vía un tratado internacional con el Vaticano, llamado “Concordato con la Santa Sede”. 

Así que si yo me presento en una comisaría del CNP con un escurridor de pasta en la cabeza, y exijo que mi foto del DNI reconozca mis creencias pastafaris, me van a mandar a tomar viento fresco, mientras que no hay problema alguno en que la gente se retrate con un crucifijo colgando del cuello. Yo sí me siento perseguido. 

Soy tremendamente malhablado, juro en arameo, y frecuentemente bajo al santoral completo, en fila india, con mis jaculatorias. Con motivos tan banales como darme con el dedo gordo del pie contra la pata de la cama. Y sin embargo, viniendo de una familia de tradición católica, me cuesta poner por escrito esos mismos juramentos. Quizás, también sea instinto jurídico, que me lleva a no dejar rastro por escrito de nada que sea calificable penalmente.

Sin embargo, Willy Toledo no adoptó ninguna de esas precauciones, ni se vio movido por ninguna de esas cortapisas morales o heredadas, así que directamente plasmó la blasfemia, en su sentido semántico, que no jurídico, por escrito, y en una red social en la que tiene miles de seguidores.

Y ahí debería haber quedado la cosa. O no, pues es obvio que la intención del actor era provocar una reacción. Y lo consiguió. La mencionada querella, que ha sido admitida a trámite por un juzgado. Esto no tiene otra significación que reconocer que los hechos revisten apariencia de ciertos (parece innegable que la frase se escribió por el autor) y que podría, insisto en el condicional, podría tener encaje en un artículo del Código Penal. Eso obliga al juzgado a incoar el correspondiente procedimiento y, como manda la Ley de Enjuiciamiento Criminal, adoptar las diligencias indispensables para su comprobación. Una de ellas, obviamente, es averiguar cuál era la intención del investigado, si era realmente ofender a los católicos.

Aquí es donde viene la doble provocación que me revienta un poco en la conducta de Willy Toledo: si un juez te cita a declarar, sea por la más peregrina de las razones, tienes medios legales para defenderte, pero tienes la obligación cívica y legal de acudir a la citación. Y si te niegas, pues la fuerza pública te conduce amablemente a su presencia. Aunque seas un testigo. Evidentemente, con su obstinada negativa a acudir, lo que ha conseguido Willy Toledo es el titular que él buscaba: “Detenido por blasfemar”. Pues no, oiga. Detenido por desobedecer una citación judicial, que no es lo mismo.

Ahora bien, dicho esto, tengo que ponerme en pie y aplaudir a rabiar la coherencia del actor. Porque estoy hasta las narices de hipócritas que dicen practicar la “desobediencia civil”, y a la que le ven las puñetas a la toga del juez, se defienden como gato panza arriba, se buscan buenos abogados y, llegado el caso, amparados en su constitucional derecho a no declararse culpables, mienten como bellacos.

Gandhi no hizo eso. Y Rosa Parks tampoco. Eran conscientes de que vulneraban una ley, una ley que consideraban injusta. Así que no se defendieron, asumieron el castigo, precisamente con la intención de que su sacrificio demostrase lo injusto de dicha ley. En el caso del Mahatma, terminó con los jueces pidiéndole disculpas por haberle condenado. Rosa Parks provocó una enmienda constitucional que acabó con la segregación racial, aunque no con el racismo en sí. Ni Puigdemont, ni Rita Maestre han sido o son desobedientes civiles. Uno huyó lejos del alcance de las autoridades, y la otra, consiguió su absolución en vía de apelación, con una defensa jurídica impecable. Me alegro por la segunda, pero no contribuyó a la causa que decía defender. No se arriesgaba a la cárcel, sólo a pagar una multa. Gandhi se comió tres años de prisión, y ni les cuento lo de Nelson Mandela. Por lo que parece, Willy Toledo va camino de provocar su condena, pues no hace nada por defenderse. Nos está dando a todos una lección de lo que es la verdadera desobediencia civil.

Me imagino que al susodicho le importará un carajo lo que he escrito, y es más, teniendo en cuenta que llamó fascista al propio Ferreras, que le estaba prestando su altavoz mediático, no quiero ni imaginar los calificativos que me dedicará a mí. Pero espero que su lucha triunfe. Al menos, esta vez. Aunque sólo sea para que los demás aprendan.

Muy Bien, has hecho Like

¿Qué tipo de error has visto?
¿La sugerencia que quieres realizar no está entre estas opciones? Puedes realizar otro tipo de consultas en eldiario.es responde.
Error ortográfico o gramatical Dato erróneo

¡Muchas gracias por tu ayuda!
El equipo de redacción de eldiario.es revisará el texto teniendo en cuenta tu reporte.

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha