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El prejuicio social contra los gatos y otras razones por las que los científicos prefieren a los perros para sus estudios

The New York Times pregunta a varios investigadores los motivos por los que normalmente se utiliza a perros en laboratorios, en detrimento de los gatos

Las razones van de los prejuicios contra los felinos o el mayor número de razas de canes con respecto a las de gatos

Perros y gatos en la ciencia

No hay una norma universal de la ciencia por la que los perros sean uno de los animales predilectos para llevar a cabo investigaciones de todo tipo. Pero sí es cierto que normalmente se conocen estudios protagonizados por canes (sobre todo los beagles), y pocos o ninguno en los que haya gatos implicados. Varios científicos han contado a un periodista de The New York Times las posibles razones por las que se da esta "discriminación" contra los felinos. Algo provocado tras una pregunta de su jefe en ese sentido: por qué solía escribir de ciencias con perros, y no con gatos.

Una de las científicas consultadas, Elinor Karlsson, da una de las posibles claves: los prejuicios sociales contra los gatos. "Tengo un colega veterinario que dice que algunos de los cánceres en gatos pueden ser mejores modelos para los que padecen los humanos, pero casi no hay investigaciones al respecto", explica Karlsson, que señala que se suele tildar a los gatos de "imposibles de domesticar" y que por eso suele haber burlas sobre estudiar su comportamiento. Algo que no es cierto, ya que también pueden ser "entrenados".

Lo valiosos que pueden ser los gatos para el estudio del cáncer es algo que comparte la veterinaria Kate Megquier, que recuerda que éstos "sufren muchos linfomas, y seguro que tienen algo que enseñarnos sobre ello". Lo mismo ocurre con los tumores orales de los humanos, aunque en el caso de los gatos suele pasarles por las bacterias que cogen cuando se limpian a sí mismos.

La diversidad es una de las razones por las que los perros se siguen imponiendo a los gatos en los estudios genéticos. Hay al menos 400 razas de canes, muy por encima de las de felinos, que apenas suman 40. Aunque investigaciones recientes han mostrado un genoma de gatos más detallado que el último que se conoce de un perro. Esto explica por qué los que prefieren gatos no piensan tanto en la raza del mismo, al contrario que los que optan por los perros.

Otra científica, Elaine Ostrander, señala que la predilección los perros está motivada por el gran número de razas. A lo que hay que sumar, junto a sus diferentes tamaños y formas, el proceso de domesticación iniciado con sus antepasados lobos. "Pasó en poco tiempo, y aún no conocemos toda la genética asociada al proceso. Sigue siendo una de las preguntas más interesantes de la biología", asegura Ostrander. Los problemas de comportamiento de ciertas razas también les hacen más atractivos para los científicos, ya que pueden ser similares a diagnósticos humanos como el trastorno obsesivo compulsivo.

Pero el aspecto social sigue siendo determinante a la hora de que se prefiera a uno u otro. La ciencia no es una excepción. Por ejemplo, en la Edad Media ya se tenía a los gatos por animales malvados por no hacer lo que los humanos ordenaban. "Creo que se produce un sesgo en la visión europea de los gatos por este motivo", dice la bioarqueóloga Fiona Marshall.

El periodista que firma el artículo, James Gorman, ofrece una última posible razón que le sugirió un compañero: que no hayas más estudios con gatos porque estos no permiten que se les manosee. La ciencia, que sepamos, aún no ha confirmado si esto puede ser cierto.

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